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miércoles, 1 de agosto de 2018

El último trago del Nueve.

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El último trago nunca sabes que lo es. El mío fue, exactamente, un chupito de Jack Daniel's. Como siempre, hice caras al pasar la bebida por mi garganta. Mi dureza no es como la de Andrés, curtido en mil y una batallas a un lado y otro de la barra. Todavía tuve los arrestos de marcarme unos pasos de baile tratando de disimular el ardor que provoca ese bourbon, roquero por excelencia. Desde la esquina de la barra, alguien reía. Lastimosamente, supongo. Si sabes que ese es el último, lo abrazas para la eternidad. Pero ahí está la gracia. Beberlo con normalidad. Aunque diez, quince o veinte días después se vuelva amargo.

El Nueve Tragos cierra sus puertas. Dieciocho largos años, muchas páginas escritas y recuerdos que se nos quedarán para siempre hasta que nuestro coco se reblandezca por los excesos de juventud y madurez. El Nueve entró en mí una tarde noche de marzo de 2010, con un acústico de Igor Paskual. Día 16, en plenas Fallas y, con esa cara que solo tiene el que se encuentra a medio camino de la borrachera y la resaca, me presentaba allí, tímidamente, ante el dueño, para no marcharme nunca más y dejar un trocito de mi corazón en esas mesas redondas y en esa barra presidida por un lema digno de ser mantra. Sueños de rock & Roll. 

El Nueve ha sido mucho más que un bar. Ha sido un hervidero de cosas. Me niego a llamarlo contenedor cultural, aunque pueda ser la definición técnica más acertada. Incluso fue restaurante sin serlo. O lugar improvisado para comerse una pizza regada con tertulia. Allí he comprado vino, he sido solidario, he asistido a charlas donde la música ha sido protagonista, a presentaciones de libros, a proyecciones cinematográficas con palomitas, a partidos de fútbol, a fiestas infantiles, a exposiciones fotográficas y a conciertos. He celebrado cumpleaños provocando la mejor de las sonrisas. Incluso me ha servido de escritorio en alguna de esas noches en las que solo necesitas buena música, un whisky con hielo y el buen hacer detrás de la barra. Y sí, he subido al coche de choque, con la correspondiente foto. Incluso tengo una tarjeta VIP, de la que me siento orgulloso.

Me consta que Nueve Tragos ha sido, es y será importante para mucha gente. Fue donde ella le dijo sí a él, dejando dos hijos para la posteridad, convirtiéndose para siempre en su bar. Fue el sueño cumplido de un chaval al que su pasión por el rock de Loquillo lo hizo empresario. Es nuestro espacio de seguridad, donde lamernos las heridas de lobos solitarios y el lugar del que siempre hablamos. Es el vaivén de las copas hablando de fútbol en clave valencianista o del pasado cuando jugábamos, saltando sin rubor a los problemas con las mujeres, como el disco. Es visitar sus paredes, historia viva del rock en España y Valencia. Es el altillo. Es el Loco entrando y callando a todo el bar con solo su presencia. Es el abrazo sincero de Andrés al llegar. Es el abrazo sincero de Andrés al marcharte. Es la intimidad de la puerta cerrada y las confesiones que no se pueden contar. El Nueve Tragos es la mutación al Mesón La Pepa, las mismas caras, los mismos gestos, la misma elegancia, pero bien comidos y bebidos.

Patraix se queda un poco más oscuro sin las luces de neón. Y esa pendiente despedida a lo grande será la que todos y cada uno de los que nos dejamos un trozo de nuestra vida en el Nueve Tragos imaginemos en nuestras cabezas. Con las caras que queramos recordar, con la canción que queramos cantar o bailar, con el hielo que queramos que suene en las copas.

Espero veros a todos en La Pepa, para que el Nueve Tragos y su rocanrol actitud no muera.

Por un instante… la eternidad.

Gracias por todo, Andrés Albert. 

PD: Perdón por la licencia narcisista de la foto. Si no os gusta, cerrad al salir.



miércoles, 4 de enero de 2017

Año nuevo de calendario.

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Como el anuncio de la tele, parece que sea necesario decir lo del año nuevo, lucir palmito la noche del 31 y levantarse a la mañana siguiente con ese dolor de cabeza que se desprende de la belleza de una noche de alcohol, que canta Loquillo. Pero hace tiempo que la cuestión es comenzar el año en septiembre, cuando el ciclo vital realmente comienza. Y para mí, las noches locas es acostarse en el sofá, con la tele escupiendo cualquier cosa y acariciar tu ombligo por debajo de la manta, mientras apuramos cualquier Priorat a tragos exagerados.

Pero siempre, por aquello del folclore de las campanadas, no está mal pensar en el año nuevo como un apetitoso Roscón de Reyes. Para escupir con rabia el haba de los malos cuerpos, de los dolores de espalda que atraviesan como una patata brava de Rausell sin bocado dulce. Para saborear las cremas de un futuro mejor, más coloreado, menos gris y monótono. Para valorar más las cosas verdaderamente importantes, porque las otras solo nos dan disgustos sin sentido. Ya ves, todo eso al son de las campanadas, cuando realmente se puede hacer cada mañana, cada tarde y cada noche.

Iniciando el año con un paseo en la playa sin resaca a champán que para eso están el resto de los días del año. Para beber y para las resacas, que cada vez son menos y más menos siempre serán. Y contando con la mente las cosas por hacer, entre las que no está pisar ninguna sala de muscular los biceps, si acaso las salas de Pol, el Kraken, y de Andrés, el Nueve, tan descuidados que van a olvidar mi nombre y mis gustos. Y las montañas, siempre las montañas. Esa cuenta pendiente, solapada a comer más con cuchara. Y marcar cruces en los 55 mejores restaurantes de la Comunidad Valenciana, esa maravilla supervisada por el jefe Cruz Sierra, donde hacemos senda. Y reír más. Y llorar menos. Aunque sé, intuyo, que al volver aquí 365 días después, alguien me faltará. Ojalá me equivoque.

Aunque en realidad, nada cambiará más cerca de septiembre. Los Perros del Boogie, Los Vicentes, Capitán Booster y Corazones Eléctricos nos podrán la piel de gallina a cada golpe de riff, brindaremos por la memoria de Rockonut y Verlanga una y mil veces, el Valencia nos llenará de muchos disgustos y pocas alegrías, nos enfadaremos por cosas sin importancia y tendremos más plazos 'lo quiero para ayer'.

Ya ves, nada nuevo bajo el sol de invierno.

¿Qué esperabas si el año nuevo empieza en septiembre?

viernes, 21 de agosto de 2015

Letras de rock. Las mías.

