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martes, 29 de enero de 2013

Sesenta kilos. Ramón Palomar.

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Sesenta kilos. Casualidades de la vida, y de la genética. Es justo lo que pesa este juntador de letras que suscribe. Y sin correr. Ni vestirme con leggins, -sí, esas mallitas de colores son leggins, leotardos de tía- y correr arriba y abajo mientras en el mp3 suena el último pelotazo del grupo pre-mainstream que dejará de serlo cuando vaya al Arenal, al Primavera o al Su Puta Madre Sound Festival.

Sesenta kilos, decía. De cocaína. Tranquilos, que no avise nadie a la Policía a través de twitter, que hablamos de una novela. La primera, y espero que no sea la última, de Ramón Palomar.

Overbooking en el hall del Astoria. El antiguo hotel de los toreros presenta una bulla considerable en la puerta de los ascensores. Todos con destino a la novena planta, donde está el salón Tapices, con unas vistas de la ciudad que merecen mucho la pena, emplazamiento del sarao molón de la semana. Observo, de refilón mientras espero mi turno en el ascensor, el Lounge Bar. Parece, digo, parece, un buen lugar para un gintonic. Pero me sobra el pincha con los platos. Cuando ponga jazz o rock suave, volveré.

Es lo que tiene llegar a última hora. Llenazo y con la charla-espectáculo empezada. Uno siempre disfruta de la presentación de estos eventos, sin encorsetar, prácticamente sin guión del Russafa Rat-Pack. Sainete, radio en directo, y a deshoras, de 'Abierto a mediodía' los viernes a la una, en esa previa al arroz con los colegas donde Modesto, Diego y Paco desbarran con sus cosas, sus historietas narradas y la radio se hace magia. Ha sonado muy Disney esto último. Lo siento. No lo haré más.

Modesto ejerce de conductor del acto. Habla del mítico garito Brillante, de Ramón y su don de barman que presta el oído al bebedor solitario. Suelta pullas, devueltas con gracia, y con la complicidad de MacDiego, que sigue preguntándose que pinta siendo amigo de Palomar. El tipo de los dos Goya, nueva estrella del grupo, descubre los hilos, fijando este trabajo como el más autobiográfico de su colega, por encima de columnas o dietarios.

La cordura en la mesa, ya sabes 'poli bueno-poli malo', la aporta Santiago Posteguillo, uno de los primeros lectores del borrador inicial, y padrino en estas nuevas lides novelescas del autor, que cita y compara, casi nada, a tipos como Tarantino, Ritchie o Dostoievski, así como para no ponerle presión al xic d'Alberic, y que la ve como una potencial película, haciendo esas palabras convertir las niñas de los ojos de Ramón en símbolos del euro.
Desfilan por la charla John Ford, Peckimpah, Billy Wilder, la sesión de tarde de los sábados del VHF y los amigos que tienen un amigo que conocen a un tipo que sabe no-se-qué, como partes de este puzzle con forma de novela negra, donde los malos parecen, o son, los buenos y, de los que parecen buenos, solo hay uno.

Y Amapola. Que parece que existe de veras y, por lo que dicen, mola un montón.

Ovación a la mesa, cola casi interminable de firmas. Jamón, vino y trío rockabilly con música de tacón y punta a cargo de Cat Club.

Mientras espero el turno de firma, dos cosas. El libro está tatuado. Las letras del título tienen relieve. Tatuaje rugoso, de los de cárcel, nada que ver con los de Benji o Abel Alcoy. Otro personaje del libro, su propia tapa. Una invitación más a la lectura. La invitación definitiva es el prólogo. Unas pocas páginas con un fiambre, navajas y sopletes para descongelar. Me tiro de cabeza a las páginas, seguro.

Oiga, ¿y no habla de damas? Taconazos entre el público, sí. Y de buen nivel, además. Señoras que no cumplirán los sesenta, dichoso número, también. Rock, política, cultura, la noche y La Edad de Oro asistieron a la puesta de largo de Ramón Palomar como novelista. Un tipo que, a sus treinta y quince primaveras ha tenido su baile donde se ha hecho mayor en esto de las letras.

