viernes, 30 de noviembre de 2012

A nosotros también nos gusta Grey

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El fresquete ya asoma por la esquina. Y parece que esta vez es para quedarse. Los ombligos suntuosos y apetecibles han adoptado la táctica del oso e hivernan para ser mostrados cuando eso de los almendros en flor. Por eso, no está mal acordarse del verano. Quizá no es necesario hacerlo de esa noche en la que la enorme alemana de turno te sugirió un epílogo de acuerdos internacionales (¿o era holandesa?) y te salió el legionario patriota que todos llevamos dentro para vengar la afrenta de Herr Merkel y devolverle la postura con la que la canciller anda dándonos mañana, tarde y noche, sin un mísero 'mañana te llamo' o 'ha estado bien, tenemos que repetirlo'. Eficacia alemana. Pim, pam, pum y a otra cosa, mariposa. Eso NO es necesario.

Más bien hablo de la serpiente del verano. Del tema de conversación en chiringuitos playeros, orillas de mar y cualquier corrillo formado por más de dos mujeres. Del libro, de la trilogía que, parece ser, ha liberado sexualmente, al menos de boquilla, a las damas, mujeres y señoras de mesa y mantel de este mundo que Dios nos ha dado para destruir.

¿Y por qué hablar de esto que pasó en verano, ahora, a finales de noviembre? Pues porque la cosa aún sigue en el aire, como el amor de aquella canción. Me apuesto una cena en cualquier gran sitio que muchos regalos navideños van a ir con cualquier libro de la trilogía, pensando el pobre infeliz regalador que eso va a despertar a la zorra que él supone que lleva dentro la madre, ama de casa y curranta a saco que tiene en casa cuando, en todo caso, la regalada se comprará algún cacharrito X en internet o use el teléfono de la ducha pensando en el imaginario Adonis que, ella si lo sabe, NO tiene en casa.
Y la verdad, no deja de ser bueno que, aunque sea con cosas así, la gente lea, y con orgullo, además. Y que algunas de las lectoras digan que, en cierta manera, han pensado en ser la cacheteada, pero vamos, yo pensaba que la revolución sexual era otra cosa bien distinta. De hecho me suena que ya estaba la cosa esta inventada con la frase 'una señora en la casa y una zorra en la cama' o algo así.

Pero es que los hombres, la nueva mujer, recuerden, somos más simples que el mecanismo de un botijo. Vale, seremos menos en las universidades, pero en la alcoba llevamos ventaja. A saber:

- Cuando vosotras andabais con la Vale o la Super Pop, chillando por el popero de turno, nosotros nos pillábamos la Interviú de Marta Sánchez en bolas, la comparábamos con Pamela Anderson en Playboy y después usábamos a Marta para jugar a la diana.

- Los test de la Cosmopolitan eran, y son, tal perdida de tiempo como amaestrar a un pez. Y si tu respuesta era 'Sí' a '¿Quieres que te haga el test de la Cosmopolitan?', era porque buscabas tocar teta. Por dentro.

- Llevamos desde los doce, por lo menos, consiguiendo satisfacción. Y comiendo chocolate también.

- Con más de cuarenta millones de personas en nuestro país, solo hay un príncipe azul. Y ya está pillado hace tiempo. Mejor no esperar, que Serrat puede hacerte una canción preciosa en cualquier momento. O mucho peor, puedes ser la nueva loca de Maná.

- Nunca, nunca, nunca el pobre infeliz que haga la película va a estar a la altura de todas las lectoras. Por eso leer es sexy, por eso braining is sexy. Y a lo mejor, el tipo es gay, aún a ser más bonito que un San Luis.

- Santiago Segura tiene más mérito que el Grey de las narices. Santi se lo ha currado y todas las bragas que baje merecen el mayor de los respetos.

- El que es malo cabrón, es malo cabrón siempre. Sea en el instituto, en un mundo de vampiros y hombres lobo o en el Disney Channel. Eso no se cambia.

- La madre de la autora dice que leyendo ha aprendido más de sexo que en quince años de matrimonio. Ese es vuestro nivel. Haced felices a hombres, pero sed discretas, por el amor de Dios. Que, a veces, lo lleváis pintado en la cara.

Y que, en fin, nosotros también tenemos a Grey. Pero nuestra Sasha mola más.

PD: Gracias a mi amiga Ana, por su plástica y divertida foto.

martes, 13 de noviembre de 2012

The Newsroom está aquí

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Las cosas claras y el chocolate espeso. Podría poner eso mismo, pero hablando del whisky con agua, pero a la hora que escribo esto no son las cinco, y ya saben eso de la hora para empezar la jarana.
No se si saben, sabéis, que la cuidad del silencio después del fuego final está que lo peta con infinidad de movidas. Puedes ser cualquier tipo y con cualquier inquietud que tienes tu hueco en Valencia. Todas las aficiones tienen cabida en la terreta: teatro, vino, música, arte, cine, comer, mujeres.  Sí, mujeres. No se me pongan mojigatos, que hubo, hay y habrá gente que para ellos es una afición. Pregunten por George Best o Porfirio Rubirosa al señor Google, para botón de muestra.

Es una cuestión de supervivencia, de reciclaje o de vete tú a saber que, pero me da la sensación que la peña se está moviendo como no hacen otros. Del tema de la cocina y su petite révolution ya habla, y muy bien, demonios, el señor Nada Importa en Traveler, aunque lo tachen de provinciano en aquellos lejanos, y a la vez cercanos, 341 kilometros del presunto ombligo de este país.
Pero es que te vas por la rama de la actuación, que parece que está mal desde los tiempos que a Concha Velasco la llamaban Conchita y calentaba a los señores con flores, y ves proyectos frescos e interesantes como el genero de las paradas del Mercado Central. Miniteatro, que revienta la pana, programaciones de teatro en bares de copas, webseries que revientan el molometro, productoras pequeñas pero grandes en ilusión e ideas, performances en la calle y exportaciones del trabajo que van más para arriba, sin necesidad de corredor mediterráneo ni gaitas.