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Prometo ser explícito, como las etiquetas que adornan los discos donde se supone que las letras van a escandalizar a nuestros padres de misa de domingo y cuatro esquinitas tiene mi cama. No pretendo sentar cátedra -ni quiero-, pero si me gustaría generar debate, hostias cibernéticas, o reales si hace falta.

He aquí mi Santísima Trinidad de lecturas rock. Las nombro así porque, de una manera u otra están relacionadas con ello, aunque no necesariamente narren guitarras, rasgueos y fans enloquecidas:

- Igor Paskual. Donostiarra de Asturias, de donde el arte prerrománico. Apasionado del arte, el fútbol y la música. Más de Izzy que de Slash y mojabragas oficial del line-up de Loquillo, con permiso del Loco. Tiene una columna en 'El Comercio' llamada "Rugidos de gato" donde escribe casi sobre lo que le da la gana, Marca le ha dejado un espacio en su blogosfera llamado 'Hierba mojada', que es la sensación más bonita que puedes tener al entrar a un campo deportivo con hierba natural.

- Andrés Albert. La vida vista detrás de una barra. Con todo lo que implica. Y siendo la barra una metáfora de todo lo demás. Con recuerdos a la infancia, con el sonido de las viejas radios o los surcos de los vinilos, a golpe de tupé y de movida valenciana. Andrés nos agita con sus textos, que son una delicia y siempre te dejan pensando. Y te ayudan a pensar. Que no es poco en estos tiempos que corren. Mucho respeto por este señor y sus letras.

- Los Zigarros. Diarios de la carretera. Eso sería una manera estupenda de definir los escritos que salen del interior de la banda. No es difícil asociar las palabras a los miedos y sentimientos de una de las canciones clásicas del rock español 'Rock n' roll star' de Loquillo «...soy un chico de la calle que vive su canción, también me emborracho y lloro cuando tengo depresión.» Sensaciones a flor de piel, comentarios íntimos, a veces desordenados donde no importa tanto el como y si mucho el qué, hacen de estas entradas en su página de Facebook un excelente material para sus fans y una lectura que acerca a los músicos a sus miedos, a sus filias y a sus subidones y a sus bajones.

Estoy seguro que habrán más lecturas que estas tres. Y quizá tú tengas las tuyas propias. Pero estas son las mías, con las que me encuentro cómodo. También me encuentro cómodo con Jabois y con Kiko Amat, pero porque sueño todas las noches con apropiarme de su talento, en un nocturno acto de envidia. Aunque la envidia no es más que la admiración por las malas.

Y eso es todo. Que quizá es poco. Pero es lo que hay. Dime cuales son las tuyas y así nos las podremos medir.

lunes, 25 de mayo de 2015

Nueve Tragos. Quince años por amor o el principio de una hermosa amistad.

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Muchas veces se ha hablado aquí de esto. Aún así, son pocas, las veces que se deba glosar acerca del Nueve Tragos y su gerencia. Dicen los cronistas del mundo del balón que un equipo es la imagen de su entrenador. Pues bien, eso mismo podríamos decir acerca de Andrés Albert y como lleva las riendas de un negocio que cuando abril se convirtió en mayo cumplía quince años y que, en el momento inicial de parir estas letras, era todo un trajín de preparativos y acicalamiento general, del local y de su persona.

La historia, creo que ya la conocen: un fan de Loquillo con un sueño que se convierte en realidad cuando la propia estrella le brinda todo su apoyo en una de esas firmas de discos. A partir de ahí, la vida es de los que arriesgan, de los que apuestan todo a doble o nada. Porque Andrés es un tipo de los que arriesgan. Solo por el mero hecho de abrir un negocio ya merece el mayor de los respetos. Y montar un bar de copas con temática rock, en una ciudad estigmatizada con los tópicos de tetes, bakalas y música electrónica, bien merece un redoble con final en platos. Y a eso hay que añadir la personalización de eventos de cualquier clase, desde fiestas temáticas a veladas de cineclub, su sabiduría con los vinos (prueben su Teatinos, por favor) y los quesos manchegos, sin olvidar los servicios de restauración a domicilio, convirtiéndose en algo más que un simple bartender, un empresario multidisciplinar. Un tipo que hace feliz a la gente. Un tipo que me hace feliz.

Aunque todos los motivos arriba expuestos serían más que suficientes, hay un componente que hace especial el lugar y el sabor de cada trago. Andrés es tranquilo, sosegado y seguro que esconde alguna muesca en el corazón. Podría ver la vida pasar, sirviendo licores, estrechando manos y limpiando copas con la tranquilidad que otorga el disponer de un negocio con sus mil vertientes y reinvenciones constantes por el placer de crear, esperando al cierre para darse el placer de un copazo tranquilo, mientras suenan notas de jazz o alguna rareza del propio Loco y santas pascuas.

Pero no.

Él va a más.

Andrés consigue agitar las conciencias de sus parroquianos. Nos lobotomiza con su Jack Daniel's, sí, pero nos activa la cabeza y el corazón con sus acciones solidarias o con sus reflexiones con tintes literarios que nos hacen pensar, llorar o emocionarnos, en esa ventana al mundo que son las redes sociales. Y sin querer, toma partido de las injusticias de la calle, del abuso del fuerte -desde ayer bastante menos fuerte- con respecto al débil, porque simplemente es lo que pasa por delante de su casa. Justo como le pasaba a aquel Rick de «Casablanca» frente a los nazis en su bar. Otra cosa no sería posible viniendo de Andrés. En estos tiempos donde el marketing social está a la orden del día, Andrés consigue movilizar hasta al más parado de sus clientes a la mínima sugerencia. Orgullo de marca. La del Nueve. Y me importa bien poco si creen que esto es una de esas entradas que solo sirven para poner bien a los amigos a cambio de una borrachera patrocinada. No es el caso, ni puta falta que hace.

Hoy, casi un mes después de escribir el principio de estas líneas y con la resaca de muchas cosas, entre ellas la de su aniversario, brindo nuevamente por Andrés Albert. Porque ya no se hacen tipos como él. Desgraciadamente.

martes, 28 de abril de 2015

Loquillo & Nu Niles. Código Rocker. Valencia, 24 de abril.

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Vaya por delante que nunca suele decepcionar. Dirán los asistentes a cualquier diván, que muchas veces tiene forma de barra de bar, que la predisposición es fundamental para afrontar con positividad cualquier envite. Pero, en este caso, no se podía afrontar de ninguna otra forma el paso por Valencia de Loquillo y su gira de "Código Rocker", el nuevo disco sacado de la manga con Nu Niles. Rockabilly puro, con vuelta a los orígenes, si se quiere decir así, pero que fue la excusa perfecta para reunir en una mesa a amigos de los de verdad, de los de más de veinte años, para los que el señor de El Clot ha creado, involuntariamente, muchos pasajes dentro de la banda sonora de nuestras vidas. Y con eso en el imaginario, con anécdotas del pasado y brindis por el futuro, nos metemos en la sala para vivir una noche de vaquero apretado, chasquidos de dedos y tacones de mujer.