Que Dios te bendiga, Ramón.

lunes, 4 de junio de 2012

Diez mil razones para apostar por el rocanrol

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Queridos amiguitos, en este mundo todo está bajo control. ¿Todo? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste ahora y siempre al invasor, con una poción mágica que los hace invencibles…

Nos sirve el principio de los cómics o tebeos, tal y como dice el gran Paco Roca, de Asterix y Obelix para meter la cuña y brindar con los caldos de la mejor añada que tengamos a mano, o con un Sprite, lo que te dé la gana, pero llena la copa porque toca celebrar. En este lugar llamado España, donde la música que sobrevive fuera de los circuitos de radiofórmulas al dictado de las discográficas tiene un duro y complicado camino por el lado salvaje. Aquí existen muchos garajes y antiguas fruterías llenos de chavales, algunos ya no lo son tanto, que cuentan sus historias, narran sentimientos y sienten emociones a través de una música que les hace sentirse vivos. Y elegir este camino los convierte en donquijotes peleando con las ruedas de molino y, en la mayoría de los casos, reciben mandobles en lugar de aplausos.

Pues bien, en este lugar donde sigue la búsqueda catódica del Número Uno, para deleite de mi madre, de la tuya, de la peluquera del barrio y de la dependienta del Berskha que te vas a intentar follar esta noche cuando le hayas metido una patada al listón de tu orgullo, zurrado de gintonic, aún hay un pequeño lugar para la esperanza. There's a place to stay. Y ese lugar se llama Rockrockradio.

No lo busques en el dial, que no lo vas a encontrar, ni falta que nos hace. Esta emisora online nació por necesidad, por un corte abrupto de una carrera y un proyecto genial tras una toma de decisiones que, a día de hoy, parecen más incomprensibles, si cabe. Con pocos recursos, imaginación y muchas, muchas fiambreras a la hora de comer, el señor Iván Guillén puso los cimientos de una emisora interactiva con los oyentes, con revisión y respeto a los clásicos, dando cabida a nuevas escuchas y un feedback real con los oyentes, retomando esa esencia pirata y canalla de las radios al margen de la ley, como la historia que se contaba en la magnífica Radio Encubierta.

Pero toda esta energía, como el principio termodinámico, cambió y se transformó en el proyecto de Rockrockradio, con sangre, sudor y quebraderos de cabeza que solo el señor Guillén y quienes conviven diariamente con él sabrán a ciencia cierta donde llegan. Pasito a pasito, sin prisa pero sin calma, volvió a andarse el camino y se volvieron a estrechar lazos de gentes dispares en principio como Alicante y Cuenca o Bilbao y Chamberí. Gentes a las que no les importaba plantarse dentro de un avión, o hacerse 400 kilómetros por carretera por tomar unas cervezas con una familia virtual y brindar por el rocanrol. Incluso se iniciaron historias de amor que aún perduran en el tiempo, aunque también se aprendieron lecciones acerca de las miserias del ser humano. Todos y cada uno de nosotros, volvimos a vivir en cierta manera nuestra nueva juventud musical a ritmo de bandas como Los Perros del Boogie, Garaje Jack, Eli Paperboy Reed o The Right Ons, por poner solo algunos ejemplos.

Y no me digas que eso de las mariposillas no mola un montón, porque no te creeré.

Y en este lugar nos encontramos ahora mismo, con una cifra redonda, diez mil. Diez mil personas a las que en Facebook les gusta rockrockradio, sus emisiones online, Little Steven y su Underground Garage, las lecciones de historia psicodélica de David y su HippieShow, el Blues Syndicate. Una emisora de Copa del Mundo, con una cifra simbólica que entraña el corazón, el alma y la actitud de aquel que un día se propuso aquello de 'el que la sigue, la consigue'.

Mis felicitaciones a todos los oyentes, followers y fans. Si leyendo esto, te has sentido aludido, es cierto, lo hice pensando entre otras personas, en ti, así que felicidades. Y en especial al padre del invento, don Iván Guillén, 'Youngie', que seguro que ya andará tramando algo para cuando llegue a otra cifra mágica, quizá un macroconcierto con sus AC/DC como hizo Howard Stern tras llegar al número uno en USA. No está nada mal empezando en un garaje y ya se sabe, the sky is the limit, ¿no Steve Jobs?

