Mostrando entradas con la etiqueta Iván Guillén. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iván Guillén. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de julio de 2016

Rafa Escalada.

blogger widgets


Cuando acabe el verano, todas las cosas que ahora están cambiadas volverán a su sitio. Bueno, todas no. Habrá mínimo una que será, a todas luces, diferente. La radio. Cuando se acaben las fotos de pies en la arena y los aquí sufriendo, y uno sintonice sus diales radiofónicos de cabecera, volverá a encontrar a los Francino, Magraner, Palomar, Gómez o Montalt de turno, por nombrar algunos. Pero habrá un hueco. Alguien que ya no estará. Las noches de Rock FM ya no tendrán su voz. Uno de los tíos que más sabe de música en este país, sin duda alguna, comenzará septiembre sin la zozobra del lunes que tiene por marchamo ese mes. Podrá dedicarse a cuidar geranios, espárragos o a visitar obras. De arte. Podrá cambiar este ritmo de vida letal que nos marca los horarios de manera marcial por el jodido slow life tan deseado por muchos y soñado por todos cuando echamos la primitiva semanal. Pero las noches de la radio ya no serán las mismas. Porque ya no sonará la voz de Rafa Escalada, apodado en su última época como Oldie.

Porque el Oldie ha pasado a mejor vida. Es decir, se jubila.

Se jubila. Nadie lo diría, con esa cara de cuarentista que tira para atrás. Y con su jubilación se va una parte de nosotros. Aquella que surgió por generación espontánea. El penúltimo aliento de aquella Rock&Gol. Toda una muestra de gestión de talento a través de las redes sociales. Aquella que provocó Iván Guillén, desde aquel sótano, donde se mezclaban fiambreras de comida con The Crystals y el fin de semana comenzaba los viernes a las 12, a golpe de Ramones. Comenzando desde cero y emitiendo solo desde la web, creó legión y vertebró la península desde el norte hasta el sur, desde el este hasta el oeste. Gentes de las que no recuerdo sus nombres pero sí sus caras, gentes de las que no me quiero acordar, proyectos de hermanos que pasaron a desconocidos, desconocidos que se tornaron hermanos. Ponte tú, que lees esto, en el saco donde te encuentres más cómodo. Suena a topicazo, lo sé, pero yo estuve allí y te lo cuento como lo viví. Y no exagero ni una puta coma. Encargándose de una parilla dos personas, naciendo así el dueto Youngie&Oldie, insertando contenidos en una web que también vagaba por el cajón del olvido. Poniendo al rock en el mapa. Presentando a aquellos primeros Perros del Boogie, a The Right Ons o a Garaje Jack y haciéndonos forofos sin medida. Procrastinando por obra y gracia de los comentarios en Facebook, generando sesudos debates siempre con las guitarras de por medio, en aquel muro loco que era la fan page de Rock&Gol. Redescubriendo la pasión del serial radiofónico, donde las historias tenían reglones en forma de pentagramas guitarreros. Desempolvando el rock de nuestros armarios burgueses.

Luego alguien vio el negocio latente y convirtieron a nuestra particular Radio Encubierta en una emisora más cercana a la radiofórmula que a la labor didáctica que en sus oyentes ejercía. ¿Cómo se atrevían? Habían hecho suya esa radio que nosotros ocupamos pacíficamente y que creímos nuestra para siempre. Nunca sabremos la historia real de aquella mutación, ni falta que nos hace. Pero recordamos que no había información y sufrimos el silencio como sinónimo de malas noticias. Y Escalada, que casi dejó de ser Oldie, salía a antena con voz plana, como de secuestrado hablando por teléfono con su familia como prueba de vida. Y salió el chismorreo. El estúpido ego del ser humano convertido en soy una fuente fiable y el me han dicho, pero que no se lo diga a nadie. Mentiras, la mayoría. 

Y al final, ni tan malo. Ni santos ni diablos. El rock es rentable. En cierta medida. Rock&Gol murió tal y como la conocimos y sus imágenes navegan en la profundidad de las búsquedas de Google. Con aquellos carteles reivindicativos. Con aquel logo entrañable que suena a chinchetas, al mismo nivel que las maracas de Machín. Iván montó su RockRockRadio como proyecto más personal, mientras se encargaba de dotar de molamiento a otros medios y formaba una familia. Y Rafa encontró acomodo en el mismo lugar, que comenzó a llamarse Rock FM, en una evolución lógica y una apuesta firme por el nicho de mercado, entendiendo los nuevos gestores que no podían dejar perder semejante potencial. En el horario que más le gusta, el de antes de cerrar. Como cuando las Conservas Escalada. O El Peluco. Porque él viaja a otro ritmo, fuera del tuyo y del mío. Sintiendo como deporte aquellas cosas magníficas de Rossi. Ni gol ni gaitas. Osasuna como mucho. Y porque a esa hora podía recibir visitas. De Chemi, metido en el cajón de los hermanos, muchas. De otros supongo que también.

Pero se acabó. Porque como cantaba Medina Azahara, todo tiene su fin. Y está bien que así sea. Nos quedamos con el recuerdo, con saludar a Tarque sin que él se acuerde. O a Leiva, acordándose. Con ser amigos de la primera formación del Los Perros del Boogie. Con la nostalgia de aquel primer concierto, el pistoletazo de la Triple R, desvirtualizando a los locos y las locas del muro. Que jóvenes eramos. Y con que pasión lo hicimos todo. Beber y brindar, fundamentalmente. Nunca hubo más. Nunca hubo menos.

Muchas gracias, Rafa. Por todo lo que hiciste, por todo lo que haces y por todo lo que harás. Porque has dado sentido y luz a alguna de nuestras vidas. Y no exagero un ápice.

¡Arracatapum! ¡Parampachún!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

M-CLAN. VALENCIA, 1 DE DICIEMBRE DE 2012

blogger widgets


Hay una leyenda urbana flotando por el barrio de la Boca de Buenos Aires que habla que los habitantes de allí, a pesar de las penurias y pobreza de verdad, los domingos pensaban en voz alta 'que lindo levantarse por la mañana sabiendo que a la tarde juega Maradona'. Pues hará como un par de sábados, ya sabes ahora es moda hacer las crónicas como mínimo con una semana de retraso, fue lindo levantarse porque a la noche tocaba M-Clan. Y no es poca cosa viendo la que estaba, y está, cayendo, así, en general, que no es cosa de aburrirte.