La sala Fussion, en Massanassa, está llena. Casi hasta los topes. Mucho ambientillo, que dirían los clásicos, con algunas rocker girls que provocan más de un codazo a mis costillas por parte de mis acompañantes para que no pierda detalle. Mientras espero al inicio del concierto puedo abrazar a los hermanos Tormo, Álvaro y Ovidi, que siguen girando y marcando etapas con Los Zigarros. Siempre es un placer hablar con ellos porque en cada momento que compartes con ellos aprendes algo y transmiten pasión de verdad, no como algunos niñatos con pose y poco más.

Digamos que el concierto empezó a su hora, que fue la justa para saludar y tomar algo frío antes que sonaran los primeros acordes de "Hawaii 5.0", - la música de la serie llegué a escuchar por ahí- justo antes de la aparición del Loco, tras sonora ovación. El dress code del jefe, con una chaqueta negra con detalles en rojo, nos presagiaba una gran noche de himnos, rocanrol sin aditivos y movimientos de cadera, que era para lo que habíamos venido, con el arranque de "Eres un rocker". Una de sus grandes virtudes es, entre otras, que sabe rodearse de los mejores. Y lo ha vuelto a hacer. Mario Cobo, Blas Picón, Jorge Rebenaque, Alfonso Alcalá y Josu García son una garantía para sentir el orgullo de la familia.

Poco a poco fueron cayendo las canciones esperadas, presentando "Chanel, cocaína y Dom Perignon" su seria candidatura a himno de la gira, por lo menos para un servidor, cosa que les importaría más bien poco a las dos mozas víctimas de la moda de los selfies que, en ese mismo momento, usaron el baño de señoras para inmortalizarse su momento post-tocador. Fui involuntario espectador de la escena al decidir que ese sería el lugar donde ver las evoluciones del concierto, habida cuenta que la edad y las ganas de uno para abrirse paso a codazos entre la multitud menguan como un increíble hombre cualquiera.

Loquillo demuestra que se siente a gusto con esta gira. No quiero decir que no lo estuviese en las otras, pero en esta desprende más cercanía, más tranquilidad. Slow food lo llaman los gastrónomos a este movimiento aplicado en la cocina. Y con el taburete, el cigarrillo y la parte más jazz de la velada, nos permitió a todos bajar las pulsaciones y ser testigos de algunos pasos de baile entre románticos rockeros, que los hay.
Tuvo un momento para la charla cuando se permitió la licencia de hablar de "El crujir de tus rodillas", que la recibió hace unos cuantos años (¿veinte?) y que ahora puede, o quiere, tocar con los creadores, Nu Niles, que se ha convertido en una de mis bandas de cabecera en el rockabilly, junto con todo lo que nos dejó Nick Curran.
Sonaron todas las que tenían que sonar porque treinta y pico años dan para muchas clases de conciertos. Este, en concreto, tuvo momentos de mesas con whisky, cartas y cigarreras taconeando con piernas largas y falda corta, tuvo instantes de canalla, enfundado de negro Cash y mueca seductora, pasos de baile dignos de un showman, con chaqueta de lentejuelas que no desmerecerían a cualquier noche en el Bellagio, y el camino final con la calle, mangas al aire, como un Rebelde de Coppola, luchando contra la ley y la ley ganó. Pero él es la ley. Y sigue estando en forma, manteniendo el nivel, como pude comentar con dos grandes de la prensa, Eduardo Guillot y Liberto Peiró, eminencias de la cultura del rock en la ciudad y espejo donde mirarse en esto de contar y cantar cosas.

Cuando se hizo la luz, de la sala, y nuestras caras reflejaban el fragor de la batalla, con algún exceso anestesiante de por medio, no había que mostrar mucha resistencia para disfrutar de la velada allá donde nos conocen por nuestro nombre, el Nueve Tragos, parada, fonda y presencia obligada para recordar lo vivido en esta noche y en muchas otras, iguales pero distintas. Aquellas de cuando reímos y cuando lloramos, cuando fuimos los mejores y cuando modelábamos banderas. Y allí, donde Andrés es el jefe y Rosa y los demás perfectos tripulantes del barco pirata, no nos hizo falta más que seguir la charla donde la habíamos dejado después de la cena para conseguir nuestro bonito final.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Solidaridad y rocanrol.

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Damas y caballeros, he aquí una entrada navideña.

En julio de 1986, Bob Geldof, actor y músico irlandés, promovió "Live Aid", unos macroconciertos de forma simultánea en Londres y Filadelfia para recaudar fondos que paliaran la hambruna en Etiopia y Somalia, provocada por una gran sequía entre 1983 y 1985. Fue un gran momento del rock mundial en particular y de la música en general, logrando un éxito sin precedentes al contar con las grandes estrellas del panorama musical anglosajón. Probablemente desde ese mismo momento, los músicos tomaron conciencia del poder que pueden llegar a tener para movilizar por causas solidarias a las masas, y quien sabe, quizá el activismo de Bono, presente con U2 en Wembley, pueda comenzar desde esa fecha.

Lo bien cierto es que se abrió una puerta a iniciativas de este tipo, con cualquier causa que se precie. El activismo solidario mezclado con la música funciona y si, vale, se recaudan fondos, pero el espectáculo ofrecido también es bueno y las audiencias o las cuotas de pantalla no dejan de ser beneficiosas para los de casi siempre.

Luego tenemos la otra opción, la de no hacer ruido, trabajar sordamente y conseguir un beneficio local, con igual o más valor que el que puedan recibir en África Oriental o donde se necesite la ayuda. De ahí que sea menester mostrar dos iniciativas solidarias que me han llegado a la patata y un macroconcierto para mover el culo a base de bien que se harán en Valencia en los próximos días de luces de colores. Así que allá van:

Como quien no quiere la cosa, Vanessa Supertramp se levantó una mañana y creo un grupo en las redes para hacer un calendario benéfico con los rockeros y las rockeras de la ciudad con más o menos ropa, sin otra pretensión que recaudar pasta para alguna asociación de estas que no tienen a grandes estrellas entre sus embajadores pero que, con su día a día, hacen mejor y más humana la existencia de las personas sin hogar o a los que la vida les ha desplumado con cartas marcadas. La respuesta ha sido demoledora. Trabajando por amor al arte ha movilizado a músicos, fotógrafos, artistas y aficionados al rock que van a aportar su granito de arena para echar un cable a la Casa de la Caridad y a 'Amigos de la calle', prestando su imagen para tan bonito fin. La iniciativa se va a coronar con un concierto el domingo 29 en formato acústico en Experience Rock Bar donde se podrá hacer entrega de mantas, ropa juguetes o calor humano para coronar esta propuesta que ha movilizado en tan poco tiempo a toda la red de la escena local. Puedes seguir la evolución de la criatura aquí.

