martes, 26 de julio de 2016
Rafa Escalada.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
M-CLAN. VALENCIA, 1 DE DICIEMBRE DE 2012
lunes, 4 de junio de 2012
Diez mil razones para apostar por el rocanrol
lunes, 7 de mayo de 2012
Leiva. Cuando te meta un gol.
martes, 3 de enero de 2012
Dosmildoce
¿Y qué hay tras el inicio del paseo? El planteamiento, nudo y desenlace de la uva, la ciudad de los tejados, más música, Pepe, Chemi, El Dos y otros chicos del montón, las Camper porque sí, con todo lo que significan, la niña de la Barceloneta, rock en teatros, teatros de rock, brindar siempre por los que no están presentes pero nunca ausentes, ese bendito y adictivo descubrimiento que es Formspring y sus duendes, The Sheenas, desgranar el secreto de Ozzy pasando las hojas mojando cualquiera de los dedos, sin Kindle ni ostías, reservarme los secretos de alcoba para mi pater de cabecera o para alguna Magdalena y así intentar mantener interesante estas entradas, saldar las deudas a mi favor, el nuevo trabajo de Los Perros del Boogie, las copas pendientes con Garaje Jack y descubrir qué situación será la que me permita u obligue a no estar donde dicen estar los demás. Sí un buen café con una generosa degustación de malteados, humo y risas sinceras que se alargan hasta la madrugada es mejor que uvas, tonadilleras catódicas y combinados de garrafa al toque de campana, ¿qué más da que nos adelantemos unas cuantas horas y le demos un día de más al nuevo?
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Simpatía por el relato. El concierto
Esta humilde visión está dedicada con el más grande de mis cariños a ‘Román’, porque tarde o temprano seguiremos rockeando.
CASADA
MENTIR
MERCEDES BENZ (COVER JANIS JOPLIN)
LA EDAD DE LAS MUJERES
EL HOMBRE DEL SACO
VESTIDO
EL AMOR DUELE
Y YO
HAZMELO OTRA VEZ (COVER AC/DC)
THE GRANGE (COVER ZZ TOP)
NO
DIOS
GUAU
PELIS PORNO
PORQUE TE VAS (COVER PERALES/JANETTE)
MUÑECAS
ROCK IS NOT DEAD
jueves, 7 de abril de 2011
Madrid, Caballo Ganador
Empezar un mes en viernes, ya desprende buena onda. Si lo aliñas con un viaje donde sabes que el destino final va a ser noches de rocanrol, buena comida y chicas bonitas, abril te tiene que caer bien hasta tal punto que te apetece compartir el tuyo con Sabina, huérfano de él porque alguien se lo ha robado. Así que, con estas expectativas, monto en el Caballo Ganador sin una buena GQ que llevarme a los ojos, mala señal para mí, pero buena para Fruela y su equipo. El primer traqueteo al arrancar el tren me transporta a imaginarme las caras, los gestos y los abrazos de los que esperan la llegada. Intermitentes fundidos en negro, mezclados con paisajes rápidos me hacen pensar que, a la hora del café, Madrid estará bajo mis botas hechas para caminar.
De inmediato estoy en terrazas con tapas al Sol y cerveza del lugar. Y con los primeros autorretratos inmortalizando momentos. Corpore sano con los alimentos. El alquiler de nuestro volante americano para dar gas a nuestras noches y derrapar en vuestros corazones, nos da la libertad para romper los grilletes del eficaz submundo de tuberías de números y colores. Visitamos a un grande de la radio, norma no escrita, pero de obligado cumplimiento, para preparar el primer sudor rockero. Sala que piensa en verde. Mucho botellón de calimocho en las colas locales. Melenas negras, camisetas negras, algún cuero ajustado en ellas. Bien, bien. Para adentro. El trozo de pan en mallorquín, pero con faltas de ortografía. Yeska. Ni atención les presto. Lo siento. Vengo a ver a los sevillanos que hacen poesía con guitarras, Gritando en Silencio. Lo disfruto con el afónico que más vocea, mi hermano de la roqueta, en la primera fila, a base de codazos y empujones. Canciones nuevas, coplas viejas. Me gustaban en la roca, me gustaban en mi casa y me gustan aquí, dando botes, reventando tímpanos junto al resto de la gente, incluidas las ceñidas de cuero de la puerta, desmelenadas por las notas, los versos