A veces me gusta visualizar en mi mente, siempre que este pim-pam-pum de vida me lo permita, como va a ser el concierto. Pensaba, en una sala Roxy a tope, Noise, Mirror y todos los nombres que vendrán siempre serán postizos, y una puesta en escena similar a la de su anterior parada y fonda, con sección de vientos incluida. Pensé en una banda en periodo de ensamblaje, era la segunda fecha de la gira 'Arenas movedizas' y he de decir que mi futuro no está en la videncia, descontando lo del llenazo de la sala. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que 'The Bat-Twins' mote que me acabo de inventar para referirme a Tarque y Ricardo, como los Glimmer y los Toxic de los Stones y Aerosmith, son de lo mejor que existe hoy en día en el panorama nacional del rock. Sí, rock. Que no te engañen que asomen en las listas de radiofórmulas y especiales de teles, M-Clan es rock, y del bueno. Y no me vengas con chorradas de etiquetas, por el amor de Dios. Que estos tíos respetan y dignifican la profesión y se han presentado en su segunda casa con un show rodado, testado y perfectamente ensayado, a pesar de haber comenzado el día antes, con ganas, energía y pelea para demostrar que son de los mejores.

Ahora quizá debería darte un poco la brasa con la ristra de las canciones que sonaron. Pero no. Como me dijo mi amigo Alex, guitarrista de Uzzuhaïa, descubres los hilos de las marionetas y se pierde la magia. Así que solo cabe decir que los nuevos temas sonaron a la perfección, que 'Ritual' es perfecta en su ritmo y letra para un check-to-check con una dama, que 'Escucha mi voz' será parte de mi repertorio por muchos años, como lo sigue siendo 'Llamando a la Tierra', que Maggie aún está fresca y la gente adora a esa niña, que el maridaje de The Who con 'Pasos de equilibrista' me pone los pelos de punta y que, a pesar que pueda dar la sensación que su último trabajo es bastante triste por en lo que la temática de las letras se refiere, esta banda divierte y se divierte en el escenario. Además, me dispuse a disfrutar del concierto con los ojos bien abiertos, esperando que la memoria selectiva me guiara, he visto una luz, para construir estas líneas, sin notas, sin apuntes, sin nada, solo susurrando al oído las sugerencias y los temas que iban cayendo a mi bella acompañante, Chemi, yo SI digo que es mujer, a pesar del niñato enfarlopado de turno que se empeñaba en meterse en nuestra movida hasta que el codo de mujer recibido, sin querer, en la boca de su estómago tuvo un aliviante efecto tranquilizador.

¿Corta? Quizá, ¿Pobre? No lo creo. Esta crónica, mejor vivencia escrita, no pretende otra cosa que despertar el interés de manera discreta para que inviertas el tiempo que consideres necesario para poder ver a este pedazo de banda que, con dos guitarras, un bajo, una batería y, como mucho, una pandereta, te dan la mano al rocanrol del siglo XXI. 

Ya ves tú, que cosas, como toda la vida.

PD: Agradecido a Espacio de Música de El Corte Inglés por haber podido vivir este concierto de manera privilegiada gracias a su concurso.

lunes, 4 de junio de 2012

Diez mil razones para apostar por el rocanrol

blogger widgets




Queridos amiguitos, en este mundo todo está bajo control. ¿Todo? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste ahora y siempre al invasor, con una poción mágica que los hace invencibles…

Nos sirve el principio de los cómics o tebeos, tal y como dice el gran Paco Roca, de Asterix y Obelix para meter la cuña y brindar con los caldos de la mejor añada que tengamos a mano, o con un Sprite, lo que te dé la gana, pero llena la copa porque toca celebrar. En este lugar llamado España, donde la música que sobrevive fuera de los circuitos de radiofórmulas al dictado de las discográficas tiene un duro y complicado camino por el lado salvaje. Aquí existen muchos garajes y antiguas fruterías llenos de chavales, algunos ya no lo son tanto, que cuentan sus historias, narran sentimientos y sienten emociones a través de una música que les hace sentirse vivos. Y elegir este camino los convierte en donquijotes peleando con las ruedas de molino y, en la mayoría de los casos, reciben mandobles en lugar de aplausos.

Pues bien, en este lugar donde sigue la búsqueda catódica del Número Uno, para deleite de mi madre, de la tuya, de la peluquera del barrio y de la dependienta del Berskha que te vas a intentar follar esta noche cuando le hayas metido una patada al listón de tu orgullo, zurrado de gintonic, aún hay un pequeño lugar para la esperanza. There's a place to stay. Y ese lugar se llama Rockrockradio.

No lo busques en el dial, que no lo vas a encontrar, ni falta que nos hace. Esta emisora online nació por necesidad, por un corte abrupto de una carrera y un proyecto genial tras una toma de decisiones que, a día de hoy, parecen más incomprensibles, si cabe. Con pocos recursos, imaginación y muchas, muchas fiambreras a la hora de comer, el señor Iván Guillén puso los cimientos de una emisora interactiva con los oyentes, con revisión y respeto a los clásicos, dando cabida a nuevas escuchas y un feedback real con los oyentes, retomando esa esencia pirata y canalla de las radios al margen de la ley, como la historia que se contaba en la magnífica Radio Encubierta.

Pero toda esta energía, como el principio termodinámico, cambió y se transformó en el proyecto de Rockrockradio, con sangre, sudor y quebraderos de cabeza que solo el señor Guillén y quienes conviven diariamente con él sabrán a ciencia cierta donde llegan. Pasito a pasito, sin prisa pero sin calma, volvió a andarse el camino y se volvieron a estrechar lazos de gentes dispares en principio como Alicante y Cuenca o Bilbao y Chamberí. Gentes a las que no les importaba plantarse dentro de un avión, o hacerse 400 kilómetros por carretera por tomar unas cervezas con una familia virtual y brindar por el rocanrol. Incluso se iniciaron historias de amor que aún perduran en el tiempo, aunque también se aprendieron lecciones acerca de las miserias del ser humano. Todos y cada uno de nosotros, volvimos a vivir en cierta manera nuestra nueva juventud musical a ritmo de bandas como Los Perros del Boogie, Garaje Jack, Eli Paperboy Reed o The Right Ons, por poner solo algunos ejemplos.

Y no me digas que eso de las mariposillas no mola un montón, porque no te creeré.

Y en este lugar nos encontramos ahora mismo, con una cifra redonda, diez mil. Diez mil personas a las que en Facebook les gusta rockrockradio, sus emisiones online, Little Steven y su Underground Garage, las lecciones de historia psicodélica de David y su HippieShow, el Blues Syndicate. Una emisora de Copa del Mundo, con una cifra simbólica que entraña el corazón, el alma y la actitud de aquel que un día se propuso aquello de 'el que la sigue, la consigue'.

