martes, 3 de enero de 2012

Dosmildoce

Y de nuevo aquí. Parece que no nos hayamos movido, pero lo hemos hecho. Y tanto. Pero tenemos la absurda percepción que si no cambias de aguas, no has hecho nada nuevo bajo el sol de la Toscana. Y no es así. De aquella noche a esta hemos salido, hemos vivido, hemos muerto entre papeles y hemos resucitado echándole un par y apretando los dientes. Hemos estrechado vínculos y hemos alargado cuerdas que llevan a Zaragoza y London, por poner solo dos ejemplos. Y quedan lejos las noches de verano. Y vemos que el camino hecho al andar tampoco nos fue tan mal y quizá volvamos a caer en las piedras que están en él, o las pongamos nosotros porque no queremos andar, siendo una patética y china copia de Daniel el Mochuelo. Tuvimos conciertos, robamos besos de los que fuimos absueltos y los secretos de camerino quedarán ahí, salvo el día que me vaya de gira para hablar de ellos. Y las gentes de provincias que viajamos con una maleta con doble protección de correa conocimos las Balmain. E incluso aquella última noche se pareció bastante a la de hace un par de días, con Joe Pesci, De Niro y Ray Liotta como colegas de sangre y sofá esta vez, pero con la retina más llena de nuevas gentes, y esperando que alguien haga realidad, porque no, el que podamos ser Eddie Morra.
¿Y qué hay tras el inicio del paseo? El planteamiento, nudo y desenlace de la uva, la ciudad de los tejados, más música, Pepe, Chemi, El Dos y otros chicos del montón, las Camper porque sí, con todo lo que significan, la niña de la Barceloneta, rock en teatros, teatros de rock, brindar siempre por los que no están presentes pero nunca ausentes, ese bendito y adictivo descubrimiento que es Formspring y sus duendes, The Sheenas, desgranar el secreto de Ozzy pasando las hojas mojando cualquiera de los dedos, sin Kindle ni ostías, reservarme los secretos de alcoba para mi pater de cabecera o para alguna Magdalena y así intentar mantener interesante estas entradas, saldar las deudas a mi favor, el nuevo trabajo de Los Perros del Boogie, las copas pendientes con Garaje Jack y descubrir qué situación será la que me permita u obligue a no estar donde dicen estar los demás. Sí un buen café con una generosa degustación de malteados, humo y risas sinceras que se alargan hasta la madrugada es mejor que uvas, tonadilleras catódicas y combinados de garrafa al toque de campana, ¿qué más da que nos adelantemos unas cuantas horas y le demos un día de más al nuevo?

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