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martes, 26 de julio de 2016

Rafa Escalada.

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Cuando acabe el verano, todas las cosas que ahora están cambiadas volverán a su sitio. Bueno, todas no. Habrá mínimo una que será, a todas luces, diferente. La radio. Cuando se acaben las fotos de pies en la arena y los aquí sufriendo, y uno sintonice sus diales radiofónicos de cabecera, volverá a encontrar a los Francino, Magraner, Palomar, Gómez o Montalt de turno, por nombrar algunos. Pero habrá un hueco. Alguien que ya no estará. Las noches de Rock FM ya no tendrán su voz. Uno de los tíos que más sabe de música en este país, sin duda alguna, comenzará septiembre sin la zozobra del lunes que tiene por marchamo ese mes. Podrá dedicarse a cuidar geranios, espárragos o a visitar obras. De arte. Podrá cambiar este ritmo de vida letal que nos marca los horarios de manera marcial por el jodido slow life tan deseado por muchos y soñado por todos cuando echamos la primitiva semanal. Pero las noches de la radio ya no serán las mismas. Porque ya no sonará la voz de Rafa Escalada, apodado en su última época como Oldie.

Porque el Oldie ha pasado a mejor vida. Es decir, se jubila.

Se jubila. Nadie lo diría, con esa cara de cuarentista que tira para atrás. Y con su jubilación se va una parte de nosotros. Aquella que surgió por generación espontánea. El penúltimo aliento de aquella Rock&Gol. Toda una muestra de gestión de talento a través de las redes sociales. Aquella que provocó Iván Guillén, desde aquel sótano, donde se mezclaban fiambreras de comida con The Crystals y el fin de semana comenzaba los viernes a las 12, a golpe de Ramones. Comenzando desde cero y emitiendo solo desde la web, creó legión y vertebró la península desde el norte hasta el sur, desde el este hasta el oeste. Gentes de las que no recuerdo sus nombres pero sí sus caras, gentes de las que no me quiero acordar, proyectos de hermanos que pasaron a desconocidos, desconocidos que se tornaron hermanos. Ponte tú, que lees esto, en el saco donde te encuentres más cómodo. Suena a topicazo, lo sé, pero yo estuve allí y te lo cuento como lo viví. Y no exagero ni una puta coma. Encargándose de una parilla dos personas, naciendo así el dueto Youngie&Oldie, insertando contenidos en una web que también vagaba por el cajón del olvido. Poniendo al rock en el mapa. Presentando a aquellos primeros Perros del Boogie, a The Right Ons o a Garaje Jack y haciéndonos forofos sin medida. Procrastinando por obra y gracia de los comentarios en Facebook, generando sesudos debates siempre con las guitarras de por medio, en aquel muro loco que era la fan page de Rock&Gol. Redescubriendo la pasión del serial radiofónico, donde las historias tenían reglones en forma de pentagramas guitarreros. Desempolvando el rock de nuestros armarios burgueses.

Luego alguien vio el negocio latente y convirtieron a nuestra particular Radio Encubierta en una emisora más cercana a la radiofórmula que a la labor didáctica que en sus oyentes ejercía. ¿Cómo se atrevían? Habían hecho suya esa radio que nosotros ocupamos pacíficamente y que creímos nuestra para siempre. Nunca sabremos la historia real de aquella mutación, ni falta que nos hace. Pero recordamos que no había información y sufrimos el silencio como sinónimo de malas noticias. Y Escalada, que casi dejó de ser Oldie, salía a antena con voz plana, como de secuestrado hablando por teléfono con su familia como prueba de vida. Y salió el chismorreo. El estúpido ego del ser humano convertido en soy una fuente fiable y el me han dicho, pero que no se lo diga a nadie. Mentiras, la mayoría. 