Mis felicitaciones a todos los oyentes, followers y fans. Si leyendo esto, te has sentido aludido, es cierto, lo hice pensando entre otras personas, en ti, así que felicidades. Y en especial al padre del invento, don Iván Guillén, 'Youngie', que seguro que ya andará tramando algo para cuando llegue a otra cifra mágica, quizá un macroconcierto con sus AC/DC como hizo Howard Stern tras llegar al número uno en USA. No está nada mal empezando en un garaje y ya se sabe, the sky is the limit, ¿no Steve Jobs?

lunes, 7 de mayo de 2012

Leiva. Cuando te meta un gol.

blogger widgets



La noche tenía un buen traje. Asistir a un concierto, en los tiempos que corren, siempre es una bendición y motivo de fiesta y, en este caso, no iba a ser menos la cosa. Presentaba Miguel Conejo en Valencia su proyecto en solitario. Quizá este nombre no te suene mucho, así a bote pronto, pero te pongo sobre la pista diciendo que es uno de los músicos con más talento del país, reclamado por los mejores de los mejores, con más de diez años en escena y, como un hombre del Renacimiento, tocando todos los instrumentos, produciendo y pariendo todas las canciones de su proyecto en solitario, llamado Diciembre y que supone un paréntesis de giras, brindis y aplausos con su compadre Rubén Pozo. Tras comprobar con agrado y eterno agradecimiento que estamos en lista, buscamos el lugar correcto cercano a la mesa de sonido y a la barra y dejamos pasar el tiempo para disfrutar de Leiva y su banda reclutada para esta gira, bautizada como Leiband.
Llego pronto, lo que me permite poder detectar el ambiente que se respira antes de que el artista pise el escenario. He visto en los exteriores de la sala a niñas devorando sus bocadillos para entrar con tiempo y poder corear, suspirar y emocionarse con las letras de este trovador moderno, reclamado por grandes como Sabina y respetado por los profesionales de este país, muy por encima de que sus temas suenen en radiofórmulas y etiquetas molestas preconcebidas. De hecho, el que estén personas entre el público como el gran Carlos Tarque, con su económizada melena, y el entrenador de fútbol Jose Molina, dicen mucho de este artista. 
La cosa se hace esperar un poco, solo lo justo. En el escenario, todo listo, con el micro del cantante vestido con pañuelos al estilo del que usa Steven Tyler. Pienso en cómo estará el artista en estos momentos, ya que en más de una ocasión ha dicho que los nervios previos le hacen subirse por las paredes y ganas de salir corriendo muy lejos. Pregunto en la mesa de sonido la hora prevista y poco más tarde de las diez y media comienza a salir la banda, cerrando el desfile Leiva, vestido con una casaca que bien podía ser el botín de un asalto nocturno al museo del Sargento Pepper. Suenan las notas de Nunca Nadie y las chicas que agolpan las primeras pilas le hacen los coros a la perfección, consiguiendo la mueca canalla del cantante. Le sigue el requiebro futbolero-amoroso de Penalties, y la cosa no decaerá hasta el final del concierto. Está respaldado por un elenco de grandes músicos, y me gusta ver sección de vientos en los conciertos de rock. Ya me pareció un acierto en la gira de Para no ver el final de M-Clan y me sigue pareciéndolo esta noche.
El cantante nos da las gracias por el esfuerzo de sacar una entrada en estos tiempos que corren, lo que arranca los aplausos de la peña, mientras van cayendo los temas del disco en solitario, con algunos de Pereza, como si fuéramos unos animales, que en cualquier parte con un plástico nos vale. No va a ser cosa de destripar el repertorio canción por canción, sería como decirte que al final el asesino es el mayordomo, así que solo te cuento que los momentos altos son muchos, Como lo tienes tú maridada con Hey Jude, por poner un ejemplo, o el rescate de la versión del gran Joaquín, el Bob Dylan español según palabras de Leiva, de El caso de la rubia platino, mientras el Vis a Vis retoma el humedecimiento de aquellas partes que alguna vez fueron, o esperan ser, besadas con cariño. Cesar Pop toma las riendas con Ya no tengo Problemas, aparece como invitada la estrella de los tejados, lo más rocanrol de por aquí, ya sabes, de la que estábamos colgados y la sala se viene abajo. Es un verdadero himno, que me recuerda a muchas gentes del Foro, como no podría ser de otra forma. La banda se retira para solicitar los aplausos para los bises, que arrancan con algunos de la banda, como el bajista, con el torso desnudo desde hace tiempo a lo Red Hot Chilli Peppers, viviendo y gozando los últimos instantes. Despedida con conga rockera al son de Stay with me y sensación que la banda es una banda, pero sobre todo un grupo de amigos que disfrutan cada segundo que pasan en el escenario, cada momento vivido arriba, cada charla con el público, con los susurros a ellas, con los guiños cómplices a ellos. Y nosotros que nos alegramos por estos momentos. Que los vientos si nos traigan estos nudos en la garganta.

martes, 3 de enero de 2012

Dosmildoce

blogger widgets
Y de nuevo aquí. Parece que no nos hayamos movido, pero lo hemos hecho. Y tanto. Pero tenemos la absurda percepción que si no cambias de aguas, no has hecho nada nuevo bajo el sol de la Toscana. Y no es así. De aquella noche a esta hemos salido, hemos vivido, hemos muerto entre papeles y hemos resucitado echándole un par y apretando los dientes. Hemos estrechado vínculos y hemos alargado cuerdas que llevan a Zaragoza y London, por poner solo dos ejemplos. Y quedan lejos las noches de verano. Y vemos que el camino hecho al andar tampoco nos fue tan mal y quizá volvamos a caer en las piedras que están en él, o las pongamos nosotros porque no queremos andar, siendo una patética y china copia de Daniel el Mochuelo. Tuvimos conciertos, robamos besos de los que fuimos absueltos y los secretos de camerino quedarán ahí, salvo el día que me vaya de gira para hablar de ellos. Y las gentes de provincias que viajamos con una maleta con doble protección de correa conocimos las Balmain. E incluso aquella última noche se pareció bastante a la de hace un par de días, con Joe Pesci, De Niro y Ray Liotta como colegas de sangre y sofá esta vez, pero con la retina más llena de nuevas gentes, y esperando que alguien haga realidad, porque no, el que podamos ser Eddie Morra.
¿Y qué hay tras el inicio del paseo? El planteamiento, nudo y desenlace de la uva, la ciudad de los tejados, más música, Pepe, Chemi, El Dos y otros chicos del montón, las Camper porque sí, con todo lo que significan, la niña de la Barceloneta, rock en teatros, teatros de rock, brindar siempre por los que no están presentes pero nunca ausentes, ese bendito y adictivo descubrimiento que es Formspring y sus duendes, The Sheenas, desgranar el secreto de Ozzy pasando las hojas mojando cualquiera de los dedos, sin Kindle ni ostías, reservarme los secretos de alcoba para mi pater de cabecera o para alguna Magdalena y así intentar mantener interesante estas entradas, saldar las deudas a mi favor, el nuevo trabajo de Los Perros del Boogie, las copas pendientes con Garaje Jack y descubrir qué situación será la que me permita u obligue a no estar donde dicen estar los demás. Sí un buen café con una generosa degustación de malteados, humo y risas sinceras que se alargan hasta la madrugada es mejor que uvas, tonadilleras catódicas y combinados de garrafa al toque de campana, ¿qué más da que nos adelantemos unas cuantas horas y le demos un día de más al nuevo?