Andrés Albert, amo y señor del Nueve Tragos, es un hombre de bien. Aparte de hacer de guía de este que escribe sobre los caldos de su tierra y degustarlos con placer y buena conversación, puede ser uno de los pocos hosteleros profesionales que se merecen ser nombrados como tal, es un tío observador. Y cerca de su casa pudo detectar la ayuda que precisaba una familia de esas de noticias, carne de deshaucio o de página de sucesos. De esas que los cabrones dicen que vivían por encima de sus posibilidades sin apretarles lo más mínimo el nudo de la corbata al soltarlo. Y, ni corto ni perezoso, empezó a recoger alimentos para ellos. Y otra vez lo ha conseguido. Creo recordar que anda ya por el séptimo envío gracias a la parroquia del Nueve, que es también para quitarse el sombrero.

Dos éxitos sin luces ni reportajes. Que esa es otra. No se a que se dedican las redacciones locales que no buscan las historias como estas y que quizá tú no tengas constancia de ellas hasta ahora, que lo has leído aquí.

Y de propina un concierto de tacón y punta.
Si has estado en los conciertos de Los Perros del Boogie habrán reparado en uno de sus pipas, Adri. Un tipo rápido y ágil como una anguila que se mueve con la precisión de un relojero suizo por el escenario entre cables y amplis para conseguir que la banda se preocupe solo del mero hecho de tocar y que no les falte ni una cuerda, ni un trago frío o el teléfono de la morena con ojos de viciosa de la segunda fila. Pues este caballero se ha permitido el pequeño lujo de movilizar a sus colegas del mundillo, tiene una empresa de servicios de transporte para conciertos y movidas similares, llamada Rock Runner, y los ha conseguido juntar para hacer un fiestón temático en torno a AC/DC. Para ello ha contado con la inestimable colaboración de Ángel Vela, new kid de LPDB y que ya hicieron algo parecido el año pasado con algo similar dedicado a los chicos de Liverpool, The Beatles. La cita es el sábado 21 en Wah-Wah y la noche promete ser un largo camino hacía arriba si tu quieres rocanrol.

No está mal para ser una entrada navideña. ¿O esperabas otra cosa? Pues Billy Mack te había dado una pista.

martes, 24 de septiembre de 2013

El ritmo del garaje. 30 años después.

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Aviso a navegantes, o sea a lectores. Descontando el título de esta entrada, que no podía ser otra, lo que sigue a continuación es un arrebato de tecla sin testeo previo, sin documentación en redes ni nada que se le parezca. En este lunes huérfano de The Newsroom y vista la oferta convencional, consideraba oportuno darle al corazón desde dentro de las yemas de los dedos.

Y a eso vamos, joder.

Es aventurado, suicida, e incluso un poco irrespetuoso, el añadir una sola coma a la excelente presentación que hizo Eduardo Guillot en el Nueve Tragos para celebrar que tenemos más de treinta. La banda sonora de nuestras noches de Vespino, mitgets de Bacardí con cola y primeras tetas por debajo de la ropa de colegiala forma parte de nuestras vidas. Y muchas de aquellas decisiones, algunas tomadas desde la pernera de nuestros pantalones, nos convierten en lo que somos ahora, para bien o para mal.

Pero eso es vivir. Elegir, equivocarte y asumir las consecuencias.

Y este disco, sin saberlo quienes lo parieron, no deja de ser una hoja de ruta. En estos treinta años nos miraron mal los padres de nuestras novias, lloramos con nuestros Cadillacs que tenían forma de ciclomotor, por no olvidar a la Nena, queríamos camiones y nos gustaban las chicas raras como María o su prima Linda, que nos presentarían después. 
Y aunque nos creíamos invencibles, la hoja nos marcaba el adiós prematuro de amigos arrancados de cuajo de nuestro lado porque, tarde o pronto, se paga el peaje.
Y todo este mapa lo hicieron unos tipos insultantemente jóvenes en cinco días mal contados, convirtiendo este 'El ritmo del garaje' en, al loro con esto, nuestro 'Exile on Main Street' patrio. Estudios de grabación donde pasaban 'cosas', la mítica Rockola donde pasaban 'cosas', juegos de palabras acabadas en -ina, francesas amables que relajaban, Ana Curra, Alaska y la movida madrileña antes del folklore. El caos convertido en arte de leyenda.

Todo esto fue, y sigue siendo 'El ritmo del garaje'. Una sorprendente creación que, a día de hoy, no deja de ser un misterio que llegase a buen puerto. Y una tarde de domingo, en el Nueve Tragos, vino un señor completamente vestido de negro, salvo por las canas y las marrones gafas de sol, y nos contó todo aquello. Lo poco que recuerda, según él, pero que es mucho. Y Eduardo nos condujo, con sus preguntas, a aquella época de tejanos rellenos, primeros besos y peleas. Y el señor de negro, que despierta ruidosos silencios allá donde pasa, con sus respuestas, nos hizo reír, recordar y emocionarnos con nuestra juventud de posters pegados en la pared en nuestras particulares Rocker Cities.

Loquillo y Trogloditas. El ritmo del garaje. 30 años después. Salud.

"Con cariño para el jefe Andrés, por el pasado, presente y futuro de nuestras vidas, y para las chicas del Nueve que son un diez"

sábado, 4 de mayo de 2013

Loquillo, Nueve Tragos y letras a una madre.

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Hola mamá:

Se que no vas a leer esto a no ser que alguien te chive donde esta esa cosa en la que escribe tu hijo pero, aprovechando que mañana es tu día, y haciendo caso a Paula Pons que es más lista que yo, voy a darte un abrazo desde aquí y que todos los hijos puedan usar esto para hacer lo mismo con sus madres.

Muchas veces te preguntas a que dedico las noches que no acaban casi nunca. Y por eso te lo voy a contar. Tranquila, no hay ninguna cosa mala, ni gente dando droga para ver si picas, eso ya no existe. Creo que lo sabes, pero es tu obligación el protegernos de las malas influencias.
Pues anoche fue un día de los de suerte. Mucha y buena. Tu hijo, y los pasos de la vida, ha conseguido reunir a unos elegidos que son su tropa pretoriana. Casi como hermanos. Y anoche, uno de ellos, por aquellos azares del destino, me regalo una entrada para ver a uno de los grandes del rock en España. Sí mamá, anoche estuve viendo a Loquillo, gracias a mi amigo, mi hermano de sangre, Pepe.