y, quizá, por el alcohol. Y es una banda que tiene un par de narices, por no decir huevos, al ser outliners de la industria, con compromiso de libertad para las creaciones, copias y comercio justo en su mercadotecnia, de la que hacemos buena cuenta para disfrute personal y regalos varios. Aún atronaban las estrofas de ‘Mírame desnudo’ cuando, después de ser echados por los hijos del Este de manera marcial de la sala verde, recuperamos fuerzas, viendo más carne de la que queremos por parte de un cantinflas que nos corta la digestión con su momento bizarro-hucha, y nuestro GPS roquero nos llevó al lugar del crimen, como buenos asesinos que somos. El Refugio, un garito entrañable, llevado con estilo, rock anglosajón y la gente justa. Copas, fotos, bailes, saludos a la isla, medias quemadas, más copas y a retirarse, que mañana será día grande. Ya es mañana. Perreo, cita, Alcorcón, concentración de motos y moda de los cincuenta. Migas. Rock con sonido de Harley Davidson. El coche de Christine. Princesas con tupés que no se deshacen aunque se haga el pino mientras pasa un huracán. Pin-up y acompañantes Presumidas. Bonita ropa. Irene y Fer. Beba Stone y sus papás. Elvis, como no. Pase. Caras rancias que despiertan bostezos. Jamones que despiertan el hambre. Contoneos que provocan aullidos. Fotos con moteros, fotos con abuelos, fotos con niños, fotos con coches. Ha nacido una estrella. Bravo. El rock nos espera después de saborear la fama local. Previa. Cervezas, abrazos. La chica del país de las maravillas. Pilarica Power. Leo en alguna parte ‘Ten en cuenta que muerdo’ y me quedo con la boca abierta. Los Perros del Boggie y Burning nos esperan. Iván, en la puerta, todo tensión. Pausa, abrazo sentido. Se merece toda la suerte del mundo este tipo. La gente se desmelena. Ya conocemos el camino para paliar la sed. Y los escotes de las chicas. Es solo rocanrol, pero me gusta la camiseta. Compro. Barriga de parto cervecero con Chemi. ¿Os dije que es un gran tipo? Entrada de los chicos. Gran bolo, sin versiones, con un par. Arantxa, eterna sonrisa. Cara de póquer de Cortés Montero. Preocupa el sonido, pero triunfan. Se los ve contentos en escena. Y después también. Turno de Burning. Rock de La Elipa de toda la vida, sin alardes, pero con estilo de la calle. Del mamado por Los Rebeldes, Loquillo, Rubén, Leiva, Tarque y mucha más gente. Nos vamos arriba. Mucho mejor sonido y menos gente. Hola Rafa. Abrazos con Laura C. Aitana perfecta, niña buena. Sonrío por ello. Estribillos de toda una vida, canciones de varias generaciones, no hace falta más. Fiesta privada después del concierto. Caras relajadas, Iván ya sonríe, ya bebe, ya abraza, ya disfruta. Es el ganador de la noche. Éxito. Brindamos por ello. Salud y pesetas. Raúl Cimas. Volvemos al 2010, con humo en el local. Destrozamos el baile del rocanrol, aunque las piruetas son meritorias y mantenemos el tipo. Ernesto, la leyenda, mi amigo. Noche eterna. Bebiendo como si mañana el Sol se tomará una excedencia. Prórroga, con pasta italiana para beber. Ya es el segundo mañana. El Hombre Lluvia hace su aparición. Motos de Jerez. Pizza a la carta. Alcalá. Tapas. Risas, como siempre. Volvemos al lugar del rabo un cazo. Maca. Preciosa la calle Mayor alcalaína. Tirones de orejas a María Efe. Veintialgo, creo. Soy de letras y personas, no de números. Chin-chin y retirada. La salud nos pone a prueba. Previa de la vuelta a casa. Camino a Alameda, a mostrar los respetos. Tapas en Chamberí. Callos, como no. Un precioso ángel negro pasa por mi cabeza y me hace reír. Brindis. Planes de futuro breve que suenan a mar, arroz y pausa. Estos lunes son mejores que los míos en la tierra de las flores, las luces y el amor. Todo tiene su fin, y el nuestro es una hora antes de los toros. Amenazamos con volver. Sabes que te quiero, aunque te abrace poquito, número seis. Tren. Para el traqueteo. Una azafata me toca suavemente el brazo:
- Señor, despierte. Hemos llegado a Madrid.