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Simpatía por el relato. El concierto

blogger widgets
El rock y los libros siempre han estado unidos, de alguna u otra forma. No me refiero a los grandes y megaventas, planetas y cosas así. Más bien mis letras van dirigidas a los autores malditos, a los hijos del pulp, a Poe, a Cohen antes de ver que Dylan follaba por castigo y se puso un micro debajo de sus fosas nasales para vivir lo mismo, a Bukowski, Shepard y toda la retahíla de lisérgicos, alcohólicos y puteros con clase de su mismo palo, a los de la generación beat, a Loriga, a Prado, a Robe, a todos aquellos que han sabido, y saben, transmitir a través de sujetos, verbos y predicados lo que corre por las venas de los luchadores del escenario, esos que no lo tienen fácil cuando empuñan una guitarra y ponen el micro en mode on, muy lejos de los focos y entrevistas glamurosas. También sucede que escritores se mezclan de manera bipolar y no sabes donde empieza las letras y acaban las notas, o leyendas vivas musicando poemas a ritmo de lo que te salga de los cojones, que por algo eres uno de los putos amos. Y para presentar un proyecto de esta carretera de dos carriles en el que rock y literatura se dan la mano, no hay mejor título, con requiebro a sus Satánicas Majestades, que Simpatía por el relato, una bendita locura con gentes del rock patrio que aparcan sus partituras y ensayos para posar unas letras y unos pensamientos solo por el placer de crear. Hubo literatura y, por supuesto, hubo rock.
Sala Paberse Matao. Sedaví. Valencia. La tira de lejos del Camden de Londres. Rock de vagina para finalizar la presentación del libro. Cinco chicas que se marcan una sesión de espiritismo para ponerse en la piel de The Ramones. O lo que es lo mismo, The Sheenas. Alabadas sean las fuerzas ocultas porque ellas son más guapas, o están más buenas, elige. Y luego Lilith, banda catalana, con rodaje, maridaje y varias muescas en el revólver. Vengo a ver a las primeras, sigo una recomendación. Me encuentro a Pablo, de Uzzhuaïa, que me da las gracias sinceras por la crónica de Pennyroyal Tea. También anda por aquí Sergi, de la crew de Los Perros del Boogie. Y seguro que más gente importante, pero con mi despiste perpetuo no acierto a enumerar. Suenan silbidos de película del oeste. Y van subiendo ellas. Ellas son Belén, Monty, Violeta, Isabel y Raquel, aunque quienes suben realmente son Belencé, Nasty, Violenta, Sable y Teen Teen para darle cera a la sala con Blitzkrieg Bop, tema que enloquece a un tipo que hace diez segundos parecía un helecho. En la barra se estaba de cine, con las cervezas mejicanas como compañía, hasta que al tipo de delante mía no se le ocurre otra cosa, después de ser tan mezquino de pedir precio por todos los combinados de la barra con su chica delante, que alzarse sobre el taburete. A grandes males, grandes remedios, por lo que me pongo detrás de la mesa de sonido, más lejos de la barra, pero más cerca del escenario. Van cayendo los temas como el vuelo del tu-tu que luce Belencé, con un aire mezclado entre el aspecto de Winehouse y la rabia de Nina Hagen que soporta el rol de frontwoman con sobrada solvencia y esa pinta de inocente niña mala que tanto gusta. Suena el conocido I wanna be sedated y musito una sonrisa por toda la RRR family, que la tiene adoptada como himno de inicio del fin de semana. Confirmado. Gran nivel en la sala, tanto arriba como abajo del escenario. Dejémoslo ahí. The Sheenas cantan todas ellas. Se cambian instrumentos como si nada. Arreglan los afinadores a base de simpatía, tacos y rocanrol actitud. Y se ríen al recordar que será cosa de las pilas. Belencé con corsé y pinturas de guerra. La melena de Nasty le hace tocar sin ver las cuerdas, mientras provoca tocando y censura cierto acartonamiento de la parroquia. Otra cerveza suave para mí. Malditas resacas de jueves que aparecen sin ser invitadas. Violenta, Sable y Teen Teen castigan sus cuerdas vocales a porta gayola. Es el momento que pidáis otra, cabrones, el viejo truco del rocanrol. Falta Sheena, debe de ser. Y lo es, después de Psychoteraphy. Con una versión divertida, con un final muy burlesque, que me encanta. Mejor esto que los neoyorkinos feos aquellos, ¿cómo se llamaban? Besos, aplausos y gintonics con tónica azul para Violenta.

Pausa. Baño. Guiño y cerveza. Toca Lilith. Voy a ciegas de oído, sin haber escuchado nada, pero algo tendrá el agua cuando la bendice AC/DC. Me da mal rollo ver que la sala se queda medio vacía, supongo que la nicotina aprieta tan fuerte que supera al rock de esta banda, que suenan muy bien y potentes. Agnesy su voz me recuerdan a Courtney Love, la viuda del grunge, sobre todo en Casada, donde menta a la bicha que se voló la sesera. Tocan canciones coreadas por los seguidores, tienen verdaderos himnos y revitalizan a un joven rockero, que antes se estaba echando un sueñecito con un ejemplar de Simpatía por el relato como almohada, llamado Ramses, de unos once años, del que me hice coleguita. La dinastía sigue su curso. Me quedo con El amor duele, porque me deja flipado el video que he visto antes del inicio del concierto y porque en directo sube de octanaje. Veo correr a Eva, el encanto de chica que lleva el merchandising de la banda, para tener su momento de gloria, dar dos saltos y gritar su estribillo favorito. Y me encanta su Házmelo otra vez versión en castellano de You Shook Me All Night Long de AC/DC, y el Porque te vas de Perales y hecha famosa por la voz de Jeanette, que parece que tiene menos de seis grados de separación con el rock, por las versiones de sus temas que rondan por ahí. Se lo que me va a pasar con esta banda. Este será el principio, luego me volveré loco buscando videos y empapándome de ellos porque me desprenden muy buenas sensaciones, conectan con el público y sus estribillos son pegadizos. Nadie quiere a las niñas muertas ni las recuerda. Na-na-na-na. Cierran un gran concierto con una declaración de intenciones, coreando a los cuatro vientos que el rock no está muerto. Por supuesto que no. Recojo mi botín, mi libro tatuado por varios autores, reparto besos, abrazos, varios recuerdos en la retina y en el pecho. Definitivamente me descubro ante Lilith, pero The Sheenas tienen algo especial, The Sheenas son guerreras.

Esta humilde visión está dedicada con el más grande de mis cariños a ‘Román’, porque tarde o temprano seguiremos rockeando.