Llegamos pronto, pero ya se respiraba un ambiente de rock, de chupas de cuero y de tacones de infarto. Hicimos un poco de tiempo tomando un par de cocacolas con hielo, mientras la sala se llenaba, con muchas banderas del pájaro loco rockero y bastantes patillas. Por los altavoces sonaba música de la buena, como Johnny Cash que, aunque tú no sepas quien es, ya te digo que fue un gran rockero y de escucha obligada y necesaria. Sí, es ese del póster con el dedo que tan poco te gusta.

Allí vimos a María y Rafa y, para celebrarlo, nos tomamos unos chupitos sin alcohol. María estaba muy contenta porque tenía muchas ganas de ver el concierto y tuve envidia de Rafa porque iba a ser la primera vez que veía a Loquillo en directo. Nos reímos un poco de la chica de la barra, pero sin ninguna maldad. María hizo amigos nuevos y brindó con ellos con cocacolas y schnaps de mora y le daba tiempo a cantar a tope alguna de las canciones. A veces hace tantas cosas a la vez, que parece que tenga pilas de larga duración.

El concierto estuvo muy chulo. Tocaron todas las canciones que esperábamos, incluso aquellas que yo escuchaba con el viejo radiocasete y que me obligabas a bajarle el volumen, con esas letras que yo transcribía para entregárselas a aquella chica del instituto que me gustaba tanto. Loquillo tiene una gran banda y sonaban muy bien. Gary Oldman, perdón, Jaime Stinus, está en plena forma y a la derecha del dios padre el caballero astur Igor es un gran seguro de vida y rocanrol actitud de la de toda la vida. Pude ver la cara de orgullo que tenía Andrés al ver como su amigo hacía levantar los brazos de la gente, con el mayor de los respetos, poniéndonos, otra vez, la piel de gallina con el derroche vocal lleno de sentimiento con el 'Cadillac solitario'.

Luego volvimos al Nueve Tragos donde últimamente hay aroma a libros y sabor a vino para volver a vivir los momentos más especiales del concierto, con gente como Dani, de Barna o el alma del Club Elvis, ese bonito proyecto en homenaje al eterno Vicente Ahumada. La gente es muy amable conmigo cuando me reconocen como el que escribe aquí, y me dicen cosas muy bonitas y sinceras que debería apuntar para que no se me olvidaran.

Quizá fuimos un poco pesados con la banda y Andrés acabó un poquito harto de nosotros, por lo que haré aquello que me enseñaste, pedirle disculpas por ello. Andrés merece tener siempre el bar lleno como anoche. Incluso volvió Emilio Solo y me dijo lo que tú, que me cortara el pelo.

Así fue una de las buenas noches en las que no parece que tenga casa. Así es como te lo puedo contar y como yo la recuerdo.

PD: La fotaca es de anoche en el Nueve Tragos. Tarque también disfrutó del concierto.

jueves, 2 de mayo de 2013

Igor Paskual. El (noble) arte de mentir.

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Mayo.
El mes de las flores, dicen.
El mes institucional de nuestras madres, que bien lo aprovecha Isidoro para hacer caja y algunos piratas de la mesa y mantel para clavarnos la VISA en toda la espalda. Y, por lo menos en estas tierras, el mes de la Virgen, la Geperudeta, aunque esto es harina de otro costal.

También es el mes donde apura sus minutos de descuento la Feria de Libro. El sol juega a favor en estos días de primavera en Viveros, donde las gafas de sol, los primeros tirantes y el tacto de los lomos de los libros que huelen a nuevo constatan, más que nunca, que leer es sexy.

Y Fani Grande, con sus escraches literarios, también.

Pero muy lejos, y a la vez tan cerca, con ese maridaje que por aquí tanto nos pone de literatura y rock, el sector canalla, de tacto suave y taco irreverente, tiene una cita en el Nueve Tragos para cumplir y arropar al guaje Igor Paskual en la presentación de su libro 'El arte de mentir'.

Y si, candidatas a suegra, el menda estará allí. Que aunque ustedes no quieran saberlo, ser canalla es lo que les gusta a sus hijas y, quizá, a algunos de sus hijos.

El guaje es un tío listo. Pero no de listillo. Listo de los que se curra las cosas, que aprende aprendiendo, de verbo fácil y, por lo que me cuentan quienes han leído su particular Iliada rockera, bragueta más fácil aún. Apasionado del balón sportinguista y del Ciclón de Boedo y contra todos los fuertes, como buen bebedor y vividor, nos va a dejar desentrañar un poco más, si cabe, de lo que hubo, hay y habrá en la trastienda del rock, desde la puerta de atrás de antros de coca y sudor hasta el mayor jacuzzi de los hoteles de lujo.

Porque esa será, la manera más inocente de provocar.

Y seguro que saldrá airoso de las entradas a quemarropa en forma de preguntas con punta.

Como Eloy en sus carreras por El Molinón. O las de Lucho, soñando con ser Quini.

Parece que va a quedar una buena tarde. Veremos cuanto nos dura la noche.

Mañana, y no exactamente a la misma hora, puede que os cuente.

martes, 22 de enero de 2013

Vinos on the rock(s)

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Ya ha asomado el morro por aquí el señor Albert, don Andrés. De hecho, creo que el nombre de su local, Nueve Tragos, aparece más que 'tacones' y 'culazo' en el blog. 


El caso es que es un señor con todas las letras, de esos que van de frente, un buen barman y un emprendedor nato.

No hay que redundar en lo mal que anda la tropa con la que está cayendo, con ginebras con frutas servidos por escotes generosos de poca inteligencia. Lo de los escotes no molesta, pero no saber preparar una copa, si.

Pero siempre nos quedarán tipos como Andrés, con pasión por lo clásico, el cine de toda la vida y los placeres disfrutados con calma.

Y su nuevo proyecto está aquí. Sencillo, sin alardes y con un objetivo claro: acercar el mundo del vino a los que lo temen. Con especial énfasis en la D.O. Ribera del Júcar, donde su sangre se mezcla con la tierra de las cepas. 

Y en un constante proceso de evolución. No se me ocurre entorno mejor que el Nueve para una cata, aparte de las bodegas, evidentemente.

Por don Andrés y su nuevo proyecto, bebamos.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Una lista que SÍ vale la pena

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Las listas están sobrevaloradas. La de los 40 que baila tu sobrina preadolescente, esa que está loca por entrar a Las Ánimas, aunque solo tenga 13 primaveras, la de Schindler, incluso la de la compra del Lichis que, de tanto ametrallarla por las radios, acabaste por cogerle ojeriza. Y no te digo nada acerca de las listas de propósitos de año nuevo, o de septiembre, que vienen a ser lo mismo. Niente. Nada. Fum. Caca.

Solo hay una lista que vale la pena, siempre que estés en ella.

Sí, es la lista VIP.

