viernes, 13 de septiembre de 2019

DANA blanquinegra.

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"Recuerda la regla de oro: Quien tiene el oro hace las reglas".

Esta frase, a todas luces contundente, la descubrí en el Twitter de Carl Caesar, un tipo de esos que vale la pena cruzarte por la vida y al que admiro por muchos motivos. Y podría resumir todo lo que ha pasado en estas últimas cuarenta y ocho horas en Valenciastán. No parece que sea buen momento prescindir de un entrenador que ha sido campeón hace poco más de tres meses y con una plantilla actual rendida a sus pies, por lo menos los pesos pesados. Y teniendo en el horizonte dos bicharracos como Barça y estrenar temporada Champions contra el Chelsea. Siempre pensaré que nunca es buen momento para destituir a un entrenador. De por sí, esa decisión denota un fracaso en planificación, confianza y un cambio drástico en automatismos, costumbres adquiridas y rendimientos. Porque esto influye en el rendimiento. En un negocio tan pasional como el fútbol, pasa. Y el jugador es, de por sí, fácil de despistar.

Las dudas saltan en los otros ámbitos del club. En las dos direcciones, la general y la deportiva. Que puede que sean comunicantes. Según diversas fuentes, ya habían matices en la relación Marcelino-Mateu. Incluso alguien ha comentado ya que Alemany había advertido al entrenador sobre sus palabras contra las decisiones del club. Si el entrenador es el eslabón más débil, el pulso estaba desvirtuado más todavía en este caso. Con un presidente más ejecutor que ejecutivo de una propiedad poco flexible. Pero la peligrosidad aumentaría de manera exponencial si se pegara una patada a la mesa de la organización realizada por Alemany y Longoria. Cierto es que el segundo vino de la mano del técnico asturiano, pero también es cierto que en el nuevo discurso del club, el de reforzar a los jóvenes valores, Pablo Longoria parece encajar por su vasto conocimiento del mercado emergente.

Puede que esto dé lugar a la reflexión. A que, con el despeje de la ecuación del entrenador, problema para la propiedad, la calma vuelva. Reordenando objetivos, remozando conductas. Se debe tener la lección aprendida que acaparar poder no es bueno. La estructura deportiva y todos los elementos satélites iba de la mano del técnico asturiano. Bien por confianza profesional, bien por confianza personal. Nunca debe volver a pasar cosas como tener los servicios médicos donde el cachopo y la sidra. Puede provocar suspicacia. O insistir en un segundo entrenador del filial con el que se tiene estrecho vínculo. El entrenador de un equipo debe entrenar, no ser una ETT. Y si quiere sugerir para un puesto a determinadas personas, ya depende del club el aceptarlo o no. Porque se irá Marcelino, se irá Celades y el club permanecerá. La plenipotencia nunca es buena. Es personalista e implica cambios a marchas forzadas cuando la cabeza del engranaje se corta. En todo este tinglado, reconducir todo lo que se queda y suplir con garantías lo que se marche, clave para seguir siendo ninguneado por los medios nacionales en los méritos y recibir insultos por las redes.

No tiene más. Sí, nos han hecho campeones. Y ha sido una gozada. Pero, sin estar de acuerdo con las formas y tiempos, como decía Barricada, es el juego del gato y el ratón. Y, en esos duelos, ratones bien parados, solo conozco a Jerry, que siempre zurraba a Tom. Pero Marcelino no es Jerry. Y Meriton sí ha sido Tom.

Por último, mensaje en una botella para Singapur: con poco, esta afición es agradecida. Tocando el cielo, lo es más. Sigan confiando en el poder ejecutivo de Mateu Alemany. Fiscalicen más, si quieren. Pero no se disparen más al pie. Y si ese tiro ha sido aconsejado por algún amigo portugués, no tiene mucha pinta de ser amigo de verdad.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Marcelino, a tus zapatos.

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Este septiembre nos ha traído una Nochevieja y un Año Nuevo. Lo primero, con el cierre del mercado de fichajes que, para un futbolero, es una mezcla de emoción por las posibles llegadas de última hora y nervios por si eres el receptor de un rivaldazo. Lo segundo, sin nada que ver con el fútbol, por aquello de la vuelta al cole y las promesas bien intencionadas de buenos propósitos, comenzando por perder esas lorzas conseguidas con esfuerzo y tesón en el chiringo de la playa o la tasca del monte.

Como todas las Nocheviejas, hay euforia y fiesta desmedida. Hay palabras fuera de tono y prometer la luna con un capazo de estrellas, si hace falta. Y luego, a la luz del sol mañanero, puede aflorar la vergüenza ante el morreo o todo lo demás, por no ser cosas veredes aquello visto sobre las luces y la barra, mientras el twerking con el anillo pa cuando agotaba la pizca de dignidad. Ahora cambien ustedes la Nochevieja corriente y moliente con la del fútbol y puede que entiendan un poco la actitud de Marcelino en los días previos al cierre. Sobre todo en lo que respecta a sus ruedas de prensa y algunas actuaciones de gestión de vestuario.

El asturiano va mal por ese camino. Repitió automatismos delante de un micrófono con respecto a Rodrigo, como ya sucedió en Santander cuando Zigic estaba más fuera que dentro de El Sardinero, precisamente para venir a Valencia. Un jugador como peso en la balanza de objetivos. Decirlo demuestra desprecio al grupo. Y pensarlo denota ambición tibia. Es indudable que el mérito deportivo está ahí, en aquel 25 de mayo copero y los deberes hechos con la cuarta plaza. Pero la plenipotencia que parece exigir se antoja, desde fuera, excesiva para un entrenador que, con la mala racha de 2018, en el noventa por ciento de los casos, hubiera estado firmando finiquito. Mérito también suyo la remontada. Pero con menos brios delante del micro.

Aunque debe joder que las cosas que van bien, venga luego otro y lo toque. El problema es que ese 'otro' es el dueño, el jefe, el que pone la pasta. Y ha puesto mucha. Más que cualquiera nacido aquí, por ejemplo. Y si no coincide el criterio de uno con el otro a las primeras de cambio, se busca el consenso, que para eso está el Director General. Para poner orden en la casa, por encima de cualquier otra cosa. Pero también es cierto que mejor que en Valencia, Marcelino no va a encontrar otro lugar. Deportivamente, es plaza apetecible. Y dispone de guardia pretoriana en toda la parcela deportiva que le puede permitir trabajar con esa tranquilidad de no tener que mirar de reojo a nadie por si le hacen la cama. A pesar de todo, podrá estar aquí el tiempo que él quiera. Lo único que ha de hacer es ponerse a entrenar y sacar el máximo rendimiento de la plantilla que le pongan entre manos. Vengan de donde vengan y sea quien sea el representante que los traiga. Sigo pensando que no es malo tener de cara a uno de los mejores agentes del mundo. Aunque suene a que las ganas de vender a Rodrigo fuese por una promesa del verano anterior, que tendría todo el sentido si rebobinamos y recordamos el post en Instagram del internacional español, llenando de dudas la celebración copera. Y teniendo en cuenta la variable que la economía del club no es que sea muy boyante todavía. Hará falta cuatro o cinco años seguidos en Champions League y el espaldarazo definitivo a las parcelas de Mestalla para pensar en que se tiene músculo financiero para no estar con la garganta seca por si el último día se marcha uno de los buenos.

Marcelino, a tus zapatos. Saca rendimiento a una plantilla con juventud, experiencia y desparpajo. Seamos valientes. Otra vez.

viernes, 30 de agosto de 2019

Chanclas de pretemporada.

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Pues, al final, ese mediados de agosto con el que les citaba el último viernes de julio ha sido casi a finales. Y servidor ha cumplido a pies juntillas aquello de no ver nada de pretemporada. De fútbol en general y del Valencia CF en particular. Desconectado. Solo escuchando ecos de cuentas de Platón, siguiendo sombras. Estando más pendiente de las olas del mar y los bikinis que de cualquier otra reunión en Singapur, Leverkusen o Massanassa. Sin oler el color del césped del balón más allá de ser testigo accidental del entusiasmo del Mallorca de Vicent Moreno en su puesta de gala en Son Moix, entre vinos y pa amb oli.

Por eso, cualquier vociferio que haya pasado en este tiempo me sabe a rancio por personal. Yo, que estaba pendiente del tiempo que pueda hacer en Granada, pasando por Palma y cumpliendo la promesa de no ver nada de pachangas de verano, si tuve ese click-off que citan los modernos. Y es recomendable al cien por cien. Que la primera imagen del nuevo curso sea la del pitido inicial del primer partido de Liga libera mucho lastre de juicios sumarísimos que, en realidad, tienen tanta perpetuidad como escribir en la arena.

Como le dijo Keith a Mick en algún lugar de Europa, las cosas hay que tomarlas con la misma tranquilidad con la que preparas un viaje. Y lo importante es llegar a destino. Sospecho que sería un viaje de esos de no moverse del sofá, pero nos sirve la comparativa. En esto de las competiciones es tal que así. Cargar pilas, energías o depósitos, elijan el símil. Observar, sin más ruido que los ojos inflados por la ilusión, quien de los nuevos puede ser ese jugador que la rompa. O derrochando optimismo, el que pueda marcar una época. Pero pasan tantas cosas que los tres meses de diferencia del levantamiento de copa parecen diez años. O más. 

Cierto es que quizá la dejadez de agosto igual obliga a recuperar opiniones. No sea que un día me llegue un burofax donde revocan mi sentiment valencianista. Pero relativizando, no hay excesivas diferencias entre lo que pueda hacer Lim con su club y lo que han hecho los que estuvieron antes. Directivos que marcharon a Argentina para traer a Aimar, Roig puenteando a Tuzón usando como punta de lanza a Romario y Hiddink o el propio Lim, estrechando la mano de Guedes, previo pago en diferido de 40 millonazos. Son las reglas del juego. Mandar, tocar y trastear. Es más divertido tener un equipo de fútbol que comprar una obra de arte. Con lo primero puedes hacer más cosas, sin duda.

