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miércoles, 4 de enero de 2017

Año nuevo de calendario.

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Como el anuncio de la tele, parece que sea necesario decir lo del año nuevo, lucir palmito la noche del 31 y levantarse a la mañana siguiente con ese dolor de cabeza que se desprende de la belleza de una noche de alcohol, que canta Loquillo. Pero hace tiempo que la cuestión es comenzar el año en septiembre, cuando el ciclo vital realmente comienza. Y para mí, las noches locas es acostarse en el sofá, con la tele escupiendo cualquier cosa y acariciar tu ombligo por debajo de la manta, mientras apuramos cualquier Priorat a tragos exagerados.

Pero siempre, por aquello del folclore de las campanadas, no está mal pensar en el año nuevo como un apetitoso Roscón de Reyes. Para escupir con rabia el haba de los malos cuerpos, de los dolores de espalda que atraviesan como una patata brava de Rausell sin bocado dulce. Para saborear las cremas de un futuro mejor, más coloreado, menos gris y monótono. Para valorar más las cosas verdaderamente importantes, porque las otras solo nos dan disgustos sin sentido. Ya ves, todo eso al son de las campanadas, cuando realmente se puede hacer cada mañana, cada tarde y cada noche.

Iniciando el año con un paseo en la playa sin resaca a champán que para eso están el resto de los días del año. Para beber y para las resacas, que cada vez son menos y más menos siempre serán. Y contando con la mente las cosas por hacer, entre las que no está pisar ninguna sala de muscular los biceps, si acaso las salas de Pol, el Kraken, y de Andrés, el Nueve, tan descuidados que van a olvidar mi nombre y mis gustos. Y las montañas, siempre las montañas. Esa cuenta pendiente, solapada a comer más con cuchara. Y marcar cruces en los 55 mejores restaurantes de la Comunidad Valenciana, esa maravilla supervisada por el jefe Cruz Sierra, donde hacemos senda. Y reír más. Y llorar menos. Aunque sé, intuyo, que al volver aquí 365 días después, alguien me faltará. Ojalá me equivoque.

Aunque en realidad, nada cambiará más cerca de septiembre. Los Perros del Boogie, Los VicentesCapitán Booster y Corazones Eléctricos nos podrán la piel de gallina a cada golpe de riff, brindaremos por la memoria de Rockonut y Verlanga una y mil veces, el Valencia nos llenará de muchos disgustos y pocas alegrías, nos enfadaremos por cosas sin importancia y tendremos más plazos 'lo quiero para ayer'.

Ya ves, nada nuevo bajo el sol de invierno.

¿Qué esperabas si el año nuevo empieza en septiembre?

martes, 12 de enero de 2016

Todas las "y" del mundo para este nuevo año.

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Puede que acabases 2015 subido en una nube de alcohol y lisérgicos, saludando a todos como la fallera mayor o la reina del carnaval creyéndote el lobo de Wall Street. O puede que te dedicases a comer lentejas, de bote, y vino tinto, sin más compañía que tu batín de invierno y tus pantuflas, mientras atronaban, moderadamente, las canciones que escupía 'Cachitos' en La 2. Cualquiera de las dos opciones es igual de válida para cambiar de año, que no es más que una excusa para realizar propósitos, deseos y purgas varias que van a la basura no más tarde de la hoguera de San Antón.

Pero en esas estamos, en no repetir clichés, en dejar de fumar y desempolvar las zapatillas de deporte que alguien te regaló porque te vio fondón. En no tener a tu camello de guardia en las teclas de marcado rápido, que es tan de los noventa que merecerías estar muerto. En todas esas cosas que te arrepelienten -sí arrepelienten, de arrepentir y repeler-, pero que forman parte de ti sin querer que sean tu marca.

Y aunque no merezca la pena intentarlo porque estás de bajona (in)directa con la muerte de Lemmy y Bowie, piensa que no se mueren nunca porque están en el aire, como el amor en aquella canción. O en la rabia de Monty en el escenario, tan tímida ella cuando escribe enseña a regañadientes, o en el maniquí de casa Pol, el hombre al que hay que abrazar siempre por el antes y por el después de cada una de sus noches en su casa que es, un poco, la nuestra. 

