jueves, 7 de abril de 2011

Madrid, Caballo Ganador

Empezar un mes en viernes, ya desprende buena onda. Si lo aliñas con un viaje donde sabes que el destino final va a ser noches de rocanrol, buena comida y chicas bonitas, abril te tiene que caer bien hasta tal punto que te apetece compartir el tuyo con Sabina, huérfano de él porque alguien se lo ha robado. Así que, con estas expectativas, monto en el Caballo Ganador sin una buena GQ que llevarme a los ojos, mala señal para mí, pero buena para Fruela y su equipo. El primer traqueteo al arrancar el tren me transporta a imaginarme las caras, los gestos y los abrazos de los que esperan la llegada. Intermitentes fundidos en negro, mezclados con paisajes rápidos me hacen pensar que, a la hora del café, Madrid estará bajo mis botas hechas para caminar.

De inmediato estoy en terrazas con tapas al Sol y cerveza del lugar. Y con los primeros autorretratos inmortalizando momentos. Corpore sano con los alimentos. El alquiler de nuestro volante americano para dar gas a nuestras noches y derrapar en vuestros corazones, nos da la libertad para romper los grilletes del eficaz submundo de tuberías de números y colores. Visitamos a un grande de la radio, norma no escrita, pero de obligado cumplimiento, para preparar el primer sudor rockero. Sala que piensa en verde. Mucho botellón de calimocho en las colas locales. Melenas negras, camisetas negras, algún cuero ajustado en ellas. Bien, bien. Para adentro. El trozo de pan en mallorquín, pero con faltas de ortografía. Yeska. Ni atención les presto. Lo siento. Vengo a ver a los sevillanos que hacen poesía con guitarras, Gritando en Silencio. Lo disfruto con el afónico que más vocea, mi hermano de la roqueta, en la primera fila, a base de codazos y empujones. Canciones nuevas, coplas viejas. Me gustaban en la roca, me gustaban en mi casa y me gustan aquí, dando botes, reventando tímpanos junto al resto de la gente, incluidas las ceñidas de cuero de la puerta, desmelenadas por las notas, los versos y, quizá, por el alcohol. Y es una banda que tiene un par de narices, por no decir huevos, al ser outliners de la industria, con compromiso de libertad para las creaciones, copias y comercio justo en su mercadotecnia, de la que hacemos buena cuenta para disfrute personal y regalos varios. Aún atronaban las estrofas de ‘Mírame desnudo’ cuando, después de ser echados por los hijos del Este de manera marcial de la sala verde, recuperamos fuerzas, viendo más carne de la que queremos por parte de un cantinflas que nos corta la digestión con su momento bizarro-hucha, y nuestro GPS roquero nos llevó al lugar del crimen, como buenos asesinos que somos. El Refugio, un garito entrañable, llevado con estilo, rock anglosajón y la gente justa. Copas, fotos, bailes, saludos a la isla, medias quemadas, más copas y a retirarse, que mañana será día grande. Ya es mañana. Perreo, cita, Alcorcón, concentración de motos y moda de los cincuenta. Migas. Rock con sonido de Harley Davidson. El coche de Christine. Princesas con tupés que no se deshacen aunque se haga el pino mientras pasa un huracán. Pin-up y acompañantes Presumidas. Bonita ropa. Irene y Fer. Beba Stone y sus papás. Elvis, como no. Pase. Caras rancias que despiertan bostezos. Jamones que despiertan el hambre. Contoneos que provocan aullidos. Fotos con moteros, fotos con abuelos, fotos con niños, fotos con coches. Ha nacido una estrella. Bravo. El rock nos espera después de saborear la fama local. Previa. Cervezas, abrazos. La chica del país de las maravillas. Pilarica Power. Leo en alguna parte ‘Ten en cuenta que muerdo’ y me quedo con la boca abierta. Los Perros del Boggie y Burning nos esperan. Iván, en la puerta, todo tensión. Pausa, abrazo sentido. Se merece toda la suerte del mundo este tipo. La gente se desmelena. Ya conocemos el camino para paliar la sed. Y los escotes de las chicas. Es solo rocanrol, pero me gusta la camiseta. Compro. Barriga de parto cervecero con Chemi. ¿Os dije que es un gran tipo? Entrada de los chicos. Gran bolo, sin versiones, con un par. Arantxa, eterna sonrisa. Cara de póquer de Cortés Montero. Preocupa el sonido, pero triunfan. Se los ve contentos en escena. Y después también. Turno de Burning. Rock de La Elipa de toda la vida, sin alardes, pero con estilo de la calle. Del mamado por Los Rebeldes, Loquillo, Rubén, Leiva, Tarque y mucha más gente. Nos vamos arriba. Mucho mejor sonido y menos gente. Hola Rafa. Abrazos con Laura C. Aitana perfecta, niña buena. Sonrío por ello. Estribillos de toda una vida, canciones de varias generaciones, no hace falta más. Fiesta privada después del concierto. Caras relajadas, Iván ya sonríe, ya bebe, ya abraza, ya disfruta. Es el ganador de la noche. Éxito. Brindamos por ello. Salud y pesetas. Raúl Cimas. Volvemos al 2010, con humo en el local. Destrozamos el baile del rocanrol, aunque las piruetas son meritorias y mantenemos el tipo. Ernesto, la leyenda, mi amigo. Noche eterna. Bebiendo como si mañana el Sol se tomará una excedencia. Prórroga, con pasta italiana para beber. Ya es el segundo mañana. El Hombre Lluvia hace su aparición. Motos de Jerez. Pizza a la carta. Alcalá. Tapas. Risas, como siempre. Volvemos al lugar del rabo un cazo. Maca. Preciosa la calle Mayor alcalaína. Tirones de orejas a María Efe. Veintialgo, creo. Soy de letras y personas, no de números. Chin-chin y retirada. La salud nos pone a prueba. Previa de la vuelta a casa. Camino a Alameda, a mostrar los respetos. Tapas en Chamberí. Callos, como no. Un precioso ángel negro pasa por mi cabeza y me hace reír. Brindis. Planes de futuro breve que suenan a mar, arroz y pausa. Estos lunes son mejores que los míos en la tierra de las flores, las luces y el amor. Todo tiene su fin, y el nuestro es una hora antes de los toros. Amenazamos con volver. Sabes que te quiero, aunque te abrace poquito, número seis. Tren. Para el traqueteo. Una azafata me toca suavemente el brazo:

- Señor, despierte. Hemos llegado a Madrid.

Sonrío, bostezo, me rasco la cabeza y me quito la pereza. Me viene Calderón de la Barca y Segismundo, con aquello de ‘la vida es un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son’. Es viernes, a la hora del café, Madrid está bajo mis botas hechas para caminar. Estoy listo para soñar.

4 comentarios:

  1. ooooooooooooooh! como siempre! plas plas plas!

    ResponderEliminar
  2. Anónimo14:34

    es agotador solo de leerlo,se nota que ha sido un finde a tope y como siempre el resumen : espectacular!!!!!!!

    ResponderEliminar
  3. Auro11:24

    me muero de la envidiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

    ResponderEliminar
  4. Guaooo... tus palabras me atrapan completamente. No me gusta decir repetiremos, así que diré volveremos :) (ahora envidio lo del concierto de GeS y la concentración :P)

    ResponderEliminar