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domingo, 27 de octubre de 2013

Mi derbi local.

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Puede que sean las cosas del cambio horario. O quizá el enclaustramiento de las noches de los sábados. El caso es que a hora de martes, me desperté este domingo. Y con prensa, pan de obrador y café de los que mejor saben, me dispuse a teclear acerca de la palabra de moda en este fin de semana. Derbi. Ayer sábado vivimos uno, el de los transatlánticos del fútbol mundial separados por el puente aéreo. Aunque ahora lo llamen 'clásico', haciendo propia los plumillas holgazanes la definición argentina, no deja de ser derbi como aquellos que narraban ya en las radios de blanco y negro. Y esta tarde, uno regional, con focos solo hasta donde llegan los límites de la autonomía valenciana, entre Villarreal y Valencia, que marcarán la temperatura de objetivos de ambos, por lo menos durante una semana más. Pero si rascamos más hacía adentro, si buscamos más en nuestras tripas, hay un partido sin acreditación de medios, sin grandes titulares, sin aperturas de los boletines de noticias, que va a ser más histórico que estos dos. Primero por la novedad, segundo por el contexto. Separados por la naturaleza en forma de barranco, esta tarde se disputa el primer partido oficial entre dos clubes vecinos, casi hermanos, de l'Horta Sud. Hoy se juega en categoría regional preferente valenciana, un Massanassa-Catarroja.

Sería interesante saber como se ha llegado a esta situación, como se enfrentan un club de 33 años de historia, el local Massanassa, contra uno de los históricos de la Tercera División valenciana, que hace bien poco, concretamente dos temporadas, fue campeón en esta categoría. Y como casi todas las cosas en esta vida del balón, todo es cuestión de suerte, por decirlo de alguna manera. 
El Massanassa, tanto en su actual denominación, como en las anteriores, siempre ha navegado en aguas modestas de la Primera y Segunda Regional, sin más interés que el lúdico y sin otra aspiración más ambiciosa. Para ver fútbol más atractivo, la ciudad de Valencia ofrecía un programa mejor, e incluso la localidad vecina, Catarroja, ofrecía mejor cartel. Bastantes buenos peloteros de Massanassa han cambiado de orilla del barranco para defender los colores del equipo de fútbol vecino, con el apoyo y admiración de sus paisanos. De hecho, la primera vez que el Massanassa asciende a Regional Preferente fue en la temporada 2006-2007, con un equipo entrenado por José Hernández, precisamente entrenador actual del Catarroja y dirigido desde los despachos por David Ribes, un joven de la localidad, amante incondicional de este juego y que tuvo los arrestos necesarios para tomar las riendas de una entidad que iba a la deriva un par de años atrás, categoría que recupera hace dos temporadas y en la que se encuentra cómodamente instalado en la zona media.

Por otra parte, el Catarroja, con un histórico de 27 temporadas en Tercera categoría, siempre ha buscado un poco más de relevancia en estos casi noventa años de historia. Con una percepción del fútbol un poco menos romántica, dentro del profesionalismo que se le pueda permitir a un equipo amateur, sus cotas han sido más ambiciosas, teniendo en sus vitrinas dos títulos de Tercera División, el último conseguido hace bien poco. También ostenta el dudoso honor, y no contrastado al 100%, de ser el equipo español que, siendo campeón la temporada anterior, queda último en la siguiente, un hecho que, a pesar de su peculiaridad, no deja de ser una muestra quizá de una mala gestión deportiva de un supuesto gigante con pies de barro.

Pero hoy la historia no juega. Hoy, cuando a las cinco se dé el pitazo inicial, no pesarán las temporadas en Tercera o la bisoñez en la Preferente. Hoy se verá en el campo el trabajo de hoy, con dos modelos de gestión: la local y tradicional del Massanassa, con una directiva a la vieja usanza dirigida por Vicente Campos, que se nutre de los atípicos de las rifas, loterías y publicidad en los carteles anunciadores, contra los jugadores presididos por Javier Estívalis, desmarcado del día a día del club tras conseguir un excelente acuerdo con la filial española de Boca Juniors, dejando a los nuevos gestores argentinos la planificación deportiva, y con dos entrenadores ambiciosos, Edu Revert y el citado anteriormente José Hernández, que seguro que presentarán sus mejores armas para vencer en este histórico choque, pequeño, pero histórico al fin y al cabo.