Es esa que te permite saltarte la cola del antro de moda y evita que te aburras entre el último sorbo del gintonic post cena y el primer copazo en las luces multicolores. Es esa en la que, si no estás, maldices al hijoputa que pasa delante de ti porque sí lo está, al tiempo que luce rusa de taconazo y escote desafiante cogida de la mano, mientras deseas ser el más grande de todos los hijoputas. Aquella en la que te hablan de usted los gorilas y te desean buenas noches, con acceso a la parte de detrás de las cortinas, donde no hay que luchar en el cuerpo a cuerpo para pedir un doble con hielo, y se saborea de la alegría, los licores de calidad y de las amables camareras que no hablarán más de la cuenta. Las Vegas. Lo que pasa en la zona se queda en la zona. Respeto.

Eso, claro, sí el jefe ha bebido de las enseñanzas de Sam 'Ace' Rothstein y sabe de qué va el business de las copas y el colegueo y se rodea de famiglia para ello. Porque si no, puede ser el corral de la Pacheca.

Pero hablamos de Andrés Albert y su Nueve Tragos, por lo que podemos pedir otra.

Ahora que Valencia empieza a desapolillarse y el ocio de mesa y mantel se reinventa con propuestas de genios culinarios que nos permiten andar de mesa y mesa y tiro porque me toca y divertirnos con su arte, es justo reivindicar el continuo fluir de ideas de este señor que nunca ha dejado de pensar cómo mejorar un precioso lugar y convertirlo en algo más que una excelente barra de bar. Conforme el día que cruces el umbral de los luminosos azules que rotulan la puerta del Nueve, puedes asistir a un cineclub con palomitas con los clásicos de siempre, a un concierto de Ariel Rot o Igor Paskual, a un selecto catering sin estridencias o a un cumpleaños de nocilla, globos y tarta. No dirás que no mola.

Pues bien, la penúltima de don Andrés es darse el gustazo de premiar/agradecer a la parroquia con los VIP del Nueve, un pasaporte a un mundo de actitud, discos de vinilo y buenos vinos, que harán sentirse orgullosos a aquellos que reciban la carta con semejante salvoconducto. Yo aún estoy abrumado de haberlo recibido, sin mérito alguno por ello, pero contento por ser parte del Nueve. 

En época de chunda chunda y malenis, tenemos nuestros refugios donde el tiempo pasa más despacio. Y meteremos leña por defenderlos, si hace falta.


Andrés Albert, Goodfellas. Salud.

martes, 25 de septiembre de 2012

It's only jazz (but I like it)

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Alguien cantó una vez: 'Con 18 son capaces de llegar al final, ya pasados los 30 han aprendido a esperar...' Aunque el juglar hablaba de las mujeres y sus problemas con ellas, puede valer para eso que los abuelos con boina, bastón y piropo añejo a las mozas que pasan por la puerta del casino del pueblo, nos contaban de las cosas de la edad.

Todo en esta vida tiene, o ha de tener, una evolución. El mantra de Forever Young queda bonito para la fiesta de los 80 a la que irás con kilos de más y pelo de menos. Pero ahí se acaba la historia.

Ejemplo fácil: empezaste el tema de los cubatas con el socorrido Licor 43 con piña y buscando arrimar cebolleta a una titi que mascaba chicle con el pelo apestando a laca y hombreras de NFL. Y ahora bebes gintonic, algún malteado o, simplemente, no bebes, y te pone más la charla de las siete en el café, mientras imaginas la lencería invisible de Agent Provocateur con un tacón bien puesto. O tiras de señoras, directamente.

Y sí, vale, que aquí se habla de rock & roll. ¿Pero hay algo más salvaje que las noches de saxo, contrabajo, humo, polvos marrones y alcohol? No.

Chet Baker, maldita sea. Y la Pfeiffer remoloneando encima del piano.

Las noches de esta semana tienen ese sabor, junto a la puerta de san Pedro. Que no es Ruzafa, pero menos da una piedra, y esta piedra es de agradecer. Se mezclarán, espero, lo divino y lo humano, el swing, el góspel y la madre que los parió.

Moveremos el tobillo, o la pierna entera, mientras seguro que nos vienen a la mente cualquiera de las notas de aquel Nueve Tragos, y nos ensoñamos con casinos, mujeres fatales, La Habana precastrista...

Pues eso, nos hacemos mayores, y ya no sabemos en qué creer.


miércoles, 27 de junio de 2012

Bien nacidos a la Kraken Roll Band

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El botín del concierto, regalo de David.


