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martes, 16 de diciembre de 2014

Jack Nicholson y la espalda de tus recuerdos.

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Jack Nicholson tiene alzheimer.

Después de estas cuatro palabras, ya nada bueno puede venir.

Aunque no esté confirmado.

Pero si ha saltado a los tabloides digitales del artisteo de Jolibud, es porque el río peces trae.

Poca cosa podemos hacer salvo lanzarnos a cualquier videoteca legal a revisar alguna de sus obras. A mí siempre me ha dado pereza ver algunos de sus clásicos. No he visto 'El resplandor'. Y solo algún trozo del metraje de 'Alguien voló sobre el nido del cuco'. Y me la sopla lo que digan los puretas o modernos.

Jack es buen actor. Es incontestable. Incluso haciendo de Joker. Y de hijoputa es sublime. Creo que lo hace como nadie. Como en 'Infiltrados'. O en 'Mejor... imposible', aunque en esta se redime al final. Pero del gran Jack me gusta el personaje, el halo. Sus gafas negras, su primera fila en los Lakers y esa leyenda acerca de que Dios le proporcionó un talento descomunal en la bisectriz de sus piernas. Dos talentos tiene el tío. Tres, si sabe usar el que no es actuar.

Más allá del drama -del que no conviene frivolizar por aquello de no herir sensibilidades, a pesar de poder hablar de ello con conocimiento de causa-, me fascina la pena que siento cuando pienso que Jack no va a recordar esas pequeñas cosas que nos hacen sentirnos vivos de cojones: sus filtreos con Jennifer Lawrence en los Oscar, el seducir a (un montón de) mujeres, las maravillas de Kareem, Magic, Kobe y Pau en el Forum primero y el Staples Center después... Todo eso me da un poco de pena por Jack.

Ojalá yo viva un montón, pero solo para recordar. Recordar tu sonrisa con aquellas primeras y nerviosas cervezas, la manera en que mueves la cucharilla del café cualquier domingo, el olor a tu nuca mientras bailo contigo cuando nadie nos ve y descorcharte bien cuando nadie nos oye. Ojalá sepa siempre recordar el mapa del mar de tu espalda con las islas que conforman tus lunares, porque si no es así, este invento no tiene ningún sentido.

Joder Jack, me has provocado hasta convertirme en un poco moñas.

Menos mal que, de momento, siempre nos quedará el cabrón de Bill Murray.

jueves, 20 de febrero de 2014

Es solo un truco.

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Es imposible. Haciéndolo solo una vez, es imposible. Es preciso repetir el proceso una y otra vez. Desnudarla una y mil veces, si hace falta. Descubrir sus recovecos, sus matices. Explorar cada uno de sus rincones, disfrutar de las sombras y verla con los ojos bien abiertos. Como los de un niño cuando descubre la nieve. O cuando ve a lo lejos los fuegos artificales.

Con los ojos grandes. Con una sonrisa.

Y dejarse llevar. Por todo. Y volver a pasar por el mismo lugar, que es igual aunque parezca distinto. Y poner más hielo en la copa. O pedir otra directamente. Y que se erice la piel a cada palabra, a cada nota. Y viajar. Y reir. Y morir para volver a nacer.

Y acabar. Y recordar cada instante. Y dejar de ser triste. Y soñar con llegar a viejo. Porque siendo viejo uno puede apreciar aquello que ha tocado, comido y bebido cuando era joven. Y porque no. Aquello que ha bailado. Con más o menos ropa. En horizontal o vertical, pero bailar al fin y al cabo. Sonando la Carrà o Bizet. Pero que no pare el carrusel.

Y decir no cuando es no, a pesar que ellos todos y ellas todas quieran oir un sí.

Y pensar en las mañanas sin haber dormido. Y arreglarse el pelo, la camisa, refrescarse ligeramente y llegar paseando, con la cabeza alta, a la alcoba solitaria, donde solo espera aquel mar que uno tuvo alguna vez.

Hace tiempo que ya no se si les hablaba de ti o de ella. Aunque para mi ambas sois La Gran Belleza.

A pesar de que puede que todo esto sea solo un truco.

miércoles, 28 de agosto de 2013

De francachela con Vincent Cassel (que anda jodido el pobre).

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Amigo, lo siento. He leído lo tuyo con Monica en LA Internet y luego habéis sido portada de los corrillos catódicos del colorín, esos que endulzan la previa de las hostias de las noticias de la vida real. Supongo que andarás pelín jodido, porque tu señora es eso, una Señora con mayúsculas. Pero míralo por el lado positivo. Tu legado está a salvo en este mundo, y has sido capaz de tenerla catorce años a tu vera y tener el lujazo de verla despertar cada mañana con la cara lavá, que dice la copla. Que si, que se levantaba con un humor de perros y hasta que no se tomaba su café no te decía 'Bonjour Vin', pero, chico, eso pasa en casi todas las alcobas del planeta, así que no me seas tiquismiquis.
Ahora igual tendrás que aguantar un poco el babeo, y alguna faltada, del personal, pero es algo normal. No te has separado de Rosie O'Donnell, que si, muy maja y todo eso, pero ni punto de comparación. Tú sabes perfectamente a lo que me refiero. Pero nada, tú, oídos sordos, que esos mendas no te llegan a la suela del zapato, y sí, aunque hay cosas sinceras por ahí, eres the real madafaca.