lunes, 21 de marzo de 2011
A la memoria de Vicente Ahumada
De la vieja escuela, Vicente Ahumada destilaba música por todos los poros de su piel. Música de la buena. Y tuvimos la suerte de que la evolución lógica del que tiene inquietudes musicales, le llevara a tirar del hilo hasta llegar al final del ovillo. A Elvis. Y tiró tanto de él, hasta ser una verdadera eminencia en la vida, obra y milagros de El Rey. Sí, de acuerdo, hubo música antes del chico de Tupelo, pero la industria comenzó con él. Y nos abrió la ventana a todos sus registros. Aún recuerdo esa voz peculiar, profunda y esa reciente imagen de espaldas en las imágenes de los locutores de la antigua y añorada Rock&Gol. Lo recuerdo los sábados, o los miércoles, mis noches hacen dudar a mi memoria, con esas joyas que es repetitivo nombrar y que debes de investigar y crear tu propia lista de éxitos. Sus ojos habrán visto los lugares y rincones donde se gestó la leyenda y seguro que habrá podido disfrutar de los olores de la cuna del rocanrol, por el mero placer de hacerlo y, después, poder contarlo en antena para sus incondicionales del Club Elvis, uno de los programas más longevos, con 16 años de emisión, y latente en Internet por siempre jamás.
Me gusta imaginarlo con gafas de sol, su Marlboro humeante entre los dedos y una copa de brebaje de Tennesse, mientras suena cualquiera de los temas de King Creole. Suena a tópico, lo sé, pero la memoria selectiva tiene esas cosas y, como si de una antigua novia se tratase, idealizas, mitificas y seleccionas los recuerdos de esas personas que ya no están cerca de ti en cuerpo, pero sí en espíritu. Y seguro que era uno de esos excelentes conversadores, con su peculiar visión de la vida. O tal vez no. Igual era un tipo introvertido, un corazón solitario de los que llevaban en sus hombros la melancolía. Me da igual. Nunca tuve el gusto de conocerlo en primera persona, pero las gentes que han tenido esa suerte lo veneran, desde Pamplona a Alameda de Osuna, pasando por Las Rozas, todos hablaban antes de ahora maravillas de él.
Se nos ha ido después de pelear duro, resurgir y volver a caer. Supe de su pelea a través de una conversación humeante y callejera la penúltima vez que visité Madrid, recién estrenada la ley antitabaco, y ese fin de semana las charlas sobre El Rey me conquistaron por segunda vez con la mesa y mantel de los años cincuenta como testigos. En estos casos, para consolarnos, tenemos la estúpida y católica creencia que en el Cielo todos se encuentran con el mejor aspecto de su vida y que la eternidad allí es una fiesta. Seamos estúpidos y católicos y pensemos en el abrazo que se darán allí arriba Elvis y Vicente, mientras aquí abajo continúen creciendo locutores inquietos, viajeros y apasionados como Iván Guillén, y proyectos anónimos con latidos y alma de rock, mientras nosotros seguiremos adorando el metal del Renault 4L, robaremos naranjas de los campos y besaremos lo que podamos que provoquen canales de pasión.
Larga vida a Vicente Ahumada, nunca caminarás solo.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Buscando el equilibrio inestable con Igor Paskual
El final del paticorto mes del año coincidirá con muchas cosas. Rita dejará de lado sus movidas y sus listas para salir al balcón sonriente y anunciar con la bella Laura y su corte que la pólvora ya huele en Valencia, y las niñas, chicas y señoras, uno tiene una edad y ha ampliado su radio de acción, empezaran a mostrar los progresos de la hibernación en el gimnasio cuando la primavera llame a nuestra cara con los agradables rayos de Sol. Si todo esto no fuera suficiente motivo para seguir viviendo, si con esto no tuviéramos más de cien palabras y más de cien motivos, un asturiano nos va a dar una alegría. No, el ‘siete’ de España no vuelve a la ribera del Turia para rescatarnos del tedio, más quisiéramos. Igor Paskual, lanza su primer disco en solitario. ¿Igor qué? Niña, cerveza, que esto va a darme sed.
Babylon Chat fue una banda de glam-rock nacida por allá el 94 en Asturias que, aparte de beber sidra, saciaron su sed de gente como Lou Reed, Iggy Pop, Kiss, T-Rex, New York Dolls, y sobre todo, Bowie. Adoptaron una estética glam-rock, con mucha base, pose provocativa y letras que apuñalan, hacen esbozar una sonrisa y que son un canto al hedonismo, tanto en sus consecuencias buenas como en las malas del desamor y excesos. Evolucionaron del punk-rock al rock clásico con un toque, si quieres, de pop, pero con grandes composiciones y nos dejaron, en el ultimo disco de Igor con la banda, temas de obligada escucha como ‘El último brindis del año’,‘Días de vino y rosas’ o ‘Demasiado deprisa, demasiado salvaje’ entre otros, y la excepcional ‘Las chicas del Roxy’, junto con Loquillo, himno a las camareras de la mítica sala valenciana y que, con tan buena onda, versionean en sus conciertos Los Perros del Boggie.