Comes rápido. Más bien, guarreas sobre la marcha. Vamos, que solo te alimentas para no caer en mitad de batalla para la que te has preparado. Has intercambiado previamente mensajes, llamadas y diferentes maneras de comunicación y los nervios, tendrá cojones la cosa, se te alojan en el estómago, como aquella vez que fuiste a encontrarte con ella tras las cortinas de un cine de verano. El sistema nervioso es muy listo, el jodido, y te mantiene alerta por si te confías y no pones los cinco sentidos en la cosa que has de estar. Y el viernes pasado por la noche, ni Fórmula 1, ni leches. El viernes por la noche, tocaba estar, sudar, reír, brindar y disfrutar con la Kraken Roll Band. Y así fue.
El ambiente de la sala Wah-Wah en la puerta es el de las grandes ocasiones. Mucha gente, apurando su vicio humeante, como toca después de cenar bien, con mesa y mantel, cosa que nosotros no hicimos. Ni un Peggy Sue, ni nada. Solo un guarreo. En fin. En la puerta están ellas, guapas, radiantes y nerviosas, según me dicen. Sorprendente. Ellas son Monty y Belen, de The Sheenas, aunque más bien podría decir que son dos artistas multifaceta tan grandes como Mestalla, que lo mismo tatúan una frase impresionante en un sobre de azúcar, como son el sueño húmedo de la señora de rojo. Aunque, ahora que lo pienso, ese cosquilleo previo al cualquier exposición delante de gente es lo más normal del mundo. Mala señal si no lo tuviésemos todos los que alguna vez hablamos, actuamos o intentamos cantar ante la marabunta.
Tomamos posiciones en la sala. Conmigo viene Paco, a quien el rock nos debía una que el destino no nos quiso dar y con la primera amarga de las muchas que vendrían, brindamos por las camareras guapas, por la mesa de sonido y porque esta es una noche de rocanrol.
Músicos cabrones impuntuales. Pregonando que la cosa iba a ser o'clock y no lo ha sido. Lastima de entrecot y botella de Esera. Aprovecharemos para saludar a la crew de Los Perros del Boogie, con el gran Adri Rock Runner entre ellos, la Leyenda y Sonia la bonita, David Lobo, Pau de Uzzhuaïa, Isma Romero y la hija pródiga recién llegada de la ciudad olímpica para oler y tocar a su madre y dar caña esta noche con alguna versión de los Led Zeppelin.
Como si de un concierto de Elvis se tratara, suena Así hablo Zaratustra, pero una versión, claro. Un robot molón nos dice que vamos a ver a la mega banda y con la presentación a cargo de Pol, empezamos a sangrar con el rocanrol a ritmo de If you want blood de AC/DC.
Ahora es el momento en el que yo podría teclear los temas uno a uno y tratar de demostrar que tomé notas, que me porté bien y que las gafas no se me empañaron mientras duró el concierto. Notas si, las justas y necesarias, como mi amigo Chemi, que es más bonito guiarse por los latidos. Me porté fatal y las botellas de Sapphire pueden dar cuenta de ello. Y gafas no llevo. Así que, podría contarte que si me hubiese tocado cantar después de la exhibición vocal de Monty, finjo afonía para no hacerlo y usar el truco para susurrar al oído a alguna de las chicas, muchas, que habían en la sala, camareras incluidas. Que Adri tiene anguilas en el cuerpo cada vez que toca la pandereta o que Janis vuelve para vestirse de Merche cada vez que agarra un micro.
También podría hablarte de Romero, que va para grande, de las rodillas dislocadas de Belén y que sigue enamorando(me) encima del escenario. Que con David y Ernesto estando en forma, su banda va a seguir siendo grande. Que el Lobo aulla de muerte. Que los Babylon Rockets son la banda con más pose, con permiso de Uzzhuaïa. Que James Brown estuvo.
Te podría contar que hice las paces con Americano gracias a Gabrielle. Que las chicas y el Sapphire me descentraron y mezclé vientos con AC/DC y me sonrojo por ello. Que bravo por Cash, Elvis y Morrison, casi nada. Que sí a las secciones de viento en el rock. Y a los coros de las Krakenettes en A Girl, también. Que por Valencia anda suelto un cabrón llamado Micky que se merece que brinde con mi mejor whisky, porque su voz huele a humo y bar. Y que la versión de Nino Bravo me llegó hasta muy adentro.
Y podría seguir diciéndote que la Kraken Roll Band, no es una banda, es una pandilla con miles de historias de sexo, drogas y rocanrol y un vínculo muy fuerte. Y que cuando llegamos al bar donde todos conocen tu nombre, solo podían sonar los Guns 'n Roses para completar la noche, y sonaron. Podría contarte muchas cosas, pero eso sería como desvelarte el final de una novela. Y quizá, solo quizá, sí no estuviste sudando, riendo brindando y disfrutando de mismo aire que nosotros, la vida te de una segunda oportunidad y puedas ver grabaciones de lo que pasó el veintidós de junio en Wah-Wah. Pero eso es, como espero ver pronto en un sobrecito de azúcar, como coger aviones solo por visitar aeropuertos.
Es de agradecidos descubrirse, aplaudir y sonreír por Pol, su local y la banda de sus amigos, la Kraken Roll Band.

jueves, 21 de junio de 2012

Nuestra movida de los 80 y la Kraken Roll Band

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No todo el monte es orégano, ni para bien, ni para mal. Y eso, en el mundo de la tele, también vale. A aviso por la página de Facebook de Nueve Tragos, que se había grabado parte del documental sobre la movida valenciana de los 80 en el precioso local regentado por don Andrés Albert, no pude evitar sentarme frente a Canal 9, sí, la tele del ERE, y ver Dossiers, una especie de Informe Semanal, con solo una pieza por entrega. En este documental, muy recomendable su visionado, se hacía un viaje por lo que fue Valencia a principios de los 80, los grupos que salieron, su repercusión y su final, algunos como base de nuevos proyectos posteriores, porque los artistas, parece que no se creen ni se destruyan. Se transforman, como la energía.
En esas andaba yo, a ritmo de Rebeldes y La Frontera de bolo valenciano y rellenando la memoria con Video o Glamour, cuando los paralelismos con la actualidad pasaron sin avisar. Una ciudad llena de inquietudes, gran actividad musical, movimiento y ganas de hacer. Pues vaya, tampoco parece que haya cambiado mucho Valencia. Y esto, en este caso, es bueno.
Me vienen a la mente la gente que pisa las mismas aceras que yo hoy. Actrices, músicos de todos los instrumentos y estilos, diseñadores, escritoras, publicaciones, portales web, conquistadoras de la Pérfida Albión... Todos luchadores natos, fuera de los convencionalismos y el camino fácil, gentes honestas y canallas al mismo tiempo, usando como armas sus instrumentos o cualquier trozo de papel donde plasmar, rasgar o rabiar pequeños pedazos de su mundo y que te hacen palpitar aceleradamente, con un verso, un riff o una actitud. Náufragos en esta ciudad marcada por escándalos a cascoporro de los señores demócratas de las corbatas, que se dejan llevar por la marea y el oleaje les hace tocar playa en forma de barra de bar. El bar. En todas las buenas historias siempre hay un bar. Y un camarero.
Ya os hablé de este tipo hace un año, poco más o menos. Pablo, Pol Kraken y su local. Pero es que este año, lo ha vuelto a hacer y la secuela, tiene pinta de ser mucho mejor. El tío va a meter a cincuenta fulanos en un escenario, arriba o abajo, para montar una juerga como Dios manda, pasar un rato dándole caña a las canciones de cabecera y que han derivado en temazos de los grupos de ahora de la Baja California y que no voy a citar ejemplos porque luego los no citados me pueden dar de hostias en los camerinos después del concierto. Y no es plan de llegar a casa hecho un Tyler.
Pues la movida kraken aterrizará efímeramente, como el hielo de nuestras copas, el viernes 22 en la sala Wah-Wah, cuando el calorcito aprieta y promete ser un castañazo en toda regla. Aprovecharé para saludar a los amigos de correrías, a la Leyenda (nexo de unión clarísimo de esta paranoia entre la movida de los 80 y la que vivimos ahora), al señor Lobo, a mi italiano favorito de las teclas y a todos y cada uno de los que me han dejado compartir sus historias de barras de bar. Y, por supuesto, saludaré a ellas. Porque el rock no sería lo mismo sin ellas. Ni el rock, ni nada, que leches.

A esta movida, habrá que ponerle un nombre para la historia. Mientras, nos quedamos con la Kraken Roll Band.

jueves, 3 de mayo de 2012

Tom Wolfe, vestir de smoking y Unai Emery

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El estilo. Esa palabra, asociada a ropa, egobloggers, actitud y, últimamente, al deporte. Aunque más concretamente al fútbol y de eso va este post sin ir del todo. También hay libros, tíos interesantes y damas. Así que, cumplidos todos los perfiles, tocará remangarse.
Unas gentes de la tierra de Blasco Ibáñez, allá por el 1919 plantearon juntarse para dar afición a eso de darle coces al cuero de vaca redondeado, imitando a los gentleman ingleses y haciendo más espesa la mancha de aquel deporte llamado balompié. Decidieron vestir con elegancia y se decantaron por el negro y el blanco para uniformarse, pelear noblemente y todas esas gaitas que tanto le gustaban al Barón de Coubertin y sus cinco anillos multicolores.
Luego, ve tú a saber porqué, subieron un nivel al llevar su elegancia y su estilo a un punto más impoluto, dejando el negro para ocasiones especiales y el luto. Podemos fantasear y barnizar de literatura de ficción este post y teclear, sin conocer el rubor, que alguna amante ávida de poder, probando sí su influencia en la cama se podía traspolar a las decisiones del infeliz encaprichado a sus artes de alcoba, le sugirió este cambio, quien sabe si tentada para montar una mercería como negocio del futuro. Vamos, medirse la polla sin tener una idem, para entendernos.