Y el campo de tierra será esta vez de césped artificial. Y el balón será de material sintético moderno y no del pesado cuero de vaca cosido a aguja, de los que precisan pañuelos en la frente para protegerla al cabecear. Pero seguro que, a las dos riberas del Barranco de Chiva, se vivirá pasión compartida por el resultado en los mismos noventa minutos. Como en aquellos amistosos en blanco y negro, donde los tres puntos no importaban, porque no exisitían. Donde se jugaba solo por ganar al vecino con las mejores armas.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Fútbol de la gente. Fútbol regional.

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Vivimos en la era del consumo futbolero sin medida. Ese consumo que permite vender periódicos en la época de chiringuito y orilla de mar, con fichajes que son más el lobo del cuento de Pedro que otra cosa y que, al final, por insistencia y dinero, ya se sabe que ambas cosas son para las ocasiones, se acaban concretando casi en el tiempo de descuento. Hace ya mucho tiempo que lo mejor de la prensa del sector es la foto de la última hoja del AS, y cuando Manuel Jabois escribe de fútbol, aunque sea del Madrid.

Y si alguien opina lo contrario, soy todo oídos.

Entonces claro, los que necesitamos de nuestra dosis de balón tenemos que mirar con resignación los derroches de aquellos dos, lloramos ligeramente la marcha de los que llevaron el escudo del nuestro equipo de, ahora más que nunca, clase media y buscamos alivio en otros pastos, con menos glamour, carentes de canapés y con más verdad, o menos, según se mire.
Necesitamos nuevos héroes, alejados de las grandes portadas, de las microminiroturas fibrilares y tristezas, más bien contractuales que de espíritu, de la estrella inmigrante, que jura amor eterno mientras besa el escudo con el tintineo alegre de su cuenta corriente subiendo como la espuma.
Y estos héroes están en el cuarto o quinto escalón del balón, el que corresponde al fútbol de tercera o categoría regional, con entrenamientos de tarde-noche, después de las horas de curro de verdad, tras llevar a la hija al cole, aguantar reproches de jefes malencarados y otras cuitas del mismo color que cualquiera de nuestros trajes.

Y no es fácil ser ahora de los nuestros. Venimos de años de pelotazo regional al sol caliente de la burbuja inmobiliaria, aquellos que propiciaron grandes sueldos en estas categorías, amparados por la alegría de constructores sin escrúpulos con avaricias de las que rompen sacos, jaleados por políticos de dudosa moralidad que tan bien relata Chirbes en su 'Crematorio'. No fue todo malo en aquella época, los campos pasaron del marrón de tierra al verde artificial. La vida era Woodstock y el mundo San Francisco en los 60.
Pero eso acabó y la selección natural hizo seguir su ley. Gigantes con pies de barro crecidos a base de suculentas subvenciones, pequeños históricos entonando cantos de cisne a punto de dejar huérfanos de sonido el campo del pueblo, escuadras apátridas crecidas como champiñones al agua de la bonanza en B. Cambiemos estas causas por millonarios farsantes, pelotazos inmobiliarios, ayudas de gobiernos locales o autonómicos y tendremos los mismos efectos con diferentes causas. El hermano pequeño imita al mayor. Y no hubo otra canción que reinventarse, llegar hasta el fondo para salir a flote de nuevo. Volver a latir.

Es por eso que, desde ya y en la distancia, seguimos las andanzas de la U.D. Ceares, solo porque tiene un molón certamen literario y un aroma rock entre sus gentes. Buscamos la patria chica en nuestro equipo de pueblo que, en mi caso, no es otro que Catarroja, que vibra con más fuerza que nunca ahora por obra y gracia de los matrimonios de conveniencia bien avenidos, con la alcurnia que le dan los hijos del barrio de la Boca.

Y quizá, solo quizá, por estos azares del destino, por la literatura unos y por la locura de otros que, por sus hechos, parece que hicieron de aquí su casa para quedarse, dejando en involuntaria evidencia a los parroquianos del lugar con grandes palabras y escasos movimientos, podemos tener deporte a la hora de la merienda del sábado, o a la mañana dominical. Ese deporte importado por los ingleses, que ellos llamabán foot-ball y que adoptamos románticamente con el nombre de balompié.