Algo no iría bien en vuestro nidito porque, según me cuentan, las separaciones por trabajo eran cada vez más largas. Pero bueno, luego los reencuentros son más molones, con más pasión, en plan gel To Play y tal. También es cierto que las hipotéticas canitas al aire y los filtreos hayan podido ser más frecuentes por tu parte y, aunque se que eres un caballero, hay momentos en que no dejamos de ser primates ligeramente evolucionados. Y jugando un pelín a Celestina, igual eso a ella le haya podido mosquear un poco. Tú por ahí rodando y ella en la casa de Roma - la casa se la queda ella, ¿no? - con la pata quebrada, tomando capuccinos hasta el hartazgo y Fontana di Trevi arriba, Piazza de Spagna abajo. Que oye, caminar es bonito, pero lo mucho cansa.

Te decía que vas a tener que aguantar correa con esta movida. Y tus colegas fijo que sueltan su retranca. Seguro que alguna chufla por parte del cabrón de Matt ya te ha llegado vía WhatsApp Golden Premiumm, esa aplicación que solo tenéis unos cuantos elegidos, con los muñequitos en color dorado en vez de verde, donde el double check SI significa que el destinatario ha leído el mensaje. No seas muy borde con el pobre Matt, necesita un poco de cariño después de rodar el truño de 'Elysium' y ha ido hecho unos zorros jugando a los marines modernos, con una especie de calculadora en el pecho o algo así y rapadito al uno. Rollo Waterworld y eso, no te digo más.

Con quienes si has de tener cuidado es con Daniel y con George. Sobre todo con George. Anda un poquito ocioso con sus movidas, y ahora ha soltado el bulo que es un tío con muchas inseguridades y todas esas gaitas poniendo cara de cordero degollado, para que todas que se le acerquen, (Rosie, tú no) suelten un suspiro y un mohín como cuando ven gatetes en Instagram o cachorritos de cerdo vietnamita y les salga el rollo madre para luego ser Electras en potencia. Daniel va de Bond todo el rato, como con cara de reflexivo después de montar un mueble de Ikea con la luz apagada y sin mirar el plano. No te fíes del gatito de Chesire, pero tampoco le hagas tampoco mucho caso si te dice que ha quedado con una morenaza en el Palazzo Manfredi, - porque decías que se quedaba al final en Roma, ¿verdad? - que seguramente será su Rachel, que en fondo, está muy calzonazos, con emoticonos con corazoncitos en los ojos, por su mujer.

Así que, igual lo mejor es que le pidas a George el llavero de Playboy que abre su casa del lago Como para que estés allí unos días o, mejor, te pires para Croacia y sus playas azules y modelos eslavas.
Tú tranquilo, que una mancha de mora con otra se quita. ¿Estos billetes de avión para Roma dices? No hagas caso, es que nos vamos Nada Importa y yo a ver si nos compramos unas Lambrettas vintage, que nos hemos hecho ultra hipsters.

Cuidate Vincent, eres sangre de mi sangre, hermano.

Paz y amor.

viernes, 10 de mayo de 2013

Sé que fuiste tú, Fredo.

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«Soy el que mejor juega al mus desde que se inventó y hago los mejores cócteles porque les pongo amor, que es un ingrediente que no le pone la gente. Cuando mezclo los ingredientes, pienso en lo feliz que vas a ser cuando te lo tomes...».

Sé que fuiste tú. 

No me cabe la menor duda. Yendo a Alemania, mariconeando o colgado de la cintura de cualquier guiri alemana o sueca. Con tu boina enroscada o buscándole las vueltas a Conchita Velasco, que también merece una tarde de estas, antes de que sea idem.

Ahora todos hablarán de lo bueno que fuiste, que creaste un género de risas, bañadores y señoras estupendas, menospreciando algunos las sesiones de cine de pueblo, donde solo pretendías hacer reír a la platea, a base de bondad, simpatía y una cara pan que tiraba de espaldas.

Que cabrones que son. Que cabrones que somos.