La vida es tan amarga que abre a diario las ganas de comer, dijo Jardiel Poncela. Pues eso. Cómete la vida.
Y compra cosas bebibles.
Y descorcha sin medida.
Y huele sin rubor.
Y prueba sin permiso.
Y brinda con pasión.
Y disfruta con alegría.
Y engorda con amor.
Y luego corre. Corre. Corre más.
Y al final, rebaja peso.
Y vuelve a empezar.

Celebra. Compra. Descorcha. Huele...

jueves, 3 de julio de 2014

San Juan, los Stones y las buenas intenciones.

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Dicen que la noche de San Juan es mágica. Con eso de ser la más corta del año, la mística que la envuelve tiene una aureola de optimismo, de anuncio de cerveza con perfectas barbas y apetecibles ombligos. También cuentan que es aquella en la que se queman las cosas malas, se piden deseos a la resaca de las olas y, con suerte, puedes robar algún beso a la luz de las estrellas.

Vivimos en un continuo renacer, en un mundo lleno de buenas intenciones que nunca, o casi nunca, se llevan a cabo. Año Nuevo, Noche de San Jose, Noche de San Juan, septiembre o cualquier lunes del año son las fechas en las que queremos poner nuestro contador de pecados culpables a cero, de erradicar cualquier atisbo de hedonismo maligno, de proponerse una vida más espartana, con arroz blanco, verduras y running tres veces por semana.

Pues una mierda. De eso nada. Buenas intenciones, las justas. No confundamos esto a hacer el cabrón al prójimo, que son cosas distintas. Hablo de buenas intenciones en plan 'mi cuerpo es mi templo', quitarse las grasas, dejar los habanos y suicidios vitales varios. No se donde leí una de esas frases que les llega a las maripilis en los sobres de azúcar que luego se las quedan como estados místico/molones/gilipollas en Facebook que decía algo así como 'La vida no se mide por los momentos que respiras, sino por aquellos en que te quedas sin aliento'. Y es verdad. Estamos encorsetados en las costumbres provincianas del sábado sabadete con cena y el misionero de polvete. Y está bien eso de salirse del camino. Como bien nos decía un jefe de sala un miércoles cualquiera mientras descorchaba un excelente vino de Fontanars «No hay que dejar el vino solo para el fin de semana. Si lo dejamos todo para el fin de semana, no nos da tiempo a hacer todas las cosas buenas que nos gustan.» Como dejar la vajilla buena para las ocasiones especiales. O comer marisco solo en Navidad. 

Duerman menos y vivan más. O vivan durmiendo eternamente, si es lo que les gusta. Hagan el amor a deshoras y follen en cualquier lugar menos en la cama. Porque luego, queriendo contestar una WhatsApp mientras conduces o revisando ese bultito que parecía una picadura de mosquito, la Dama Negra te pide la mano para un baile y sabes que no puedes decirle que no.
Hagan como los Stones. Vivirán setenta años y varias vidas.
PD: La fotaca es de Mario Testino.

viernes, 23 de agosto de 2013

La ley innata del viento.

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Una racha de viento nos visitó
y al árbol ni una rama se le agitó.
La canción de que el viento se parara
donde nunca pasa nada. 
(Extremoduro. La ley innata.)

Las nubes empezaban a asomarse mientras el viento soplaba intentando ser una calima africana a este lado del Mediterráneo. Sí, ya se que Elmore Leonard decía que no había que empezar una novela hablando del tiempo que hace. Pero esto no es una novela, al menos de momento, y la absurda, estúpida y típica realidad es que ese fue el comienzo.

Del fin.

Porque ambos sabíamos que no iba a ser eterno. Que las charlas arreglando el mundo al calor del vino tinto en días de pantalón viejo, mientras dejamos el reloj en la nevera, no serán lo mismo.
Ni mojarse bajo la lluvia, embriagados de gintonic. Ni corear a viva voz 'Rock & Roll Star' con tu olor a Light Blue, sin Instagram que nos asista, ni perra falta que nos hace. Que para eso ya tenemos a nuestra nariz, para lo bueno y para lo malo ilegal.

