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lunes, 27 de enero de 2014

Valencia quiere bailar con The Right Ons.

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Las historias de rocanrol son las que nos alimentan el espíritu de los sueños que en alguna época llenaron las paredes con las fotos de tus ídolos. Y como una tabla de salvación o como una vía de escape, lo que antes era un viejo radiocassette de doble pletina, ahora es un reencuentro, un baile, un beso o una buena noche de guitarras al once y un poco de sudor. Y a pesar de las zancadillas de los que nos (mal)mandan, tenemos coplas que nos enamoran y que nos reconfortan como un caldo caliente después de un chaparrón.

Se han marcado un sota-caballo-rey las gentes de The Rigth Ons por la costa mediterránea. Elche, Valencia y Castellón son sus primeras paradas, en febrero darán caña en Alicante y Murcia, y hoy toca casa Jose, es decir Wah Wah, para volver a incendiar la sala, en sentido figurado, que para el literal ya está la mecedora de la portada de su nuevo disco 'Volcán', y así dar rienda suelta al desmelene, al tacón y a una noche de las buenas.
Tras una parada inicial y necesaria en la barra del Let's Go con un café bautizado, dime clásico si quieres pero eso de 'mi reino por un café' hay veces que es cierto, decimos 'Hola' en la puerta y comprobamos que los chicos de Redacción Atómica son gentes de bien y me han metido en la lista de ganadores de su último concurso, como no podía ser de otra forma. Llevo dos semanas con el nuevo disco de estos ciudadanos de un lugar llamado mundo en modo random y me apetece mucho ver la actitud nuevamente, que la otra vez fue muy divertido.

La sensación inicial era que la gente no parecía acudir a la llamada de este concierto. Lo comento con las chicas de Wah Wah -¿por qué nadie les ha escrito ya una canción?-, que me tranquilizan sabiendo de sobra los tempos de llegada de la audiencia, apurando al máximo la tertulia de la cena en cualquiera de los buenos lugares que rondan por allí.
Calentaron el ambiente los chicos de Helsinki, cuatro chavales locales que, con una propuesta de rock que parece beber de las fuentes de Green Day y Rage Against the Machine, le meten mucho sentimiento a sus riffs y guiños con zapatillas Converse. Contraatacaron con buen gusto la dura labor de telonear a la banda que encabezaba el cartel y disponían en las primeras filas de una legión de seguidores que movían la cabeza con sentida emoción y que compensaba un poco la frialdad inicial con la que deben lidiar las bandas que están en la casilla de salida.

Apalancados en la barra pequeña de la sala, mientras esperamos a que se prepare el escenario, hago una porra con Amparito, mi bonita secretaria para esta noche en la que libra del bello arte de dar de beber al sediento, sobre si The Right Ons empezarán dando estopa en castellano o en inglés. Y la banda nos dice sin decirlo buenas noches a porta gayola con los acordes de 'Purple Neon Lights', de su anterior disco. Siguen casi sin respirar entre tema y tema, enlazando cuatro o cinco canciones con una mecánica casi alemana, como ligeramente ausentes. Después me entero que, minutos antes de empezar, les habían dicho que un amigo suyo acababa de fallecer, por lo que más meritorio y bonito fue todo lo visto, a concierto pasado.


La gente salta con los temas de la banda. Nos da igual que sean temas en castellano o en inglés. Pintan una sonrisa para todos los que estamos allí, excepto para una moza que andaba por allí con mirada de divina sin serlo ni parecerlo. Le ofrecí mi copa para brindar con ella e intentar arrancarle una sonrisa, ya sabes me gustan los retos más que a un perro una zapatilla, pero no, supongo que su momento sería otro, por lo que recé una oración por su alma gris y, tras brindar con la santisima trinidad como si fueramos vaqueros del espacio -un, dos, tres, adentro-, seguimos degustando la tralla de los chicos, comentando nuevamente con Chema González de Camden que suenan maginificamente, mientras me cuentan que van a tope, tocando con su nueva formación.

Esperamos con alegría los grandes temas. Su nuevo disco 'Volcán', con letras en castellano, con igual o más fuerza que su anterior, el fantástico 'Get out'. El concierto va in crescendo y todos esperamos el top less musical de la banda, su momento álgido, donde lo dan todo, se desmelenan y sudan la camiseta. El nuevo bajo de Utah, un precioso negro Gibson, parece ser que mimetiza a la perfección con sus dedos, me sigue encantando como le mete ritmo Martín a los teclados, ayudando a veces a Rams en los platos y Álvaro y Rafa, Rafa y Álvaro hacen sangrar las cuerdas y mojar algunas prendas de las primeras filas, sin pretenderlo demasiado.

Mi secretaria, tiembla Moneypenny, asiente cuando le comento que están perfectamente ensamblados y esperamos el toque final con los temas en los que harán saltar a la gente. Y brindamos, otra vez, por ello. Porque sí, The Right Ons son un grupo de saltar, de brincar y brindar, de besar y de demostrar que el espectáculo debe continuar y que las historias de rocanrol, incluso aquellas que no te puedo contar, son las que nos alimentan, nos hacen sentir vivos y nos merecen la pena que nos llevemos a aquellas sábanas que siempre son con otra mi amor, nunca contigo, bien sabes lo que digo.