Del vino paso de hablar hasta que no me den Mala Vida y me hagan sentir un personaje del cuadro de Goya.

Pero es que, y aquí es donde quiero llegar después de todo, uno de los sectores donde está todo más jodido que es en el de los periodistas, aquí y en Roma, me desprende una frescura, un 'saca el capote, Manué que vamos a torear' y un 'no pasarán' que me eriza más la piel más que si me cantarán a la oreja cualquier balada alguna de las rockeras sexys de la ciudad. Y no digo nombres para no meterme en jardines.
Los periodistas, decía. Esa pasta especial que tienen, con sus guerras, corresponsalías y noches en vela en redacciones por uno u otro motivo. Uno siempre ha tenido a "Territorio comanche" como una magnifica obra. El libro, claro. De la peli, la argentina que salía y poco más. Y siempre los he idealizado en ese sentido. De mayor quería ser eso. Ahora, que sin ser mayor me acerco bastante, con estar a buenas con el banco y conocer a gente interesante, me conformo. Pero sigo admirando a esos tipos y tipas, que diría aquella ministra.

Y en la tele del ERE, donde lo están pasando mal algunos colegas y amigos, salen programas que nos dan aire, que nos sirven esa última copa con la que nos vamos más felices a casa, aún a sabiendas de lo perra que es la vida. La búsqueda de empleo, paradoja al canto o, aquel en que, con cámara en mano y una temática concreta, comer, la vida en los polígonos o los curanderos, nos acercan a lo que puede pasar en la esquina de al lado. Sí les hubieran dejado hacer más cosas de estas, otro gallo televisivo nos cantaría y el Nou sería una de nuestras primeras opciones.

Pero es que aún hay más. Es que gracias a este invento del demonio llamado Twitter, uno descubre una redacción de información general y económica con ganas, una Plaza que siente, que late y que ruge cada letra y cada tirada de manta. Y que no es más que el reflejo de un director de raza, Sierra, don Cruz. Siempre he pensado que una redacción es como un equipo deportivo, la personalidad del director/entrenador se traslada a la redacción/equipo. Y Sierra me desprende mucho de Aragonés. Y no por la edad, ojo.
Y Cruz Sierra se ha ajustado la taleguilla, se ha santiguado y ha empezado el paseillo con un nuevo proyecto de información deportiva que, a poco que lo haga bien, va a sacar los colores a más de uno que se piensa que el corral es suyo. Dos orejas y rabo desde ya.

Pues eso mismo. Que The Newsroom y los hijos de Ciudadano Kane están en Valencia. Y que gracias, joder.

PD: Con todo el cariño y admiración para todos los periodistas a los que puedan llegar estas líneas y, en especial a los que conozco face to face.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Tutores del entretenimiento

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Pues que el negro ya no es tanto. O eso me parece a mí, a pesar del temazo de los Stones y la versionaca de M-Clan.

O que igual esto es como decía aquel del fútbol, un estado de ánimo.

Vale, que las cosas no están muy allá por culpa de los golfos apandadores de siempre. Pero la peña se mueve, se recicla, se adapta, se reinventa, se redecora... Y hay que estar. Me siguen, ¿no?
Sí quieres alimentar a un cerdito rosa con monedas, en Valencia lo tienes jodido. Cuando no es una sota, es un basto, es decir, hay jarana cultural y movidas a cascoporro. De esas de vinos, gintonics y mujeres con tacón, sonrisa y buena conversación. 
Que no todo va a ser cartas y catas de licores, vividor.
Y no te digo nada sí te pirra la mesa y el mantel. Cada vez se come mejor en la ciudad, adaptándose muchas cartas y lugares a los tiempos que corren, con una cantidad de pequeños secretos escondidos en Ruzafa, nuestro Soho, tal y como bautizó Nada Importa al barrio más molón de la city, que te hacen ser un manirroto pierdecasas sí no echas el freno, madaleno.
Pero el Miniteatro vale para usar el comodín de la noche del sábado como la excusa perfecta para levantar el culo del sofá.

Donde el tamaño no importa. No en el sofá, en el teatro.

Miniteatro es un proyecto de estos que nace por necesidad, por huir hacía adelante, ahora que parece ser que vuelven a correr, otra vez, malos tiempos para la lírica, con cierres de teatros y manifestaciones de dolor por un agonizante panorama para aquellos que crean sueños, personajes e historias.
Y los actores nos provocan, nos seducen, nos hacen reír y llorar. Nos arrancan cachitos de alma para que luego nos hagan pensar, recordar y tatuarnos el sentimiento. Dosis, pequeñas o grandes, pero un chute, al fin y al cabo. La puta vida, joder.

Y nos revuelve el alma para bien el artista, bien sea en el plato, en la escena o en un solo de guitarra.
Pues La Intensa Producciones nos ha metido una descarga en todo el centro de las pelotas. Una música que nos habla y nos cambia de color, creada por obra y gracia de Isabel Latorre, y que es un personaje más dentro de la obra 'Le tuteur d'amour', donde conversa con la mujer tejida por Belén Riquelme, actriz de las de antes y dramaturga en ciernes, llevándonos a un viaje por todos los estados pasados en una relación, desde la euforia después del polvo de su vida hasta el llanto del engaño.

Y aplausos. Y vino tinto. Y la letra muda con su sonrisa. Y el compromiso de comer arroz entre los arrozales.

En definitiva. Vivir.