Porque nuestra nariz tiene memoria. Nuestro olfato, más bien. Que nos llevará, - en hora punta del suburbano en cualquiera de las frías mañanas que, como las golondrinas, volverán - a las tardes de ayer, con quesos y jereces, oliendo tu sonrisa.
Sonrisa de tu boca. Como nuestra boca. Que también tiene memoria. O nuestro gusto, más bien también. Que nos sirve tanto para reblancecer al más estirado de los críticos, como para comparar los besos que robaré, sin dudarlo, y que serán igual, pero distintos, a los de aquella vez.

Porque el rodar de verdad del balón, nos marca el fin del recreo, aunque nosotros seamos de jugar y besar el escudo de Nunca Jamás. Y aquellas nubes asustadizas, malditas masas de agua, nos indican que es hora de relativizar de verdad, de cumplir aquellas promesas, camufladas en nuestros brindis a la Luna, mientras viajamos a mil ciudades y bodegas solo con descorchar alguna de sus botellas, viajando al centro de sus tierras, como si fuéramos juliosverne de las viñas, laderas y puertos con mar o montaña, con sus barras de bar que nos reciben con los brazos abiertos.

Preparemos el champagne, las uvas o las tellinas. La guerra es mañana, prepárate hoy, porque suena música para traicionar.

Feliz año nuevo.

Porque el año empieza en Septiembre.

martes, 1 de enero de 2013

Un año para abusar

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Pues bueno. Ya estamos aquí, otra vez. Con aquello del año nuevo, las buenas intenciones y toda esa fanfarria que viene con las luces de Navidad y que se va a la primera quincena del nuevo año, justo cuando tu jefe cualquier tocapelotas te remueve, en sentido figurado, las mismísimas.

Y ahora, ya sabes lo que toca, si no eres marciano. Listas, resúmenes del año con voces bonitas y propósitos de Mickey Mouse para el año estrenado. Que, en el mejor de los casos, se van a quedar en eso, en palabras anotadas en un papel, porque siempre será mejor no revisar el colesterol y tener motivos para brindar, incluso teniendo como único motivo no tener motivo.

Los mayas nos la han jugado y nos va a tocar seguir pagando la hipoteca y mamársela al banco, como poco. Pero también nos esperan uvas cocinadas pendientes de descorchar, mesas y manteles por descubrir, nuevas religiones en forma de cuerpo de mujer, seguir con los viejos buenos vicios adquiridos y continuar practicándolos en este año que acabamos de desenvolver.

Y es que, como dice el maestro de Úbeda, hay más de cien palabras y motivos para no cortarse de un tajo las venas. Con unas cuantas pizcas de sabiduría popular en Twitter, los refranes del siglo XXI, acerca de cosas y propósitos que merecen un trago, podemos dejar a un lado esas aburridas listas:

- "Opté por darle al whatsapp el uso justo que se merece: el de SMS. Las conversaciones, tête à tête. Con los que están lejos, por teléfono." Alena KH, una inteligente chica venida del Este y que nos da sopas con honda a todos los de aquí.

- "Como sólo cuando tengo hambre, duermo sólo cuando tengo sueño y llamo sólo cuando echo de menos." Alena, otra vez. Sopas. Honda.

- "Fóllate a tu jefe y que se jodan las de contabilidad." La buenorra de Desigual. Traducción: mola ser jefe.

- "No creo en cambios bruscos. Feliz 2013". Sara Ele, una fan de Audrey, entre otras cosas. Un respeto.

- "Mis mejores deseos para todos en 2013: que veáis grandes partidos de fútbol, que os emocionen muchas pelis y que folléis mucho". Paco Gisbert, porque a nadie le amarga un dulce. Ni una caja entera.

- "Reading is sexy". Los colegas de Jot Down llevan una preciosa galería de imágenes que lo constata. Y la verdad, es muy sexy.

Pero bueno, todas las opciones, deseos y cosas de esas se pueden resumir en uno solo, recibido de un buen amigo entre copa y copa: "Abusa lo que puedas, pero no te suicides", que no es más que un Carpe Diem, pero sin pijadas ni mariconadas.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Una lista que SÍ vale la pena

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Las listas están sobrevaloradas. La de los 40 que baila tu sobrina preadolescente, esa que está loca por entrar a Las Ánimas, aunque solo tenga 13 primaveras, la de Schindler, incluso la de la compra del Lichis que, de tanto ametrallarla por las radios, acabaste por cogerle ojeriza. Y no te digo nada acerca de las listas de propósitos de año nuevo, o de septiembre, que vienen a ser lo mismo. Niente. Nada. Fum. Caca.