The Sheenas + Lilith, Paberse Matao. Sedaví, Valencia 11 denoviembre de 2011
The Sheenas
BLITZKRIEG BOP
THE KKK TOOK MY BABY AWAY
I WANNA BE SEDATED
ROCK N ROLL HIGH SCHOOL
53RD & 3RD
ROCKAWAY BEACH
CENSORSHIT
I BELIEVE IN MIRACLES
BEAT ON THE BRAT
DON’T BUST MY CHOPS
I’M AFFECTED
NOW I WANNA SNIFF SOME GLUE
POISON HEART
I JUST WANNA HAVE SOMETHING TO DO
I WANNA LIVE
SOMEBODY PUT SOMETHING IN MY DRINK
PSYCHOTHERAPY
SHEENA IS A PUNK ROCKER

Lilith
HIJAS DE LILITH
CASADA
MENTIR
MERCEDES BENZ (COVER JANIS JOPLIN)
LA EDAD DE LAS MUJERES
EL HOMBRE DEL SACO
VESTIDO
EL AMOR DUELE
Y YO
HAZMELO OTRA VEZ (COVER AC/DC)
THE GRANGE (COVER ZZ TOP)
NO
DIOS
GUAU
PELIS PORNO
PORQUE TE VAS (COVER PERALES/JANETTE)
MUÑECAS
ROCK IS NOT DEAD

jueves, 7 de abril de 2011

Madrid, Caballo Ganador

blogger widgets

Empezar un mes en viernes, ya desprende buena onda. Si lo aliñas con un viaje donde sabes que el destino final va a ser noches de rocanrol, buena comida y chicas bonitas, abril te tiene que caer bien hasta tal punto que te apetece compartir el tuyo con Sabina, huérfano de él porque alguien se lo ha robado. Así que, con estas expectativas, monto en el Caballo Ganador sin una buena GQ que llevarme a los ojos, mala señal para mí, pero buena para Fruela y su equipo. El primer traqueteo al arrancar el tren me transporta a imaginarme las caras, los gestos y los abrazos de los que esperan la llegada. Intermitentes fundidos en negro, mezclados con paisajes rápidos me hacen pensar que, a la hora del café, Madrid estará bajo mis botas hechas para caminar.

De inmediato estoy en terrazas con tapas al Sol y cerveza del lugar. Y con los primeros autorretratos inmortalizando momentos. Corpore sano con los alimentos. El alquiler de nuestro volante americano para dar gas a nuestras noches y derrapar en vuestros corazones, nos da la libertad para romper los grilletes del eficaz submundo de tuberías de números y colores. Visitamos a un grande de la radio, norma no escrita, pero de obligado cumplimiento, para preparar el primer sudor rockero. Sala que piensa en verde. Mucho botellón de calimocho en las colas locales. Melenas negras, camisetas negras, algún cuero ajustado en ellas. Bien, bien. Para adentro. El trozo de pan en mallorquín, pero con faltas de ortografía. Yeska. Ni atención les presto. Lo siento. Vengo a ver a los sevillanos que hacen poesía con guitarras, Gritando en Silencio. Lo disfruto con el afónico que más vocea, mi hermano de la roqueta, en la primera fila, a base de codazos y empujones. Canciones nuevas, coplas viejas. Me gustaban en la roca, me gustaban en mi casa y me gustan aquí, dando botes, reventando tímpanos junto al resto de la gente, incluidas las ceñidas de cuero de la puerta, desmelenadas por las notas, los versos y, quizá, por el alcohol. Y es una banda que tiene un par de narices, por no decir huevos, al ser outliners de la industria, con compromiso de libertad para las creaciones, copias y comercio justo en su mercadotecnia, de la que hacemos buena cuenta para disfrute personal y regalos varios. Aún atronaban las estrofas de ‘Mírame desnudo’ cuando, después de ser echados por los hijos del Este de manera marcial de la sala verde, recuperamos fuerzas, viendo más carne de la que queremos por parte de un cantinflas que nos corta la digestión con su momento bizarro-hucha, y nuestro GPS roquero nos llevó al lugar del crimen, como buenos asesinos que somos. El Refugio, un garito entrañable, llevado con estilo, rock anglosajón y la gente justa. Copas, fotos, bailes, saludos a la isla, medias quemadas, más copas y a retirarse, que mañana será día grande. Ya es mañana. Perreo, cita, Alcorcón, concentración de motos y moda de los cincuenta. Migas. Rock con sonido de Harley Davidson. El coche de Christine. Princesas con tupés que no se deshacen aunque se haga el pino mientras pasa un huracán. Pin-up y acompañantes Presumidas. Bonita ropa. Irene y Fer. Beba Stone y sus papás. Elvis, como no. Pase. Caras rancias que despiertan bostezos. Jamones que despiertan el hambre. Contoneos que provocan aullidos. Fotos con moteros, fotos con abuelos, fotos con niños, fotos con coches. Ha nacido una estrella. Bravo. El rock nos espera después de saborear la fama local. Previa. Cervezas, abrazos. La chica del país de las maravillas. Pilarica Power. Leo en alguna parte ‘Ten en cuenta que muerdo’ y me quedo con la boca abierta. Los Perros del Boggie y Burning nos esperan. Iván, en la puerta, todo tensión. Pausa, abrazo sentido. Se merece toda la suerte del mundo este tipo. La gente se desmelena. Ya conocemos el camino para paliar la sed. Y los escotes de las chicas. Es solo rocanrol, pero me gusta la camiseta. Compro. Barriga de parto cervecero con Chemi. ¿Os dije que es un gran tipo? Entrada de los chicos. Gran bolo, sin versiones, con un par. Arantxa, eterna sonrisa. Cara de póquer de Cortés Montero. Preocupa el sonido, pero triunfan. Se los ve contentos en escena. Y después también. Turno de Burning. Rock de La Elipa de toda la vida, sin alardes, pero con estilo de la calle. Del mamado por Los Rebeldes, Loquillo, Rubén, Leiva, Tarque y mucha más gente. Nos vamos arriba. Mucho mejor sonido y menos gente. Hola Rafa. Abrazos con Laura C. Aitana perfecta, niña buena. Sonrío por ello. Estribillos de toda una vida, canciones de varias generaciones, no hace falta más. Fiesta privada después del concierto. Caras relajadas, Iván ya sonríe, ya bebe, ya abraza, ya disfruta. Es el ganador de la noche. Éxito. Brindamos por ello. Salud y pesetas. Raúl Cimas. Volvemos al 2010, con humo en el local. Destrozamos el baile del rocanrol, aunque las piruetas son meritorias y mantenemos el tipo. Ernesto, la leyenda, mi amigo. Noche eterna. Bebiendo como si mañana el Sol se tomará una excedencia. Prórroga, con pasta italiana para beber. Ya es el segundo mañana. El Hombre Lluvia hace su aparición. Motos de Jerez. Pizza a la carta. Alcalá. Tapas. Risas, como siempre. Volvemos al lugar del rabo un cazo. Maca. Preciosa la calle Mayor alcalaína. Tirones de orejas a María Efe. Veintialgo, creo. Soy de letras y personas, no de números. Chin-chin y retirada. La salud nos pone a prueba. Previa de la vuelta a casa. Camino a Alameda, a mostrar los respetos. Tapas en Chamberí. Callos, como no. Un precioso ángel negro pasa por mi cabeza y me hace reír. Brindis. Planes de futuro breve que suenan a mar, arroz y pausa. Estos lunes son mejores que los míos en la tierra de las flores, las luces y el amor. Todo tiene su fin, y el nuestro es una hora antes de los toros. Amenazamos con volver. Sabes que te quiero, aunque te abrace poquito, número seis. Tren. Para el traqueteo. Una azafata me toca suavemente el brazo:

- Señor, despierte. Hemos llegado a Madrid.