Y con eso andaban los colegas de nuestros antepasados, con delanteras eléctricas al Mundo, labradores internacionales con maletas llenas de comida por si acaso, porteros sentados en el larguero con un par, copa arriba, copa abajo. Campos anegados en el 57, tragedias en la carretera, estrellas de ébano, pasaporte al extranjero y reinados allende los Pirineos. El único Matador y leyenda en la final mundial de los papelitos. Nosotros ya vivimos el añito, sí, solo uno, en el infierno cuando don Alfredo molaba y era un poquito de los nuestros, viviendo independientes la Giralda copera del murciélago del escudo, las lagrimas europeas por duplicado y la recuperación de la alcurnia frente a seres de otra galaxia con lámparas y mesitas como armas de pasión y sentimiento.

Y todo esto vestidos con elegancia, sí, lo repito a sabiendas, molando mucho, incluso manchados de sangre, porque no hay nada que mole más que vestir todo de blanco hasta la copa. Si tienes huevos de vestir como Dios en las pelis, si eres capaz que tu vestidor sea un monocromo de fiesta ibicenca, es que tienes personalidad. Mucha personalidad. Personalidad que rebosa, que sale de los bolsillos, que contagia, que enamora, que seduce, que hace creer a las mujeres que eres el semental deseado. O a los hombres, que para gustos, literatura erótica y flores tiene el campo.

Te mantienes fiel, lo has mamado desde pequeño en casa. Cambias esto solamente para tener la elegancia de las solapas perfectas, pajarita en su sitio y lucir palmito de smoking. Tú, que eres un tío con principios, que cuidas hasta el mínimo detalle y te alteras cuando una puntada del dobladillo se declara en rebeldía.

Y por eso te jode que te cambien el libro de estilo, que el blanco estaba bien y que el smoking es acertar seguro, que lo clásico es lo que te ha hecho triunfar siempre y levantarte con alegría después de una noche acabada en gol. Que los tiempos cambian, dicen, que el gintonic ahora lleva pepino, canela y azafrán, cuando siempre ha sido hielo y poco más. Que además a ti te la sopla porque has sido siempre de escocés con agua. Te jode que el nuevo sastre te dice que se llevan los colores vivos, las solapas maxi, los cuadros y las rayas, las faldas para hombre un día y las chupas de cuero vintage otro. Y te genera dudas, y te obligas a ver El Padrino, a ver a Newman y su leyenda del indomable para reafirmarte que sí, que tú eres clásico, que así has vivido alegre treinta y pico años de los noventa largos que tiene esta moda llamada Valencia Club de Fútbol y que no hay mentalidad ganadora que valga.

Señor sastre, suerte en su nueva colección, aquí intentaremos seguir llevando nuestro smoking. Manteniendo un estilo.

miércoles, 25 de abril de 2012

El nuevo hombre, de nuevo.

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Ya me gustaría que se pagarán algo los de Old Spice, pero no.

Vale. Toca revisar el armario. Y no me refiero a este, ni al vuestro, ni al del arco iris con premio extra de trabajo en las teles del espectáculo. Ni siquiera al de la ropa, aunque igual en parte sí. Hombres, compadres, potenciales rivales en las noches de amor, copazos y lujuria entre sabanas de blanco satén. Olvidad todo aquello que habéis aprendido, romped vuestros automatismos y tretas para que os compren la luna como crápula vividor en el gimnasio, barra de bar preferida o banco de la iglesia, que sé que algunos lo hacéis. Ellas nos han calado, se han cansado de su antiguo juguete y nos van a volver a hacer bailar como una peonza. El ciclo ha vuelto, vuelve Jacq's y su jaca enseñando muslamen. Porque al jodido Jacq’s no nos lo imaginamos de oficinista, café de máquina y socio del club geek. No, el tipo ha de ser de Santos Trinidad para arriba. Caballeros, ahora ellas quieren que seamos hombres con todas las letras. Manda huevos, ahora que me había aprendido el PH de mi piel.
Atrás han quedado los hombres silvestres y un poco más cerca, pero atrás también, los metrosexuales, con el bonico David mendigando ir a los Juegos Olímpicos y jugando pachangas de soccer californiano, con el consiguiente cabreo de su señora estupenda. A George le vacilan las consumidoras de café y ni le piden su facebook, ni teléfono ni nada para un quítame allá esas capsulas, Malkovich pasa de historias y es Dios directamente, a Rusell parece que se lo haya tragado una ola, y Brad anda de lo suyo con la tropa.
Y ellas, las que mandan, no lo olvidemos, las que nos manejan a su antojo, las que te desesperan si no te contestan enseguida al WhatsApp que mandaste hace 3 minutos, con sus biblias de cabecera, sus canales temáticos y sus gurús de la igualdad mal entendida que solo usan en el sexo, teniendo así la coartada perfecta para no ser señaladas como zorrupias con ínfulas, han dicho que se acabó. Mariconadas las justas. Y cremitas, menos. Menos flores y más cunnilingus. Tienen nuevos machos alfa. Nos obligaron a coger perfectas resacas con los mojitos, le hemos puesto pétalos, pepino y cosas más raras al gintonic, nosotros, que somos más clásicos que los Castellanos de El Vedat y siempre hemos mojado el hielo con whisky. Beben los vientos por un par de nuevos, y nos toca ser, sí queremos mantener el nivel o iniciarnos en él, ratones y seguir la flauta de Hamelín parida en las cabeceras americanas de Conde Nast, Hearst y las colinas de California, donde guionistas, putas y jugadores le dan a la tecla para arrimarse al árbol que toca y que su sombra haga sonar la caja registradora. Y nosotros pendientes de la guerra mundial de las galaxias del balón, sin ver las señales de los advenedizos que nos indican el camino a seguir.
Los pozos de la sabiduría, agujeros de temores y manuales de instrucciones, aquí y aquí.

Y mientras, estos cabrones que se las saben todas, descojonándose en el sexto infierno, porque ya lo sabían. Sí es que nada mejor que volver a los orígenes.

PD: ¿Y qué pensará de esto Sònia Valiente?