martes, 16 de diciembre de 2014
Jack Nicholson y la espalda de tus recuerdos.
jueves, 20 de febrero de 2014
Es solo un truco.
miércoles, 28 de agosto de 2013
De francachela con Vincent Cassel (que anda jodido el pobre).
Amigo, lo siento. He leído lo tuyo con Monica en LA Internet y luego habéis sido portada de los corrillos catódicos del colorín, esos que endulzan la previa de las hostias de las noticias de la vida real. Supongo que andarás pelín jodido, porque tu señora es eso, una Señora con mayúsculas. Pero míralo por el lado positivo. Tu legado está a salvo en este mundo, y has sido capaz de tenerla catorce años a tu vera y tener el lujazo de verla despertar cada mañana con la cara lavá, que dice la copla. Que si, que se levantaba con un humor de perros y hasta que no se tomaba su café no te decía 'Bonjour Vin', pero, chico, eso pasa en casi todas las alcobas del planeta, así que no me seas tiquismiquis.
Algo no iría bien en vuestro nidito porque, según me cuentan, las separaciones por trabajo eran cada vez más largas. Pero bueno, luego los reencuentros son más molones, con más pasión, en plan gel To Play y tal. También es cierto que las hipotéticas canitas al aire y los filtreos hayan podido ser más frecuentes por tu parte y, aunque se que eres un caballero, hay momentos en que no dejamos de ser primates ligeramente evolucionados. Y jugando un pelín a Celestina, igual eso a ella le haya podido mosquear un poco. Tú por ahí rodando y ella en la casa de Roma - la casa se la queda ella, ¿no? - con la pata quebrada, tomando capuccinos hasta el hartazgo y Fontana di Trevi arriba, Piazza de Spagna abajo. Que oye, caminar es bonito, pero lo mucho cansa.
Te decía que vas a tener que aguantar correa con esta movida. Y tus colegas fijo que sueltan su retranca. Seguro que alguna chufla por parte del cabrón de Matt ya te ha llegado vía WhatsApp Golden Premiumm, esa aplicación que solo tenéis unos cuantos elegidos, con los muñequitos en color dorado en vez de verde, donde el double check SI significa que el destinatario ha leído el mensaje. No seas muy borde con el pobre Matt, necesita un poco de cariño después de rodar el truño de 'Elysium' y ha ido hecho unos zorros jugando a los marines modernos, con una especie de calculadora en el pecho o algo así y rapadito al uno. Rollo Waterworld y eso, no te digo más.
Con quienes si has de tener cuidado es con Daniel y con George. Sobre todo con George. Anda un poquito ocioso con sus movidas, y ahora ha soltado el bulo que es un tío con muchas inseguridades y todas esas gaitas poniendo cara de cordero degollado, para que todas que se le acerquen, (Rosie, tú no) suelten un suspiro y un mohín como cuando ven gatetes en Instagram o cachorritos de cerdo vietnamita y les salga el rollo madre para luego ser Electras en potencia. Daniel va de Bond todo el rato, como con cara de reflexivo después de montar un mueble de Ikea con la luz apagada y sin mirar el plano. No te fíes del gatito de Chesire, pero tampoco le hagas tampoco mucho caso si te dice que ha quedado con una morenaza en el Palazzo Manfredi, - porque decías que se quedaba al final en Roma, ¿verdad? - que seguramente será su Rachel, que en fondo, está muy calzonazos, con emoticonos con corazoncitos en los ojos, por su mujer.
Así que, igual lo mejor es que le pidas a George el llavero de Playboy que abre su casa del lago Como para que estés allí unos días o, mejor, te pires para Croacia y sus playas azules y modelos eslavas.
Cuidate Vincent, eres sangre de mi sangre, hermano.