viernes, 3 de febrero de 2012

El Goya del hombre en pijama

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Y le dio al palo. Él no sabe qué es eso, de fútbol no entiende, ni sabe, ni puta falta que le hace. El tipo ha conseguido vivir de su sueño infantil y se considera un privilegiado. Yo creo que lo es, y además curra en pijama desde su casa, el muy cabrón. Remoloneo en la cama, vaso de leche con colacao, o lo que le dé la gana echarse a la panza, y a darle al lápiz o al tablet o a lo que sea. Pero ojo, no nos engañemos. En este caso el hábito no hace al monje, es decir, que el tío curra, y de lo lindo. Ilustra y hace novela gráfica, que es una manera adulta de decir que hace cómics tebeos, y seguro que te has cruzado con alguna de sus creaciones sin saberlo o quizá esbozando una sonrisa al descubrir que te ha gustado. Perdón, amable lector o voraz lectora, no le he presentado. Hoy hablamos de Paco Roca, premio Nacional del Comic 2008, y candidato al Goya por el guión adaptado de ‘Arrugas’, la película, que opta también al Goya como mejor película de animación, un cómic tebeo sobre el alzheimer que ha vendido más de cuarenta mil ejemplares.

Lo de darle al palo del principio viene a que estuvo en la terna para entrar en los nominados para el Oscar como película de animación. Hubiera sido un golazo por toda la escuadra. Al final entró ‘Chico y Rita’, pero bueno, aunque hay otro valenciano allí, el diseñador Mariscal, profesor temporal de mi talentosa y preciosa amiga Sara Ramirez, Paco Roca nos toca más de cerca y además es miembro del Russafa Rat Pack, un alarde de juanbautismo propio acerca de una panda de tunantes del mundo audiovisual y creativo de la terreta. No deja de ser esto nada más que un acto de chauvinismo regional para contrarrestar los trajes en el banquillo, los guiños al jurado y los resultados ajustados de aquello que se quería, un jurado popular, al que se le hace escarnio público por la importancia relativa de sus faltas de ortografía. Aquellos polvos trajeron estos lodos, pero médicos, abogados y cualquier profesión respetable tiene algún borrón en su escriba. No sé si es correcto esto o el chauvinismo solo es aplicable a la patria, pero bueno, como es mi scattergoris, toca aceptar barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía.

He tenido la suerte de poder conocer brevemente al artista, y futuro premio Goya, me mojo ya mismo, tanto a nivel personal, como a través de terceras personas y bueno, creo que no es una cuestión de aquella milonga que habla del tiempo y que nos pone a cada uno en su lugar. Nada de eso, eres tú, con tu propio trabajo, vistiéndote por los pies, el que ocupas tu lugar en el mundo. El genio existe, pero no el bohemio, que entra en estado de misticismo, de petit morte y crea de la nada. Se hizo el mundo en siete días, nos dijeron, pero quien sabe cuántas pruebas previas haría para llegar a Adán, Eva, la manzana y todo lo demás (dejando de lado que igual eso es ciencia ficción). Y tampoco salió muy bien la cosa, aunque versiones mejores han venido. Entonces, por todos los valores, por envidia al trabajar en pijama, por sus visitas a Japón, por esos preciosos dibujos de camas deshechas, por su gusto al rock, por sus intervenciones radiofónicas, por sus premios pasados, presentes y futuros y por una pica en Flandes en la alfombra verde, roja o a lunares del cine español, pasen, lean, rían, lloren y disfruten con el trabajo de Francisco Martínez Roca

lunes, 31 de octubre de 2011

Larga vida a los muertos del grunge

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El pulso que se le toma a la ciudad, su viveza, su actividad cultural, y entiéndase la palabra en toda su extensión, viene por la oferta que ofrece a sus habitantes, visitantes y turistas ocasionales. Exposiciones, performances con saltos al vacío, solo por el mero hecho de crear, y cualquier tipo de expresión artística, desde el body painting hasta la música, pasando por los comics, tiene su particular fiebre del oro a la ribera del parcialmente seco y domesticado rio Turia. Es un principio para estar al nivel de grandes urbes, no diremos nombres para evitar las odiosas comparaciones, pero principio gustoso al fin y al cabo, por la gran cantidad de camino que se hace al andar por donde la escena sabe a trabajo, a pasión, a cerveza o vino y, sobre todo, a música en directo, a rocanrol. Ayer la esencia estaba en el Carmen, hoy en Ruzafa y quizá mañana esté debajo de tu casa, pero lo importante es que no decaiga, que lata, que respire. Y lo que hoy es Valencia, puede ser, por momentos Seattle, y volver a los noventa y alcanzar el Nirvana con Pennyroyal Tea.