Y todo esto sin contar que la economía sigue fastidiada. Buen camino este de ir remontando con la pasta Champions y demás. Pero hay que escuchar a Alemany en todo su discurso y no en el que interesa. Se respira, pero todavía hay ahogamiento. Y las decisiones ejecutivas se han de tomar con la cabeza fría. Y puede que sea mejor estar a chopocientos mil kilómetros de la Avenida Suecia, para evitar que te griten fill de puta.

Y el entrenador, ¿qué? Pues lo mismo que el párrafo anterior. Hay un dueño y el entrenador ha de entrenar. Si la memoria no me falla, entrenadores con cargo de managers han triunfado pocos. Ya podemos valorar si es porque han traído, aprovechándose de ello, a jugadores conocidos o de la misma cuerda de apoderados. Pero el modelo que ha triunfado siempre el del entrenador que trabaja en el césped y otro tipo decidiendo. Pasieguito, Subirats o Jesús Martínez. Y si de puertas para adentro ha de mostrar el desencanto, que lo haga. Pero delante del micro, incendios no.

Pues ya está. Creo que, para ser la primera del nuevo curso, bastante completa ha quedado. Dita sea, todavía recuerdo el tacto de las chanclas en mis pies. Bienvenidos de nuevo. 

viernes, 26 de julio de 2019

Las pretemporadas del Colajet.

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Tiene toda la razón Paco Gisbert. Las pretemporadas son un tostón. Y sí, eran mejores las de antes. O igual no. Pero idealizamos nuestro pasado y nuestra memoria hace una selección positiva. No teníamos 24 horas de información como ahora. A golpe de tuit. Con mucha paja, a veces. Casi siempre. Buscando clics, seguidores y cualquier otra interacción. La tiranía, ya saben. Una especie de Gran Hermano del balón. Gran novedad en el entrenamiento por parte de una de las estrellas del equipo. Suena bien, pero es tan solo que Rodrigo se ha cambiado el color de las botas. Es un ejemplo, inventado, pero podría pasar. Que eso sea bueno o malo ya depende de ustedes.

La idealización del pasado. El verano. En Siete Aguas. Cuando el Tour era Perico y se veía por la segunda cadena. Don Balón comprado del quiosco. Y un Colajet. De esos que podían tener premio en el palo. Y los reportajes de las pretemporadas. Sota, caballo, rey. Con los fichajes más que claros. Esperando la colección de cromos. Y recuerdos random. El Murcia a la cabeza. Y una foto de Moyano tomando un café. Ya ven. La recordé viendo el Instagram de Zaza grabando el buen ambiente y las bromas entre los compañeros del Torino. Puede que no recuerde que cené hace dos días, pero si recuerdo que una pretemporada el Murcia quería fichar a un marroquí y que, en las negociaciones, para que no se marchará donde los pimientos le ofrecían ser futbolista profesional en su país. Recuerdo esperar con emoción el debut del Valencia y poder escucharlo en la radio con el hype por Sixto por las nubes. Y claro, recuerdo, de otros veranos, el Naranja triangular y aquel partido entre los dos equipos extranjeros en el que apareció Arias por el sector 3-4 y se sentó como uno más a ver el partido. Todavía conservo el autógrafo de ese día en la entrada.

Ahora se sentencia con ligereza. Cuatro pases o cuatro carreras bien dadas y la masa decide si es bueno o no para el equipo. Y al contrario. Un desfallecimiento, una muestra de cansancio o un mal control sentencian, desde el pajarito, al chaval en cuestión. Por lo tanto, servidor se ha propuesto una cosa que, de momento, está cumpliendo. Nada de partidos de pretemporada. Ni un minuto. Nada de leer sentencias desde el sofá. Nada de opiniones de fichajes futuros. Nada de listas de entradas y salidas. Nada de sistemas. Por lo menos, lanzados a los cuatro vientos. Esperaré al Naranja, suspirando de nostalgia por aquellos triangulares donde los brasileños venían a pegar patadas y llevarse la pasta y recordaré a Giner decir un verano que al Valencia CF le falta un extranjero de nombre extraño que ilusione a la afición, teniendo toda la razón del mundo. Y luego trajeron a Toni Lambada, con un hat-trick contra el Celta y varios goles fuera de la cancha.

Sí, eso haré. Quien sabe, igual me miro al espejo y aparece aquel niño con su Don Balón, su Colajet y 100 pesetas en cromos. Les dejo descansar de esta cita semanal hasta mediados de agosto, cuando los días van camino de acortarse y septiembre afila sus cuchillos. Espero volverlos a encontrar.

viernes, 19 de julio de 2019

Kang In Lee y el fútbol del siglo XXI.

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Ningún jugador es tan bueno como todos juntos. Lo dijo Alfredo Di Stefano. Supongo que quizá en Napolés estén ligeramente en desacuerdo todavía a día de hoy. Y esa frase de Don Alfredo es la que repetía el valencianismo antes de enfrentar el 25 de mayo a Messi y sus colegas de patio como dogma de fe. Y, en ese caso, fue así. En realidad lo es siempre, pero si es cierto que el equilibrio lo rompen individuos con alta capacidad de ser determinantes.

El problema viene cuando catalogamos como determinantes a jugadores que solo muestran destellos intermitentes. Quizá vivir en este fútbol del Big Data, los datos computerizados y los movimientos automatizados nos tiene tan lobotomizados que, al ver un regate rebelde o una finta inesperada, lanzamos las campanas al vuelo y pedimos oro, moro y lo que haga falta por ese jugador.

Cualquier club sueña con sacar un jugador de la chistera que cambie la historia de ese club. O adoptar a uno que sienta el escudo como algo propio. Son opciones que puede que pasen una vez en la historia, quedando para la misma si se pierde la oportunidad y el ejecutor de la decisión. Emery, por estos lares será recordado en este sentido por dejar marchar a Isco con la complicidad de aquella directiva. Por suerte, en el caso de Kang In Lee no tenemos a Manuel Llorente como directivo ejecutor del futuro del coreano. A estas alturas todos sabemos que el directivo de Picassent era más de pájaro en mano ya que de ciento volando a largo plazo. Que es una decisión igual de respetable que otra cualquiera. Pero al final el tiempo pone a cada uno en su lugar, por mucho que el protagonista tenga una versión diferente de la historia.

Cuentan que Kang In Lee es más que un futbolista. Es un reclamo publicitario para el mercado asiático. Ese que parece todo el mundo está empeñado en conquistar, vendiendo por dos reales las anodinas pretemporadas para intentar obtener una porción de ese pastel. A Draper, aquel gurú con camisetas de estrellitas, se le pedía presencia en ese mercado, donde poco menos que el Valencia CF era inexistente. Y siempre hablaba de jugadores que allí tuviesen tirón como un principio para enseñar la patita. Cierto es que poco tirón había en los jugadores de aquella época allí ni aquí, pero eso es otro tema. Pero el coreano es un proyecto hecho en Paterna. Crecido, forjado y modelado desde casa para el mundo. Activo que va más allá de lo que pueda hacer en el campo. Y que Mateu, Anil y Lim han de ver como una apuesta de futuro presente. 

Y la apuesta debe ser firme. No sirve ya ser de la primera plantilla y tener 80 kilos de cláusula. El Atleti ha fichado a un imberbe por 120 largos. Demostrar con hechos que se cree en el jugador, más allá de exigencias de su entorno. Evidentemente, no se puede hipotecar el trabajo del entrenador prometiendo minutos en la planta noble ya que, si eso sucede, en el césped se monta un pollo de los gordos. Pero sí un gesto. Y en el deporte profesional, los gestos se miden con dinero. Una mejora contractual. Mejora de verdad. De las que borran de un plumazo cualquier sirena cantarina. Y a demostrar el gen ganador y ambicioso que dicen que tiene. Que los detractores lo tachan de soberbia. A batirse el cobre con Cheryshev, que puso a Rusia a sus pies hace poco más de un año, Rodrigo, internacional absoluto con España y yerno perfecto del valencianismo, Guedes, Ferran, Soler, Maxi Gómez y todos los que vengan. En igualdad. Sin prebendas. Demostrando de la pasta que pueda estar hecho. Peleando cada minuto, empezando a pagar con sudor. La fama cuesta. Ser MVP en un Mundial sub-20 no garantiza una exitosa carrera. De hecho, es dar un paso más para llegar a ser una eterna promesa que no una realidad en el fútbol de los mayores. Y si no llega, a buscar opciones para convertir en realidad al jugador. Siempre bajo el amparo del club. Sin elementos externos que mareen. Bien amarrado. Bien gestionado. Bien asesorado. Por suerte, este tema lo va a tratar Mateu Alemany, uno de nuestros mejores jugadores en los despachos, no Llorente.

viernes, 12 de julio de 2019

Besar el escudo.

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Les confieso que una vez tuve unos principios. Pero como Groucho, ahora tengo otros. En este caso, hablamos de fútbol. Servidor ha vivido diversas fases con eso del juego. Embelesado andaba con la línea menottista de tratar bien la pelota, Clemente y su pragmatismo de aprovechar al máximo los recursos tuvo un gran momento, Aragonés, Guardiola y su Barcelona, Benítez, por supuesto y, claro, la selección campeona de todo, que mezclaba el trato amable a la pelota y el compromiso de morder para recuperarla. También les digo que el juego de Marcelino, agazapados para salir a la contra ha dibujado varias alegrías. Evidentemente, son casi todo referentes de estilos de juego que ganaron cosas, excepción quizá de la etapa de Aragonés en el Valencia CF, donde solo, entre comillas, nos ganó el corazón.

