miércoles, 15 de enero de 2020

Badlands + Dead Bronco. 6 diciembre 2019.

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Un viernes festivo es un buen día para desempolvar el gabán rockero y, libreta en ristre, llevar los pasos a la ciudad, donde hay concierto. Una de las muchas fiestas que organiza Montgorock para calentar el ambiente ante el próximo mayo, cuando casi se confundan primavera y verano. Sala nueva. O mejor dicho, espacio adaptado en Palau Alameda, un lugar que ha entrado con fuerza en eso de salir, beber y el rollo de siempre. En la cola, enorme a cinco minutos de dar las ocho de la tarde, hora prevista de acceso al lugar, mucha variedad y algún sombrero de vaquero. No sé si me he vuelto viejo de repente, dos días antes fue mi cumpleaños, o que la cosa va de modas, pero oigo cerca de mí que tomar una cerveza de lata en la calle traída de casa o del ultramarinos de turno ahora se llama 'yonquibirra'. Supongo que la analogía de lo barato y fácilmente etílico es una unión de cosas para que beber cerveza se asocie con eso. En fín, cosas de la edad, supongo. La cola se mueve y solo tengo ganas de tomar una cerveza. Publicidad subliminal y un brindis por los caídos, supongo.
Hablemos de la sala. Mientras ameniza la espera Merche Madame Blues a los platos, observo el lugar. Peculiar, sin duda. Imagino, por la historia de la sala, noches de farra, glamour y copetín con Abba y Boney M a todo trapo mientras corre sin medida el Chivas y la farlopa cuando era una droga elitista. Demasiadas trampas, con espacios a doble nivel que, por otra parte, vienen bien para estar fuera de lo que antes sería zona de baile y ahora son las primeras filas de los conciertos. Pero no me disgusta la sala. A pesar que la sonorización con Dead Bronco no suene todo lo bien que pueda llegar a ser. Y eso que suenan salvajes y estridentes, cumpliendo rigurosamente el papel de teloneros y caldeadores del ambiente para el grupo que hemos venido a ver la gran mayoría. Y digo la gran mayoría porque Cebri el grande, enfundado en un sombrero de perfecto vaquero del Algarve portugués, me recomienda encarecidamente su escucha. Y no defrauda. Suenan rudos, como maquinas sin afilar y una energía por parte del vocalista Matt Horan, cuya voz recuerda por momentos a la del metálico Hetfield, digna de mil analgésicos. Comentamos las mejores jugadas con David Lobo de Calaveras y Adri Rockrunner acodados en la barra y esperamos a los chicos de las tierras malas.

Se viene Badlands. Muchas ganas de ver su nueva puesta en escena con el nuevo disco. Y, sobre todo, escuchar en vivo los temas en castellano. Sin desmerecer al inglés y los grandes temas que llevan en la mochila, el castellano me toca más la fibra por carecer de intermediarios en eso del sentimiento. Lejos quedan aquellos tiempos en los que completaba las clases de inglés con las canciones y las traducciones. Supongo no ser muy original pero 'Jaulas vacías', con dedicatoria de May a su señor padre y, por supuesto, 'Tornado' son un par de melocotonazos. Y esta última creo que será un clásico desde ya y para siempre. Y quien sabe. Puede que sea el empujón definitivo para volar sin alas. Desde que conozco a la banda, se han ido rodeando de gente muy válida y han superado cambios de componentes. Marcos Bañó, Victor García y su Gramola, Josan Serrano, Ariel y toda la crew que rodea a estos musicazos nos concilian con la música hecha desde la amistad y el sacrificio. Un golpecito de suerte, por Dios. Un nuevo True Blood, por ejemplo. Y que los tipos de HBO escojan al azar cualquier tema de los que canta Ibañez, mientras Adrián y Marco bailan con sus instrumentos a ritmos de banjo y bluegrass, marcando el tempo, y la diversión Pruñonosa, Giner y Wirjo.

Eso queremos. Porque así los coros sonarán más íntimos y cálidos. Porque una parte de Gener subirá al escenario aunque sea diciembre para darnos esperanzas de primavera. Porque hemos venido a bailar, reir, mover el tacón y charlar hasta altas horas de la madrugada de lo divino y de lo humano. De sus grandezas y sus miserias. Y todo con la furia de un tornado, siendo la excusa perfecta.