Sala Wah-Wah, donde siempre se vuelve. Camisas de leñador en las camareras, que siguen siendo bellas. Han vuelto las barbas, las rebecas de lana talla XL, los pantalones rotos, la estética grunge. Sí, también chicas, las hippies de sentimiento, las nostálgicas y las niñas bien de las que quieres que te digan que las cuides sin saber que ya te lo han dicho y has picado. Un coctel musical con 2/3 de Uzzhuaïa, más 1/3 de The Stone Circus Band, o lo que es lo mismo, Pablo y Álvaro Monteagudo, y Rafa Fernández, para quitarnos años, hacernos ingenuos, no tener resaca, follar furtivamente en el baño y filtrear con la química que crece en las esquinas. Hemos vuelto a los noventa, que seguro que tuvieron cosas malas, pero ya no nos acordamos de ellas. Ven cómo eres, come as you are.

Para empezar, la imagen. Están en el papel, Pablo tiene semblazas físicas y vocales a Kurt, y Rafa al primer rompeparches que era Grohl, antes de ser el líder de The Foo Fighters. Entiendo que sea difícil buscar a un tipo de casi dos metros para que se ponga en la piel de Novoselic, pero no hace falta teniendo a Álvaro, del que siempre he dicho que es la viva imagen de Nikki Sixx, porque le da una cera a las cuatro cuerdas que da gusto. El concierto fue un show sobrio, sin estridencias, sin concesiones ni charlas, como eran los de aquellos que pegaron la patada a la industria de la música con su rock alternativo y se colaron en la fiesta superventas de Michael Jackson sin pedir permiso. Poco se puede decir más que, si no fuera por las BB echando humo y los iPhones grabando audio y video para inmortalizar el momento, nos trasladaron de manera viva y con nostalgia al rock contestatario, a ese soplo de aire fresco, a ese mundo dominado por los tipos feos y desaliñados que rescataban su vestuario de casa de la abuela, a los poemas con rabia y sus demonios, a maldecir aquella escopeta de caza…

Sonaron todos los temas esperados, tienes la lista más abajo. Y, sí, saltamos, nos empujamos y movimos nuestros pelos al ritmo del bajo de Álvaro ‘Novoselic’. Estos tipos incendiaron la sala, literalmente, lo que se solucionó con un poco de capella en About a girl. Pero no importaba, estábamos en el máximo estado, encantados, recordando nuestra vida a través de la banda sonora que nos pusieron estos tipos, algunos con los ojos rojos por el humo del local, o tal vez no. Pero gracias a estos tres tipos, me retiro cantando contento, porque hoy he encontrado a mis amigos, que están en mi cabeza, Pablo, Álvaro y Rafa, Pennyroyal Tea.

Pennyroyal Tea, Wah-Wah, Valencia, 29 de octubre 2011

BREED
ANEURYSM
DRAIN YOU
BEEN A SON
LOUNGE ACT
COME AS YOU ARE
RAPE ME
IN BLOOM
DUMB
SERVE THE SERVANTS
TERRITORIAL PISSINGS
SLIVER
FRANCES FARMER WILL HAVE HER REVENGE ON SEATTLE
SMELLS LIKE TEEN SPIRIT
PENNYROYAL TEA
SCHOOL
POLLY
NEGATIVE CREEP
ON A PLAIN
ALL APOLOGIES
ABOUT A GIRL
HEART SHAPED BOX
LITHIUM