Pues con el folclore futbolero me pasa lo mismo. Será la edad o vaya usted a saber. Quiero pensar que antes, cuando éramos más jóvenes, los que pululaban por el mundo del balón eran más serios. Serios en el sentido de caballerosos, de hombres de palabra. De honrados, si quieren. Quizá, de manera inocente, idealizo que todos los directivos del mundo eran como Vicente Peris. Y todos los jugadores como Claramunt, Fernando o Arias. Y la firma en un papel tenía el valor que en la Fira de Xàtiva un apretón de manos: sagrado e inviolable.

Ahora, la cosa viene diferente. Jugador X firma por equipo tal, subiendo el nivel deportivo y económico. Por supuesto, todo son palabras y buenas intenciones. Amor eterno a nivel "tú-hipoteca del banco". Material para tabloides con clausula estratosférica. Este se jubila aquí, dice el aficionado, pensando que si viene algún pez gordo con la chequera, por lo menos se puede rellenar el vacío con varios jugadores. Para reparar la marcha de Mijatovic, Roig se trajo a Karpin, Romário y Vlaovic, por ejemplo.

Las clausulas no sirven, el jugador jugará donde quiera. Y si en el club se enrocan, el jugador, para forzar la salida, busca tretas, vídeos supuestamente robados mostrando su disconformidad o pildoritas en sus redes en las que traslada el descontento. Joaquín, antes de pasar de futbolista a comediante, lanzaba mensajes desde Florencia suspirando por volver al Betis. Y no es más que el circo mediático. Como besar el escudo.

Besar el escudo es el nuevo beso de la muerte. Como el de Michael a Fredo. Hemos asistido a bochornosas demandas nada más aterrizar jugadores. A llantos por la marcha y alegría, previo paso por la peluquería, en el nuevo destino. Y, como les dije arriba, una vez tuve unos principios. Esos en los que pensaba que para besar el escudo hay que ganárselo primero. Desconfío mucho de quien besa y abraza de buenas a primeras. Pero ahora, a fer la mà, quiero, preciso y demando espectáculo desde el primer día. Como dice Javier Aznar en su maravillo podcast Hotel Jorge Juan en Vanity Fair. Espectáculo desde el minuto uno. Show, foto, snaps, stories de Instagram y tuits que levanten polvareda. Luego, el rendimiento del campo dirá si es un dels nostres o un cantamañanas.

viernes, 5 de julio de 2019

La presentación que nunca falla.

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Nunca falla. Con más o menos pomposidad estas cosas del fútbol moderno son la cita inexcusable del verano. Donde antes había trofeos veraniegos, ahora hay presentación de camisetas. La fanfarria puede ser mayor o menor, en directo o virtual, pero no hay inicio de pretemporada sin presentación de camisetas. Ya saben, hay que hacer sonar la caja registradora. Si la memoria no me falla, hubo años donde la presentación de camisetas coincidía con el primer fichaje. La típica foto sujetando la camiseta que era la nueva de la temporada, con modificaciones mínimas o incluso sin ellas y a correr. Que de eso se trataba. Correr y sudar la camiseta. Que sería más o menos bonita dependiendo de los éxitos o fracasos que se consiguieran.

Secretismo. Falsas filtraciones interesadas. Incluso un director de marketing con la camiseta fake presentando las camisetas de verdad. Todo vale en esta era de información superlativa, exagerada. Y, por supuesto, nunca hay unanimidad. Que si parecen pijamas, que la marca tal sí que molaba, que son copias de lo que lleva tal equipo que cobra más y varias disertaciones que nos convierten en refunfuñadores oficiales desde nuestros sofás. Y miramos hacia atrás con nostalgia. A Rasán, Ressy o Luanvi, cuando éramos jóvenes. A senyeras deconstruidas a partir del hombro o caídas en franja. Buscando, sin decirlo, aquella nostalgia de la final de copa de Kempes y Carrete.

Ahora se vuelve a vestir Puma, tras el paso por Adidas. Dos marcas alemanas con un principio común, que se separaron por lo de siempre. Con Puma se retiró Arias, Don Ricardo. Con la misma marca se puso por penúltima vez Kempes la camiseta del Valencia CF, en su partido homenaje, compitiendo en goles con Romário. En aquella época se jugaba bonito pero poco más si medimos la cosa por títulos, con Guus en el banquillo y su lucha contra el juego feo y los nazis. Desde ya se abre una nueva dimensión para el valencianismo. Parece que estos alemanes muestran más cariño que sus primos, con cuidadas campañas de marketing que pretenden contar una historia, que es la propia historia del club y su ciudad. Las camisetas, como en botica, para gustos colores. Nada de eso va a cambiar. Si no nos pusimos de acuerdo con Fernando y Arroyo, o con Parejo, no vamos a ser unánimes con los diseños de las equipaciones. Ni que fuéramos ingleses.

Al final, el debate queda para eso, para nada. Lanzamos al mundo la opinión personal como el que planta un árbol cuando no es más que un garabato en una pizarra que se borra casi al instante. La militancia, ya hace tiempo que no se usa esa palabra, te impulsa a comprar todo aquello que lleve el escudo del murciélago. Servidor cargó la del Centenario dorada, por aquello del talismán copero y fecha extraordinaria. Y alguna de Luanvi por casa habrá, de las finales del 99 en adelante. Antracita, creo recordar. Que no supimos hasta aquel día que era un color. Poco dado al merchan de camisetas que es uno. Más de libros, puestos a elegir. Pero, sin duda, Puma ha comenzado con buen pie su segunda etapa en el Valencia CF. Esperemos que, al final de todo, pasen a la historia. Entonces serán de las más bonitas, sin duda.   

viernes, 28 de junio de 2019

Porteros al peso.

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Permítanme la expresión del título. Por aquello de frivolizar un poquito con el mercadeo y la carnicería. Pura mercancía en esto del balón. Si no han estado tocándose la entrepierna a dos manos en la costa española con desconexión total, sabrán ustedes que el Valencia CF tiene nuevo portero. Automático no, holandés. Titular en esa selección. Comprado, según cuentan los vendedores, por 35 millones de euros. Un tío que, a primera vista, parece simpático. Se ha dejado llevar con la presentación viral en redes, con sus zuecos holandeses y todo. Y sale de su zona de confort para intentar volver a ser protagonista cada semana en Liga, con permiso de Jaume, por supuesto. Cillessen llega en madurez futbolística, con 30 años, una edad perfecta para un portero. Cañizares llegó con 28 largos después de chupar banquillo a la sombra de Buyo primero e Illgner después, por si les puede servir como referencia alguna.

Neto toma el camino inverso. Los tabloides deportivos hablan de 26 millones fijos más nueve en variables. Y claro, allá arriba sacan pecho de vender a un suplente por 35 y comprar a otro por 26. Sí, está claro, se que piensan. Pero ellos no piensan. Están alienados y un poco rabiosos con aquello del mercadeo, donde el menú son refritos o reposiciones. Es normal, oigan. Floper compra bien y, sobre todo, vende de categoría. La marca, supongo. Y nosotros, comprando palomitas para ver como sacan espumita por la boca.

La verdad es que se avecina un poquito de desierto en este verano para los blaugrana. De Ligt prefiere a Ronaldo antes que a Messi, De Jong queda muy atrás en el tiempo futbolístico y han firmado a un portero brasileño que no es de los tres mejores de ese país, tomando como referencia las presencias internacionales. Lo ha jugado casi todo en el Valencia CF, pero Marcelino lo ha dejado marchar. El patidor blaugrana, no el soberbio culé, pensará mientras restriega el tomate en el pan tostado "¿Y si los del Valencia nos la han vuelto a colar?" Y encima, el tío sigue de vacaciones en Brasil, presentado en redes con un montaje trucado cutre-salchichero pegando escudo y publicidades del Barça que dejan a los cromos pintados de las colecciones de los 80 como verdaderas obras de arte. Y encima, parece que Denis Suárez no va a seguir los zuecudos pasos de Jesper, por lo que la caja no sonará.

Y aquí, recordando aquel verano del 99, resonando en nuestras cabezas aquel "Que maravilla. Lo que acaba de hacer Mendieta", de José Ángel de la Casa y brindando todavía por lo vivido hace un mes, tranquilos como el agua de una piscina en Les Barraques. Es lo que tiene la tranquilidad que da el haber rascado título y volver a ser equipo con estrella. Y bueno, ese calor que parece que aprieta pero no ahoga, de momento. Pero claro, la cabra tira al monte y ya nos encargamos de discutir airadamente con el aire acondicionado enchufado sobre la belleza de las camisetas de la nueva temporada. Si no fuese así, no seríamos Valenciastán, ¿no creen? 

Sigan con sus cosas del principio del verano, ahora que los días son más largos que nunca. Brinden por sus santos favoritos, servidor Sant Pere, y disfruten de las cositas molonas de la vida. El Valencia CF sigue estando en buenas manos y ahora no conviene tener acaloramientos. Recomendaciones contra la ola de calor, ya saben.

viernes, 21 de junio de 2019

Cambio de cromos.

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Es lo que más mola del verano. De hecho, a servidor le sigue molando ese picorcillo de abrir los cromos. Más de cuarenta años tengo. Pero hace bastante tiempo decidí no aparcar del todo el niño que todos llevamos dentro para disfrutar de esas cosas que nos encantaban de nanos. Y comprar cromos y abrirlos es una de ellas. Rememoraría el jugar al PC Fútbol, pero es algo que no está al alcance por no haber actualizaciones recientes que sean solventes. 

