viernes, 15 de junio de 2018

Una semana de Mundial en cinco asaltos.

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Es imposible resistirse. Imposible no dejar de mirar. En parte, porque en Valenciastán tenemos una calma digna de siesta y sandía de merienda. De hecho, nos ha venido un bigardo de casi dos metros para el centro del campo del que casi nadie ha oído hablar. Pero no importa. Lean a Álex Martínez para ponerse al día y estén preparados para cuando la bacanal de fútbol de cada cuatro años acabe. Pero vamos al ring.

Primer asalto. Floper se ha marcado un Castor balompédico. Le da igual los movimientos sísmicos que deje a su paso. Se la sopla la Selección, Rubiales, el Mundial y cualquier otra cosa que no sea el equipo de las mocitas madrileñas alegres y risueñas. Supongo que es el precio a que te digan que no. Zidane, al que fichó firmando en una servilleta le dijo au revoir y a Floper le rompieron los esquemas. Tiro cañas para poder soltar aquello de 'Hay entrenadores que han nacido para...', pero no sonaba la flauta. Por coherencia de los candidatos, véase Low, o por renovaciones recién estrenadas, véase Pochettino. Pero, ay amigos, para un roto siempre hay un descosido. Y se llama Lopetegui. Compresible la reacción del vasco. Esos equipos solo pasan una vez en la vida. Pero mal gestionado por su entorno. En el momento que recibes la llamada has de avisar a tu jefe, Rubiales, de todo lo que hay. Y si aceptas sin avisar, largarte dos minutos antes. Pero si vamos a las conspiraciones con pinzas, como las de los detractores de nuestra nueva tele valenciana que las ven por todas partes, Rubiales es un grano en el culo para Tebas y los intereses de los grandes, principalmente uno. Y es una manera de incomodar al nuevo con su cargo y avisar que las gallinas viejas siguen dominando el corral.

Segundo asalto. La prensa. En general y de Madrid en particular. Pocos del centro geográfico del país se atreven a decir en voz alta que es una muestra de caciquismo del Real Madrid. Supongo que para no cortar las prebendas o los accesos al palco. Lo que da lástima es la manera de arrastrase de algunos. Si hoy España mete cuatro, sacarán pecho. Si le meten tres, también. Win-Win. Pero luego está José María García, libre de cualquier atadura, que suelta las verdades del barquero del que se siente libre, con la luz pagada y sin deber nada a nadie. Y deja a los de ahora a la altura del betún.

Tercer asalto. Hierro. Para mí, desde ya, uno di noi. Servidor es de esos a los que España siempre le ha gustado. Desde Saura y Tendillo en el 82, por lo menos. Me gusta el fútbol y, mientras no se diga lo contrario, por geografía, nacimiento y coherencia ya saben como bancamos en equipo y en combinados nacionales. Y Hierro fue despedido, junto a Del Bosque, por el presidente del Madrí. El mismo que está ahora. Y si animaba con la España de Clemente y la de los principios de Aragonés, con el ardor que provocaban los mismos del segundo asalto, no voy a bajar del barco ahora.

Cuarto asalto. Que ganas que sean las ocho de la tarde. A pesar de tener que negociar citas con dentistas, con presentaciones de libros o con cualquier otra cosa en este mes que viene. Todos somos Jero Freixas. El Mundial es el 'Breaking Bad' de las series.

Quinto asalto y KO. El traductor de Google para hacer una pregunta en francés en una rueda de prensa internacional. Pedro Ruiz, en su primera aparición en televisión, se aprendió de memoria una o dos, preguntas para entrevistar a un japonés, con pausas dramáticas incluidas, sin tener ni idea del idioma del Sol Naciente. Sírvanse las diferencias.

viernes, 8 de junio de 2018

La Selectividad del Valencia CF.

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Por si ustedes no lo saben, en estos días se celebra la Selectividad. Quizá ahora se llame de diferente manera pero, en esencia, es lo mismo. Exámenes a cascoporro en un corto intervalo de tiempo. Como esas 24 horas de futbito que jugabas en verano. A tope, a tope, a tope. Luego ya, si eso, dormiremos. Lo suyo es haberse preparado previamente, tacita a tacita, para que el arreón final del estudio y las pruebas sean más llevaderas. Y en su propia Selectividad se encuentra el Valencia. Solidificando un proyecto, amortizando al máximo este año de adelanto que otorga el salto de ser décimosegundo a ser cuarto y con un entrenador al que se le ve cómodo en el cargo y la ciudad, con ganas de hacer más cosas y sin intenciones de largarse a otro sitio, aunque no le llamen.

Recuerden hace un año por estas fechas. Si pueden. Los rumores no eran gran cosa. De hecho, se gestaba nerviosismo ante los tiros al aire y ninguna pieza en el zurrón. Tan solo la llegada de Marcelino como primera piedra. Y ya saben la leyenda urbana. Que si dijo no al Valencia, que si las excusas con el riego del campo y alguna que otra más. Y ahora, a toro pasado, se puede decir sin rubor que la manera de proceder de Marcelino, Alemany y el resto de implicados fue la correcta. Marcando los pasos. Estudiando poco a poco. Tacita a tacita. Pues servidor intuye que este año la cosa va parecida. Hay refuerzos, como Longoria, que trabajan con celo para reforzar el único punto por el que se puede adelantar, fichar antes que exploten. Por eso entiendo su enfado. El sigilo es fundamental para no despertar otros intereses y, sobre todo, para no subir innecesariamente el precio del fichable. Aunque bien es cierto que el club debe saber usar a los medios para su propio beneficio, lenguas largas existen en todos lados, deportes y sectores. Quizá, poniendo un señuelo, Pablo, tengas a tu garganta profunda.

¿Y cuándo saldrán las notas? Pues bueno, de inmediato con los anuncios y el primer pálpito de la gente. Aunque, como dijo el flamante Ministro de Cultura y Deporte, de fútbol, ni puta idea. Ni nosotros. Así que el caminar de la temporada nos dirá si los que vengan superan a los que se fueron o, por contra, volveremos a la nostalgia de los que ya no están.

Mientras tanto, vayamos sacando parte de esos 45 kilos para ir cuadrando la caja. Empezando por Joao Cancelo, que tendrá que esperar otra oportunidad para poder secar esas lagrimas que soltó en Mestalla una noche de agosto hace casi un año.