Y que se joda Roures y sus horarios.
Viva el fútbol regional.

jueves, 3 de mayo de 2012

Tom Wolfe, vestir de smoking y Unai Emery

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El estilo. Esa palabra, asociada a ropa, egobloggers, actitud y, últimamente, al deporte. Aunque más concretamente al fútbol y de eso va este post sin ir del todo. También hay libros, tíos interesantes y damas. Así que, cumplidos todos los perfiles, tocará remangarse.
Unas gentes de la tierra de Blasco Ibáñez, allá por el 1919 plantearon juntarse para dar afición a eso de darle coces al cuero de vaca redondeado, imitando a los gentleman ingleses y haciendo más espesa la mancha de aquel deporte llamado balompié. Decidieron vestir con elegancia y se decantaron por el negro y el blanco para uniformarse, pelear noblemente y todas esas gaitas que tanto le gustaban al Barón de Coubertin y sus cinco anillos multicolores.
Luego, ve tú a saber porqué, subieron un nivel al llevar su elegancia y su estilo a un punto más impoluto, dejando el negro para ocasiones especiales y el luto. Podemos fantasear y barnizar de literatura de ficción este post y teclear, sin conocer el rubor, que alguna amante ávida de poder, probando sí su influencia en la cama se podía traspolar a las decisiones del infeliz encaprichado a sus artes de alcoba, le sugirió este cambio, quien sabe si tentada para montar una mercería como negocio del futuro. Vamos, medirse la polla sin tener una idem, para entendernos.

Y con eso andaban los colegas de nuestros antepasados, con delanteras eléctricas al Mundo, labradores internacionales con maletas llenas de comida por si acaso, porteros sentados en el larguero con un par, copa arriba, copa abajo. Campos anegados en el 57, tragedias en la carretera, estrellas de ébano, pasaporte al extranjero y reinados allende los Pirineos. El único Matador y leyenda en la final mundial de los papelitos. Nosotros ya vivimos el añito, sí, solo uno, en el infierno cuando don Alfredo molaba y era un poquito de los nuestros, viviendo independientes la Giralda copera del murciélago del escudo, las lagrimas europeas por duplicado y la recuperación de la alcurnia frente a seres de otra galaxia con lámparas y mesitas como armas de pasión y sentimiento.

Y todo esto vestidos con elegancia, sí, lo repito a sabiendas, molando mucho, incluso manchados de sangre, porque no hay nada que mole más que vestir todo de blanco hasta la copa. Si tienes huevos de vestir como Dios en las pelis, si eres capaz que tu vestidor sea un monocromo de fiesta ibicenca, es que tienes personalidad. Mucha personalidad. Personalidad que rebosa, que sale de los bolsillos, que contagia, que enamora, que seduce, que hace creer a las mujeres que eres el semental deseado. O a los hombres, que para gustos, literatura erótica y flores tiene el campo.

Te mantienes fiel, lo has mamado desde pequeño en casa. Cambias esto solamente para tener la elegancia de las solapas perfectas, pajarita en su sitio y lucir palmito de smoking. Tú, que eres un tío con principios, que cuidas hasta el mínimo detalle y te alteras cuando una puntada del dobladillo se declara en rebeldía.

Y por eso te jode que te cambien el libro de estilo, que el blanco estaba bien y que el smoking es acertar seguro, que lo clásico es lo que te ha hecho triunfar siempre y levantarte con alegría después de una noche acabada en gol. Que los tiempos cambian, dicen, que el gintonic ahora lleva pepino, canela y azafrán, cuando siempre ha sido hielo y poco más. Que además a ti te la sopla porque has sido siempre de escocés con agua. Te jode que el nuevo sastre te dice que se llevan los colores vivos, las solapas maxi, los cuadros y las rayas, las faldas para hombre un día y las chupas de cuero vintage otro. Y te genera dudas, y te obligas a ver El Padrino, a ver a Newman y su leyenda del indomable para reafirmarte que sí, que tú eres clásico, que así has vivido alegre treinta y pico años de los noventa largos que tiene esta moda llamada Valencia Club de Fútbol y que no hay mentalidad ganadora que valga.

Señor sastre, suerte en su nueva colección, aquí intentaremos seguir llevando nuestro smoking. Manteniendo un estilo.