martes, 25 de octubre de 2011

Los Perros del Boogie 2.0

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Siempre es un placer ver a los amigos, a los conocidos, a las groupies y a todos los personajes de la escena rock de Valencia, que está más fuerte que nunca. Y si la ocasión es ver en directo, probablemente por última vez en 2011, a Los Perros del Boogie, el que cenes poco y mal es un peaje a pagar de manera gustosa. Y llegar treinta minutos antes del inicio del concierto, una torpeza perfecta para degustar una de las apetecibles cervezas antes que el frio se instale en nuestros cuerpos y la humedad se tatúe en nuestros huesos. Podría haber estado en mil lugares distintos, viendo a Javier Vargas en la misma ciudad, dos barrios más para abajo, o en Rivas-Vaciamadrid con los hermanos de Frutas y Verduras y evaluando a Sparkle Gross, ojo con este grupo que va a dar que hablar en breve, o simplemente dar buena cuenta de mi videoteca clásica de los Hermanos Marx o Paul Newman, con un buen tinto como compañía. Pero no, estaba allí, en la sala El Loco para ver y disfrutar de una buena sesión de rocanrol. Y la noche estuvo al nivel esperado, como no podía ser de otra forma.
Ser de los primeros en pisar la sala, concretamente el quinto, sin contar a los que trabajan allí, te permite observar con más detenimiento con quien vas a compartir platea. Y bueno, aristocracia cultural a las primeras de cambio. El autor de ‘Arrugas’, Premio Nacional del Comic, Paco Roca, compartía barra y marca cervecera verde con el autor de esta crónica, aunque sin llevar su famoso pijama. Llegan los chicos. Veo y saludo a Gabrielle, David y Ovidi, que se disculpa por no hablar para estar en forma vocalmente. También estaban por allí Carlos Tarque y Carlos Raya, que a estas alturas no necesitan presentación y Pau Monteagudo, que tampoco la necesita pero que es el cantante de Uzzhuaïa y que me puso al día de un bonito concierto homenaje a Nirvana que se hará en breve. Y, por supuesto, La Leyenda y Sonia, con la que siempre es un placer reír, hablar y rajar de las niñatas tontas, más pendientes de sus estados en Facebook y Tuenti que de la música y las mínimas normas de corrección y educación. Y con tan ilustre compañía, calentando tímpanos con Sex Track, la banda de versiones que preparan el ambiente de manera muy correcta, y siendo advertido que iba a ser una noche de novedades, con el brillo del pañuelo en la cabeza de Beto y los acordes de Álvaro de En esta ciudad como inicio del concierto, la banda empieza a descolocarme.
¿Pero qué pasa aquí? ¿El jet lag no me deja escuchar bien y con potencia? Imposible, no he tomado un avión desde agosto. Miro a la cabina, y Carlos, el técnico de cabecera de LPDB, me dice por señas que no es cosa suya. Limitador de potencia de la sala. Con los vecinos hemos topado. Vale, hasta sin sonar alto, la banda suena bien pero ¿y esos nuevos tonos de Ovidi? ¿Tiene la gripe, no puede castigar la garganta y por eso no hablaba mucho? ¿Ha sido el saber hacer y los consejos sabios de Raya? No lo sé, tampoco me importa, me gusta esta nueva manera de cantar, salvo por no poder corear al mismo tiempo los temas que van cayendo, Una vela encendida, Solos ante el rocanrol, Una noche cualquiera y No necesito nada, antes de la primera sorpresa de la noche. Tarque sube a escena, nada nuevo, pero cantar la versión de Pappo, Rocanrol y fiebre sí es novedad, con una solvencia como solo puede hacerlo la mejor voz de rock de España y destilando el buen rollo que hay entre él y la banda valenciana. Caen más temas, Los delincuentes, la grabada a fuego Buscando una luz, eres grande Beto, alguna versión de rock clásico imprescindible y De nada sirve hacerse mayor con la voz de Paco Luna, al que descubrí el último concierto de Madame Blues en el Black Note, y que tiene el don de Cocker en su garganta. Comento con Cristo, no el de la religión, sino un amigo de correrías rockeras que me provocó un lapsus imperdonable propio de mi despiste, que estamos ante un nuevo grupo, mucho más maduro, más trabajado si cabe, pero con la misma ilusión que el primer día. Claro, solo hay que ver a La Leyenda dándolo todo y siendo el entertainer puro y duro. Suben The Sheenas para hacer los coros, en ese momento indefinido y disperso en el tiempo en que visito la barra y me quedo embobado de una morenita preciosa de ojos claros. Deberé pasar por el lugar aquel de ‘perdóneme padre, porque he pecado de pensamiento’ aunque sea al ritmo de American girl, o Ahora eres mía, primer bis que se une a Las guitarras del ayer y Las chicas del Roxy con la que finalizan el concierto entre aplausos, guiños, besos, abrazos y la sensación de haber visto una cosa irrepetible, única y poder presumir de haber compartido con ellos mesa, mantel, copas y confidencias en Zaragoza, Madrid, Valencia y Catarroja, por ese camino empedrado recorrido antes que el gran mundo y los que saben de esto los pusieran en la parrilla de lanzamiento al estrellato. Como diría la hija de Frank, estas botas estánhechas para caminar y un día de estos caminarán sobre tí. Ahora toca hibernar, crear, pulir y volver más fuertes que nunca. Los chicos están preparados para ello. Querido planeta azul, ante ustedes, y listos para quedarse para siempre y ser la pesadilla de todos los padres con hijas veinteañeras, Los Perros del Boogie.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Thursday night fever with Madame Blues.