Pues que quieres que te diga. Que con aquellas me divertía mucho. Son parte de aquellas tardes, cuando el invierno era invierno de batín y estufa roja y en casa la siesta competía con alguna de tus aventuras. Y tus aventuras casi siempre perdían con todos. Menos conmigo. Ya sabes, soy un poco viejuno, me gusta leer periódicos de papel y estas cosas me recuerdan a aquellos días. Y me la sopla que los modernos que olisquean por aquí se atusen sus barbas y asientan negativamente o que las bonitas damas ya no quieran momentos incontables, de no contar, en cualquier baño de cualquier lugar. Repito, me la sopla. Aquellas películas eran buenas, incluso transmitían mensajes sociales que ríete tú del Haneke ese.

Pero es que luego vino aquello de las películas 'serias' y lo bordaste. Todos hablarán, con razón superlativa, de 'Los santos inocentes', del bandido Fendetestas, de 'La marrana' o esa maravilla que es 'La vaquilla'. Pero me quedo con otra de las tuyas. No por ir a contracorriente ni nada por el estilo. Simplemente porque sí. Por gusto. Coño, si hasta le prestaste el apellido de tu madre al personaje. Germán Areta, ese poli que parió el Garci y que, si fuese de Ellroy, tendríamos todos el potorro hecho cocacola.

El crack. Y poco más que añadir.

Espero que los señores de las teles, La 2 es mi esperanza, programen de nuevo la peli. Para ver como le apuntas en los huevos a Bareta porque te ha jodido el menú. Para ver a Rollán con pelazo. Y a Bodalo. Para ver humo y whiskys en vaso de tubo. Porque es de esas pelis que hay que ver cuando la ponen. A la vieja usanza. Old style. Viejunos catódicos.

De los buenos, nos queda Sacristán, que como dijo alguien, tiene la cara que se merece. Y una voz cojonuda, dicho sea de paso.

Pena no haber sido de los afortunados catadores de tus dry martini.

Saluda al Fernán-Gómez. Y también al Sancho, que hace poco que se ha mudado allí y dejará de ser 'el nuevo'.

Y ya que estás, a los míos. Tú ya sabes quien.

Fredo, fuiste tú.

Gracias.

lunes, 8 de abril de 2013

Nostalgias a Sara Montiel.

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Aún resuenan en la ciudad los ecos de la vuelta de La Viuda a los escenarios, con llenos en esta pascua valenciana de San Vicente. Una delicia de obra, según me cuentan, con emotividad latente en cada instante y un pequeño gran homenaje a todas aquellas divas de la postguerra de nuestros abuelos y de algunos de nuestros padres. Por aquel escenario pasaron, si no todas, la mayoría de las artistas de la copla, tonadilla y mantón de nuestra historia en blanco y negro. Rosita, doña Concha, Libertad Lamarque, Lupe Sino... Y la Montiel. Que hoy ha enfilado el camino de ida para convertirse, más si cabe, en eterna.

Suena a cruel paradoja o a bonita casualidad. Justo cuando acabó de iluminar el foco de la producción de La Intensa, después de los abrazos y los lloros liberadores que vienen tras la recompensa del trabajo bien hecho y su éxito obtenido, al día siguiente, entre farloperas catódicas y gritos de histéricas, te lleves la leche que ha muerto la señora, si señora, del 'Fumando espero'.

Porque Sara Montiel fue señora desde siempre. 

El final de su vida difuminó el pasado dorado que tuvo con todo aquello de abrir el camino a Banderas y Penelopes que dicen ahora en todos los canales, cuando nada tiene que ver una cosa con la otra. El Hollywood que pisó Sarita era respetable. Un putiferio, si, pero respetable como una casa de citas de carretera, con sus amores de copla de León y Quiroga, las piernas bonitas un valor en alza cotizado y donde una se codeaba con Gary Cooper que estas en los cielos o con el rebelde sin causa eterno.
Lo que se han encontrado ahora sigue siendo un putiferio, si, pero con menos estilo, con mucho polvo, me da en la nariz, y paradas de sexo fácil en cualquier esquina por cualquier señora puta que no le importa no dejar de serlo.

Y no es lo mismo. Por mucho que la Pe nos ponga cuando se viste de Sofia Loren, que no es más que la Sara Montiel italiana, pero sin el toque manchego, que no es poco.

Luego vino todo lo demás, con aquel episodio bizarro del matrimonio con el cubano palomo, los pelos de colores, las saetas fuera de tiesto y todo el circo de quien se ve desamparada, perdida y desubicada cuando se queda sin el tío que la hacía feliz.

Pero siempre será aquella que lloraba en 'El último cuplé' o 'La violetera'. Violetas, como los ojos de Liz. Mira tú que cosas.

Nostalgias a Sara Montiel. Nostalgias de Sara Montiel. Siempre.