Y al final, ni tan malo. Ni santos ni diablos. El rock es rentable. En cierta medida. Rock&Gol murió tal y como la conocimos y sus imágenes navegan en la profundidad de las búsquedas de Google. Con aquellos carteles reivindicativos. Con aquel logo entrañable que suena a chinchetas, al mismo nivel que las maracas de Machín. Iván montó su RockRockRadio como proyecto más personal, mientras se encargaba de dotar de molamiento a otros medios y formaba una familia. Y Rafa encontró acomodo en el mismo lugar, que comenzó a llamarse Rock FM, en una evolución lógica y una apuesta firme por el nicho de mercado, entendiendo los nuevos gestores que no podían dejar perder semejante potencial. En el horario que más le gusta, el de antes de cerrar. Como cuando las Conservas Escalada. O El Peluco. Porque él viaja a otro ritmo, fuera del tuyo y del mío. Sintiendo como deporte aquellas cosas magníficas de Rossi. Ni gol ni gaitas. Osasuna como mucho. Y porque a esa hora podía recibir visitas. De Chemi, metido en el cajón de los hermanos, muchas. De otros supongo que también.

Pero se acabó. Porque como cantaba Medina Azahara, todo tiene su fin. Y está bien que así sea. Nos quedamos con el recuerdo, con saludar a Tarque sin que él se acuerde. O a Leiva, acordándose. Con ser amigos de la primera formación del Los Perros del Boogie. Con la nostalgia de aquel primer concierto, el pistoletazo de la Triple R, desvirtualizando a los locos y las locas del muro. Que jóvenes eramos. Y con que pasión lo hicimos todo. Beber y brindar, fundamentalmente. Nunca hubo más. Nunca hubo menos.

Muchas gracias, Rafa. Por todo lo que hiciste, por todo lo que haces y por todo lo que harás. Porque has dado sentido y luz a alguna de nuestras vidas. Y no exagero un ápice.

¡Arracatapum! ¡Parampachún!

jueves, 13 de febrero de 2014

San Valentín y sus tres ojos.

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Hemos planteado, en una de esas reuniones que hacemos junto a los letristas invitados en las que derrochamos el Bollinger y nos untamos los dedos con caviar, el montar un duelo. En un principio pensamos en hacerlo a espada, pero Alicia partía con ventaja. Después planteamos un duelo a cerveza y jamón, pero Chemi es Maestro Ninja en ese arte. Y como se hacía de noche y nos da miedo la oscuridad, planteamos una reflexión escrita y corta acerca del 14 de febrero, donde todo el mundo se viste de rojo, hay muchos corazones y, si juegan bien sus cartas, se folla seguro. Aquí está el resultado.

Que lo disfruten.

Ah, y no escatimen en sus comentarios.

Chemi Sánchez.

Cuando ella me mira espero que vea en mis ojos la felicidad que yo veo en los suyos. Hace poco leí en algún sitio: “Si quieres a alguien por su belleza, no es amor es deseo. Si quieres a alguien por su inteligencia, no es amor es admiración. Si quieres a alguien porque es rico, no es amor es interés. Si quieres a alguien y no sabes por qué, eso es Amor”. Bien dicho. Yo no sé por qué la quiero, pero sé que la quiero cada día, cada hora, cada segundo.

Hace poco veíamos juntos esa película en la que ella tiene amnesia y él ha de enamorarla cada día. -Qué tío más guay, ¿no? Currárselo cada día…- dijo ella. -Para eso no hace falta que ella tenga amnesia- dije yo.

Lo creas o no este será mi primer 14 de febrero con pareja. -No me gusta ese día, nada de regalos ni historias- dijo ella. -Ya: luego no te compro nada y la cago con todo el equipo. Seguro.- dije yo.

Habrá por tanto que tener algún detallito este viernes. Mi amor por ella quedará demostrado con unos pocos euros y de paso me ahorro una bronca. -¡Muchas gracias! ¡Estás tonto! ¡Te dije que no comprases nada!- dirá ella. -De nada- contestaré yo.

El día 14 de febrero demuestra tu amor: con flores, con una cena, con un regalo, con un paseo, con una palabra, con una mirada, con un baile, con un beso, con un polvo… Como más te guste, como mejor sepas. Hazlo, pero no te pases, porque el día 15 también te toca. Y el 16. Y el 17… Y en marzo también, y en abril, y en mayo… -¿Y esto por qué?- preguntará ella. -Porque sí- contestaré yo.

Alicia Álvarez.

(Instrucciones de uso: escucha esto mientras lees este relato.)  

