martes, 22 de julio de 2014

Maika Pelegrí. No eres tan duro, Clint.

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Te despiertas, abres un ojo y ¡uf!… anoche bebí hasta los vientos. Puta resaca. No vuelvo a beber es como el Padrenuestro que sermoneas cada domingo en misa de doce y luego ni caso.

El Whatsapp sonando “pin-pan-pin-pan” -la pesada de turno, «Oye no me contestas»- claro, es que me gusta la melodía del teléfono, me hace sentir mejor persona, no te jode.
 
Y pienso en la ducha como en fin a todos mis males hasta que salgo de ella y las náuseas siguen ahí más fuerte, si cabe. Apesto a tabaco, me río de las tonterías que dije ayer, ¿con quién hablé? No importa, iba más ciego que yo, así que… gilipolleces varias. El vino sirve para vomitar, pero no la pota digestiva, sino aquello que llevas dentro y que solo Clint Eastwood apuntándote con una Magnum 45 sería capaz de hacerte escupir. Lo bueno… que no te arrepientes de nada, ¿para qué? Sabes que volverás a hacerlo y Clint desenfundará de nuevo…

lunes, 21 de julio de 2014

Letristas invitados. Maika Pelegrí.

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 Me llamo Maika, así como se escribe. Y es un hipocorístico de Maria del Carmen, voz a la que no responderé si no es delante de un tribunal. Tengo más de 25 años, al menos así lo recuerdo, y he vivido en el oropel de las grandes marcas, vendiendo trapitos y cositas de esas marcas indecentemente caras a todos aquellos que se pueden imaginar. He salido en revistas, he hecho revistas, y lo cambié todo por una calidad de vida que disfruto hasta el límite con mi familia y mis amigos. Como dice aquel de la tele, valgo más por lo que callo que por lo que hablo y tengo el don de calar a las personas a la primera mirada. No me busquen en Twitter porque no estoy, ni lo entiendo, aunque nunca es tarde para aprender y en Facebook soy más espectadora que actriz. Y aparezco aquí porque la persistencia de mi pareja es como la gota malaya, lenta pero eficaz y me dijo que mis pensamientos deberían tener un espacio en este blog. No esperen mucha actividad de momento, escribo como siento y hay veces que sale y hay veces que no. Pero confío que les gusten las cosas que pueda plasmar aquí, que igual pueden ser letras como dibujos.
Y sí no les gusta, también les digo que me da igual. Que hay vida y barras de bar muy bonitas fuera de la pantalla.
En cualquier caso, encantados de recibirles.

jueves, 3 de julio de 2014

San Juan, los Stones y las buenas intenciones.

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Dicen que la noche de San Juan es mágica. Con eso de ser la más corta del año, la mística que la envuelve tiene una aureola de optimismo, de anuncio de cerveza con perfectas barbas y apetecibles ombligos. También cuentan que es aquella en la que se queman las cosas malas, se piden deseos a la resaca de las olas y, con suerte, puedes robar algún beso a la luz de las estrellas.

Vivimos en un continuo renacer, en un mundo lleno de buenas intenciones que nunca, o casi nunca, se llevan a cabo. Año Nuevo, Noche de San Jose, Noche de San Juan, septiembre o cualquier lunes del año son las fechas en las que queremos poner nuestro contador de pecados culpables a cero, de erradicar cualquier atisbo de hedonismo maligno, de proponerse una vida más espartana, con arroz blanco, verduras y running tres veces por semana.

Pues una mierda. De eso nada. Buenas intenciones, las justas. No confundamos esto a hacer el cabrón al prójimo, que son cosas distintas. Hablo de buenas intenciones en plan 'mi cuerpo es mi templo', quitarse las grasas, dejar los habanos y suicidios vitales varios. No se donde leí una de esas frases que les llega a las maripilis en los sobres de azúcar que luego se las quedan como estados místico/molones/gilipollas en Facebook que decía algo así como 'La vida no se mide por los momentos que respiras, sino por aquellos en que te quedas sin aliento'. Y es verdad. Estamos encorsetados en las costumbres provincianas del sábado sabadete con cena y el misionero de polvete. Y está bien eso de salirse del camino. Como bien nos decía un jefe de sala un miércoles cualquiera mientras descorchaba un excelente vino de Fontanars «No hay que dejar el vino solo para el fin de semana. Si lo dejamos todo para el fin de semana, no nos da tiempo a hacer todas las cosas buenas que nos gustan.» Como dejar la vajilla buena para las ocasiones especiales. O comer marisco solo en Navidad. 

Duerman menos y vivan más. O vivan durmiendo eternamente, si es lo que les gusta. Hagan el amor a deshoras y follen en cualquier lugar menos en la cama. Porque luego, queriendo contestar una WhatsApp mientras conduces o revisando ese bultito que parecía una picadura de mosquito, la Dama Negra te pide la mano para un baile y sabes que no puedes decirle que no.
 
Hagan como los Stones. Vivirán setenta años y varias vidas.
 
PD: La fotaca es de Mario Testino.