Solo hay una lista que vale la pena, siempre que estés en ella.

Sí, es la lista VIP.

Es esa que te permite saltarte la cola del antro de moda y evita que te aburras entre el último sorbo del gintonic post cena y el primer copazo en las luces multicolores. Es esa en la que, si no estás, maldices al hijoputa que pasa delante de ti porque sí lo está, al tiempo que luce rusa de taconazo y escote desafiante cogida de la mano, mientras deseas ser el más grande de todos los hijoputas. Aquella en la que te hablan de usted los gorilas y te desean buenas noches, con acceso a la parte de detrás de las cortinas, donde no hay que luchar en el cuerpo a cuerpo para pedir un doble con hielo, y se saborea de la alegría, los licores de calidad y de las amables camareras que no hablarán más de la cuenta. Las Vegas. Lo que pasa en la zona se queda en la zona. Respeto.

Eso, claro, sí el jefe ha bebido de las enseñanzas de Sam 'Ace' Rothstein y sabe de qué va el business de las copas y el colegueo y se rodea de famiglia para ello. Porque si no, puede ser el corral de la Pacheca.

Pero hablamos de Andrés Albert y su Nueve Tragos, por lo que podemos pedir otra.

Ahora que Valencia empieza a desapolillarse y el ocio de mesa y mantel se reinventa con propuestas de genios culinarios que nos permiten andar de mesa y mesa y tiro porque me toca y divertirnos con su arte, es justo reivindicar el continuo fluir de ideas de este señor que nunca ha dejado de pensar cómo mejorar un precioso lugar y convertirlo en algo más que una excelente barra de bar. Conforme el día que cruces el umbral de los luminosos azules que rotulan la puerta del Nueve, puedes asistir a un cineclub con palomitas con los clásicos de siempre, a un concierto de Ariel Rot o Igor Paskual, a un selecto catering sin estridencias o a un cumpleaños de nocilla, globos y tarta. No dirás que no mola.

Pues bien, la penúltima de don Andrés es darse el gustazo de premiar/agradecer a la parroquia con los VIP del Nueve, un pasaporte a un mundo de actitud, discos de vinilo y buenos vinos, que harán sentirse orgullosos a aquellos que reciban la carta con semejante salvoconducto. Yo aún estoy abrumado de haberlo recibido, sin mérito alguno por ello, pero contento por ser parte del Nueve. 

En época de chunda chunda y malenis, tenemos nuestros refugios donde el tiempo pasa más despacio. Y meteremos leña por defenderlos, si hace falta.


Andrés Albert, Goodfellas. Salud.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Buena cara para el mes del lunes eterno

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Pues ya llevamos una semana larga del mes con el peor departamento de marketing a su servicio. Normal. Es más fácil vender la mesa y mantel a la brisa del mar y polvos a deshoras, que hacerlo del traje y corbata, mal café y volver a ver el careto a jefes gilipollas y analfabetos que escriben 'distribulle' sin rubor, por poner solo un ejemplo.

Ya han hablado de ello Nada Importa y Sònia Valiente, pero habría que decirle a Merkel, Obama y al tipo de Eurovegas que la Nochevieja fuese el 30 de agosto. Así cantaríamos todos a coro al Dúo Dinámico, Mecano o AC/DC cocidos de champagne en las fiestas de la playa o el monte, dejando el 31 para la resaca y el 1 de septiembre a doblar el lomo, como un hombre de bien.
Pero como, de momento, parece que no va a ser, nos toca tirar de imaginación y buscar pequeños placeres que nos arranquen una sonrisa, un brindis y un mapa del tesoro.

Y aquí entran The Sepionets.