Igor dejó la banda porque El Padrino le hizo una oferta que no pudo rechazar. El Padrino nació en El Clot y mide casi dos metros. O sin el casi. Loquillo le echó el ojo en un concierto en el que se dirigió al respetable mentándoles a la madre. Así, en crudo, sin una presentación formal ni nada. Rocanrol actitud. Se convirtió en el heredero de Puigdomenech, de aquellos antiguos Trogloditas. Y seguro que no les iría a la zaga en nada, en virtuosidad y en estragos en los rincones oscuros. Su complicidad con el Loco salta a la vista. Stinus, el otro guitarra, va más a lo suyo, pero el Loco e Igor son carne de la misma especie, rock en las venas, labios partidos por ello y más chulos que un ocho de copas.
Giró, creció y triunfó. Como una leyenda de la antigua Roma. Actitud. Sí. Otra vez. Boas y guiños a las primeras filas. Moja bragas con movimientos de cadera. Pero hay poso detrás. Hay artista. Ecléctico. Escritor con afición por la música. O músico con afición por escribir. Da igual el huevo o la gallina. Elige la música para sus viajes como el sibarita que selecciona un vino para según que plato. Profesa admiración y dolor por a partes iguales por los viajes con Caronte de Augusto Algueró y Gary Moore. Y entre medias, crea joyas audiovisuales como ‘El peor novio del mundo’ y se prepara para su puesta de largo con su ‘Equilibrio inestable’. Quiera o no, Igor está asociado para mí a marzo y todo lo que lleva en Valencia este mes. Un 16 de marzo de 2010, tras dos horas de acústico en solitario con su imaginaria banda futbolera, en compañía de David ‘perro’ Lobo y la alma alicantina del rock con la sonrisa más sincera y encantadora en casa de Andrés, el Nueve Tragos, me hicieron convencerme que quiero tener dinero y no trabajarlo. Soy lo peor.
jueves, 14 de octubre de 2010
ROCK N' ROLL Y FIEBRE
Viernes. 18.45 h. El billete de tren no sale de la maquina expendedora a cinco minutos de cerrar las puertas. No puede ser que esto me esté pasando a mí. Si al final tendrá razón mi madre y seré un dateprisas desordenado y falto de disciplina. Pero mi coartada era perfecta. No hay tiempo mejor aprovechado que el necesario para tranquilizar a un amigo. Aunque eso le cueste la salud a uno, el aumento de pulsaciones, el imaginar la cara de su hermano mallorquín al no llegar y la rabia de saber que te pierdes algo histórico, todo esto mientras corres con tu petate de alto diseño, botín de guerra de una batalla con una mala mujer de las de verdad. Pero, como dice mi amigo Bernabé en sus sermones de domingo, Dios aprieta pero no ahoga y las puertas al cielo madrileño me las abre la sonrisa de Lourdes tranquilizándome e indicándome donde puedo rebajar las pulsaciones durante las tres horas y pico que dura mi trayecto ferroviario.
Para mí, Madrid siempre había estado relacionada con el balón. Allí viví la final más larga y mojada de la historia y el último toque de chapa hasta el momento. Hasta hoy. Ahora tiene una muesca más en forma de rock. En risas, siluetas increíbles, instrumentos imaginarios, regalos sorpresa y amistades, unas más fingidas que otras, pero amistades, al fin y al cabo. Al menos en la versión oficial. Y el cambio de registro de recuerdos viene con un culpable con nombres y apellidos. Más bien con varios nombres y la perfecta combinación de conjunción astral. Iván, Laura, Aitana y la Triple erre, Rock Rock Radio. La misma rabia contenida de aquella ya lejana primavera, se transformaba en una alegría desbordada en la estación menos alegre de todas al tener la posibilidad de poder disfrutar del concierto presentación del proyecto de un tío maltratado por los números realizados por otros, pero que tiene guitarras en las venas y lo transmite allá donde le dan la oportunidad de ponerse un micro debajo de su nariz. Pero bueno, seamos justos y ordenados con los minutos vividos. Porque todo tuvo su inicio con una buena ración de tapas y cerveza y presentaciones de nuevos y grandes pistoleros nocturnos, de esos que quieres tener a tu lado si la guerra empezará en la barra de un bar y, en vez de balas, se utilizará como munición la modesta sabiduría musical. Alguien comentó nuestro desembarco por la capital como una invasión y, con tal catálogo, fuimos con nuestro jefe del campo de batalla, el gran Chemi, al local donde íbamos a saciar nuestro sudor con licores de alta graduación, on the rocks, por supuesto. No tardamos en encontrar los mejores rincones, de aprender a negociar con vendedores de ilusiones ambulantes teñidas de rosa y blanco y con roqueros frustrados con ínfulas de estrellas e incluso a dar rienda suelta a nuestro lado de espectador más felliniano. También tuvimos tiempo de, ayudados por las nuevas tecnologías, acordarnos de los que no pudieron cruzar el charquito y recordarles que los echábamos de menos. Así que, con un buen puñado de risas y la certeza que, aunque bebimos lo suficiente, al día siguiente íbamos a tener mucha sed de agua, cerca del saludo de Lorenzo a Catalina decidimos concluir nuestro ocho de diez.