Los cromos, decía. El mercadeo de los repetidos. Los cambios. Eso es. En estos días me imagino a un Mateu imberbe, con mirada de pillo, pantalones cortos y tirachinas en el bolsillo trasero del pantalón mercadeando, en la plaza del pueblo, con el chaval listillo que lleva un taco gordo de cromos como erróneo símbolo de poder. O, en cualquier caso, tan solo poder económico. Y el pequeño Mateu sacando rédito de un cromo repe, un poco gastado y que ya no tiene el valor de antes por aquello del desgaste. Te cambio este por estos tres, ya ves, para que los quieres, si mira el taco gordo de cromos que llevas, te hago un favor antes que se los coma el perro y, de paso, ganamos todos. Si no quieres no pasa nada, luego he quedado con otro chaval que también tiene. Cara de poker del que sabe que tiene buena mano.

Con el cambio de porteros, parece que se consigue beneficio en todos los puntos de vista. Una relación profesional enquistada entre portero y entrenador, por lo que cuentan, de esas que tarde o temprano llegan a interferir en la buena salud del grupo y un recambio de garantías, más por la trayectoria internacional del recién llegado que no por sus apariciones domésticas. Holanda, a pesar de la opinión que tenemos por aquí de su actual seleccionador, es una selección emergente que parece va camino de recuperar el espacio perdido en estos últimos años. Y, salvo sorpresa, el portero defenderá al Valencia CF. O, por lo menos, estará en nómina. Le tocará pelear con Jaume y quien alterne con el filial, por lo que la sana competencia puede volver a beneficiar al grupo.

De Neto y la percepción de bon xic a la vez que solvente portero poco se puede hablar que no se haya contado. Hizo grandes intervenciones salvadoras, demostró solvencia sin estridencias y podría, de haber querido, ser un portero que permaneciese en el recuerdo colectivo. Ser portero de Champions, con todo el escaparate que eso conlleva y su recuperación para la élite después de Turín. Ahora vuelve a la casilla de salida. A un gran club, uno de los mejores, pero con desventaja nuevamente en eso de ser titular. Los que no llegamos a profesionales nos cortocircuita el cambio del gusanillo previo a un partido por una nómina libre de preocupaciones. Seguimos siendo niños y priorizamos el jugar sobre todas las cosas. Pero ser profesional es otra cosa. Quizá por eso estamos donde estamos y ellos están donde están.

Por último, aunque no tenga nada que ver con los cromos, un recuerdo sentido al periodismo que anda pasándolo mal por aquello de decisiones empresariales. Desde fuera no se entiende que se debiliten redacciones por muchos planes estratégicos que se hayan trazado. Es como recortar en marketing cuando las cosas van mal dadas. Perdemos todos, los lectores y quienes hacen los periódicos, programas de radio y televisión. Seremos más fuertes si tenemos más buscadores de noticias que nos hagan pensar. Hoy es Levante-EMV, Levante de Castelló, Superdeporte y la 97.7 Radio. Mañana pueden ser otros. Ánimo y fuerza, muchachada. 

viernes, 14 de junio de 2019

Gayà, Tendillo, Silva y Kang In Lee.

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Mañana hace tres semanas que Parejo levantó la copa. Y parece que haya pasado un mundo. Ya se piensa en la próxima temporada, ya se lanza la campaña de abonos para que los aficionados, calculadora en mano, vayan sacando sus cuentas sobre el gasto que les va a suponer este vicio llamado Valencia CF. Y, a falta de pan, tenemos dos Mundiales en marcha. El Femenino, donde hay partidos verdaderamente divertidos en el que se muestra la riqueza táctica y técnica sin mentiras ni postureos y el sub-20, donde Valenciastán tiene puestos sus ojos por obra y magia de la perla asiática, Kang In Lee. Ya saben, el chaval coreano del que se burlaban, dicen algunos, en las celebraciones de Copa.

Somos así, pobres de sentimiento. O viejos. O agoreros, tomen el nombre que les plazca. Cuando al pobre le van bien las cosas, se escama porque no sabe de que lado le va a llover el bofetón que lo vuelva a la miseria. Varios han sido los chavales que han protagonizado portadas cuando eran imberbes llevando la losa de promesa que viene. De esas que sacan de pobre a cualquier equipo. De esas que pueden ser bandera eterna del club, contando los años en 'Antes de Fulano/Después de Fulano'. Y con Lee vuelve a pasar. Ser finalista en un Mundial sub-20 no garantiza que vayas a ser una estrella, pero se prefiere ver el vaso medio lleno. Y salen verbos que abrazan el proteccionismo, como si fuéramos unos Trump de la vida. Proteger, cuidar, mimar. Como si durmiera en la calle futbolística. No hace mucho, cuando una cantinela parecida surgía con Ferran Torres, hablando con un directivo de la Federación Valenciana me decía que tenía hechuras para ser figura, pero que no es solo el talento lo que pesa para llegar, hay otras cosas. Y esas otras cosas son tanto del entorno del jugador como del propio club. El club sabe que lleva entre manos. Probablemente más que usted y yo. Y si no más, que seguro que sí, hay personas que toman decisiones y cobran por ello. Por lo que mientras usted está descartando otra vez la operación bikini dando buena cuenta al helado de vainilla con nueces de Macadamia, otros andarán valorando las opciones tácticas, las fases de crecimiento físico y la mejora de rendimiento para que la nueva perla de Paterna lo sea de verdad.

No podemos dejarnos cegar por los highlights, las mejores jugadas. Con vídeos Pasieguito no fichó a Kempes ni a Mijatovic. Probablemente Lee pueda tener buenos veinte minutos, treinta a lo sumo, en esa élite que marca un club como el Valencia CF. Y ya es, como demostró en la eliminatoria contra el Getafe. Pero hay que optar por mandarlo de Erasmus para que se curta o que aprenda al lado de Gabriel, Gayá, Soler, Rodrigo, Parejo o los que estén. Tanto allá como acá va a aprender, sin duda. Allá puede que viva el recelo del que se siente amenazado por el talento precoz, sin la manta de calor que proporciona el ser de la casa y de un paso adelante en competir de igual a igual. Acá puede que se empape de las virtudes de un vestuario campeón y un entrenador que sabe que es eso de la cantera, por venir de Mareo. Pero solo dependerá del propio jugador aprovechar las enseñanzas. Tendillo o Gayá no pasaron cesiones, siendo piezas clave en aquel y este Valencia CF. Silva tuvo que hacer rodaje en Eibar y Vigo para volver con galones. Y Alcácer salió para volver, golear, ilusionar y ser vendido por un pastizal. De todos lo colores y de todos los sabores, como en la Horchateria Paco con los helados.

Sea lo que sea, que se realice de manera consensuada. Preguntando al chaval. Con Marcelino presente. Dejar de ser promesa para ser, a todos los efectos jugador de primera plantilla. No a efectos contractuales, que ya lo es. Con mismo rasero, con misma exigencia. Que no es cuestión de talento nada más. Que hay sacrificio y reglones torcidos. Que aquí gusta lo bonito, pero más gusta ganar. Y talento sin sudor no sirve de nada. Por lo menos aquí.

Por cierto, dejen el helado. Que luego va a venir Puma con sus patrones estrechos y van a ser la comidilla del chiringuito y del Trofeo Naranja.

viernes, 7 de junio de 2019

El Valencia CF vende.

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El Valencia CF vende, sin duda. No les hablo de jugadores ni parcelas, aunque eso también parece que se vaya a vender. Hablo en general, a los de acá y a los de allá. Vende en positivo e intentan, pasando Almansa, que vendan en negativo. Se hizo desde aquí una algarabía por una narración, espectacular, por parte de Miguel Ángel Román, de uno de esos minutos de locura que da el fútbol. Sin pretenderlo ninguna de las partes, los acontecimientos convirtieron esa narración en bandera del optimismo y, desde allá se cambió el traje para mostrarlo como una burla a un canterano azulón y, por extensión, a un equipo con un excelente rendimiento. Teléfono loco, parte uno.

El Valencia CF vende, sin duda. No tanto su victoria en la Copa, vestida más como una derrota de una de las niñas bonitas de la Liga y trasladando el foco a la final de Champions, su ambiente, sus cifras y su todo, no sea que alguien no se entere que se juega en la capital, ombligo informativo, deportivo e incluso meteorológico. Suerte hubo, en cierta manera, de no haber ganado la Copa ante la otra niña bonita, el Floperteam, porque quizá al valencianismo lo hubieran colocado en el tablón de enemigos públicos, junto con los lazos amarillos, las rastas de diputados y, porqué no, incluido dentro de alguna trama de corrupción de la Gurtel. Teléfono loco, parte dos.

El Valencia CF vende, sin duda. Colocando bien grandes los titulares en la investigación por el amaño de partidos relacionados con las apuestas. Poniendo en duda la legitimidad de la consecución del objetivo Champions cuando no era más que un convidado de piedra en el biscotto raulbravista. Rebotando ya noticias sin atisbo de contraste, en todas partes cuecen habas, de compra por parte de Marcelino, Parejo, Lim, Alemany y la Geperudeta para con los chicos pucelanos de Ronaldo, el bueno. Pasando de puntillas que cierto equipo de Madrid puede que haya ofertado pastuqui de la buena para que la plantilla entera del Valladolid se pegue unas buenas vacaciones pagadas. Pero esto no sale. Como tampoco que hay tres jugadores que han pertenecido al Real Madrid. Con cualquier medio centro bueno que hacía Raúl Bravo cuando jugaba se llenaban portadas y ahora, como si no existiese. Ni tampoco se cita a Borja Fernández y como engañó a todos, con esas lagrimas de cocodrilo manchadas de sucio dinero rompiendo, seguro, el mito de algún chaval pucelano por su, ya no, excelente capitán. Teléfono loco, parte tres.