PD: En realidad, yo quería escribir algo como esto, pero Don Francisco solo habrá uno, por mucho que el papa se llame Paco.

martes, 5 de febrero de 2013

Los desórdenes sentimentales. #littlesecretfilm

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"La conocí hace dos semanas. Era una chica maravillosa, increíble. Teníamos sexo a todas horas. Se dejaba hacer de todo. Estaba convencido de que me podía casar con ella"

Esto igual podría ser una segunda parte. Una prolongación de aquel post de no hace mucho en el que se presentaba en sociedad el proyecto #littlesecretfilm. Una panda de zumbados con muchos cojones que se han propuesto no llorar por los rincones de ministerios y sociedades generales de pollo frito y mojo picón, por señalar a alguien con la culpa, que no lo tengo claro del todo.

Zumbados, decía. De esos que no se quedan sentados en el sofá y tiran de tripas para hacer lo que realmente les hace hervir la sangre. Contar historias.

Conozco muchos que cuentan historias. A través de la música, de juntar letras o de crear imágenes y fotogramas concatenados con cierto sentido. Y no es fácil.

Pregunta a Ana Rosa.

Por eso les profeso admiración. Y no me cuestan prendas reconocerlo. Y salivo, sudo y farfullo, como su fuera un virgen ante su primera mujer, si puedo estrechar sus manos, besar sus mejillas o compartir sustancias.

Luego, doy gracias a Dios por crear el vino y a los franchutes por mejorarlo.

Soy una puta groupie.

Alfredo Di Stefano, decía, dice, que para construir una casa hacen falta cinco años de estudio y para tirarla solo un martillo. Don Alfredo habla de lo difícil es crear y despertar sentimientos en la gente.

Pues esta panda de cabrones de #littlesecretfilm son arquitectos de sentimientos.

Como el que hace gambeta en un campo de regional lleno de piedras en vez de césped. O el boxeador que se rehace desde el rincón de su dolor para evitar que la toalla toque el suelo. Sentimientos.

Crean de la nada un movimiento, arriesgado, pero atractivo. Han modelado una bandera, en colores negro y sangre por el placer de crear.

Un manifiesto, un compromiso con el arte y unas normas.

Así de sencillo. Así de complicado.

Como aquellos 'Soñadores' de Bertolucci.

El que no hace cine, es porque no quiere. Las nenazas, segunda puerta a la derecha.

Ya he visto 'Los desórdenes sentimentales', nobleza y guiño con el nombre obligan. Y me parece una puta maravilla. Habla de eso, de sentimientos, de autodestrucción, de fantasmas, de ombligos, de miedo, del pasado y del futuro. Es tan de sentimientos que podría ser un serial de InterseXciones, sin duda alguna.
Y la cámara es un personaje más. Los cortes, que hay pocos, las hojas de los árboles. La economía de los planos, jugando con el entorno, haciendo casi teatro.

Y sábanas, vino, humo de cigarrillos y sexo.
Y el blanco.
Y el negro.

Y actorazos. Leyendas, promesas y realidades. A los que repartirías mamporros y besos. Drama y punk. Sentimientos, otra vez.

No voy a contar el final, ni el principio, ni la mitad. Bueno, el principio, sí. De hecho, es el texto que encabeza esta entrada.

CINE. #littlesecretfilm. Más cine, por favor.

jueves, 31 de enero de 2013

Cine a pelo. #littlesecretfilm

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La carne con un punto de sal y ligeramente sangrante. El olor a césped recién cortado. El sudor y el resuello después de un poco, o un mucho, de sexo adúltero. Las comidas poco recomendables, pero que todos hacemos. Besos, abrazos, borracheras, tonterías y resacas.

La vida está hecha de estas pequeñas cosas. Y cuando las vemos hechas por otros, en pantalla gigante y con palomitas, se llama cine.

Y el cine es una maravilla. Así, a pelo.

Cine es un acorazado ruso, Charlot, Buster Keaton y Harold Lloyd. También es Escarlata, Tara y Rhett. Ford y El Duque - John Wayne, por favor, no jodamos -. Fred y Ginger, cantar bajo la lluvia, desayunar en Tiffany's después de una noche de juerga, Billy Wilder y muchas cosas más.

Cine es, incluso, Elvis haciendo de Elvis.

Las películas de la Famiglia, De Niro, Pacino y los demás. El Rat-Pack, Jack, Newman y Redford. Sí, cine, cine, cine.

Cine es Gilda, Audrey, Liz, Marilyn, Meryl Streep, la Roberts y, que coño, Jessica Chastain.

Cine es Welles. Y Brando. BRANDO.

Cine son todos estos y estas, más los que se hayan podido quedar en el teclado. Y la inspiración provocada por todos, en cualquier parte del mundo, para que la rueda gire y nueva gente siga contando historias, también es cine.

Por eso, es motivo para celebrar una nueva iniciativa, gestada en la sombra, y que el uno de febrero verá la luz, con pinta de ser una revolución para el sector, que, entre putas y curas, póngale usted mismo las caras a los adjetivos, pretenden, sin conseguirlo, asistir a su funeral.

Porque el cine es como el rock. Nunca muere.