Sonrío, bostezo, me rasco la cabeza y me quito la pereza. Me viene Calderón de la Barca y Segismundo, con aquello de ‘la vida es un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son’. Es viernes, a la hora del café, Madrid está bajo mis botas hechas para caminar. Estoy listo para soñar.

lunes, 21 de marzo de 2011

A la memoria de Vicente Ahumada

blogger widgets
Los coches ahora son de plástico y algunos ya, y eso está bien, funcionan sin gasolina. Las naranjas de supermercado son lustrosas y brillantes, pero insípidas al paladar. Incluso los senos perfectos de bisturí nos atraen más que los que caen por la gravedad y por el don de ser madre. Vivimos rodeados de cosas falsas y artificiales, en un mundo diseñado desde Suecia con amor. Vamos a la deriva de personalidades propias, nos cortan a todos del mismo patrón y nuestra máxima aspiración es no tener ninguna aspiración. La música ahora son notas secundarias, adelantadas por carnívoros vestidos, ruidosas declaraciones de sexualidad y metidas de pata en las redes. Se pierde la esencia, lo puro, el espíritu callejero. Por no tener, no tenemos ni el humo en una noche de blues o flamenco. Y esta desazón gris llegó a las ondas de la radio. Ya no hacen falta narices encima de los micros, con un gran disco duro y una renderización de temas consecutivos es más que suficiente. Cuarenta y cinco, o sesenta o cien minutos sin interrupción, lo llaman ahora. Nadie busca, nadie investiga, nadie se especializa. El penúltimo aliento puede ser que fuese el que dio Rafael Revert, allá por el 92 cuando trasvasó su idea de radiofórmula sesenta números más allá, pero con un toque diferente, con profesionales de trinchera del medio, como Rafael Escalada, Carlos Finally, El Pirata, Abellán, y algunos más que, perdón Rafa por no tener tu memoria, no consigo recordar. Y Vicente. Vicente Ahumada.

De la vieja escuela, Vicente Ahumada destilaba música por todos los poros de su piel. Música de la buena. Y tuvimos la suerte de que la evolución lógica del que tiene inquietudes musicales, le llevara a tirar del hilo hasta llegar al final del ovillo. A Elvis. Y tiró tanto de él, hasta ser una verdadera eminencia en la vida, obra y milagros de El Rey. Sí, de acuerdo, hubo música antes del chico de Tupelo, pero la industria comenzó con él. Y nos abrió la ventana a todos sus registros. Aún recuerdo esa voz peculiar, profunda y esa reciente imagen de espaldas en las imágenes de los locutores de la antigua y añorada Rock&Gol. Lo recuerdo los sábados, o los miércoles, mis noches hacen dudar a mi memoria, con esas joyas que es repetitivo nombrar y que debes de investigar y crear tu propia lista de éxitos. Sus ojos habrán visto los lugares y rincones donde se gestó la leyenda y seguro que habrá podido disfrutar de los olores de la cuna del rocanrol, por el mero placer de hacerlo y, después, poder contarlo en antena para sus incondicionales del Club Elvis, uno de los programas más longevos, con 16 años de emisión, y latente en Internet por siempre jamás.
Me gusta imaginarlo con gafas de sol, su Marlboro humeante entre los dedos y una copa de brebaje de Tennesse, mientras suena cualquiera de los temas de King Creole. Suena a tópico, lo sé, pero la memoria selectiva tiene esas cosas y, como si de una antigua novia se tratase, idealizas, mitificas y seleccionas los recuerdos de esas personas que ya no están cerca de ti en cuerpo, pero sí en espíritu. Y seguro que era uno de esos excelentes conversadores, con su peculiar visión de la vida. O tal vez no. Igual era un tipo introvertido, un corazón solitario de los que llevaban en sus hombros la melancolía. Me da igual. Nunca tuve el gusto de conocerlo en primera persona, pero las gentes que han tenido esa suerte lo veneran, desde Pamplona a Alameda de Osuna, pasando por Las Rozas, todos hablaban antes de ahora maravillas de él.
Se nos ha ido después de pelear duro, resurgir y volver a caer. Supe de su pelea a través de una conversación humeante y callejera la penúltima vez que visité Madrid, recién estrenada la ley antitabaco, y ese fin de semana las charlas sobre El Rey me conquistaron por segunda vez con la mesa y mantel de los años cincuenta como testigos. En estos casos, para consolarnos, tenemos la estúpida y católica creencia que en el Cielo todos se encuentran con el mejor aspecto de su vida y que la eternidad allí es una fiesta. Seamos estúpidos y católicos y pensemos en el abrazo que se darán allí arriba Elvis y Vicente, mientras aquí abajo continúen creciendo locutores inquietos, viajeros y apasionados como Iván Guillén, y proyectos anónimos con latidos y alma de rock, mientras nosotros seguiremos adorando el metal del Renault 4L, robaremos naranjas de los campos y besaremos lo que podamos que provoquen canales de pasión.
Larga vida a Vicente Ahumada, nunca caminarás solo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Buscando el equilibrio inestable con Igor Paskual