Pero el Valencia CF vende, sin duda. Porque esa alegría de hace ya casi dos semanas va a durar, mínimo, hasta que ruede de nuevo el balón. Y este verano no hay competición de selecciones que despiste esa alegría. Campeones hay que decirlo más. Y bombo de la Champions. Y esa Copa, que va camino de tener más huellas dactilares que el picaporte de la puerta de los baños de una discoteca. Reactivando negocio con la Copa. Y la Champions. Usando Mestalla como escenario para que todo el tejido empresarial valenciano entienda que el Valencia CF está al alcance de todos. La Business Night, noche de los negocios, una excelente idea para asociar y tejer comunidad. Porque, a pesar de los teléfonos locos, ir de la mano del Valencia CF vende, pero en positivo. 

viernes, 31 de mayo de 2019

Cantera de murciélagos.

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Mañana hace una semana que el Valencia CF es campeón de Copa. Una semana. Imposible de creer. Parece que haya pasado un mes. O más. Con dos, tres o cuatro celebraciones de por medio, unas elecciones y varios rumores de traspasos, con entradas de Instagram que saben a despedida. Y detenciones por amaño de partidos que salpican sin culpa al campeón de Copa y cuarto clasificado de la Liga. Campeones de Copa, hay que decirlo más. Y lo que decía Muchachada Nui antes del "hay que decirlo más", también.

Todavía no he visto el partido repetido. Me apetece hacerlo, por ver si la taquicardia era con motivo o solo por la emoción del momento. En directo, durante los primeros cinco minutos el Anem a patir, unido a Tot el partit va a ser aixina resonaban en mi cabeza, verbalizando en alto las dos percepciones tras no tocar la pelota el equipo de Marcelino y correr tras ella. Luego vino la de Rodrigo. Más lamentos. En un viaje en el tiempo, me trasladaba al minuto noventa y tantos y veía a la grada del Barcelona celebrando un claro 3-0 con dos goles del extraterrestre y las caras llorosas de Lucía, Ximo, Ximet Escobar, Paquito, Jomi, Lobo y todos aquellos que llevaron nuestros corazones en sus gargantas. Volví al presente para sacar un "¡Ooooh!" de admiración al control de Gayá tras el preciso pase de Paulista. Y el Armani de Gameiro a Alba. Y la garganta rota al agitar el balón la red.

Me vino a la cabeza Valdez, Óscar Rubén, al que le atribuyo una frase que cazó un reportero de radio después de marcar temprano un gol al Barcelona en el Luis Casanova. Demasiado pronto. Embotellamiento, con el culo en la cara de Jaume todo el rato. Si me comiera las uñas, ya no tendría. Quedaba el halo de esperanza de las contras, con Guedes, Rodrigo y el letal Gameiro, del que en la afición de Nervión sabían antes que nosotros que es de los buenos. El Barça mordía, a Parejo le dio por congelar la pelota, maltratando nuestro sistema nervioso, vio a su amigo Le Coq que metió balón al desafío de la velocidad de Soler contra Alba, que no deberá comprarse este año más trajes. El Chino levantó la cabeza antes de llegar y después, con el rabillo, radiografío donde iba a ir la pelota para que Rodrigo hiciera las paces con el gol y provocase el éxtasis blanquinegre

0-2 en el descanso. Como en el 99. Pero nadie se atrevía a cantar el Probe Miguel. Hasta el rabo todo es toro. Coutinho no es Juninho ni, por supuesto, Messi es Jose Mari. No conviene excederse demasiado. El palo derecho de Jaume siendo el jugador número 12, el gol de Messi para la estadística personal y sufrimiento de la parroquia. Cualquier saque de banda a favor convertido en una batalla ganada. El sufrimiento de todos, ejemplificado en las hijas de Santi que, con cinco y tres años, alentaban, coordinadas por su madre con un entrañable Fora d'ahi, fora d'ahi! cada vez que los blaugrana se acercaban al término municipal de Almenara convertido en área de campo de fútbol. El recuerdo del santoral de Guedes (me debes 68 pavos, Gonçalo) con las dos ocasiones en el alargue que nos dejaron sin respirar y pensar, otra vez, que un empate en el noventa y tantos sería un final cruel a la temporada del Centenario.

Pero ya saben. No pasó. El Valencia CF campeonó. Y se cerró el círculo, que será perenne. Nosotros fuimos los hijos de las finales del 95 y 99. Las vivimos con pasión por nuevas. Por aquello que nos contaron nuestros padres y tíos de la grandeza de este equipo. Por lo que leímos en las revistas que tenemos de herencia. Por lo que nos cuenta Arias cuando tenemos la suerte de tomar café con uno de los murciélagos del escudo. Esa Copa que la vida le debe a Fernando y que, en cierta manera, ganó desde el micro. Y ahora los hijos son otros. Son los nuestros. Y nuestros padres no están. Y algunos de nuestros tíos no se acuerdan del Valencia CF y esa pasión que tenían, con debates airados en la peluquería y tardes de grada y transistor. Va a ser muy difícil que los nanos cambien de equipo. Por mucho que los de siete años estuviesen jugando con cocinas y coches recordarán aquel día que todos los mayores se juntaron para volver a cantar el Probe Miguel que hace mucho tiempo que no sale. Veinte años, ni más ni menos. Casi nada. Hay cantera.

viernes, 24 de mayo de 2019

Veinte años no es nada.

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Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.

Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.

Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.

Hace 20 años y un mes, aproximadamente, Sevilla y el estadio La Cartuja esperaba a un Valencia CF embalado después de romper por el camino hasta la final de Copa a los dos grandes de España. Sin dudas, además. Marcando goles realmente increíbles inmortalizados en canciones. Éramos más jóvenes de lo que lo somos ahora. Los móviles asomaban la patita por nuestras vidas sin ser todavía ese apéndice para todo que es ahora, con llamadas o SMS que valían una pasta. Whatsapp todavía estaba en un garaje y redes sociales era un concepto por inventar. Comparábamos La Giralda o la Torre del Oro con El Micalet, citándonos a los pies de cualquiera de los dos monumentos para probar la gastronomía local y una Cruzcampo, como debe ser por aquellas tierras.

La Estación del Norte era Mestalla con trenes. Colorido, cánticos, saludos y despedidas en los andenes de tren, con las mochilas llenas de todo más varios capazos de ilusión. Íbamos a una isla en Sevilla. Algún avispado había mirado donde era esa isla en mitad de Sevilla. "Donde la Expo 92", era el comentario más común, con más o menos acierto en cuestiones de historia y geografía. Pero daba igual. Tan solo había que seguir el mapa con las indicaciones que te daban cuando retirabas tu pack de finalista. Entrada, información, camiseta y bufanda. Puede que hubiese alguna bandera. Quizá todavía ande por casa. Sevilla era como aquel cementerio para Brad Pitt en 'Entrevista con el vampiro' tras convertirse en un no-muerto. Todo nuevo. Todo sensaciones estrenadas. Incluso nos juntamos con los del Atleti, hasta que cantaron aquello del hijo de Mijatovic.

Templar los nervios entre bares y fan zones, donde andaba por allí otro joven, Pepe Lobo, que quizá nos sirvió algo sin habernos conocido. Y en mitad de la casi nada, el campo. Casi sin acabar. O sin el casi. Lo que pasó en el verde, ya saben. 0-2 al descanso, el Probe Miguel y todo lo demás. Mendieta y Camarasa levantando la copa. Servidor llamó a casa con el móvil de Vicente el Peluquero para hablar con papá. Y llorar porque habíamos ganado. Servidor, no papá. Seamos serios. Y la vuelta, alegría. La primera vuelta con algún motivo para celebrar, después de la del agua en empate y no viajar para los diez minutos. Y en casa, la fiesta del barrio, Sant Pere. Mal dormidos en el tren, llegar a casa, ver el partido grabado, ducha y al barrio a seguir con la alegría. Fuimos felices aquel junio del 99.

Entre hoy y mañana muchos harán lo mismo. O parecido. Las mismas caras con canas, kilos de más y descendencia. Aquella final se revive con el hijo o la hija. Jose y Cristina estarán, pero siendo Jose y Ximo, padre e hijo, mientras ella cumple con el deber como ciudadana en elecciones. Espero que les advierta de no perder ninguna mochila en el taxi, aunque luego por emisora logró recuperarla. Pero se alegrará cuando el peque de uno setenta y largos le cuente lo que hizo Guedes y lo bonita que es esa ciudad, en la que lugareños se ponen a la sombra para indicarte lugares, con toda la razón del mundo. O Lucía, que irá con una persona que hace veinte años era un perfecto desconocido y ahora es su marido, que se llevará nuestras gargantas en su corazón. U orgullosos padres de familia, que pensarán en sus herederos para que los apretones del corazón sean menos. Incluso Paco Gisbert, que va a finales de veinte en veinte años, nuestro Casale sin morir, espero. Y Lahuerta, que estará estando o sin estar, pariendo sensaciones para centenares de cuentos del Centenario. Cerrando círculos. Germinando más valencianismo para siempre.

Porque como dice mi apreciado Miguel Miró, que también volverá con sus hijos, «De eso se trata. Vivir con ellos una experiencia valencianista. Llorar en la victoria como en el 99, o en la derrota como en el 95. Pero que tengan claro que no somos del Valencia para ganar títulos. Eso es demasiado fácil...».

Pues eso, no es fácil. Por eso se disfruta más. Veinte años no es nada para volver a cantar el Probe Miguel. O reguetón, si hace falta.

viernes, 17 de mayo de 2019

Suena, más bien habla, Michel.

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Llevo toda la semana con una sonrisa en la boca. No me enfado, me muestro diligente, amable e incluso ayudo a señoras a llevar la compra. Hasta doy más propina de lo normal. Puede que lo hayan adivinado. Soy de esos que piensa que con buenos actos, la suerte sonreirá a mi equipo. También creo en los gafes, los contragafes y en rutinas. Nah, no es cierto nada de eso. La única rutina que he seguido en los partidos de fútbol era, cuando el Valencia CF era novato de la Champions, preparar unos bocatas con toda clase de fiambres untando el pan con tomate y aceite de oliva de los que dábamos buena cuenta mi hermano y servidor. A imagen y semejanza de aquellos míticos de El Horno de los Borrachos. Algo bueno dejó en mí aquellas largas noches, por buscar la vertiente positiva.