Sí, claro, mucho no importa, mucho es una fiesta comercial, mucho... mucho rollo. Lo pienso mientras miro su espalda, que por otra parte es todo lo que he visto desde las 12 de la noche del día de autos, una vez hubieron transcurrido 24 horas sin pronunciar la palabra "churri", que nunca jamás pronunciamos, sin bombones, que ninguno comemos, sin cena especial y sin que ninguno de los dos hiciese referencia ni de broma al día de los enamorados. Mucho rollo y ahí está, como un niño enfurruñado cuando descubre que, un año más, los reyes no le han echado la bici que quería. La batalla de a ver quién es más moderno la he ganado yo, por lo visto, contra todo pronóstico, pero mientras le veo irse al baño sin una carantoña y me extraño de que no me silbe como siempre cuando me paseo por delante en ropa interior, pienso que quizá me he pasado algo… Felicidades, Valentín, te quiero, pero es que tienes un santo muy jodido.

SAN VALENTÍN: EL DÍA DESPUES

José María Peris.

"De sobra sabes que eres la primera que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera. Y sin embargo un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera."
Joaquín Sabina. Y sin embargo.

Vivo siete vidas en una sola, igual que tengo siete nombres en un solo carnet. Y hoy me toca vivir esta contigo, en la que me porto bien, en la que no fumo, no bebo, no digo malas palabras y soy bueno. Solo por el hecho que me sonrias desde las entrañas, que te rias con todo el cuerpo con mis tonterías, que me digas 'sí' sin separar los labios y que te abraces a mi al sonar el despertador, mientras farfullas que no quieres ir a trabajar, valdrá la pena el esfuerzo.

Y que nos digan que somos adorables, una pareja de película. Y sacarte a bailar, aunque sea un patoso. Y comer de verdad que, aunque parezca lo mismo, no es igual que comer bien. Y después comerte. Y que me comas. Como si fuera el fin del mundo, para que nos pille bailando y que se jodan el escenario y las canas. 
Para que todas las noches sean de boda y las lunas de Valencia sean de miel.

Vivo siete vidas en una sola y de sobra sabes que eres la primera.
Pero las otras seis te iban a gustar igual o más que esta.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Chemi Sánchez. Obsesión.

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Hoy me veo en la obligación de escribir sobre lo que le ha pasado a la familia de Paco González: un famoso locutor de radio del que se enamora una de sus fans, y ante la impotencia de ésta de ver al amor de su vida atado por una familia, la decisión de asesinar a la otra parte del contrato. Una "Atracción Fatal" made in Spain sin nada que envidiar a la inquietante película de Michael Douglas y Glenn Close. Lo que estás leyendo no se trata de un arrebato de oportunismo recurriendo al treding topic fácil, sino de un caso que me ha tocado especialmente la fibra. Ahora verás por qué.

Paco González es uno de los periodistas deportivos más importantes de este país; entre otras cosas el tipo al que nadie oyó cantar en directo el gol que hizo a España campeona del mundo de fútbol -aunque hayamos escuchado esa narración mil veces en diferido-, por lo que es partícipe de un momento de felicidad para muchos. El director del programa Tiempo de Juego de la COPE (antes de Carrusel Deportivo en la SER) alegra junto al resto de su equipo las tardes a mucha gente. Doy fe. Estuve años trabajando sábados y domingos, y cuando su compañero Pepe Domingo Castaño me decía ‘¡¡Hola, hola!!’ el efecto era mejor que el de cualquier café.

Soy un enamorado de la radio. Me iba a dormir muchos días escuchando las historias cotidianas de los oyentes y la buena música de La Gramola (Joaquín Guzmán), despertaba riendo con Gomaespuma y La Jungla, permitía que Rafa Escalada me vendiese sus conservas y por mucho que se las dé de listo Buenafuente, Bernardo era el que más molaba cuando El Terrat era un dúo radiofónico. Pese a ser el medio más defenestrado, la radio sigue siendo mágica, porque existe un vínculo especial entre los locutores y sus oyentes. ¿La razón? La radio que escuchas parece que está hecha especialmente para ti. Te acompaña en el autobús, mientras estudias, mientras trabajas, mientras corres, mientras te despiertas, mientras duermes, en medio de un atasco… Y te habla directamente a ti (regla básica en radio: usar la segunda persona del singular). Es por tanto fácil que al oyente se le despierte cierto sentido de posesión sobre la persona a la que admira, porque se abre la intimidad y la confianza. Piensa que hay aparatos de radio especiales para la ducha. La gente habla de ‘su’ Carlos Herrera, ‘su’ Iñaki, ‘su’ Monaguillo…