Un manifiesto molón. Unas normas fáciles, y difíciles a la vez, y un bofetón de aire fresco que espero, y deseo, sea el inicio de una gran amistad.

Yo, mañana, veré una primera muestra, 'Los desórdenes sentimentales' de Ramón Alfonso, con Belén Riquelme y Emilio Linder. Porque uno también tiene sus debilidades.

Descubre #littlesecretfilm. Busca su hashtag en Twitter. Indaga, investiga, siente, emociónate. 

Mis respetos a los héroes del celuloide

martes, 1 de enero de 2013

Un año para abusar

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Pues bueno. Ya estamos aquí, otra vez. Con aquello del año nuevo, las buenas intenciones y toda esa fanfarria que viene con las luces de Navidad y que se va a la primera quincena del nuevo año, justo cuando tu jefe cualquier tocapelotas te remueve, en sentido figurado, las mismísimas.

Y ahora, ya sabes lo que toca, si no eres marciano. Listas, resúmenes del año con voces bonitas y propósitos de Mickey Mouse para el año estrenado. Que, en el mejor de los casos, se van a quedar en eso, en palabras anotadas en un papel, porque siempre será mejor no revisar el colesterol y tener motivos para brindar, incluso teniendo como único motivo no tener motivo.

Los mayas nos la han jugado y nos va a tocar seguir pagando la hipoteca y mamársela al banco, como poco. Pero también nos esperan uvas cocinadas pendientes de descorchar, mesas y manteles por descubrir, nuevas religiones en forma de cuerpo de mujer, seguir con los viejos buenos vicios adquiridos y continuar practicándolos en este año que acabamos de desenvolver.

Y es que, como dice el maestro de Úbeda, hay más de cien palabras y motivos para no cortarse de un tajo las venas. Con unas cuantas pizcas de sabiduría popular en Twitter, los refranes del siglo XXI, acerca de cosas y propósitos que merecen un trago, podemos dejar a un lado esas aburridas listas:

- "Opté por darle al whatsapp el uso justo que se merece: el de SMS. Las conversaciones, tête à tête. Con los que están lejos, por teléfono." Alena KH, una inteligente chica venida del Este y que nos da sopas con honda a todos los de aquí.

- "Como sólo cuando tengo hambre, duermo sólo cuando tengo sueño y llamo sólo cuando echo de menos." Alena, otra vez. Sopas. Honda.

- "Fóllate a tu jefe y que se jodan las de contabilidad." La buenorra de Desigual. Traducción: mola ser jefe.

- "No creo en cambios bruscos. Feliz 2013". Sara Ele, una fan de Audrey, entre otras cosas. Un respeto.

- "Mis mejores deseos para todos en 2013: que veáis grandes partidos de fútbol, que os emocionen muchas pelis y que folléis mucho". Paco Gisbert, porque a nadie le amarga un dulce. Ni una caja entera.

- "Reading is sexy". Los colegas de Jot Down llevan una preciosa galería de imágenes que lo constata. Y la verdad, es muy sexy.

Pero bueno, todas las opciones, deseos y cosas de esas se pueden resumir en uno solo, recibido de un buen amigo entre copa y copa: "Abusa lo que puedas, pero no te suicides", que no es más que un Carpe Diem, pero sin pijadas ni mariconadas.

martes, 18 de septiembre de 2012

Highway to hell (o Cuero español, que es más castizo)

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Y yo que pensaba que con el final del verano se iba a acabar el/la calor.

Menudo iluso gilipollas ignorante que estoy hecho.

Supongo que el famoso video de la concejal inolvidable dándole a la digitopuntura para su deleite propio y el de su churri pelotero os habrá llegado de alguna forma u otra. Y supongo también que habréis valorado la estética de su anatomía, su cadencia en el ritmo, su expresión facial y su artística capacidad de persuasión. Y supongo que no lo habréis hecho con estas mismas palabras, a no ser que tengáis cerca a vuestra jefa de Recursos Humanos o a la compañera buenorra y os tengáis que morder la lengua como buen miembro de la famiglia y proyecto de hombre de bien.

Y también habrá sido alguna base de tertulia de bar y tapas el top-less de la hermana de Pippa, la casada con el hijo mayor de aquel príncipe que tenía una mujer mojigata y siempre triste pero resultona, pero que prefería a otra un poco más pasa con pinta de directora de internado y que quería ser el tampax o alguna guarrada de esas que solo se decían por teléfono y que ahora se teclean por el WhatsApp, jugándote la vida, la casa y el coche, melón.

Pues nada, todo esto es una cuidada y esmerada estrategia de marketing para calentar nuestros ceniceros con respecto a la serie web que va a calentar, valga la repetición del verbo, el otoño. Ejem, vale, igual los casos de antes son casualidad, pero nos sirven de aperitivo para el estreno de DiscreetHearts.com, serie que va de la mano de un portal de contactos para eso. Sí, ESO que estáis pensando.