The Sepionets son una banda veterana de gastro-rock, aunque ellos se definen como freak-cover-albuferenc-rock, de Sedaví que pasan por el tamiz del valenciano los clásicos de rock de ayer, hoy y siempre, con letras divertidas que te arrancan una sonrisa. Tienen huevos, metiendo en la casilla de salida a Barón Rojo con un solo un piano, y se atreven con Bonnie Tyler, Bob Sinclair o una delirante narración de una paella dominical y la búsqueda desesperada de azafrán con la música de Plastic Bertrand y su 'Ça plane pour moi'. Tienen callo estos zumbados, en el buen sentido, de la música y se lo pasan teta encima del escenario, trasladando ese buen rollo a quienes se acercan a ver sus conciertos, cosa que es de agradecer, para los tiempos que corren.
Y sí. También arrastran a tías buenas. De esas que están de vuelta de todo y con un culo que merecen un monumento. Vive Dios que es verdad.

Así que, señoras y señores, vivan el mes del eterno lunes con una sonrisa, descubran pequeños placeres y su buen humor se lo agradecerá.

Aunque, si no le gusta ese plan, siempre pueden hacer como Green Day.

Bienvenidos de nuevo.

martes, 31 de enero de 2012

Gonzzalo, por Uzzhuaïa. Gira 2012

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Foto: Pedro Llorca

Las ganas de llorar son ganas de reír, gritando a Dios trece veces por minuto. Este inicio de estribillo saltaba por mi mente cuando puse los pies en la sala donde íbamos a disfrutar del inicio de la gira 2012 de Uzzhuaïa. Tenía claro que la persona que inspiró esas letras iba a estar muy presente en la noche, como no podía ser de otra forma, y era uno de los dos incentivos que hacían especial el concierto. Estamos en año nuevo, pero los malos vicios y las peores costumbres no nos abandonan y siguen estando en la lista de promesas a olvidar. Tardanza, propiciada por un refrigerio necesario y maravilloso a partes iguales, sobre todo por la bella compañía, no nos permiten escuchar nada más que la coda de los teloneros, Wicked Article, una desconsideración y lamento tardío porque suenan muy bien y haré los deberes para seguirlos, paladearlos y empaparme de su buen hacer. No en vano sus miembros tienen lustre y son parte de la leyenda roquera valenciana. Alzo mi copa para que sean Wonderful winners, que revienten allá donde vayan y que sean referencia. Barra. Cerveza, gintonic y el gran Adri, road manager de Los Perros del Boogie entre el público, con quien nos abrazamos y lamentamos el fin de la banda como tal. Carpe Diem, la vida sigue y seguro que el futuro va a ser bueno, desdiciendo a los punks ingleses.