Nueve de diez. Agua. Eso fue lo que oímos primero y vimos caer después al abrir nuestras ventanas alquiladas al mundo. Invitada que, no por esperada, no dejaba de sorprender su presencia. ¿Cómo se atrevía a aparecer? Luego pensé que no le iría mal a este ombligo de ciudad un poco de refresco. Igual que a mí, porque tenía los mejores solos de Mike Portnoy, Lars Ulrich, Matt Sorum y John Bonham, donde quiera que esté, entre las orejas. Entonces, la inteligencia emocional y la amenaza de una batucada por parte de los cuatro jinetes, me obligo a descansar mientras las putas, los camareros y el humo de las letras de Sabina hacían de tranquilizante, esperando solos menos estridentes y ruidosos y pasarelas a castillos de papel. Porque con el fin de la sesión de drums y la caída de la tarde vino la emotividad. Pareja feliz, padres con la L, pero cómplices en todo. Besos, abrazos y un castillo de regalos para la princesa, que no del pueblo, sino del rock, con nombre de montaña latina, culpable y acicate de desvelos, trabajos interminables y muchas horas de corazón y alma. Ya conocía al locutor, pero se me permitió conocer a la persona y a la gran mujer que está detrás de este gran hombre. Una delicadeza, detalles de futuro padrazo, conversación amena, pillería y emoción por lo que íbamos a vivir en varias horas fueron nuestros aliños en la mesa. Nos despojamos de nuestros pechitos y chupetes y, con nuestras chaquetas de cuero y miradas canallas, al compás de la salida de los gatos pardos al callejón, tuvimos de nuevo ese déjà vu de poner voces y olores a las caras de las pantallas junto al sabor de una buena cerveza de calentamiento para un gran trago de rock sin destilar. Y, con las primeras notas, desde Madrid, al cielo. Guitarras. Barras de bar. Besos. Fotos. Abrazos. Saca la lengua. Piernas. Riffs. Suspiros. Poses. De nada sirve hacerse mayor. Tarque. Leiva. Escalada. Roxy girl. A que hora acabas. Señor Cortés, don Pepe. Ramones. El Refugio. Barman. Otra más. Escaleras. Colas en el baño. Toma. Chupa. Lame. Enrollado. Billetes. Like a Rolling Stone. Compadres. Rock del bueno. Licor del bueno. Dio. Marilyn. Elvis. Mahou. Paradise City. Duerme. Alameda. Nueve de diez. Tarde. Diez de diez. Sobresaliente.
En circunstancias normales, este sería el final, pero cuando la suerte te coloca en el entorno más próximo a la verdadera pasión por la música en forma de persona, aceptas sin rechistar un viaje en carretera para volver a respirar acordes, sentimiento y letras que enamoran. Se produce lo inevitable, vuelves a caer, aunque las horas vividas sean más que las dormidas y necesites la cama más que un diabético la insulina. Y a por el santo Nicasio y sus fiestas en Leganés llevamos nuestros cuerpos, algunos más enteros que otros, para escuchar a un genio andaluz cantarle a su pisito, a los perdedores que se sientan en sillas de plástico, a los botellines, al arte andaluz, al tapeo, a su barrio, a la lluvia, a la primavera, a los porros, a ella y a los capitanes que abandonan primero el barco. Y Albertucho nos volvió a reconciliar con la música, después de haberla querido asesinar en defensa propia gracias a una rubia autora de ponzoñosas canciones, mientras tapeabamos y brindabamos, otra vez, con Catalina de testigo. Un excelente epílogo a una gran historia, con oscuros pasajes y pocos rayos de Sol, por culpa de la lluvia y la Luna, que en estos días, me sabe a poco.