Yo también soy fan de ciertos locutores, y hubo un momento en el que también sentí la imperiosa necesidad de conocerlos en persona y de alguna manera agradecerles los buenos ratos que me hacían pasar. El cariño que me mostraron desde el principio me llevó incluso a entablar una especie de amistad con ellos, y me convertí en un asiduo de la emisora en la que trabajaban: casualmente junto a la misma COPE. Me he tomado mis cortado-chupitos en los Jerónimos, he estado a punto de matarme por esas dichosas escaleras, he pasado decenas de veces junto al estudio de Tiempo de Juego y más de una vez me he cruzado por allí con el señor González, un tipo a primera vista guapete, con encanto y con pinta de simpático. Más de una amiga me lo ha definido como atractivo y sí: lo es. A la vista de los acontecimientos parece que todo ello ha supuesto un craso error para él.

Veámoslo desde el siguiente punto de vista: alguien profesional, con éxito en su trabajo, una buena familia… Además se muestra abierto con sus admiradores hasta el punto de salir alguna vez a tomar algo con ellos, por lo que no ha hecho nada malo. Al contrario. ¿Consecuencias? Una persona perturbada pierde la cabeza del todo y comete una locura que marcará a esta familia para toda la vida. Esa mujer no podrá volver a llevar a sus hijos a ningún sitio sin que le tiemblen las piernas, su cuerpo ha quedado desfigurado de por vida con unas cicatrices que recordarán a cada momento a su esposo que no puede ser tan ‘guay’, y más de una noche se despertará sudorosa al verse de nuevo dentro de ese coche luchando por su vida. Este señor no podrá tratar a ninguno de sus fans de la manera que lo hacía antes, e incluso apuesto que se sentirá nervioso haciendo su programa con público presente en el plató. Sus compañeros empezarán a vigilar también sus palabras y sus espaldas: a partir de ahora todos son sospechosos. Siento compasión por esa familia.

Es curioso como un hecho puntual puede dar la vuelta a la vida de mucha gente. Recordamos lo frágiles que son nuestras existencias por muy bien cimentadas que estén, pues un agente externo puede llevarse todo al traste en dos minutos. El ser humano es increíble, pero capaz incluso de convertirse en un desastre natural.
Me veía en la obligación de escribir estas líneas porque yo soy fan. Todos lo somos. Ánimo a González y as su famila.

martes, 28 de enero de 2014

Chemi Sánchez. Cuestión de prioridades.

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Me temo que de nuevo se me ha ido el Santo al Cielo; aunque confieso que esta vez ha sido adrede. Premeditación, alevosía y sobre todo nocturnidad. El último barco hacia el foro partió hace tiempo y poco le queda a la noche cuando me encuentro a mí mismo en una habitación de hotel de Dios sabe dónde pidiendo posición horizontal a gritos, pero en cuestiones de sueño siempre tendré una máxima que no dudo en cumplir llegados a este punto: como la cama propia no existe ninguna, por mucho que caliente la ajena. Con este prometedor punto de partida y, a pesar de la buena compañía, abandono la habitación 37 sin pensar demasiado cómo me puedo volver a Madrid.

Ya clarea y hace un frío do carallo a pesar de ser Primavera, y esto está en medio de la nada y no ubico la casilla de salida. Atrás quedan horas de juerga regadas siempre de Rock & Roll. La pregunta es cómo después de un concierto pudimos acabar en plena celebración de la Feria de Abril, pero como otras tantas veces que nos juntamos la gente de la misma calaña, nos la sopla el entorno cuando estamos juntos. Sevillanas, sardanas, jotas o muñeiras. Lo que haga falta mientras no se acabe la cerveza, oiga. Y hablando de cerveza…