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O fiebre del jueves noche, en román paladino. Esta claro que la vida empieza a ser más agradable cuando el jueves asoma por nuestro calendario. Ya bulle la mensajería o llamadas telefónicas entre los sospechosos habituales, los locales se aprovisionan de víveres sólidos y/o líquidos, según especialidad de la casa y al día siguiente es mejor la cara cuanto menos malo y noctámbulo has sido. Está claro que en otros lares toman como bueno aquello que ‘el miércoles es el nuevo jueves’, pero bueno, eso es para cuatro privilegiados vividores de la capital del Reino. En fin, las cosas aquí van suaves y con la agenda preparada y milimetrada, el jueves noche me ofrecía cultura y rock. Pinta tostada por la garganta y al lío.
Con unas vistas de la ciudad, que prometo enseñar a quien venga a degustar un buen arroz en Duna o Marrasquino, presentaba Paco Roca, vestido con un recién estrenado traje de noche, en la terraza del Hotel Astoria, “Memorias de un hombre en pijama”, el recopilatorio de sus viñetas que, semanalmente, durante un año y medio, ha aparecido en Las Provincias todos los domingos. La mesa prometía, con la tropa que los viernes desparrama en “Abierto a Mediodía” el magacine dirigido por Ramón Palomar en LP Punto Radio (92.0 Valencia), a saber, el homenajeado Roca, Modesto Granados, Mac Diego, el propio Ramón y el toque de Ismael Quintanilla, introducidos por Pablo Salazar. Y bueno, esperaba una cosa, y la encontré. Una píldora de chascarrillos, chistes explícitos y demostraciones circenses aderezaron el acto público, apoyando al amigo que presentaba. Y estos cuatro son el Rat Pack valenciano, quizá sin el bello glamour de aquellos, pero con más mérito por haber llegado a altas cotas en sus respectivos trabajos. Mucho más admirable. Feos, fuertes y formales, como canta Loquillo. Estos chicos transmiten buen rollo y son capaces de convocar en el mismo acto trajes con corbata, camisetas de Nick Curran y leyendas del rock valenciano. Y sí, mujeres. Bastantes, he de añadir. Confieso que los pañuelos fucsia de las azafatas y sus simétricas e interminables piernas me despistaron más de una vez, pero alguna mirada furtiva vi desde la mesa, así que el pecado, al ser compartido, es menor. Y también entre el público, ninguna sola para mi pesar, cosa que llena de valor aquello del mérito. En esta sociedad, notas que has triunfado si tienes palmeros alrededor y mujeres dispuestas. Y el Russafa Rat Pack va por buen camino. Glosas al trabajo, tebeos, tebeos, historias increíbles a pesar de ser reales, atención a los medios y firma de ejemplares por parte del autor, completaron una perfecta tarde noche con la que prepararse para el colofón rockero en uno de los locales míticos de la ciudad. Aprovisionamiento ligero y mis botas me llevan al Black Note para el último vals de ella. O mejor dicho, el último rock de Madame Blues con la banda residente del local. Primero se fue Mata, y ahora ella. La City será su destino, para buscarse la vida y volver en fechas señaladas, que prometerán gloria y derrame de licores, provocadores de la consiguiente resaca. Lo dejó todo en la escena. Por su garganta pasaron Janis, siempre Janis, Aretha, Tina, The Black Crowes y Robert Plant, con mejor aspecto y más sexy cuando el ‘Whole lotta love’ sale de sus ovarios. Y seguro que algunos más, pero la atención se me desvió a una pin-up con un precioso vestido azul y sus contoneos al ritmo de la música. Con las emociones a flor de piel, que no se mitigaron con nada, nos presentó a quien ocupará su lugar, que con una voz rota a lo Joe Cocker, también me dejó buenas sensaciones. Pero yo soy de Janis, de Madame Blues, de la rockera, la artista, la colega, la prima. De esa que, en un futuro no muy lejano, cuando esté en el lugar que le toque por justicia, que será arriba del todo, podré decir ‘yo la recuerdo cuando cantaba como un jodido coro de ángeles las versiones de la Joplin, que lamentaba, desde donde estuviese, no poder hacer un dueto con ella’. Good luck, baby, la ciudad será un poco más triste, digna de un blues, Madame!