Caras de alegría en la banda al acabar, asaltos de groupies incluidas, copas, charlas animadas y remate perfecto de la noche, con francachela del balón con Tono, de Let's Go y aquello que el sentimiento no se puede comprar. El escocés generosamente servido avisa que es hora de la retirada y antes de imitar a aquel que no se escapa a través de las rendijas soleadas y con un beso en el haber que me obligará a volver al lugar del crimen, ya fuera de la sala levanto la mano para parar un taxi, mientras pienso aturdido que ha sido un día perfecto y que, efectivamente, esta ciudad quiere bailar.

Y para que no se me olvide, anoto en la libreta una última reflexión: ¿Por qué nadie ha escrito una canción a las chicas del Wah-Wah?

lunes, 4 de junio de 2012

Diez mil razones para apostar por el rocanrol

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Queridos amiguitos, en este mundo todo está bajo control. ¿Todo? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste ahora y siempre al invasor, con una poción mágica que los hace invencibles…

Nos sirve el principio de los cómics o tebeos, tal y como dice el gran Paco Roca, de Asterix y Obelix para meter la cuña y brindar con los caldos de la mejor añada que tengamos a mano, o con un Sprite, lo que te dé la gana, pero llena la copa porque toca celebrar. En este lugar llamado España, donde la música que sobrevive fuera de los circuitos de radiofórmulas al dictado de las discográficas tiene un duro y complicado camino por el lado salvaje. Aquí existen muchos garajes y antiguas fruterías llenos de chavales, algunos ya no lo son tanto, que cuentan sus historias, narran sentimientos y sienten emociones a través de una música que les hace sentirse vivos. Y elegir este camino los convierte en donquijotes peleando con las ruedas de molino y, en la mayoría de los casos, reciben mandobles en lugar de aplausos.

Pues bien, en este lugar donde sigue la búsqueda catódica del Número Uno, para deleite de mi madre, de la tuya, de la peluquera del barrio y de la dependienta del Berskha que te vas a intentar follar esta noche cuando le hayas metido una patada al listón de tu orgullo, zurrado de gintonic, aún hay un pequeño lugar para la esperanza. There's a place to stay. Y ese lugar se llama Rockrockradio.

No lo busques en el dial, que no lo vas a encontrar, ni falta que nos hace. Esta emisora online nació por necesidad, por un corte abrupto de una carrera y un proyecto genial tras una toma de decisiones que, a día de hoy, parecen más incomprensibles, si cabe. Con pocos recursos, imaginación y muchas, muchas fiambreras a la hora de comer, el señor Iván Guillén puso los cimientos de una emisora interactiva con los oyentes, con revisión y respeto a los clásicos, dando cabida a nuevas escuchas y un feedback real con los oyentes, retomando esa esencia pirata y canalla de las radios al margen de la ley, como la historia que se contaba en la magnífica Radio Encubierta.

Pero toda esta energía, como el principio termodinámico, cambió y se transformó en el proyecto de Rockrockradio, con sangre, sudor y quebraderos de cabeza que solo el señor Guillén y quienes conviven diariamente con él sabrán a ciencia cierta donde llegan. Pasito a pasito, sin prisa pero sin calma, volvió a andarse el camino y se volvieron a estrechar lazos de gentes dispares en principio como Alicante y Cuenca o Bilbao y Chamberí. Gentes a las que no les importaba plantarse dentro de un avión, o hacerse 400 kilómetros por carretera por tomar unas cervezas con una familia virtual y brindar por el rocanrol. Incluso se iniciaron historias de amor que aún perduran en el tiempo, aunque también se aprendieron lecciones acerca de las miserias del ser humano. Todos y cada uno de nosotros, volvimos a vivir en cierta manera nuestra nueva juventud musical a ritmo de bandas como Los Perros del Boogie, Garaje Jack, Eli Paperboy Reed o The Right Ons, por poner solo algunos ejemplos.

Y no me digas que eso de las mariposillas no mola un montón, porque no te creeré.

Y en este lugar nos encontramos ahora mismo, con una cifra redonda, diez mil. Diez mil personas a las que en Facebook les gusta rockrockradio, sus emisiones online, Little Steven y su Underground Garage, las lecciones de historia psicodélica de David y su HippieShow, el Blues Syndicate. Una emisora de Copa del Mundo, con una cifra simbólica que entraña el corazón, el alma y la actitud de aquel que un día se propuso aquello de 'el que la sigue, la consigue'.

Mis felicitaciones a todos los oyentes, followers y fans. Si leyendo esto, te has sentido aludido, es cierto, lo hice pensando entre otras personas, en ti, así que felicidades. Y en especial al padre del invento, don Iván Guillén, 'Youngie', que seguro que ya andará tramando algo para cuando llegue a otra cifra mágica, quizá un macroconcierto con sus AC/DC como hizo Howard Stern tras llegar al número uno en USA. No está nada mal empezando en un garaje y ya se sabe, the sky is the limit, ¿no Steve Jobs?