El pistoletazo de salida fue en Valencia el pasado viernes. En Ruzafa, donde sí no. Copetín y taconazo para la puesta de largo, con exposición fotográfica y presentación del primer capítulo por parte del dire, Miguel Ángel Font, que también tiene en la rampa de lanzamiento un interesante proyecto de terror llamado Llagas, y que está on fire.

La serie promete y tiene un inicio con una boda, que no es el final, sino el comienzo. Y que bueno, no voy a destripar aquí porque lo suyo es que le des al click y que la cosa esta de la audiencia internetera suba como la espuma, los actores sigan trabajando con el equipo molón y que el champagne y los macarons sean el menú de los desayunos. Y los diamantes, si eso, se los dejamos a Audrey.

Igual lo puedes ver con una mano. Dale pues.

PD: La morenaza de la foto es Sandra Grima, mi segunda actriz favorita de la serie.

miércoles, 25 de abril de 2012

El nuevo hombre, de nuevo.

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Ya me gustaría que se pagarán algo los de Old Spice, pero no.

Vale. Toca revisar el armario. Y no me refiero a este, ni al vuestro, ni al del arco iris con premio extra de trabajo en las teles del espectáculo. Ni siquiera al de la ropa, aunque igual en parte sí. Hombres, compadres, potenciales rivales en las noches de amor, copazos y lujuria entre sabanas de blanco satén. Olvidad todo aquello que habéis aprendido, romped vuestros automatismos y tretas para que os compren la luna como crápula vividor en el gimnasio, barra de bar preferida o banco de la iglesia, que sé que algunos lo hacéis. Ellas nos han calado, se han cansado de su antiguo juguete y nos van a volver a hacer bailar como una peonza. El ciclo ha vuelto, vuelve Jacq's y su jaca enseñando muslamen. Porque al jodido Jacq’s no nos lo imaginamos de oficinista, café de máquina y socio del club geek. No, el tipo ha de ser de Santos Trinidad para arriba. Caballeros, ahora ellas quieren que seamos hombres con todas las letras. Manda huevos, ahora que me había aprendido el PH de mi piel.
Atrás han quedado los hombres silvestres y un poco más cerca, pero atrás también, los metrosexuales, con el bonico David mendigando ir a los Juegos Olímpicos y jugando pachangas de soccer californiano, con el consiguiente cabreo de su señora estupenda. A George le vacilan las consumidoras de café y ni le piden su facebook, ni teléfono ni nada para un quítame allá esas capsulas, Malkovich pasa de historias y es Dios directamente, a Rusell parece que se lo haya tragado una ola, y Brad anda de lo suyo con la tropa.
Y ellas, las que mandan, no lo olvidemos, las que nos manejan a su antojo, las que te desesperan si no te contestan enseguida al WhatsApp que mandaste hace 3 minutos, con sus biblias de cabecera, sus canales temáticos y sus gurús de la igualdad mal entendida que solo usan en el sexo, teniendo así la coartada perfecta para no ser señaladas como zorrupias con ínfulas, han dicho que se acabó. Mariconadas las justas. Y cremitas, menos. Menos flores y más cunnilingus. Tienen nuevos machos alfa. Nos obligaron a coger perfectas resacas con los mojitos, le hemos puesto pétalos, pepino y cosas más raras al gintonic, nosotros, que somos más clásicos que los Castellanos de El Vedat y siempre hemos mojado el hielo con whisky. Beben los vientos por un par de nuevos, y nos toca ser, sí queremos mantener el nivel o iniciarnos en él, ratones y seguir la flauta de Hamelín parida en las cabeceras americanas de Conde Nast, Hearst y las colinas de California, donde guionistas, putas y jugadores le dan a la tecla para arrimarse al árbol que toca y que su sombra haga sonar la caja registradora. Y nosotros pendientes de la guerra mundial de las galaxias del balón, sin ver las señales de los advenedizos que nos indican el camino a seguir.
Los pozos de la sabiduría, agujeros de temores y manuales de instrucciones, aquí y aquí.

Y mientras, estos cabrones que se las saben todas, descojonándose en el sexto infierno, porque ya lo sabían. Sí es que nada mejor que volver a los orígenes.