blogger widgets
Hoy nos toca música. Tarde o temprano tenía que llegar una entrada relacionada y que mejor día en el que nuestro Radio Gaga patrio entona su gallo del cisne para aprovechar esta ventana y lanzar un brindis al Sol por la música que se escucha por otros lares y canales alternativos de difusión, como desde casa de mi colega para el mundo, por poner un ejemplo de los muchos que hay en redes, sótanos y clásicos lupanares y con verdaderas enciclopedias ambulantes de la música desaprovechadas por completo. Así que, cornetas, clarines y al lío.
El final del paticorto mes del año coincidirá con muchas cosas. Rita dejará de lado sus movidas y sus listas para salir al balcón sonriente y anunciar con la bella Laura y su corte que la pólvora ya huele en Valencia, y las niñas, chicas y señoras, uno tiene una edad y ha ampliado su radio de acción, empezaran a mostrar los progresos de la hibernación en el gimnasio cuando la primavera llame a nuestra cara con los agradables rayos de Sol. Si todo esto no fuera suficiente motivo para seguir viviendo, si con esto no tuviéramos más de cien palabras y más de cien motivos, un asturiano nos va a dar una alegría. No, el ‘siete’ de España no vuelve a la ribera del Turia para rescatarnos del tedio, más quisiéramos. Igor Paskual, lanza su primer disco en solitario. ¿Igor qué? Niña, cerveza, que esto va a darme sed.
Babylon Chat fue una banda de glam-rock nacida por allá el 94 en Asturias que, aparte de beber sidra, saciaron su sed de gente como Lou Reed, Iggy Pop, Kiss, T-Rex, New York Dolls, y sobre todo, Bowie. Adoptaron una estética glam-rock, con mucha base, pose provocativa y letras que apuñalan, hacen esbozar una sonrisa y que son un canto al hedonismo, tanto en sus consecuencias buenas como en las malas del desamor y excesos. Evolucionaron del punk-rock al rock clásico con un toque, si quieres, de pop, pero con grandes composiciones y nos dejaron, en el ultimo disco de Igor con la banda, temas de obligada escucha como ‘El último brindis del año’,‘Días de vino y rosas’ o ‘Demasiado deprisa, demasiado salvaje’ entre otros, y la excepcional ‘Las chicas del Roxy’, junto con Loquillo, himno a las camareras de la mítica sala valenciana y que, con tan buena onda, versionean en sus conciertos Los Perros del Boggie.
Igor dejó la banda porque El Padrino le hizo una oferta que no pudo rechazar. El Padrino nació en El Clot y mide casi dos metros. O sin el casi. Loquillo le echó el ojo en un concierto en el que se dirigió al respetable mentándoles a la madre. Así, en crudo, sin una presentación formal ni nada. Rocanrol actitud. Se convirtió en el heredero de Puigdomenech, de aquellos antiguos Trogloditas. Y seguro que no les iría a la zaga en nada, en virtuosidad y en estragos en los rincones oscuros. Su complicidad con el Loco salta a la vista. Stinus, el otro guitarra, va más a lo suyo, pero el Loco e Igor son carne de la misma especie, rock en las venas, labios partidos por ello y más chulos que un ocho de copas.
Giró, creció y triunfó. Como una leyenda de la antigua Roma. Actitud. Sí. Otra vez. Boas y guiños a las primeras filas. Moja bragas con movimientos de cadera. Pero hay poso detrás. Hay artista. Ecléctico. Escritor con afición por la música. O músico con afición por escribir. Da igual el huevo o la gallina. Elige la música para sus viajes como el sibarita que selecciona un vino para según que plato. Profesa admiración y dolor por a partes iguales por los viajes con Caronte de Augusto Algueró y Gary Moore. Y entre medias, crea joyas audiovisuales como ‘El peor novio del mundo’ y se prepara para su puesta de largo con su ‘Equilibrio inestable’. Quiera o no, Igor está asociado para mí a marzo y todo lo que lleva en Valencia este mes. Un 16 de marzo de 2010, tras dos horas de acústico en solitario con su imaginaria banda futbolera, en compañía de David ‘perro’ Lobo y la alma alicantina del rock con la sonrisa más sincera y encantadora en casa de Andrés, el Nueve Tragos, me hicieron convencerme que quiero tener dinero y no trabajarlo. Soy lo peor.

jueves, 14 de octubre de 2010

ROCK N' ROLL Y FIEBRE

blogger widgets

Viernes. 18.45 h. El billete de tren no sale de la maquina expendedora a cinco minutos de cerrar las puertas. No puede ser que esto me esté pasando a mí. Si al final tendrá razón mi madre y seré un dateprisas desordenado y falto de disciplina. Pero mi coartada era perfecta. No hay tiempo mejor aprovechado que el necesario para tranquilizar a un amigo. Aunque eso le cueste la salud a uno, el aumento de pulsaciones, el imaginar la cara de su hermano mallorquín al no llegar y la rabia de saber que te pierdes algo histórico, todo esto mientras corres con tu petate de alto diseño, botín de guerra de una batalla con una mala mujer de las de verdad. Pero, como dice mi amigo Bernabé en sus sermones de domingo, Dios aprieta pero no ahoga y las puertas al cielo madrileño me las abre la sonrisa de Lourdes tranquilizándome e indicándome donde puedo rebajar las pulsaciones durante las tres horas y pico que dura mi trayecto ferroviario.

Para mí, Madrid siempre había estado relacionada con el balón. Allí viví la final más larga y mojada de la historia y el último toque de chapa hasta el momento. Hasta hoy. Ahora tiene una muesca más en forma de rock. En risas, siluetas increíbles, instrumentos imaginarios, regalos sorpresa y amistades, unas más fingidas que otras, pero amistades, al fin y al cabo. Al menos en la versión oficial. Y el cambio de registro de recuerdos viene con un culpable con nombres y apellidos. Más bien con varios nombres y la perfecta combinación de conjunción astral. Iván, Laura, Aitana y la Triple erre, Rock Rock Radio. La misma rabia contenida de aquella ya lejana primavera, se transformaba en una alegría desbordada en la estación menos alegre de todas al tener la posibilidad de poder disfrutar del concierto presentación del proyecto de un tío maltratado por los números realizados por otros, pero que tiene guitarras en las venas y lo transmite allá donde le dan la oportunidad de ponerse un micro debajo de su nariz. Pero bueno, seamos justos y ordenados con los minutos vividos. Porque todo tuvo su inicio con una buena ración de tapas y cerveza y presentaciones de nuevos y grandes pistoleros nocturnos, de esos que quieres tener a tu lado si la guerra empezará en la barra de un bar y, en vez de balas, se utilizará como munición la modesta sabiduría musical. Alguien comentó nuestro desembarco por la capital como una invasión y, con tal catálogo, fuimos con nuestro jefe del campo de batalla, el gran Chemi, al local donde íbamos a saciar nuestro sudor con licores de alta graduación, on the rocks, por supuesto. No tardamos en encontrar los mejores rincones, de aprender a negociar con vendedores de ilusiones ambulantes teñidas de rosa y blanco y con roqueros frustrados con ínfulas de estrellas e incluso a dar rienda suelta a nuestro lado de espectador más felliniano. También tuvimos tiempo de, ayudados por las nuevas tecnologías, acordarnos de los que no pudieron cruzar el charquito y recordarles que los echábamos de menos. Así que, con un buen puñado de risas y la certeza que, aunque bebimos lo suficiente, al día siguiente íbamos a tener mucha sed de agua, cerca del saludo de Lorenzo a Catalina decidimos concluir nuestro ocho de diez.