La sala Valencia RockCity tiene mucho mejor aspecto de público que la última vez que vine, para ver a Garaje Jack. Cosas de la promoción, supongo, porque tanto los madrileños como Uzz merecen el lleno allá donde enchufen sus guitarras. Así que ahora o nunca esta es nuestra revolución, cuestión de un par de cojones, apostar directamente por el rocanrol de sala, sudor y chicas bonitas, que tenemos al gordo demonio derrochador inicio de todos los males entre rejas. Porque sí, chicas bonitas habían, a golpe de tacón, falda corta y mirada furtiva mientras el novio se refresca en la barra.
La banda empieza con fuerza, con Nuestra Revolución y No Quiero Verte Caer para hacernos entrar en calor y comenzar a castigar nuestros cuellos y provocar nuestra sed. Pau nos hace cómplices desde el primer momento. Es nuestro concierto, pero también va a ser el de él, de Gonzalo, su amigo, su productor, que hizo su último baile hace bien poco y va por él. Cuatro temas propios y La Chispa Adecuada hacen que ella caiga rendida. Ella, más bien sus reacciones, es el otro incentivo de la noche. Ha venido a ciegas con su bonita y pecosa espalda al aire, sin escuchar nada del grupo, solo confiando en mi palabra ante la promesa de una buena noche de rocanrol, y ya le brillan los ojos. Lo sé porque la miro sin que ella se de cuenta y su sonrisa la delata. Y si lee esto, sabrá que la miré y que di por bien empleada la noche pase lo que pase, haya desayuno con o sin diamantes o un cruce de caminos con un sincero buenas noches cuando el sol asome su cara de domingo antes del amanecer, siendo una fan más del rock de la Baja California.
Van cayendo todos los temas, el pelotazo de La Mala Suerte, que me sigue encantando como la primera vez. Blanco y Negro y Ante La Tempestad nos llevan a los vampiros y una bonita canción, La Otra Mitad. Comento con Toni Waller, encontrados después de muchos años y un pasado turístico común, que son una gran banda, ofrecen seguridad, actitud e imagen de marca con Pau y Alex, destreza con Israel y consistencia con Jose Lí y Álvaro y la entrega de la gente, castigando sus cuerdas vocales a ritmo de guitarrazos. No tienen pinta de ser como el protagonista de Destino Perdición, pero andamos incansables hacía el final. Aun así, con un nivel de gran banda, no resulta suficiente para N, de Natalia, que la exigencia y el amor al rock hace destripar y ver errores donde nosotros vemos pasión. Nosotros vivimos nuestro Matrix al once de volumen, mientras ella desgrana cosas imperceptibles para el resto de los mortales, sabiendo que sí, que lo son y que lo serán, mientras se gira al público entregado ante el quinteto. Nos regalan un medley de versiones de The Four Horsemen, The Cult, Guns ‘n Roses y Metallica, aguas que no han de dejarse correr y beber, beber y beber. Y con eso, con bebida se brindó por el amigo, por el ausente pero eternamente presente. Una lata rápida con la familia Uzz por la sonrisa eterna de Gonzalo Parreño. Irremediablemente, recuerdo aquel concierto en la sala Woody para echarle una mano en la lucha contra su dragón, como nos mostró, con dos cojones y un humor de rascacielos, su día a día, como andaba dándole leña al mono y que era lo que le tocaba y punto, sintiéndose inmortal. Ya lo es. La dura realidad la puedes superar gritando trece veces por minuto. Adiós de mentira de la banda. Ya sabes, el viejo truco del rocanrol. El tiempo justo para respirar y darle a la tierra naranja de la Baja California, llegando al fin con su Magnifico Fracasado, un perfecto guiño a lo que no van a ser. No es como me siento, es como estoy. Les espera la carretera. Sube el contador, baja la presión, vamos a brindar por el rocanrol. A falta que alguien se atreva con argumentos a decirnos lo contrario, Uzzhuaïa son la referencia del rock bien hecho desde Valencia. Por nuestro bien, por el de ellos y por la memoria de Gonzalo, obligándote a no preguntarme por las noches sin dormir y encontrar aquello que perdí. Uzzhuaïa, get in the ring!



martes, 3 de enero de 2012

Dosmildoce

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Y de nuevo aquí. Parece que no nos hayamos movido, pero lo hemos hecho. Y tanto. Pero tenemos la absurda percepción que si no cambias de aguas, no has hecho nada nuevo bajo el sol de la Toscana. Y no es así. De aquella noche a esta hemos salido, hemos vivido, hemos muerto entre papeles y hemos resucitado echándole un par y apretando los dientes. Hemos estrechado vínculos y hemos alargado cuerdas que llevan a Zaragoza y London, por poner solo dos ejemplos. Y quedan lejos las noches de verano. Y vemos que el camino hecho al andar tampoco nos fue tan mal y quizá volvamos a caer en las piedras que están en él, o las pongamos nosotros porque no queremos andar, siendo una patética y china copia de Daniel el Mochuelo. Tuvimos conciertos, robamos besos de los que fuimos absueltos y los secretos de camerino quedarán ahí, salvo el día que me vaya de gira para hablar de ellos. Y las gentes de provincias que viajamos con una maleta con doble protección de correa conocimos las Balmain. E incluso aquella última noche se pareció bastante a la de hace un par de días, con Joe Pesci, De Niro y Ray Liotta como colegas de sangre y sofá esta vez, pero con la retina más llena de nuevas gentes, y esperando que alguien haga realidad, porque no, el que podamos ser Eddie Morra.
¿Y qué hay tras el inicio del paseo? El planteamiento, nudo y desenlace de la uva, la ciudad de los tejados, más música, Pepe, Chemi, El Dos y otros chicos del montón, las Camper porque sí, con todo lo que significan, la niña de la Barceloneta, rock en teatros, teatros de rock, brindar siempre por los que no están presentes pero nunca ausentes, ese bendito y adictivo descubrimiento que es Formspring y sus duendes, The Sheenas, desgranar el secreto de Ozzy pasando las hojas mojando cualquiera de los dedos, sin Kindle ni ostías, reservarme los secretos de alcoba para mi pater de cabecera o para alguna Magdalena y así intentar mantener interesante estas entradas, saldar las deudas a mi favor, el nuevo trabajo de Los Perros del Boogie, las copas pendientes con Garaje Jack y descubrir qué situación será la que me permita u obligue a no estar donde dicen estar los demás. Sí un buen café con una generosa degustación de malteados, humo y risas sinceras que se alargan hasta la madrugada es mejor que uvas, tonadilleras catódicas y combinados de garrafa al toque de campana, ¿qué más da que nos adelantemos unas cuantas horas y le demos un día de más al nuevo?