Salgo del ascensor y me dirijo a recepción para que me indiquen cómo coño salir de aquí, pero según me acerco percibo señales de conversación en el hall. "-Perdona, guapa: te iba a preguntar algo, pero puede que siguiendo el rastro de las voces me encuentre algún amigo descarriado-". Error. Pero son los del grupo. He estado hablando con ellos antes, así que lo mismo se acuerdan de mí… Además está la chica del culo perfecto (guardada en disco duro a la mayor resolución posible -ella y su tirachinas- horas antes) y su amiga. Procedo. Los roqueros me preguntan de dónde salgo y rápido me siento integrado: -¿Quieres cristal?- A lo que contesto -Lo siento, colega… El único cristal que me interesa es el de esa litrona y su contenido. Gracias.- Me pasan la botella. Incluso se vale fumar, así que es ahora cuando me destapo como el cretino miserable que soy: "-Estos me acercan a la estación por mis santos-".

Una hora más tarde la cerveza se acaba y las chicas están también cansadas así que, viendo el panorama, es hora de pegarse como una lapa olvidándose de cualquier tipo de vergüenza (el alcohol ayuda) y conseguir una plaza en la furgo. Acierto absoluto, porque efectivamente la parada estaba donde Cristo perdió el mechero; pero permítaseme aquí la primera sonrisa de esta entrada viendo a los músicos volverse al hotel cabizbajos tras dejar sus proyectos de escalera de color de toda una noche en manos de un piltrafilla como yo. WIN. Resulta extraño ser las tres únicas personas en la parada, por lo que toca entablar diálogo mientras llega el transporte: he aquí cuando la previsión de salir de casa con un par de paquetes de tabaco juega un papel importante, porque te miran con mayor simpatía si eres el único al que le queda tabaco.
La amiga cayó hace un rato, y nosotros estamos tan cansados que ni nos acordamos de estarlo. El vagón se llena de padres e hijos vestidos con dorsales para una carrera popular en el Centro a beneficio de una causa justa, pero nosotros seguimos hablando de la vida y otras cuestiones sin importancia. Le gustan mis botas porque es fetichista, y acepto que con agrado que las haga una foto. Mi parada se acerca y me lo pienso dos veces. ¿Desayuno y lo que surja? ¿Vermú y lo que surja? ¿Paseo mañanero y lo que surja? A la segunda vez es cuando pienso ‘Quimera’. Es esa segunda vez la que ha gobernado mi vida: la que echa el freno cuando hay que echarlo, la que detiene mi locura, la que enfría mi sangre, la que me recuerda juntar mis talones tres veces y recordar eso de la cama caliente o no sé qué narices de antes.

Sainz de Baranda fue el primer alcalde de Madrid, y su segundo nombre era Casto. Resulta irónico que en su parada de Metro se separen nuestros caminos. Aún me queda espacio en disco para su dirección de correo electrónico. Su nombre es María, sus ojos preciosos, su simpatía sincera, su acento atractivo, su cuerpo perfecto, su foto muy chula… Pero no es para mí. Vuelvo a sonreír mientras me despido.
 
Media hora después llegué a mi casa. A mi cama. Ni por un segundo me arrepentí de largarme. Cuestión de prioridades, supongo

lunes, 25 de noviembre de 2013

Chemi Sánchez. Fin (al principio).

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Te fuiste sin decir adiós. Vacilaste un instante, pero te habías cansado de mí como se cansa un niño de su juguete favorito, y por eso hiciste lo mismo: guardarme en un baúl junto al resto y apartarme de tu vida. Nunca me tiraste a la basura por si acaso debieras luego recuperarme fugazmente para revivir los viejos tiempos, y yo hubiera preferido un portazo en las narices a una palmadita en la espalda. La esperanza es una compañera peligrosa que se bebe tu copa de gin-tonic cuando estás distraído, y el verde siempre fue un color difícil de combinar.

A pesar de ser una gran urbe, Madrid nunca será lo suficientemente grande. Me cruzo contigo frecuentemente. De eso estoy seguro. En un paso de cebra de Princesa, buscando discos en las estanterías de la FNAC de Callao, husmeando en unas perchas de Preciados, tomando un vino en Huertas. Paseando por la acera de Gran Vía siento tu presencia en la estela que deja un autobús que va hacia Atocha, en el interior de un taxi que se dirige a Goya, en la línea 1 de camino a Plaza de Castilla... Resulta que ahora todas llevan tu perfume y hacen sonar sus tacones con tu mismo compás.