Nueve de diez. Agua. Eso fue lo que oímos primero y vimos caer después al abrir nuestras ventanas alquiladas al mundo. Invitada que, no por esperada, no dejaba de sorprender su presencia. ¿Cómo se atrevía a aparecer? Luego pensé que no le iría mal a este ombligo de ciudad un poco de refresco. Igual que a mí, porque tenía los mejores solos de Mike Portnoy, Lars Ulrich, Matt Sorum y John Bonham, donde quiera que esté, entre las orejas. Entonces, la inteligencia emocional y la amenaza de una batucada por parte de los cuatro jinetes, me obligo a descansar mientras las putas, los camareros y el humo de las letras de Sabina hacían de tranquilizante, esperando solos menos estridentes y ruidosos y pasarelas a castillos de papel. Porque con el fin de la sesión de drums y la caída de la tarde vino la emotividad. Pareja feliz, padres con la L, pero cómplices en todo. Besos, abrazos y un castillo de regalos para la princesa, que no del pueblo, sino del rock, con nombre de montaña latina, culpable y acicate de desvelos, trabajos interminables y muchas horas de corazón y alma. Ya conocía al locutor, pero se me permitió conocer a la persona y a la gran mujer que está detrás de este gran hombre. Una delicadeza, detalles de futuro padrazo, conversación amena, pillería y emoción por lo que íbamos a vivir en varias horas fueron nuestros aliños en la mesa. Nos despojamos de nuestros pechitos y chupetes y, con nuestras chaquetas de cuero y miradas canallas, al compás de la salida de los gatos pardos al callejón, tuvimos de nuevo ese déjà vu de poner voces y olores a las caras de las pantallas junto al sabor de una buena cerveza de calentamiento para un gran trago de rock sin destilar. Y, con las primeras notas, desde Madrid, al cielo. Guitarras. Barras de bar. Besos. Fotos. Abrazos. Saca la lengua. Piernas. Riffs. Suspiros. Poses. De nada sirve hacerse mayor. Tarque. Leiva. Escalada. Roxy girl. A que hora acabas. Señor Cortés, don Pepe. Ramones. El Refugio. Barman. Otra más. Escaleras. Colas en el baño. Toma. Chupa. Lame. Enrollado. Billetes. Like a Rolling Stone. Compadres. Rock del bueno. Licor del bueno. Dio. Marilyn. Elvis. Mahou. Paradise City. Duerme. Alameda. Nueve de diez. Tarde. Diez de diez. Sobresaliente.

En circunstancias normales, este sería el final, pero cuando la suerte te coloca en el entorno más próximo a la verdadera pasión por la música en forma de persona, aceptas sin rechistar un viaje en carretera para volver a respirar acordes, sentimiento y letras que enamoran. Se produce lo inevitable, vuelves a caer, aunque las horas vividas sean más que las dormidas y necesites la cama más que un diabético la insulina. Y a por el santo Nicasio y sus fiestas en Leganés llevamos nuestros cuerpos, algunos más enteros que otros, para escuchar a un genio andaluz cantarle a su pisito, a los perdedores que se sientan en sillas de plástico, a los botellines, al arte andaluz, al tapeo, a su barrio, a la lluvia, a la primavera, a los porros, a ella y a los capitanes que abandonan primero el barco. Y Albertucho nos volvió a reconciliar con la música, después de haberla querido asesinar en defensa propia gracias a una rubia autora de ponzoñosas canciones, mientras tapeabamos y brindabamos, otra vez, con Catalina de testigo. Un excelente epílogo a una gran historia, con oscuros pasajes y pocos rayos de Sol, por culpa de la lluvia y la Luna, que en estos días, me sabe a poco.

martes, 29 de junio de 2010

Rock&Gol pierde su alma

blogger widgets
Puedes empezar las cosas de alguna manera más o menos premeditada. Provocas un tropiezo casual, desarrollas el don de la ubicuidad, finges la sorpresa en el encuentro y es el principio del comienzo. Pero las cosas forzadas, como una talla 36 en un cuerpo de talla 40, al final se rompen. El orden, el tenerlo todo controlado, está valorado en Suecia, quizá. Los que nos bañamos en el Mediterráneo tenemos el impulso, la espontaneidad y el dejarse llevar como marcas de la casa, como señas de identidad. Y siempre hemos creído en las cosas porque sí, por el destino, por esa copa de más, o esa de menos, que son las que nos marcan nuestros pasos a seguir, sin pensar en fórmulas, sistemas, credos o sesudas interpretaciones. Y ahí está nuestra gracia y nuestra condena, nuestro bon vivant way of life, que nos permite tomarnos una caña a la una, pero nos obliga a estar en la oficina hasta las ocho. O que nos movilicemos por nuestro equipo de fútbol, pero no por quedarnos sin trabajo. Las mejores cosas que he vivido en estos años que llevo escritos en la cara han sido así, espontáneas. La primera taquicardia de enamoramiento colegial, el primer sabor a mujer, el primer colocón, todo fue sin pensar. Sucedió y punto, no pedí explicaciones ni facturas a nadie. Y estos últimos tiempos he vivido una de las mejores experiencias no provocadas. Empezó con la imperiosa necesidad de amor conyugal a la música, con junglas y beauties que pasaron a mayores y desertores proyectos. Y cuando la orfandad musical parecía el destino, y la discoteca personal se vislumbraba como la mejor opción, sucedió. Un ‘buenos días’, unas ideas frescas y visiones de modernidad aplicadas a un invento de más de cien años creado sin premeditación por, como no, un bañista del Mediterráneo. Y se produjo el big-bang. Gracias al Facebook, se creó una comuna sin sexo, al menos que yo sepa, donde el rock, la amistad y el respeto eran la línea a seguir. Sigo pensando que con estas cosas no hace falta ir a Suecia. Y todo ello tenía un responsable, Iván Guillén P., aka Youngie, y una marca, Rock&Gol, que antes del famoso ‘buenos días’ no tenía valor alguno, con menosprecio a la difusión y que, apoyándose en la red, consiguió en la radio lo mismo que Rossi con Yamaha, ponerla en el mapa, ser legión y crear vínculos, y algunas parejas, en todos los puntos de España. Y como las cosas espontáneas siempre acaban bien, pues la crisis, que en chino tiene significado de oportunidad, se presenta con un pan debajo del brazo, con una libertad, un blog que va a ser referencia de la información del rock en la piel de toro y alguna bala en la recamara que seguro que no deja indiferente a nadie. Y con una cantera de oyentes, fieles seguidores, que no se cortan en empapelar Palma, Alicante o Madrid pidiendo la justicia en las ondas y clamando que el rock está de luto. Tenemos a otro grande en la trinchera, Rafa Escalada, pero está vasectomizado musicalmente, obligado a un corsé de donde no puede salir este Daniel el Travieso con cara de eterno niño y corazón enorme como el circuito de Assen y que, cuando habla de la historia del rock y de sus intrahistorias, sientes que late con ello. Y que, aunque tenga la tez pálida, tampoco es de Suecia. Y por eso, porque se que los buenos siempre ganan, porque los aretes a lo Carlos Goñi están pasados de moda y me dan mala espina, llegará un día en que yo y todos los bastardos que se han conocido a través de este bonito invento, vuelvan a escuchar un ‘buenos días’ familiar, cercano y que suene a poco descanso por biberones nocturnos. Y lo celebraremos con una tarta de pañales de día, y cervezas de noche. Y porque las palabras musicón y chinchetas seguro que no tienen traducción en sueco. Y ni puta falta me hace saberlo.