martes, 23 de noviembre de 2010

M-CLAN. VALENCIA, 19 NOVIEMBRE 2010

Se despereza la oferta de conciertos de calidad y cantidad en Valencia justo cuando a los valencianos más nos cuesta salir a la calle, en los primeros fríos que avisan el cambio de estación. E incluso hay momentos de saturación, porque no sé cuantas ciudades españolas son capaces de acoger en una misma noche en cuatro escenarios distintos a Bunbury, M-Clan, O’Funkillo y El Barrio que, aunque no esté entre mis preferencias, reconozco que revienta allá donde va. Vale, los dos últimos no eran en la capital propiamente dicha, pero no deja de ser un cartel espectacular para un viernes de noviembre. Y con lo que viene después, dos fechas más de Bunbury, Uzzhuaïa, Fito, Angelus Apartida, Love of Lesbian, Loquillo o Siniestro Total por poner algunos ejemplos, la oferta hasta final de año pide a gritos el anticipo de la paga extra de Navidad, el que tenga la suerte conservar la paga, o tomar la difícil decisión de decidir alimentar el cuerpo o el espíritu, por el abanico de estilos de rock que podrán escuchar todos aquellos nativos y visitantes de la provincia cuyos teléfonos fijos comienzan por 96. Si, y sería justo no obviarlos, existen otros conciertos, pero para eso ya están las grandes autopistas radiofónicas, y nosotros somos más de carreteras secundarias. Así que, de soslayo la cita a los danis, las julietas y, con el tópico de las cervezas previas a la entrada a la sala, flanqueados por los espíritus de Chemi y don Pepe, comprobamos que estamos en la lista y cumplimos la cita con Tarque y Ruipérez, o sea M-Clan.

No nos pondremos a jugar a las cifras, siempre fui un mal estadístico numérico, pero la sala Mirror estaba a reventar. Público joven pero cada vez menos, la huella del tiempo es así y mala cosa si no lo fuera, que empatizaron con Un buen momento en el lejano 95 y que han crecido y vivido con los ritmos y las letras de los murciélagos murcianos, hasta este Para no ver el final. Mientras buscamos nuestro lugar en la sala, libreta en mano y con el brebaje preparado por las chicas de la barra, comenzamos a degustar, del tirón, los tres primeros temas de su último trabajo en el mismo orden con una puesta en escena sin grandes alardes, sencilla y teniendo como principal baza el rock en crudo con toques setenteros y el saber hacer del cantante, la mejor voz masculina del panorama rock nacional, a mi modesto entender. Si no fuera porque estoy junto a un montón de gente, podría cerrar los ojos y trasladarme al salón de mi casa. Impecable sonido inicial, con un chorro de voz de Tarque envidiable y entregado a Valencia, a la que alenta vitoreando repetidas veces el nombre donde hoy van a poner una muesca más en su revolver. Toca, según listado, Llamando a la tierra y Maggie, despierta y el público comienza a sudar blues, rock y soul, mientras el ritmo de las barras va en aumento. Tarque, en un gran y sincero gesto, saluda y hace referencia a los valencianos Los Perros del Boggie, con Ovidi y Álvaro entre el publico. Me voy a dejar llevar, Inmigrante, con saxo, trompeta y trombón enriqueciendo el tema, Las calles están ardiendo y El viaje hacen acto de presencia, cuando mi vista se desliza hacia el corsé de una fan que me despista, trasladándome de nuevo al salón de mi casa mientras acierto a detectar las notas de Ahora, Hasta que se acostumbre a la oscuridad y Roto por dentro, embriagado por mi imaginario viaje extracorporal, del que vuelvo a las primeras notas de Carolina.

Carolina. Es un tema escuchado en miles de sitios, radios comerciales, bodas, karaokes, borracheras, declaraciones de amor… es decir, es nacionalmente universal. La puerta de entrada para conocer a M-Clan es el tema compuesto por Priscu y Tarque. Y la gente adora cantarla. Despierta buen rollo, te permite rodear a tu chica de la cintura por detrás y cantársela al oído, aunque se llame Lola o Esther. Por eso, me resultó chocante la manera de cantarla, con una nueva melodía que despistó al público. No digo que fuera mejor o peor, solo diferente, quizá una manera de readaptarla al estilo del repertorio y a la evolución del grupo y mostrar, una vez más, el prodigio vocal de Tarque. Antes de sonar Hasta la vista rock & roll, Tarque vuelve a reenganchar al público, con preguntas en español e inglés acerca de si están listos para el jodido rock & roll como si de un front-man anglosajón se tratase, ¿David Lee Roth? con anticipo de virtuosismo por parte de Priscu en la intro. Miedo nos obliga a buscar a nuestras chicas y a volver a sacar los mecheros, si no fuera porque ahora ya no se sacan mecheros en los conciertos, salvo para quemar cachimbas manuales. Y el final del concierto, bises aparte, vino con Pasos de equilibrista, donde Priscu, guitarra solista, se deja llevar por su vena blues, con punteos espectaculares y un sinfín de deslices de notas a través de su guitarra, que permiten enlazar el tema con en el Baba O’Riley de The Who, llegando al climax, al menos para algunos de los que estábamos allí.
Y usando el viejo truco del rock & roll, aquel de despedirse con la boca pequeña para luego volver a salir a escena, llegó el momento de la propina. Gracias por los días que vendrán y, sobre todo, Volando alto ponen a prueba el alto registro de voz de Tarque, superado otra vez, sin problemas, concluyendo la velada no queriendo ser el hijo del patrón con Quédate a dormir, una invitación irrechazable, con un especial protagonismo de la sección de viento y teniendo un final apoteósico, con el público rompiéndose las manos, agradeciendo de esa manera las dos horas de rock mediterráneo, pasado por la maquina del tiempo de los setenta con unas gotitas de tequila fronterizo, con la Credence flotando en el ambiente. Tuvimos tiempo después de poder pasar unos minutos con la banda en camerinos y comprobar la satisfacción por el concierto, juegan casi de locales por las fuertes conexiones que tienen con Valencia pese a ser murcianos de nacimiento y, nuestro momento fan de la noche, con fotos y autógrafos pusieron punto final.
Luego las ultimas palabras que se oyeron y se pueden reproducir fueron ‘Una cerveza en La Caverna y nos vamos’ Y así fue, porque el resto es materia reservada para las memorias. Y lo que pasa en La Caverna, se quedará allí para siempre. Es lo que tiene ser un antihéroe, que nadie nos trata de usted.

1 comentario:

  1. Auro20:37

    Sr. Peris con sus palabras nos transporta junto a usted a esos momentos que jamás podrá sacar de sus retinas y gracias a este blog nunca podremos sacar nosotros de nuestra mente:)
    P.D estoy de acuerdo contigo para mi también es la mejor voz masculina del panorama musical español!
    Que grande eres Peris, ya tenía mono jajajja

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