lunes, 3 de enero de 2011

VEINTEONCE

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Nuevas cifras. Buenos propósitos, mejores deseos y una aureola de falsa alegría y paz para el mundo. No es algo placentero para aquel que prefiere el gospel, igual que los grandes, a los peces en el río, y más si atronan antes de celebrar el cumpleaños de la Constitución y no se pulsa el off, hasta pasados los caballeros del GPS brillante del oro, incienso y mirra. La adopción de nuevas, y buenas, costumbres me libró de dar besos y abrazos faltos de virtud, por aquello de lo usados que lo están, junto con la palabra edulcorada las noches del 24 y del 31. La primera noche fue por puro placer y la segunda por griposa necesidad, pero me ofertaron un plan alternativo, catódico y casero muy agradable. Sobre todo el 31. Donde antes había traje de gala, carmín en la camisa y una resaca de campeonato ahora había manta, cena ligera, ibuprofeno, una buena copa de brandy y películas clásicas. Bueno, no se si los bailes de pandillero de un joven Travolta con tupé llega a la categoría de clásico para los puristas. Y tampoco tengo claro que compartir birras y bolos con El Nota, con Dylan marcando sus pasos en bata lo sea, pero si lo son las andanzas de Cary Grant, James Manson y Eva Marie Saint por el monte Rushmore en ‘Con la muerte en los talones’ y los zapeados con cantantes de ritmo chicle en las teles generalistas. Y con la mezcla de la droga regulada y la destilación en sangre del brandy, la gran pregunta. ¿Y ahora qué? ¿Seguimos igual o intentamos mejorar? La verdad es que no me ha ido mal este Veintediez. Música en directo, de la buena, viajes, nuevos lazos, paraísos, ensaimadas, muchos brindis, camaradería, sigo con nómina, nueva y mejorada emisora radio de cabecera, tic-tac en mi cabeza… Si, no ha estado mal, y no ha habido bajas en el once inicial ni en el resto de la plantilla, así que podemos darnos por satisfechos. Y encima el uno de enero, con ausencia de efectos secundarios alcohólicos, bastante tenía ya con los gripales, la lectura, la siesta con inverosímiles torsiones de cuello y, de nuevo, la tele de pago con sus programas. Pelos como escarpias, otra vez, con el gol de Iniesta y todo lo que significa, antes, durante y después de la volea, atracos perfectos a casinos, John Belushi haciendo reír a toda América en cada página mientras se muere por dentro entonando la verdadera balada triste de trompeta, dos o tres sms típicos y un par de llamadas repletas de cariño. Vale que quedan cosas pendientes. Torradas, Drach, noches mezcladas con mañanas de marzo, conciertos con el Gran Chemi y el Maestro Cortés, robarle besos a alguna Géminis, pedirle perdón por hacerlo, suplicar que me lo vuelva a dejar hacer y despertar del sueño, las cenizas del padre de Keith en negro sobre blanco, el perfeccionamiento del Bloody Mary, lo nuevo de Igor Paskual, el próximo e inminente pelotazo nacional de Uzzhuaïa, saltar desde donde las casas parecen fichas del Monopoly, perderme con buena compañía en alguna parte de cualquier sitio. No ando falto de tachones en mi lista. La seguiré ampliando, seguro, mientras en mi ipod, lo que algunos llaman cerebro, suena Robe y la filosofía de vida que entona con ‘Salir’. Echamos el cierre a estas primeras cuarenta y ocho horas ganando en el ultimo minuto con un gol en fuera de juego, y solo me viene a la mente aquello de ‘…yo, más humilde soy, y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente…’. ¡Feliz Veinteonce!