PD: ¿Y qué pensará de esto Sònia Valiente?

martes, 3 de enero de 2012

Dosmildoce

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Y de nuevo aquí. Parece que no nos hayamos movido, pero lo hemos hecho. Y tanto. Pero tenemos la absurda percepción que si no cambias de aguas, no has hecho nada nuevo bajo el sol de la Toscana. Y no es así. De aquella noche a esta hemos salido, hemos vivido, hemos muerto entre papeles y hemos resucitado echándole un par y apretando los dientes. Hemos estrechado vínculos y hemos alargado cuerdas que llevan a Zaragoza y London, por poner solo dos ejemplos. Y quedan lejos las noches de verano. Y vemos que el camino hecho al andar tampoco nos fue tan mal y quizá volvamos a caer en las piedras que están en él, o las pongamos nosotros porque no queremos andar, siendo una patética y china copia de Daniel el Mochuelo. Tuvimos conciertos, robamos besos de los que fuimos absueltos y los secretos de camerino quedarán ahí, salvo el día que me vaya de gira para hablar de ellos. Y las gentes de provincias que viajamos con una maleta con doble protección de correa conocimos las Balmain. E incluso aquella última noche se pareció bastante a la de hace un par de días, con Joe Pesci, De Niro y Ray Liotta como colegas de sangre y sofá esta vez, pero con la retina más llena de nuevas gentes, y esperando que alguien haga realidad, porque no, el que podamos ser Eddie Morra.
¿Y qué hay tras el inicio del paseo? El planteamiento, nudo y desenlace de la uva, la ciudad de los tejados, más música, Pepe, Chemi, El Dos y otros chicos del montón, las Camper porque sí, con todo lo que significan, la niña de la Barceloneta, rock en teatros, teatros de rock, brindar siempre por los que no están presentes pero nunca ausentes, ese bendito y adictivo descubrimiento que es Formspring y sus duendes, The Sheenas, desgranar el secreto de Ozzy pasando las hojas mojando cualquiera de los dedos, sin Kindle ni ostías, reservarme los secretos de alcoba para mi pater de cabecera o para alguna Magdalena y así intentar mantener interesante estas entradas, saldar las deudas a mi favor, el nuevo trabajo de Los Perros del Boogie, las copas pendientes con Garaje Jack y descubrir qué situación será la que me permita u obligue a no estar donde dicen estar los demás. Sí un buen café con una generosa degustación de malteados, humo y risas sinceras que se alargan hasta la madrugada es mejor que uvas, tonadilleras catódicas y combinados de garrafa al toque de campana, ¿qué más da que nos adelantemos unas cuantas horas y le demos un día de más al nuevo?

jueves, 24 de marzo de 2011

La gata sobre el tejado de zinc

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Y se marchó. En España fue a mediodía, según las agencias, siendo mediodía las dos de la tarde. Y en ese momento, por mi ventana paró de llover, como si no quedaran lágrimas para plañir su viaje. Espero que Caronte adecente su barca, o mejor, que la cambie por una góndola con vestuario de carnaval veneciano y una botella de cristal bien frío esté esperándola. Porque ella se merece eso y más. Podría escribir mil cosas acerca de ella, los motivos por los que la vamos a echar de menos, hablar de su filmografía o citar su vestuario. Podría recordar sus inicios como estrella infantil al lado de actores de cuatro patas, como Lassie, y con una madre que descargaba su fracaso para encumbrar el éxito de su hija como gallina de los huevos de oro, su camino por el lado salvaje cuando se gritaba ‘corten’, con botellas de alcohol y sobrepeso, sus ocho matrimonios…
Podría hablar de sus dos Oscar, de su arrebatador glamour, cuando esta palabra aún significaba algo, de su amistad desinteresada con Michael Jackson, quizá la única sincera que tuvo Jacko, su activismo contra el SIDA desde que murió su amigo Rock Hudson, de Cleopatra, que será siempre ella…
Como dice Pereza ‘ya no se que contarte, que no te haya(n) contado ya’. En estas horas, han corrido ríos de tinta y sonar de teclados con su marcha. Incluso antes, ya que en un cajón de 'The New York Times' reposaba hace tiempo su obituario, modificado y revisado ayer mismo, justo cuando se descubre que un agujero negro devora a una estrella. Que bonita y tétrica casualidad.
Es vertiginoso hablar de ella. No es fácil sin caer en el tópico. Pero tengo su color metido en la cabeza, desde la primera letra de este texto. Aunque piense en Richard Burton y su tormentosa relación, con excesos, cartas de amor suicidas, noches sin fin y vajillas y jarrones hechos añicos. Incluso maldiciendo a Newman, más bien a su personaje, por sus desplantes en ‘La gata sobre el tejado de zinc’, y rebelándose, al no provocar el deseo en su marido, con aquello de “No vivo contigo. Ocupamos la misma jaula, eso es todo”.
Una mujer a la que, como a Marilyn, su gran rival en aquella época dorada del celuloide que ya no volverá, no querías imaginarla vieja, sino debajo de los focos, bella, joven, suave, con cualquiera de sus ocho maridos o de sus parejas en la ficción, pero no inerte en la cama, hinchada de drogas o en una silla de ruedas, como una cliente de Marina d’Or. Deseabas verla gritar, reír, desesperar y que te diga, aunque sea en sueños, que tú eras su hombre, y poder verla entre las sabanas por la mañana, natural, sin maquillar, sonriente y sin resaca ni mal humor. Porque no hay lugar para eso en los sueños.
Se han ido de golpe Martha, Cleopatra, Laura, Catherine, Leonor, la gata y la hija del padre de la novia. Una parte de la historia del cine de historias, con buenos textos y mejores actores, sin efectos, ni 3D, que tampoco hacían falta entonces. Una chica normal, que en el fondo igual solo quería casarse para ser feliz y que, intentándolo, dio carnaza, fama y aumentó su leyenda de grande con mayúsculas. Y sus ojos. Lo siento. Caí en el tópico. Ese color. Violetas. Hipnóticos. Legendarios. Irrepetibles.
Apuro las líneas mientras bebo algo y suena ‘La bahia’ de Igor Paskual, que es un trozo de un gran disco. Me gustaría decir que ese algo es un buen brandy o whisky, pero no lo haré. Y me viene a la cabeza aquello que escribió Ray Davies desearía que mi vida fuese una película de Hollywood sin fin, un mundo de fantasía de héroes y villanos de celuloide porque los héroes de celuloide nunca sienten ningún miedo y los héroes de celuloide nunca mueren realmente.
Vosotras tenéis al príncipe azul, pero nosotros siempre tendremos a Elisabeth Taylor. Mis respetos y mis lagrimas color violeta.