Este que les escribe es más normal que un martes de febrero. Por eso, el revuelo que se ha montado por unas declaraciones normales de Michel Herrero, de Burjassot y canterano del Valencia CF que ahora juega en el Real Valladolid, me despierta dudas sobre las voluntariedades. Evidentemente, la conjugación del verbo clamar viene del centro. Getafe, a ausencia del Atleti y cor el Floperteam haciendo risa allá donde va en este final de campaña, se ha convertido en la Galia futbolera de las redacciones hooligans y barco de batalla del clicbait. Lo normal es que un canterano de un equipo que es aficionado de ese equipo quiera que las cosas le vayan bien. Como supongo que le pasará a cualquier canterano del Barcelona, del Sevilla o del Manchester United. Y también les digo que espero que Jaume y Gayà hayan intercambiado mensajes con el centrocampista pucelano para decirle, medio en broma medio en serio, que no meta el pie, que se puede joder las vacaciones playeras y que a ver cuando vienes a comerte una paella con nosotros en L'Alter o Casa Carmela, por decir dos lugares de los buenos.

Lo bien cierto es que a estas alturas de carrera no debería sorprender lo más mínimo estas maniobras orquestales en las oscuridad (¡hola Rafa Rodríguez!) de la prensa de allá. El Valencia CF estaba más muerto que vivo y esto de tener muchas opciones de ser el año que viene equipo Champions les fastidia los titulares empapados de los tres equipos de Madrid en la máxima competición continental. No hay más ni menos. Y poca culpa tienen los jugadores azulones y su entrenador. Ellos hacen su trabajo y muy bien, por cierto. El señor que los preside y los que le bailan, interesadamente, el agua ya es otro cantar. Pero ese no juega. 

Juegan los de Marcelino, dependiendo de ellos mismos. Noranta minuti que, sin levantar trofeo, es una final. Por lo que significa económicamente. Porque la planificación deportiva del año próximo está congelada dependiendo del resultado del sábado. Si se juega por Europa en jueves, la cosa cambiará. Si el fútbol nos hace del martes o miércoles un sábado hay que seguir arriba. Creo, sinceramente, que la valentía de Alemany en su día con la toma de decisiones merece que se vuelva a trabajar para seguir en la élite europea. Y, de paso, ustedes y yo nos llevamos una jarana al cuerpo. Hagan rituales si creen en ellos, pónganse su amuleto futbolero, si tienen. Y desde la grada del Zorrilla, desde la peña o desde sus casas, ya saben. AMUNT!

viernes, 10 de mayo de 2019

La vida sigue igual.

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Y, sin querer, Europa mira a Inglaterra. Todos los equipos de "La mejor liga del mundo" van a ver las finales por televisión. Incluso el Valencia CF, mal que pese. No hace falta que les recuerde lo que pasó ayer. Tienen la prensa en papel o digital para comentar, exponer y aportar sus diferentes puntos de vista sobre el partido. Y pueden leer a este que les escribe en Café Mestalla donde, en las duras y las maduras y junto a otros apasionados, sin más ataduras ni bandera que esa que nos han enseñado a querer en casa, vomitamos varias letras que, en definitiva, es más barato que ir al bar o a cualquier diván.

Verán, lo de ayer, en esencia, no cambia nada. Con 4-0 o 2-4 el domingo tocaba ganar al Alavés. Los estados de ánimo pueden servir para el que está en la grada, en casa o camino de las Baleares. Conforme funciona el deporte profesional, después del partido de ayer el jugador desearía que hoy mismo hubiese revancha para matar a los fantasmas de la derrota. Una victoria, con un sobreesfuerzo propio de una remontada, podría hacer caer al colectivo en una complacencia, en un subconsciente latente en el cual para lograr el objetivo Champions solo hacen falta noventa minutos a cara o cruz. Y ahora hacen falta 180 sin mácula y esperar a que, por ejemplo, el Barcelona sea un elefante y el Getafe una cacharrería, por aquello del dicho. Sigue siendo pronto para hacer análisis global, aunque con alta probabilidad las notas dependerán mucho de conseguir el objetivo económico. Ya saben, jugar en Europa martes y miércoles.

Pero si conviene ir tomando apuntes. Valorar las idoneidades globales. Buscar como mejorar aspectos puntuales para seguir creciendo. Parece que se ha dejado muy atrás las patochadas directivas, con contrataciones extrañas para dirigir el equipo y ahora conviene saber si se quiere, o se puede, dar un paso más. La construcción de este edificio deportivo llamado Valencia CF va, por mucho que algunos opinen lo contrario, por buen camino. Se apostó en su día por una continuidad cuando había argumentos de sobra para poder decantar la balanza y romper por el eslabón más débil. Y hoy se está peleando hasta el final, remontando un pésimo inicio de campaña. Todos quieren ser Klopp y el Liverpool hoy, pero para serlo hay que actuar como hicieron los reds en años anteriores. Aunque cierto es que el Valencia CF no se puede gastar 75 kilos en un central, el modelo podría ser ese, readaptándolo a la realidad económica, social y deportiva del valencianismo. Aunque claro, también pueden ustedes pensar que el camino hasta llegar donde anoche, o Sevilla, no ha sido complicado en exceso. La complicación no está en los nombres de los rivales sino en la batalla que presentan. Si por nombres fuera, sería un paseo en barca para los de siempre, por aquello de la alcurnia histórica. Y ya ven que no. Miren al Barcelona, derrochando a manos llenas el talento de Messi al que van a llorar mucho cuando no esté. Es igual de valioso ganar en Krasnodar en el alargue que al Ebro, porque esos pasos, esos golpes de talento y suerte son los que, al final, te llevan a la meta que te corresponde. Lo demás, milongas.

La vida sigue igual, cantaba aquel. Ganar, ganar y disfrutar son los verbos a conjugar en los tres partidos que quedan. No quedará en nuestros corazones esta semifinal porque solo nos duró 15 minutos. En eso, hemos tenido suerte de ser esta semana del Valencia CF. Ser valencianista es una suerte, pero esta semana, más, si cabe. Peor sería ser del Barcelona tropezando otra vez con la misma piedra. Y muchísimo peor ser del Ajax. Por el dolor. Eso si rompe corazones y marca de por vida.

viernes, 3 de mayo de 2019

Recuperaciones con resaca a toda prisa.

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Desde la última vez que se asomaron por aquí, han pasado cosas. Elecciones, 1 de Mayo, Fiesta de San Vicente y dos derrotas del Valencia CF. Con goles en los minutos del alargue. El cazador cazado. O la varianza, esa cosa que se habla tanto en el mundo de las apuestas. Ahora, como en toda la temporada, solo queda remar. Y lanzar conjeturas al aire, como un despechado enamorado empapado en alcohol. ¿Y sí hubiera entrado esa de Guedes? ¿Y sí con el 0-1 se hubiese vuelto automáticamente a la controladísima defensa de cuatro y salir a la contra? ¿Y sí Coquelin hubiese visto el final del partido contra el Villarreal en el banquillo? Evidentemente, de la última copa solo nos acordamos cuando estamos de plena resaca.

Y la resaca de hoy es morrocotuda. Eligió Marcelino un mal día para dejar de fumar, siendo lo del fumeque un eufemismo referente al cambio de sistema. Eso lo sabemos hoy. Pero ayer, a los diez minutos de partido, le hubiéramos encomendado defender a nuestros hijos, padres y a todos los vivos de Juego de Tronos. Anoche, entre las nueve y las nueve y cuarto, estábamos onfire, guiñando los ojos a las camareras con la mejor de nuestras miradas canallas, siguiendo con fingida desgana el ritmo de la música que atronaba en la discoteca virtual de la Europa League. Y nuestro cuento de la lechera nos veía desnudando las miserias de Emery, al que todavía vemos como aquel entrenador fallón que creció en València. Ahora solo queda una recuperación exprés, pedir prestados unos buenos apuntes y dar candela al modafinil, bebidas energéticas y varias moka rebosantes de café para poder sacar el pasaporte a pasear y vivir dos finales en un año. Primera generación en cien años de historia, ojo ahí.

Dice Enrique Ballester de vez en cuando que Detalles es un gran jugador. Siempre se deciden cosas por detalles. Lástima no haber puesto a Detalles en el centro del campo o haberlo sacado para refrescar la zona de atrás y tapar agujeros. Quizá así Neto hubiera temporizado más en el gol del empate, por resaltar algo sorprendente en lo negativo. Han de ser conscientes los jugadores y el cuerpo técnico que poco les queda para estar juntos y que el beneficio colectivo será determinante en el futuro individual. 19 de mayo. Esa es la fecha. Lo que venga después de ese día es un regalo. Y si por uno de esos regalos consigues lo que parece ser una condición indispensable para la supervivencia en la élite futbolística, pues mejor que mejor. No es lo mismo que cualquier equipo fiche a un campeón europeo que a un semifinalista continental. Como no es lo mismo fichar para un campeón que para un semifinalista.

Sigamos estudiando. Aunque sea con apuntes prestados y dopados legalmente. Ya vendrá el verano. Ahora, a hincar codos, pardiez.

viernes, 26 de abril de 2019

Jornada de reflexión valencianista.