Confieso que me costó un tiempo regresar a esos lugares, pero ahora vuelvo a sentarme a ver pasar gente en la misma terraza, a pasear por el mismo parque, a fumar un cigarro en la misma esquina y a tomarme un chupito con el mismo camarero. Quiero que lo sepas porque un día de estos puede que nos crucemos de verdad, y entonces me gustará contarte que no tengo nada que decirte, encontrarme con tus ojos para ignorarlos, compartir contigo cuánto tengo por vivir sin ti. Me gustará recibir el portazo en las narices que no recibí entonces para volver a ser libre.

Parece que la necesidad de olvido en este caso está ligada al resentimiento pero no es así. Sólo es el instinto de supervivencia, que me invita a soltar lastre innecesario y seguir hacia adelante. Terminar esta novela para centrarme en la siguiente. La vida no es un libro sino unas obras completas.

Nada más que añadir. Sin rencor. No obstante, si necesitas suerte, amor, amistad, cariño, apoyo o respeto por mi parte, ya tuviste en su día. Ahora ya da igual.

Pues eso: FIN

Salud.

martes, 5 de noviembre de 2013

Chemi Sánchez. Es lo que hay.

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Pido disculpas. En teoría yo aquí tenía que hablar un poquito de juerga y Rock & Roll -en la cuestión del sexo tanto Armario Desordenado como un servidor seguimos siendo un par de caballeros gilipollas, que no gilipollas caballeros-, pero, como siempre, las teclas me acaban conduciendo sin remedio hacia mi tema favorito: yo mismo. Yo esto, yo aquello y qué guay soy, ¿no? Pido disculpas pero es lo que hay. ¿Qué mejor forma de no equivocarte demasiado que usar el tema que mejor se conoce? Es el tercer escrito, pero hagamos una presentación como mandan los cánones.
Chemi es de José Miguel. Sí, soy consciente que a much@s este nombre les sonará un poco amariconado, pero si Chema es de José María, Chemi es de José Miguel. Es mi nombre y tengo que respetarlo, pero está visto que en el deporte de rebautizar a la gente soy un blanco fácil: me han llamado de todo. A pesar de todo ello, no vacilaré en corregirte cada vez. Gracias a mis padres por joderme la vida, por cierto.
De Chemi a Chema; conocí al Peris una noche en Madrid. El día sería un viernes y el motivo sería Rock & Roll, pero lo que recuerdo sin ningún problema es el lugar, porque muy pocos sitios me parecen más apropiados para conocer a un grande como él que el Museo del Jamón de la calle Atocha: una de esas sedes de la franquicia que aún no se conocen los turistas y quedan por tanto reservadas a los crápulas del Foro y la gente con buen olfato. Cañas a un pavo, algo suave para picar y la conversación pronto fluyó sin problema. Han pasado ya años, pero recuerdo un claro pensamiento en mi mente: ¿de dónde coño ha salido este tío?
Que el Sr. Peris y yo nos hiciéramos amigos a las primeras de cambio se debe a que los dos amamos hablar por los codos, escuchar para reír, el cachondeo, apoyarnos en una barra, las mujeres y bailar un rocanrol (además de ser jodidamente guapos, claro). Y estas cosas que amamos las amamos de verdad, porque no entendemos la palabra ‘amar’ de otra manera. El sibaritismo se extiende por muchos sitios así que da gusto encontrarte con gente auténtica, sin pose, con gustos sencillos y a la que no le da por imponerte su criterio basándose en sus conocimientos. Cuanta más música conozco, más desconozco. Y cuanto más conozco a Peris, más le quiero. Una cerveza y luego otra, y muchas visitas pendientes a Levante.
El Refugio es un local madrileño que respira rock por los cuatro costados: pequeño pero matón y que abre hasta las mil. Allí se va a beber cerveza y a aprender música. En sus paredes no falta ni uno de nuestros mitos y en la tele se pinchan sin pausa delicias de las buenas aún difíciles de encontrar en el youtube. Obligatorio después de un concierto. Fue allí donde acabamos y fue entonces cuando se selló la noche con flores para todas, y el inicio de una bonita amistad. En esas aparecieron los teloneros (o músicos o pipas, no recuerdo) de los GNR (esa gira con sólo Axl Rose y muchas más de arena que de cal), y no les sacamos unas entradas para el bolo porque no quisimos. Estando con gente así no me vendo tan barato ni de coña. Ni tan caro: Si Mick Jagger hubiera entrado esa noche en El Refugio habría sido él quien se hubiera acercado a nosotros, a ver si le ajuntábamos….
Lo siento por el dueño de este Armario. Sé que le jode la vaselina pero una vez más: Es lo que hay. 