lunes, 3 de enero de 2011

VEINTEONCE

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Nuevas cifras. Buenos propósitos, mejores deseos y una aureola de falsa alegría y paz para el mundo. No es algo placentero para aquel que prefiere el gospel, igual que los grandes, a los peces en el río, y más si atronan antes de celebrar el cumpleaños de la Constitución y no se pulsa el off, hasta pasados los caballeros del GPS brillante del oro, incienso y mirra. La adopción de nuevas, y buenas, costumbres me libró de dar besos y abrazos faltos de virtud, por aquello de lo usados que lo están, junto con la palabra edulcorada las noches del 24 y del 31. La primera noche fue por puro placer y la segunda por griposa necesidad, pero me ofertaron un plan alternativo, catódico y casero muy agradable. Sobre todo el 31. Donde antes había traje de gala, carmín en la camisa y una resaca de campeonato ahora había manta, cena ligera, ibuprofeno, una buena copa de brandy y películas clásicas. Bueno, no se si los bailes de pandillero de un joven Travolta con tupé llega a la categoría de clásico para los puristas. Y tampoco tengo claro que compartir birras y bolos con El Nota, con Dylan marcando sus pasos en bata lo sea, pero si lo son las andanzas de Cary Grant, James Manson y Eva Marie Saint por el monte Rushmore en ‘Con la muerte en los talones’ y los zapeados con cantantes de ritmo chicle en las teles generalistas. Y con la mezcla de la droga regulada y la destilación en sangre del brandy, la gran pregunta. ¿Y ahora qué? ¿Seguimos igual o intentamos mejorar? La verdad es que no me ha ido mal este Veintediez. Música en directo, de la buena, viajes, nuevos lazos, paraísos, ensaimadas, muchos brindis, camaradería, sigo con nómina, nueva y mejorada emisora radio de cabecera, tic-tac en mi cabeza… Si, no ha estado mal, y no ha habido bajas en el once inicial ni en el resto de la plantilla, así que podemos darnos por satisfechos. Y encima el uno de enero, con ausencia de efectos secundarios alcohólicos, bastante tenía ya con los gripales, la lectura, la siesta con inverosímiles torsiones de cuello y, de nuevo, la tele de pago con sus programas. Pelos como escarpias, otra vez, con el gol de Iniesta y todo lo que significa, antes, durante y después de la volea, atracos perfectos a casinos, John Belushi haciendo reír a toda América en cada página mientras se muere por dentro entonando la verdadera balada triste de trompeta, dos o tres sms típicos y un par de llamadas repletas de cariño. Vale que quedan cosas pendientes. Torradas, Drach, noches mezcladas con mañanas de marzo, conciertos con el Gran Chemi y el Maestro Cortés, robarle besos a alguna Géminis, pedirle perdón por hacerlo, suplicar que me lo vuelva a dejar hacer y despertar del sueño, las cenizas del padre de Keith en negro sobre blanco, el perfeccionamiento del Bloody Mary, lo nuevo de Igor Paskual, el próximo e inminente pelotazo nacional de Uzzhuaïa, saltar desde donde las casas parecen fichas del Monopoly, perderme con buena compañía en alguna parte de cualquier sitio. No ando falto de tachones en mi lista. La seguiré ampliando, seguro, mientras en mi ipod, lo que algunos llaman cerebro, suena Robe y la filosofía de vida que entona con ‘Salir’. Echamos el cierre a estas primeras cuarenta y ocho horas ganando en el ultimo minuto con un gol en fuera de juego, y solo me viene a la mente aquello de ‘…yo, más humilde soy, y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente…’. ¡Feliz Veinteonce!