Banquemos a Badlands. ¡Amor y country!

viernes, 10 de enero de 2020

Tabla rasa tras la Supercopa.

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Es irresistible comenzar con un clásico de nuestra infancia. ¿Cómo están ustedes? Espero que a estas alturas estén dados de alta en el gimnasio y lleven una estricta dieta a base de piña, superalimentos y todo eso. Servidor seguirá dando cuenta del jamón y todo lo demás, ya se lo advierto.
Bueno, al turrón (perdón). Muchas cosas han pasado desde la última vez que nos citamos en este rincón. La vuelta a La Liga ya queda lejos y la sufrida victoria ante el Eibar parece lejana, aunque con los puntos en el zurrón. Y este fin de semana pueden hacer sesión doble de gimnasio al no haber liga por aquello de la Supercopa de España saudita. Del trofeo corto más importante del mundo, como lo cito su papi Rubiales, mucho se ha escrito ya. Y no merece la pena insistir en el tema por reiterativo.

Por tanto, hagamos tabla rasa y saquemos algunas conclusiones deportivas de la semifinal y lo que viene:

- El Valencia CF no es equipo para amistosos. Vale, era un torneo oficial en el que los de Celades presentaron guerra quince minutos. A partir del gol de córner con despiste global de todos, no hubo nada. Este equipo, históricamente, se ha hecho fuerte por la competitividad en competición. En amistosos, más de cien veces se ha dejado llevar, aunque por la camiseta que se lleva no deberían hacerlo.

- Toque de atención sin consecuencias. Si la caraja se produce en la doméstica o contra Atalanta, nos quedamos calvos del disgusto. Es importante haber vivido este simulacro y los jugadores, cuerpo técnico y todo lo que rodea al club sepan y entiendan que la cuesta de enero no permite medianías. Que hay que poner la intensidad necesaria para seguir la escalada, pausada pero escalada, y asaltar la tercera plaza, a cuatro puntos vista.

- La portería. Eterno debate del fútbol, más viejo que la tiza. Sigo pensando que Jaume fue vital en la Copa. Es un tío valiente, o insensato, y las salidas por arriba cuando se colgaban balones en el Villamarín fueron claves. Así como un portero tiene unas características, otro tiene otras. Todos salen mal parados bajo palos si recordamos que, durante un tiempo largo, el portero de España jugaba en el Valencia. Primero Zubizarreta y después Cañizares. Que el entrenador decida. Ambos aportan cosas y, en situaciones normales, Cillessen debería volver o, en su defecto, apretar los dientes teniendo la Eurocopa en el horizonte. Pero bendito problema el de Celades, del que se beneficiará el grupo.

- Tres centrocampistas. Parece ser que ahora King Kond y Le Coq no pueden jugar juntos porque se tapona la creación de Parejo. O esa es una de las lecturas. Discrepo rotundamente. Es, volviendo a lo anterior, una baja intensidad y un buen planteamiento de Zidane para complicarle las cosas al metrónomo valencianista. Pero si algo tienen tanto Kondogbia como Coquelin es un aceptable manejo de la pelota. Y nunca vi quejarse a un centrocampista ofensivo de tener dos esbirros que le hagan el trabajo sucio de barrer y marcar raya.

- El mercado. Sí, hace falta un lateral derecho. Sí, es complicado ahora en enero encontrar un Réveillère, pero es labor de Jorge López encontrarlo para aportar al grupo. Wass, a quien el big data le marca que no se lesiona con facilidad, lo está jugando todo y Correia sigue sin estar. Y sin jugar. ¿Recuerdan que, cuando llegó Celades, muchos decían que iba a jugar casi por decreto por venir de donde venía? Y Piccini necesitará tiempo para coger forma y ritmo de competición. Quizá la repesca de Jason podría ser una opción tipo parche, para estos meses que quedan, aunque no sea lateral puro. Tocará esperar.

Se viene una cuesta de enero apasionante. De números, de cálculos, de noches europeas, que esperemos sean más de dos. Liga, Copa, vigente campeón y Champions, con un equipo sexto, a pesar de las bajas y que espera la competencia que puedan aportar al grupo Cheryshev, Kondogbia y Guedes como vueltas reales más deseadas. Da pie a pensar en que, como cantaba Simple Minds, we're alive and kicking, vivos y coleando.

Bienvenidos de nuevo. Gracias por estar ahí.