viernes, 11 de octubre de 2013

Chemi Sánchez. Al amparo de la oscuridad.

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Al amparo de la oscuridad apuro unas últimas caladas antes de irme a acostar. No recuerdo quién ni cuándo me arrebató la cualidad de la ebriedad, o si alguna vez la tuve. La capacidad de hacer el tonto la tengo sin beber, pero independientemente del número de consumiciones soy capaz de mantenerme lúcido en todo momento. De verdad. Y esa lucidez me mata. Me mata porque me priva de placeres tales como la desconexión temporal de neuronas necesaria de vez en cuando, tener los cojones para acercarme a hablar con ella, llevarme un par de guantazos por torpe, bailar con las farolas...
Al amparo de la oscuridad observo sin ser visto, pues el sol es mal compañero. Los observo a ellos, príncipes y princesas de la noche, que sólo lo serán hasta dentro de un rato. Consumidos por el deseo, el hambre y el sueño, aunque aún no lo sepan. Al amparo de la oscuridad las miro a ellas, reinas de la noche -o quizás de la mañana-, diosas de la Montera al abrigo de las rejas de ventilación, a la espera de un negocio que cerrar. Al amparo de la oscuridad veo como todo lo que está muriendo ya vuelve a nacer como de la nada.
Necesito compañía. La puta más barata que encuentro a estas horas es rubia, se llama Carla (o Carslberg, no recuerdo) y me cobra un pavo por quedarse a mi lado sólo un rato. Me niego a guardarme un momento así para mí solo. Al amparo de la oscuridad todo toma otro sentido, y ahora duele menos mirar que cerrar los ojos. Ahora sí.
Me siento superior, poderoso, invencible… Pero siempre al amparo de la oscuridad. Huyo. En unos minutos la Puerta dejará de nuevo de estar huérfana de su Sol. 
Y yo volveré a ser el cobarde de siempre.
Salud.

viernes, 4 de octubre de 2013

Chemi Sánchez. The Classic Man.