Paz y amor.
viernes, 10 de mayo de 2013
Sé que fuiste tú, Fredo.
lunes, 8 de abril de 2013
Nostalgias a Sara Montiel.
martes, 5 de febrero de 2013
Los desórdenes sentimentales. #littlesecretfilm
jueves, 31 de enero de 2013
Cine a pelo. #littlesecretfilm
martes, 1 de enero de 2013
Un año para abusar
- "Fóllate a tu jefe y que se jodan las de contabilidad." La buenorra de Desigual. Traducción: mola ser jefe.
martes, 18 de septiembre de 2012
Highway to hell (o Cuero español, que es más castizo)
miércoles, 25 de abril de 2012
El nuevo hombre, de nuevo.
martes, 3 de enero de 2012
Dosmildoce
¿Y qué hay tras el inicio del paseo? El planteamiento, nudo y desenlace de la uva, la ciudad de los tejados, más música, Pepe, Chemi, El Dos y otros chicos del montón, las Camper porque sí, con todo lo que significan, la niña de la Barceloneta, rock en teatros, teatros de rock, brindar siempre por los que no están presentes pero nunca ausentes, ese bendito y adictivo descubrimiento que es Formspring y sus duendes, The Sheenas, desgranar el secreto de Ozzy pasando las hojas mojando cualquiera de los dedos, sin Kindle ni ostías, reservarme los secretos de alcoba para mi pater de cabecera o para alguna Magdalena y así intentar mantener interesante estas entradas, saldar las deudas a mi favor, el nuevo trabajo de Los Perros del Boogie, las copas pendientes con Garaje Jack y descubrir qué situación será la que me permita u obligue a no estar donde dicen estar los demás. Sí un buen café con una generosa degustación de malteados, humo y risas sinceras que se alargan hasta la madrugada es mejor que uvas, tonadilleras catódicas y combinados de garrafa al toque de campana, ¿qué más da que nos adelantemos unas cuantas horas y le demos un día de más al nuevo?
jueves, 24 de marzo de 2011
La gata sobre el tejado de zinc
Podría hablar de sus dos Oscar, de su arrebatador glamour, cuando esta palabra aún significaba algo, de su amistad desinteresada con Michael Jackson, quizá la única sincera que tuvo Jacko, su activismo contra el SIDA desde que murió su amigo Rock Hudson, de Cleopatra, que será siempre ella…
Como dice Pereza ‘ya no se que contarte, que no te haya(n) contado ya’. En estas horas, han corrido ríos de tinta y sonar de teclados con su marcha. Incluso antes, ya que en un cajón de 'The New York Times' reposaba hace tiempo su obituario, modificado y revisado ayer mismo, justo cuando se descubre que un agujero negro devora a una estrella. Que bonita y tétrica casualidad.
Es vertiginoso hablar de ella. No es fácil sin caer en el tópico. Pero tengo su color metido en la cabeza, desde la primera letra de este texto. Aunque piense en Richard Burton y su tormentosa relación, con excesos, cartas de amor suicidas, noches sin fin y vajillas y jarrones hechos añicos. Incluso maldiciendo a Newman, más bien a su personaje, por sus desplantes en ‘La gata sobre el tejado de zinc’, y rebelándose, al no provocar el deseo en su marido, con aquello de “No vivo contigo. Ocupamos la misma jaula, eso es todo”.
Una mujer a la que, como a Marilyn, su gran rival en aquella época dorada del celuloide que ya no volverá, no querías imaginarla vieja, sino debajo de los focos, bella, joven, suave, con cualquiera de sus ocho maridos o de sus parejas en la ficción, pero no inerte en la cama, hinchada de drogas o en una silla de ruedas, como una cliente de Marina d’Or. Deseabas verla gritar, reír, desesperar y que te diga, aunque sea en sueños, que tú eras su hombre, y poder verla entre las sabanas por la mañana, natural, sin maquillar, sonriente y sin resaca ni mal humor. Porque no hay lugar para eso en los sueños.
Se han ido de golpe Martha, Cleopatra, Laura, Catherine, Leonor, la gata y la hija del padre de la novia. Una parte de la historia del cine de historias, con buenos textos y mejores actores, sin efectos, ni 3D, que tampoco hacían falta entonces. Una chica normal, que en el fondo igual solo quería casarse para ser feliz y que, intentándolo, dio carnaza, fama y aumentó su leyenda de grande con mayúsculas. Y sus ojos. Lo siento. Caí en el tópico. Ese color. Violetas. Hipnóticos. Legendarios. Irrepetibles.
