viernes, 11 de enero de 2019

Mateu Alemany y el fútbol moderno.

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Pues Mateu Alemany habló. E hizo lo que todos pensábamos que iba a hacer. O, por lo menos, lo que servidor pensaba. Es entendible que la mayoría quiera sangre vistos los antedentes en este mismo año de United y Real Madrid, por mirarse en un espejo o de Villarreal, Real Sociedad y Athletic, por mirarse en otro más próximo a la realidad. Y el mensaje fue claro, Marcelino sigue. Bueno, claro, claro, si quieren tampoco, porque un poco más de contundencia no hubiese estado mal. Pero confio que esa contundencia esté más que clara de puertas para adentro.

Es evidente que el fútbol ha cambiado en todas sus plazas. La inmediatez de los resultados impera en el mundo de este deporte. Ese reducto que era Inglaterra, con Fergurson y Wegner como inquilinos casi perpetuos de los banquillos de United y Arsenal, ha terminado. Probablemente por la entrada de capital de fuera de las islas en los propios clubes y una nueva manera de ver este juego que es más negocio que deporte. No sé a ustedes, pero a mí me sorprendió el cese de Ranieri al año de haber ganado la liga con el Leicester, que no se entiende de otra forma si no es por una impaciencia impropia del británico y por pensar, erróneamente, que todos los días son fiesta. Curiosamente, como muchos piensan del Valencia, cuando la historia dice justo lo contrario. De ahí que los festejos molen más cuando se toca chapa.

Quero pensar que el Director General entiende el fútbol de esa otra manera. La de la pausa, la del tiempo y, sobre todo, la de economizar y amortizar los gastos. Los más viejos del lugar recordarán las bandadas de Gil y Gil triturando entrenadores en sus principios y, cuando le llegó la calma, vete tú a saber si asesorado por alguno de sus hijos, rascó doblete. La fuerza del club reside en la continuidad, la confianza y el mirarse a los ojitos cuando vengan mal dadas. Yo lo entiendo igual, por eso en todas las encuestas que se han hecho en estos días, por medios de comunicación y particulares, he votado por el NO con respecto a la pregunta del cese de Marcelino y su equipo.

Espero que Mateu Alemany se haya sentado con el asturiano y le haya dicho que tiene el respaldo, cosa obvia, pero que hay preocupación. Que en verano se entró a todas sus peticiones y, a pesar de todo, el equipo no avanza. Que no se quieren más excusas de campos helados, lesiones de pilares ni gaitas. Que vuelva a trabajar como el año pasado, o diferente, y saque el máximo rendimiento al grupo. Que reconduzca el vestuario sin distinciones para estar entre los seis primeros de la clasificación. Y si no lo consigue o no se ve capaz, que se mire en el espejo del Pitu Abelardo, cuando entrenando al Sporting se marchó por no verse capaz de salvarlo sin cobrar ninguna clase de finiquito. Lo otro, sería propio de mal estudiante vacilando a sus padres por sus malas notas.

viernes, 21 de diciembre de 2018

El pinball de Marcelino.

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Hubo una época en la que nuestra vida de ocio adolescente se reducía a unas salas con multitud de maquinas recreativas, futbolines, billares y máquinas de pinball. Realmente las conocíamos como 'petacos', por aquella castellanización de flipper, las paletas con las que lanzabas la bola metálica que iba de un lado para otro, que daba nombre al conjunto del juego de salón. Esas partidas, a tres o cinco bolas, te permitían sacar premios extra, como una partida completa, normalmente al llegar a un alto puntaje o una bola extra al conseguir ciertos objetivos de destreza y puntería con la dichosa bolita plateada. Y la temporada de Marcelino este año es un pinball, sin lugar a dudas.

Esta claro que no dispone de partida gratis en el casillero. De hecho, podríamos hablar que la partida, temporada, que está jugando ahora es por su habilidad y puntería con las paletas que regían el vestuario la temporada pasada, obteniendo una puntuación en las dos primeras bolas que le permitieron jugar con menos rigidez la tercera, acertando en las dianas y jugando con la fuerza de esos pequeños toques para que la bola circule por un pasillo u otro.

Pero este año, ay, la cosa no marcha. Con fama labrada, o confirmada, en los recreativos de los entrenadores, la segunda bola está en juego y toca remontar la mala puntuación de la primera. Donde antes había acierto con las dianas, ahora no hay nada apenas. Los toques sísmicos no le salen como él quisiera y es más un sufrimiento que un placer el luchar para que la bola no se meta por el agujero y se acabe la partida de manera precipitada.

Pero cierto es que hay ligeros visos que apuntan a una mejora. Uno de los espectadores que complicaba el juego de Marcelino en el petaco está fuera. El dueño de los recreativos lo ha sacado a dar un paseo para que no moleste a Marcelino en su partida. Y hay algún otro que lleva casi el mismo camino. El señor Mateo, gerente de los Recreativos Valcefé, tiene en estima a este jugador de pinball y espera que vuelva a ser el mismo que el año pasado. O que se asemeje bastante. Por lo que le ha otorgado, sin que nadie lo viese, una oportunidad, tratando de eliminar cualquier distracción que permita al jugador García Toral volver a ser el que era. Sin distracciones, sin guiños innecesarios a quien no se lo merece puede que la cosa revierta y se logre una puntuación acorde al jugador y lo que representa.

Tiene bola extra, o camino de conseguirla. De la destreza de Marcelino depende que se coma el turrón. Está en las tiendas desde octubre y podía haberlo hecho ya, pero ustedes ya me entienden lo que les quiero decir.

Brindo por la salud de todos los que me acompañan cada semana, comentan y difunden estas palabras y ojalá nos vengan mejores bolas a todos en este pinball gigante que es la vida de cada uno de nosotros.