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Una vez yo tuve un ‘esmárfon’. Echaba retratos, y en los bares con ‘güifi’ gratis yo me enganchaba a la red para ver cómo andaba el patio y compartir en ‘feisbuc’ el ‘yintónic’ de macedonia que me estaba tomando con todo el personal. Quizás aquello fuese lo único que me gustaba de ese cacharro, pues en ningún momento tuve ni la intención de instalarme eso del ‘guásap’ ni ninguna otra aplicación. Una noche lluviosa de alcohol, con buena compañía y buena música en El Refugio, lo perdí.
Lo que para algunos hubiera sido una soberana putada para mí se convirtió en una de las mayores liberaciones posibles. Con él se marcharon los problemas de conexión, el insoportable silbidillo de los pajarillos y el número de mi ex, que afortunadamente nunca me aprendí de memoria (mecanismo de defensa, lo llaman), así que no hay posibilidad de humillarme a las cuatro de la mañana con un vergonzoso mensaje etílico en braille: ‘T wepir N xm,v alj erjiodnf’. Ahora tengo el mismo Nokia de hace unos años y chic@, no quiero otra cosa. Lo uso para llamar, contestar, escribir algún SMS (como valen pasta hay que dejarse de nimiedades e ir al grano) y despertarme con Los Ilegales. Y molo más. Molo más porque ante el cachondeo general de la gente cuando saco el trasto, basta cambiar la palabra ‘viejo’ por ‘vintás’.
Yo no quiero molar, pero sí confesaré que me divierte bastante ese cambio de expresión de quienes pretendían reírse de mí y no conmigo cuando les planteo la aclaración. ¡Es vintás! Justo la misma expresión que al contarles que mis gafas (con más de 30 años) Ray-Ban son las auténticas con los cristales BL americanos originales y no los RB italianos de pacotilla. La palabra de moda es ‘trendi’, ¿no? -no me busques en el ‘Tuister’-. Pues bien, ahí va el truco que lleva funcionando toda la vida: Pásate de moda y estarás a la moda.
Cómprate ropa de la pasada temporada -que encima es más barata- y lúcela con desdén, no guardes nada en el fondo del armario porque en breve volverá a invadir las calles. Te reto a hacer la prueba: busca algo bien hortera y llévalo encima como si fuera la última tendencia vista en las pasarelas de Milán, que lo mismo lo es. Hemos asistido a las impensables resurrecciones de las sandalias cangrejeras, las zapatillas TAO, los vinilos, los relojes CASIO, los monopatines estrechos, los Modern Talking… Prepárense por tanto para volver a coderas, hombreras, rodilleras, mirinda, pelos a tazón… ¡Pon una pila a tu viejo walkman y desentierra tus cassettes!
¿Sermón? ¿Discurso? ¡Ná! Declaración de principios. Últimamente ando algo quemado de tanta gilipollez general y al final acabo pagándolo contigo. La verdad es que visto así y tengo un móvil, unas gafas de segunda generación y otras muchas arcaicadas por vaguería, tacañería y quizás por tocar un poquito los cojones -que siempre me ha gustado-. Así de triste. ¿Pero a que lo he defendido bien con un poco de palabrería barata? Terminado mi alegato/presentación/farsa, que sepas nunca acabo una entrada sin una canción y sin desearte salud.
Y como no sólo de lo viejo vive el hombre, ahí va algo nuevo.
Salud.

martes, 1 de octubre de 2013

Letristas invitados. Chemi Sánchez.

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Con este tema de ampliar horizontes y ceder rincones de este cachito, la cosa se me está yendo, benditamente, de las manos. La grandeza de los acontecimientos es de tal calibre que no puedo más que esbozar una sonrisa de alegría, quitarle un poco el polvo a las copas y brindar ante la nueva llegada de un miembro, -atención señoras-, viril y masculino. A este señor lo conocí como se conocen a las grandes personas de verdad, en la barra de un bar. Alguien me dijo una vez que en estado etílico, las personas se quitan la careta y se muestran tal y como son realmente, sin posturas ni artificios. No hizo falta celebrar San Patricio a deshoras para saber que el caballero Sánchez es de ley y es uno de los tipos que más sabe y que mejor habla del rock. Por lo menos, de los que yo conozco. Y aprovechando que ha decidido aparcar, espero que momentáneamente, ese lujo underground que era su Chemi Rock Blog y abusando de la ausencia de talento de los cazatalentos de las revistas especializadas, (¿Hola Rolling Stone?), abro el Laprhoaig bueno para presentar, con infinito cariño a Chemi Sánchez


Escribo sin saber escribir y hablo sin saber hablar. Hace meses me tomé un descanso de ambas cosas, pero como los merengues: ‘Si el Sr. Peris llama a mi puerta no le puedo decir que no’. Pese a la que está cayendo, y a que sigue habiendo muy pocas balas para tanto gilipollas, aún creo que el mundo se puede arreglar alrededor de unas cervezas y rodeado por buenas compañías. 
Elijo a mis amigos porque es uno de los pocos privilegios que me ha brindado la vida, y cuando veo todo mal la música me proporciona una salida, que para eso está. Dudo mucho que esté a la altura de esta aventura, pero lo vamos a intentar. Salí un día de Segovia y me perdí entre Atocha y Chueca. 
Me gusta pisar cabezas de gamba apoyado en una barra, una caña bien tirada, un buen riff de guitarra, dejar algo de bote y no saber cómo coño he venido a parar aquí. Música con la que bailar y pelis con las que reír. Mezclemos churras con merinas y veamos qué es lo que sale. Sólo una advertencia: nunca me tomen en serio.