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Siete partidos, en el mejor de los casos. O, si quieren hacer las cuentas de manera diferente, cuatro más dos y una final. Ese es el camino que le queda a los jugadores del Valencia CF para lograr su objetivo deportivo máximo, con el premio añadido de ser la única plantilla en los cien años de historia en jugar dos finales el mismo año. Sacamos de la ecuación la final de la Copa del Rey porque el premio de campeonar no implica jugar la Champions la temporada que viene. Pero lo más cercano y rápido es lograr los doce puntos en disputa en Liga para ser cuartos. Sabremos que camino tomará el equipo justo la noche en que comienza la campaña electoral para las municipales. Ese jueves, 9 de mayo, marcará la línea de trabajo de la próxima temporada. Aunque ustedes podrán sacar su calendario y rebatir que todavía quedan dos partidos de liga después de esa fecha. Cierto. Pero antes de ese día se ha de conseguir un pleno de victorias para mantener la enésima vida en este videojuego denominado 'Champions Road'.

Y me viene a la cabeza, perdón, Rafa Benítez y su frase de los dos meses de aguante. A Marcelino y a la plantilla les queda un mes de aguantarse. La temporada ha sido muy exigente. La consolidación del proyecto deportivo tras una temporada anterior con un acortamiento de plazos espectacular y la remotada en la actual estoy seguro que ha producido un desgaste en ambos lados de la plantilla. Y aunque se apele a la profesionalidad, las relaciones personales entre los miembros del colectivo pueden no hacer mella directamente pero sí están latentes. La pelota, esa cosita redonda que no chista por muchas patadas que le den, tapa muchas cosas. O las dilata. Pero se notan esos tics. Expulsiones absurdas, cruce de declaraciones entre jugadores y periodistas y alguna cosa más que seguro que se nos escapa a la mayoría de los mortales. Quiero pensar que todo es producto de la presión. Queremos que los jugadores sean Dorian Gray, que nada les afecte y que sonrían siempre rodeados de unicornios y nubes de algodón. Pero, queridos amigos, eso no es así. Tiempo habrá, cuando la temporada llegue a su fin, y lloremos de pena o alegría, para valorar los aspectos que han situado a la plantilla del centenario dondequiera que esté al final del mes de las flores.

Ahora, poco más que confiar en el poso que esta dejando en la plantilla el trabajo táctico. Recuperar, otra vez, esa solidez defensiva. Saborear nuevamente, porque no, un gol a favor decisivo en el alargue y que el carro de la ilusión se llene nuevamente con el alcance de la cuarta plaza. Para que todo lo demás sea una fiesta, una demostración de valencianismo, de comboi por entradas, de debut como espectadores en finales de nuestros hijos o sobrinos, de seguir inyectando este veneno del bueno.

Al final, si lo piensan, la vida es lo que le pasa al Valencia CF entre unas elecciones y otras.

viernes, 12 de abril de 2019

Fiebre en las gradas.

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Con este Valencia CF es muy difícil no animar. Al final, la cabra siempre tira al monte y el sufrimiento unido a los goles en el alargue hacen casi imposible no gritar, aunque sea de manera gutural. Gritos guturales hay en todos los campos y a todas horas. Incluso en todas las categorías, consolidando una fea costumbre de gritos despectivos que se instalan para siempre en las gradas. El último ejemplo estuvo en el campo del Rayo donde algunos aficionados, especialmente dos, se cebaron en aspectos personales de Marcelino con deseos de mal gusto. Supongo que aquello vendría dado por algún recuerdo del pasado con daños colaterales. O quizá no. Quizá sea una manera como otra de entender el fútbol. Es generoso el fútbol, porque admite por igual a Viggo Mortensen, Quique González, Andrés Calamaro o Albert Camus y a los eslabones perdidos de la evolución de la especie humana. El fútbol permite a Panenka y Líbero pero también al Marca que dirigió Inda o las patochadas de Roncero en AS. 

Puestos a elegir, si desestabilizar es la motivación, prefiero el ingenio. La retranca y la ironía también están permitidas en esto de los cánticos. Recuerdo que, siendo entrenador, uno de mis jugadores llamó 'casi feo' a un contrario. Y me pareció maravilloso por el requiebro y por la posible interpretación que podría obtener del receptor, dándole por los dos flancos de la vanidad y la lástima. Pero, salvo contadas excepciones, poco oasis en el desierto. Llamar RiBer a River Plate para recordar su descenso a la B me parece un ejemplo magnífico de como hurgar en la herida y hacer que no se cierre nunca. Pero el parroquiano de bar, de arena mojada y de peligro al filo de una palabra no entiende de retórica. Se lanza a la palabra burda y sucia. Hijo de tal y cagarse en la familia como grandes éxitos. O desear la muerte de allegados. Daría para estudio sencillo. El individuo abrigado por la masa se siente impune. O peor aún, puede llegar a entender que la entrada y su precio le dan derecho a una bacanal de insultos en barra libre hasta llegar al éxtasis vocal, con venas hinchadas, cuerdas vocales forzadas y cinco minutos de fama por obra y gracia de los medios.

Ahora tocaría decir que no toda la afición del Rayo es así. Que seguro. Y es fútbol, no ópera. Pero claro, luego llega Martín Presa, como presidente del Rayo y poco más que les da cuatro cachetes a los pillados y te planteas tus principios. Y si, con ese corporativismo madrileño tan castizo que tienen, dice que "yo prefiero que entre el Getafe en la Liga de Campeones, que consiga ese cuarto puesto", pues solo deseas que el Villarreal se salve de la quema en la que está metido y que el Levante no se meta, a partir de la próxima semana, claro.

Quiza no habría esa malentendida fiebre en las gradas si se hubieran zampado el libro de Nick Hornby. Hay incluso película. U otro cualquiera. Si no se ven duchos en la materia, que arranquen con poco. Con este artículo, por ejemplo. Un poco presuntuoso en el título, pero con buen fondo.

viernes, 5 de abril de 2019

Balada triste de trompeta.

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Rocoso. Duro. Excelente a nivel defensivo. Y con diecisiete partidos seguidos sin perder. Estarán hartos, en el buen sentido, de escuchar adjetivar así al Valencia. Perdón, al puto Valencia. La última vez que se asomaron ustedes a estas páginas, esperaba, con cien cañones por banda, el Sevilla. Y allá a su frente, el Madrid. Los dos hincaron la rodilla. El segundo con más facilidad que el primero. Y ambas victorias han dado un subidón de los buenos al entorno. Ahora comienzan a ser rentables los empates. Tacita a tacita. 

Y ahora, evidentemente, sacan pecho los abogados de la continuidad de Marcelino. Incluso con esa violencia tan de ahora llamada 'tener la verdad absoluta en Twitter'. Como ejemplo gráfico, el tuiteado por @Lobovcf «El Valencia mantuvo al entrenador y ha conseguido reconducir la temporada e ir hacia arriba. El Athletic cambió de entrenador y ha conseguido reconducir la temporada e ir hacia arriba. Al final ninguna receta es la buena porque sí, lo que vale es acertar». Y con toda la razón. Algo no funcionaba allá dentro y lastraba. Puede que fuese Batshuayi y un supuesto proteccionismo inmerecido, los conceptos, la cabeza de los jugadores. Y a los de fuera nos desesperaba la redundancia en las respuestas. Hacemos lo mismo que el año pasado, repetía Marcelino. Nada ha cambiado, más allá del acierto cara al gol, insistía de nuevo. Y miren ahora. Cierto es que el acierto cara al gol no es que sea excelso, pero si se ha conseguido una solidez defensiva que permite ver los partidos con cierta comodidad donde antes había nervios. Venga va, seamos puristas. Con cierta comodidad, salvo los últimos cinco minutos del Pizjuán, por aquello de los fantasmas del pasado. Pero el miércoles, nada. Ante el Floperteam, todo tranquilo. Con un 36% de posesión de pelota por el 64% del rival, ojo. A pesar del ambiente enrarecido en Mestalla, con la polémica de las entradas de la final de la Copa. A ver, servidor en el tema de la Curva y las entradas lo ve como aquel jugador que quiere un aumento de sueldo y se declara en rebeldía para conseguirlo. Y lo de no animar es como negarse a jugar, cosa que no acabo de entender. Aunque luego parece que si lo hicieron. Pero oye, allá ellos con sus negociaciones y presiones.  Pues, a pesar de todo, el miércoles pasado fue un partido tranquilo. Que no viene nada mal. Vallecas no será igual. Un equipo que se juega la vida con la ventaja para el Valencia que los conceptos que se supone ha de trasladar Paco Jémez son difíciles de asimilar con la soga al cuello.

Mientras tanto, vivamos el presente. El fútbol es un estado de ánimo y, en estos momentos, el Valencia va como un cohete. Función es del entrenador el seguir con este ritmo liguero antes de la Europa League, por lo de controlar y dividir esfuerzos. Pero disfrutemos de los impagables momentos, como el sainete del trompetista valencianista en El Chiringuito. Sainete no por el músico. Por las caras de los Duro, Aguirre, Congo y demás al escuchar las notas del Amunt Valencia. O son buenos actores o lo sufren en silencio. Aunque quizá es más la tercera vía: para seguir cobrando se han creado un personaje y lo han de llevar hasta las últimas consecuencias. Si no, Pedrerol cambia de títeres en el excelente programa que tiene. Excelente por rentable. El consumo ya es opcional. Benditas redes que nos permiten estos momentos a los que no ponemos el programa.

En noches como la del miércoles es mejor sintonizar Real Madrid TV. Aquello si era una balada triste de trompeta. 

viernes, 29 de marzo de 2019

Centenario, una vez más.

