12 de enero de 2012

El blues de Los Perros del Boogie



Quien iba a decir que el 2012 iba a empezar con un adiós para siempre. Una de las bandas con más feeling de la prolífica escena roquera valenciana, anunciaba su disolución o, más bien, el fin tal y como la conocíamos desde siempre. Los Perros del Boogie, cual estrella de mar, o virus mutante, perdían algunos de sus miembros para seguir navegando por las aguas de rocanrol. Alvaro y Ovidi Tormo abandonan la banda para dedicarse a otros proyectos. Nos sobran los motivos para decir "con dios", para eso ya existe el debate en este invento llamado redes sociales, en el que se demuestran las filias y las fobias, los partidismos y se reparten roles de buenos y malos. Sí buscas algo así en estas líneas, ya puedes dejar de leer en este momento. Siempre me han parecido opiniones ventajistas las que se expresan desde el desconocimiento o incluso peores las que vienen marcadas desde la envidia o la falsa fidelidad, aquellas que cuestionan el amor a unos colores, con eslóganes de campañas anti-abandono y dejando de lado todos y cada uno de los condicionantes que llevan a la toma de decisiones. Es muy fácil ver los toros desde la barrera, pero las verdaderas razones las sabrán ellos seis y muy bien que me parece que sea así. O quizá montan una rueda de prensa, real o virtual, para aclarar a curiosos, amigos cercanos y lejanos y porteras las dudas que se desprendan. Y si esto sucede, la regenta de este portal estará la primera.
No se me ocurre otra manera de hablarte que directamente para explicar o tratar de plasmar lo que me late dentro desde el día que dieron la noticia, con remite de la pérfida Albión. Me sentí como aquel día en el que los Reyes dejan de ser Magos para ser tus padres. Comienzas a perder la inocencia para empezar a forjar la admiración. Yo hubiese apostado por ellos, por Los Perros del Boogie, sin duda. Hubiera sido su bussines angel, pero esto no es mérito. Antes que yo, olfatearon el éxito de esta banda Pepe Cortés e Iván Guillén, que supieron cabalgar con ellos y nos convirtieron a todos en parroquianos de su música, su manera de vivir y suelo sólido de amistades virtuales convertidas en reales y otras zalameras compañías convertidas en pesadillas de cuyo nombre no quiero acordarme. Y por supuesto, el éxito también lo vieron los que saben de esto en el rock en España, quizá el principio del fin de la historia. Con esto no se puede hacer otra cosa que recordar esas mil palabras que valen menos que una imagen, pero que andan por este blog, para intentar hacerte ver y obligarte a leer, el descubrimiento, la entrada en la crew, el beso más trabajado jamás dado, la Leyenda, Zaragoza de noche con los maños más grandes de todos los tiempos y un Malaguita avispado, el desierto al lado del oasis de la Gran Vía y el baile más bizarro de sevillanas del mundo, las groupies, mi pequeño homenaje y capricho prefallero… todas esas cosas quedaran en la retina de quienes lo vivieron, lo sudaron y disfrutaron. Y esperando tiempos y proyectos mejores, abriremos una botella de buen vino, le daremos al play y cantaremos con la mente a los delincuentes de las esquinas mientras los bichos caminan en fila por mi pelo en este oscuro callejón donde forjaron a mi generación que de nada sirve hacerse mayor y volveré a ser la persona que fui saliendo por las noches alargando mi fin en una noche cualquiera de esas con luna llena, mientras espero al amanecer para escuchar rocanrol en la radio, sabiendo que te esperaría aunque estuviera en el infierno y me desvelo sin ti por volver al lugar donde las cosas salían siempre bien.


3 de enero de 2012

Dosmildoce

Y de nuevo aquí. Parece que no nos hayamos movido, pero lo hemos hecho. Y tanto. Pero tenemos la absurda percepción que si no cambias de aguas, no has hecho nada nuevo bajo el sol de la Toscana. Y no es así. De aquella noche a esta hemos salido, hemos vivido, hemos muerto entre papeles y hemos resucitado echándole un par y apretando los dientes. Hemos estrechado vínculos y hemos alargado cuerdas que llevan a Zaragoza y London, por poner solo dos ejemplos. Y quedan lejos las noches de verano. Y vemos que el camino hecho al andar tampoco nos fue tan mal y quizá volvamos a caer en las piedras que están en él, o las pongamos nosotros porque no queremos andar, siendo una patética y china copia de Daniel el Mochuelo. Tuvimos conciertos, robamos besos de los que fuimos absueltos y los secretos de camerino quedarán ahí, salvo el día que me vaya de gira para hablar de ellos. Y las gentes de provincias que viajamos con una maleta con doble protección de correa conocimos las Balmain. E incluso aquella última noche se pareció bastante a la de hace un par de días, con Joe Pesci, De Niro y Ray Liotta como colegas de sangre y sofá esta vez, pero con la retina más llena de nuevas gentes, y esperando que alguien haga realidad, porque no, el que podamos ser Eddie Morra.
¿Y qué hay tras el inicio del paseo? El planteamiento, nudo y desenlace de la uva, la ciudad de los tejados, más música, Pepe, Chemi, El Dos y otros chicos del montón, las Camper porque sí, con todo lo que significan, la niña de la Barceloneta, rock en teatros, teatros de rock, brindar siempre por los que no están presentes pero nunca ausentes, ese bendito y adictivo descubrimiento que es Formspring y sus duendes, The Sheenas, desgranar el secreto de Ozzy pasando las hojas mojando cualquiera de los dedos, sin Kindle ni ostías, reservarme los secretos de alcoba para mi pater de cabecera o para alguna Magdalena y así intentar mantener interesante estas entradas, saldar las deudas a mi favor, el nuevo trabajo de Los Perros del Boogie, las copas pendientes con Garaje Jack y descubrir qué situación será la que me permita u obligue a no estar donde dicen estar los demás. Sí un buen café con una generosa degustación de malteados, humo y risas sinceras que se alargan hasta la madrugada es mejor que uvas, tonadilleras catódicas y combinados de garrafa al toque de campana, ¿qué más da que nos adelantemos unas cuantas horas y le demos un día de más al nuevo?