Apuro las líneas mientras bebo algo y suena ‘La bahia’ de Igor Paskual, que es un trozo de un gran disco. Me gustaría decir que ese algo es un buen brandy o whisky, pero no lo haré. Y me viene a la cabeza aquello que escribió Ray Davies “desearía que mi vida fuese una película de Hollywood sin fin, un mundo de fantasía de héroes y villanos de celuloide porque los héroes de celuloide nunca sienten ningún miedo y los héroes de celuloide nunca mueren realmente”.
Vosotras tenéis al príncipe azul, pero nosotros siempre tendremos a Elisabeth Taylor. Mis respetos y mis lagrimas color violeta.
lunes, 3 de enero de 2011
VEINTEONCE
Nuevas cifras. Buenos propósitos, mejores deseos y una aureola de falsa alegría y paz para el mundo. No es algo placentero para aquel que prefiere el gospel, igual que los grandes, a los peces en el río, y más si atronan antes de celebrar el cumpleaños de la Constitución y no se pulsa el off, hasta pasados los caballeros del GPS brillante del oro, incienso y mirra. La adopción de nuevas, y buenas, costumbres me libró de dar besos y abrazos faltos de virtud, por aquello de lo usados que lo están, junto con la palabra edulcorada las noches del 24 y del 31. La primera noche fue por puro placer y la segunda por griposa necesidad, pero me ofertaron un plan alternativo, catódico y casero muy agradable. Sobre todo el 31. Donde antes había traje de gala, carmín en la camisa y una resaca de campeonato ahora había manta, cena ligera, ibuprofeno, una buena copa de brandy y películas clásicas. Bueno, no se si los bailes de pandillero de un joven Travolta con tupé llega a la categoría de clásico para los puristas. Y tampoco tengo claro que compartir birras y bolos con El Nota, con Dylan marcando sus pasos en bata lo sea, pero si lo son las andanzas de Cary Grant, James Manson y Eva Marie Saint por el monte Rushmore en ‘Con la muerte en los talones’ y los zapeados con cantantes de ritmo chicle en las teles generalistas. Y con la mezcla de la droga regulada y la destilación en sangre del brandy, la gran pregunta. ¿Y ahora qué? ¿Seguimos igual o intentamos mejorar? La verdad es que no me ha ido mal este Veintediez. Música en directo, de la buena, viajes, nuevos lazos, paraísos, ensaimadas, muchos brindis, camaradería, sigo con nómina, nueva y mejorada emisora radio de cabecera, tic-tac en mi cabeza… Si, no ha estado mal, y no ha habido bajas en el once inicial ni en el resto de la plantilla, así que podemos darnos por satisfechos. Y encima el uno de enero, con ausencia de efectos secundarios alcohólicos, bastante tenía ya con los gripales, la lectura, la siesta con inverosímiles torsiones de cuello y, de nuevo, la tele de pago con sus programas. Pelos como escarpias, otra vez, con el gol de Iniesta y todo lo que significa, antes, durante y después de la volea, atracos perfectos a casinos, John Belushi haciendo reír a toda América en cada página mientras se muere por dentro entonando la verdadera balada triste de trompeta, dos o tres sms típicos y un par de llamadas repletas de cariño. Vale que quedan cosas pendientes. Torradas, Drach, noches mezcladas con mañanas de marzo, conciertos con el Gran Chemi y el Maestro Cortés, robarle besos a alguna Géminis, pedirle perdón por hacerlo, suplicar que me lo vuelva a dejar hacer y despertar del sueño, las cenizas del padre de Keith en negro sobre blanco, el perfeccionamiento del Bloody Mary, lo nuevo de Igor Paskual, el próximo e inminente pelotazo nacional de Uzzhuaïa, saltar desde donde las casas parecen fichas del Monopoly, perderme con buena compañía en alguna parte de cualquier sitio. No ando falto de tachones en mi lista. La seguiré ampliando, seguro, mientras en mi ipod, lo que algunos llaman cerebro, suena Robe y la filosofía de vida que entona con ‘Salir’. Echamos el cierre a estas primeras cuarenta y ocho horas ganando en el ultimo minuto con un gol en fuera de juego, y solo me viene a la mente aquello de ‘…yo, más humilde soy, y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente…’. ¡Feliz Veinteonce!