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Probablemente, estas líneas sean las penúltimas del Centenario. Marzo de 2019 ya está en nuestras mentes y cerebros para siempre hasta que alguno de los dos diga basta. Parece que las palabras de Claudio Javier López no vayan a tener fin "Es el comienzo de un amor eterno que va a durar. Esto lo vamos a seguir festejando toda la vida", dijo el Piojo después de volver a cabalgar por Mestalla con su, ahora, pelo plateado. Usted y yo sabemos que eso no es verdad. Que el parón de selecciones ha servido para que el valencianismo viva en ese oasis de fiesta futbolera que no permite la aridez desértica de la competición. Prolongando las Fallas un poco más. Por aquello de festejar más, si cabe. Seamos típicos y tópicos, venga: para un valencianista fallero, el 18 de marzo de 2019 será un recuerdo la mar de bonito. Desfilar en la Ofrena y que te esté viendo Kempes es de erección sentimental. Quizá poco o nada tenga que ver el valencianismo con el fallerío, pero el que la lleva y la siente, la entiende. Y el que no, ella o él se lo pierde.

Y el partido de Leyendas. Ese que nos volvió a convertir en niños, jóvenes o adultos bisoños, según edades y recuerdos. Hasta por el más torpe de los tipos que han vestido la casaca con el murciélago en el pecho, y no es por Batman, nos hubiéramos cambiado. Pongan ustedes nombres. Sabin, Serban o Carleto, por poner tres fáciles. Por cualquiera, sin duda. Adultescentes de valencianismo, millennials blanquinegres, siempre jóvenes. Por eso es bonito. Porque más allá de lo inculcado, el poso queda. Por eso las miradas al tendido, mezcla de nostalgia y pena por saber que aquellos tiempos no volverán. Piojo con sus palabras, Ranieri con su sonrisa eterna a pesar de la búsqueda de colegio italiano para su hija, Cañizares con sus lágrimas. ¿Cómo no va a llorar Cañizares en Mestalla si en Milán sus lagrimas fueron las de todo el valencianismo? Presumir sin que te hundan el pecho por una vez en la vida fue bueno. 

Mención aparte la de Giner. Me consta que es un buen tipo. Tendrá sus cosas, como todos, pero es buen tipo. Y como usted, yo o la vecina ruidosa del tercero izquierda, tiene virtudes y defectos. Como cuando jugaba. Lo que hacía Arias no lo podía hacer Giner y viceversa. Por eso, la gestión de un líder es saber elegir a su equipo según virtudes. No puedes poner a un escultor a pintar paredes. Lo hará, pero perderá motivación. Y Giner ha conseguido maximizar su fortaleza. La de la gestión de agenda. La de tratar como le gustaría a él ser tratado. Mucho mejor su aportación al club desde el lugar que ahora ostenta que no desde aquel de directivo que tuvo en su día. Sí, he dicho club. Porque el club, aunque físicamente sean cuatro paredes y los empleados que allí están, es mucho más allá. El Valencia CF es de todos, aunque el dueño sea uno. La mayoría de presidentes van y vienen y solo unos pocos se quedan para siempre. El Centenario son las acciones individuales, los especiales de los medios, los libros, las fotos de recuerdo, las entradas guardadas en un cajón, las camisetas. Son sus recuerdos, sus acciones hechas sin esperar recibir nada a cambio. Como lo que hizo el Chufa. Y le salió. Con sufrimiento, como un gol en el noventa. Pero, ¿qué es ser del Valencia sino un continuo y casi perpetuo sufrimiento?

Pero bueno, el simulacro de paz y amor del Centenario ha finalizado. Pueden volver a rajar de canciones según gustos particulares, de ausencias de murciélagos, de promesas asiáticas con pocas oportunidades y de objetivos deportivos. Marzo acaba cambiando la hora. Y, sin siesta, tendremos mandanga, con cien años y unos días, en Sevilla.  A sufrir otros cien años más, xiquets.

viernes, 22 de marzo de 2019

Y nos dieron las cien.

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En la ciudad del silencio después del fuego final, donde se vive la vida y un día es un sueño más, hubo Fallas. Con tres ofrendas, las dos de siempre y una de cien años. Ya ven, un 18 de marzo. Locos estos valencianistas. No sé podía haber fundado el club en una época más tranquila. Quizá junio, con los pies al fresco de la Malvarrosa, por ejemplo. Pues no. Los bisabuelos decidieron que marzo, mes bullanguero por excelencia, iba a ser el del nacimiento de un equipo deportivo que hoy es la sociedad más importante de la Comunitat Valenciana.

Y la marcha cívica del día C fue un éxito. A pesar de las verbenas falleras y los excesos. Temor había a que no lo fuese. Recuerdo a mi admirado Rafa Lahuerta prosar modernamente, aka tuitear, mostrando sus miedos a que no fuese un río de gente. Y vaya sí lo fue. A pesar del olor a aceite refrito de las paradas de comida, excepto la de Dennys Canuto, claro. También hubo alguna voz que decía que los actuales futbolistas no iban a estar en los actos por no sé que milonga de viajes contratados previamente. Y allí estaban. En primera fila. O casi. Y ya ven, la leyenda entre las leyendas, el que fue Presidente de Honor y después dejó de serlo, portó la bandera y recibió el calor de la gente. Como Claramunt, Claudio, Sánchez, Saura ¡Saura! y todos aquellos que fueron a mezclarse entre la masa valencianí. Y espero que alguien haya tenido la feliz idea de arrullar a los actuales y hacerles ver que esto es lo que les va a quedar para toda la vida. Los dineros, que decía mi abuela, van y vienen. Pero la experiencia de sentirse querido cuando las piernas ya no vayan solo se consigue dejándose la piel y haciendo feliz a la gente con honradez y sacrificio. Y recordar con cariño a los que no están, como Magriñán, Peral, Puchades y los demás.
Los cien años. Cifra simbólica. Y meritoria. Este club, incluidos aficionados, es la viva imagen del Duelo a garrotazos de Goya. No hay día que no se tenga drama. La última, la de las canciones nacidas al calor del Centenario. Como antes fueron el Club de Fútbol o el Football Club. O el pantalón blanco o el negro. Y oigan, que este club es generoso. Parafraseando a Menotti hablando de Bilardo. El Flaco dijo en su día que el fútbol es tan generoso que evitó que Bilardo se dedicara a la medicina. Pues eso mismo. Navajazos vestidos de culturalidad sin arma blanca.

No hagan caso. O háganlo, si les apetece. La vehemencia en afirmaciones no lleva a nada bueno. Mejor las risas, los troleos blancos y el cachondeo puro y duro. Lo otro, hacer sangre negra sin sentido, al juego de intereses partidistas. Que luego les pasa lo que a aquel, que soltó las burradas en antena, pasando facturas a los que no fueron a bailarle el agua solo por ser, o trabajar, donde lo hace y se ha llevado cachete. Y mientras, Ranieri, de entrenador de las leyendas del Valencia. 

Es fácil, en el Valencia, como en la vida, hay que ir donde uno se sienta cómodo y querido. Todo lo demás milongas y excusas de mal pagador.

Brinden, otra vez, por el Centenario.

viernes, 15 de marzo de 2019

La belleza del Jardín Botánico de Marcelino.

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Sei bella come un gol al 90'. Eres bella como un gol en el noventa. Y este Valencia vive instalado en la belleza absoluta. Si la memoria no falla, son cuatro goles en el noventa o más allá que resultaron determinantes. Huesca, Getafe, Betis y Girona sufrieron esa mezcla de empuje y suerte que proporciona el gol en el alargue. También contra el Athletic se marcó en el ocaso, pero era el segundo. Determinante, sin duda, pero con menos carga de adrenalina.

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Es exceso de suerte o fortaleza mental? Pues depende quien lo narre. Siempre se ha dicho que los partidos duran 90 minutos. O 93. En otros lugares los goles en el alargue se han vestido como genética ganadora. Y en esta tierra, donde la mayoría de las veces se infravalora lo propio, da que pensar.

Porque lo que pasó sobre las 8.45 de anoche se podría catalogar de rédito deportivo a un gasto económico de 56 millones de euros. Los cuarenta del portugués y los dieciséis largos del francés. La calma del que, llegando a la línea de fondo en el alargue, es capaz de levantar la cabeza y rasear el pase. La pausa del que, con temple, quiebra con la cintura al defensa llegando con todo y buscando el lugar para que, tots a una veu, se grite la palabra más bonita del fútbol. 

No sé ustedes, pero yo prefiero vivir acunado entre los pases de la muerte de Gameiro y la cintura de Guedes. Ejemplos en la historia del fútbol hay muchos. El United remontando en dos minutos un 0-1 contra el Bayern en Barcelona, las ligas del Barça en Tenerife, el penalti de Djukic y González, aquel gol de Bakero en Alemania antes de la Copa de Europa de Wembley, Ramos y el buen uso de la parte de fuera de su cabeza contra el Atleti o Iniesta en Stamford Bridge son solo algunos ejemplos. Y jugarse la liga en Sarriá y perder y, a pesar de eso, campeonar, lo más de lo más en los ejemplos de fútbol con flor.

Si somos puristas, la lectura táctica nos arroja que el equipo no demostró mordiente, ni juego colectivo, entendiéndose este como la concatenación de pases para dominar la posesión y, por tanto, el tempo del partido. Pero este equipo no se ha construido para poseer. Es más vertical que horizontal. Y sin Parejo, más todavía. Kondogbia y Soler, llamados a suplir las ausencias del madrileño, no están frescos de mente para ejecutar con los pies. Pero, al final, como en todos los ejemplos del párrafo de arriba, quedará para los libros si se ganó o no trofeo. Aquel mágico 6-0 en semis contra el Madrid no tendría el encanto que tiene si en La Cartuja Mendieta y Camarasa no hubiesen levantado la copa.

La suerte, como dice el refrán, para los ladrones y los toreros malos. Marcelino no es ninguna de las cosas. Debe, estoy seguro que lo hará, analizar pormenorizadamente las cifras del partido y buscar que esa suerte venga acompañada de más contundencia. Por nuestros corazones y las taquicardias, por lo menos.

Mientras tanto, a disfrutar. Viva nuestro Jardín Botánico futbolero.