Mostrando entradas con la etiqueta televisión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta televisión. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de febrero de 2016

La tele que me hizo ser mejor.

blogger widgets


No recuerdo exactamente el año, ni tan siquiera el mes. Y mucho menos el día. Probablemente sería viernes, que son los días donde el impulso invita a hacer más cosas. Lo bien cierto es que, tras mucho pensarlo y recibir noes en casa por respuesta, allí estaba yo, frente a la tienda de electrodomésticos, con casi tantos nervios como el que va a la farmacia de barrio a comprar condones. Esperaba pacientemente a ser atendido mientras veía los carteles promocionales con esa hipnótica espiral multicolor y mis ansias crecían cada vez más. Hasta que llegó mi turno y pude decir aquello de «Quiero abonarme a Canal+».

No era normal que un joven, con la mayoría de edad recién estrenada, se presentase para abonarse a un canal de pago. EL CANAL DE PAGO. El que verdaderamente abrió la ventana de la modernidad a este país, a imagen y semejanza de los franceses. Ay, los franceses, cuanto les debemos. Hubo antes otros que fracasaron, como aquel Canal 10 por satélite, cuando las antenas parabólicas medían como una paella de veinte, con Jose Luis Balbín y el Moreno como caras más conocidas. Pero el Plus era otra cosa. Era películas que las podías ver en casa apenas siete meses después de estar en el cine, sin anuncios y a la hora acordada, no diez, quince o veinte minutos después. Era fútbol en domingo. El fútbol nació para ser visto el domingo en el campo y a las cinco de la tarde, pero el poder ver tu partido extra, a parte del emitido el sábado por la noche, te hacía ver el final del fin de semana con otros ojos. Se acabaron las visitas a casa de amigos, o más bien conocidos, para ver los partidos del Valencia, sin poder soltar cualquier improperio cuando a Quique le ganen las espalda y el Madrid nos marque en el último minuto. Si eso volvía a suceder en el partido del Plus, podría ciscarme en todo el santoral del jugador, para después de la descarga impulsiva de adrenalina, empatizar con el Faraonito y entender que él siente el hierro y que solo fue un error impregnado de exceso de confianza. Y con los míos a mi lado. Con mi padre diciendo "Che, che, che..." a modo de desaprobación y mi hermano sacando la vena de rabia, esa que roza la lagrima.

Todo eso lo pensaba mientras me iba a casa con la caja debajo del brazo. Sonriente, como aquel niño con la botella gigante del anuncio de Freixenet. Tenía todo estudiado. La estrategia de venta. A la reprobación inicial paterna que era lo que me iba a encontrar al llegar a casa, recuerden aquellos noes, argumentaré que es para la tele de mi habitación. La pequeña, la que tiene euroconector de las dos, y que no hace falta instalación previa. Cable a la tele, cable al descodificador y las rayas en blanco y negro del codificado se transforman en color. Como la espiral hipnótica. «¿Y cómo vas a pagarlo?», preguntó mi padre, intuyendo casi la respuesta. «Con mis ahorros, y estirando la paga. Saldré menos», respondí yo. Y probablemente, esa fue la mejor venta de mi vida, porque en apenas cuatro días, una serie de cables y adaptadores gobernaban el salón y el Canal + se instaló para siempre en nuestra televisión familiar.

Y un poco, nuestro estatus catódico cambió. A los partidos importantes, venían familiares y amigos a casa. Y en la intimidad, como nunca fuimos de vídeo, teníamos entretenimiento de calidad. Teníamos pelis de las buenas, teníamos fútbol de ligas extranjeras y los resúmenes de los partidos de la española eran a horas decentes, sin tener que esperar al "Minut a Minut" de Canal 9, al "Gol a Gol" de TV3 o al "Estudio Estadio" de TVE. Nos abrazamos a "El Tercer Tiempo". ¡Quien podía resistirse con ese nombre! Resúmenes cortos, concisos, con declaraciones. Sin caspa. Sin partidismos todavía. Sin el jabón que ahora reciben los de siempre. Y el lunes, con "El día después", más sosegado, más divertido, más analítico, abriendo el camino a todo lo bueno, y lo malo, que vino detrás en esto de analizar la jornada.

Y las noches de baloncesto, huérfanas sin Trecet en TVE. La NBA. Los All Star. Aquella canasta de Jordan en el último segundo. Cuando Andrés Montes era de culto y Daimiel era Daimiel, pero más jóven. Habían otros deportes pero no despertaron mi interés más allá de la efímera curiosidad. Y «Lo + plus», con Fernando Schwartz, Siñeriz y un pequeño y gracioso oriental dando consejos de casi todo. Y Pradera. Máximo. Por el que no tenía miedo a caer en una isla desierta gracias a sus clásicos, recopilados para nosotros. Y Friends. Y Sexo en Nueva York, que ahora es lo más normal del mundo, pero antes no. Y el porno, como no decirlo. Sin miradas ni contrabandos en VHS.

Y de ahí, la evolución. El Canal Satélite Digital. La llave pasando a tarjeta. Y el entretenimiento multiplicado, como el milagro de los panes y los peces. Con todas las ligas, de la mano de Julio Maldonado, con ese canal de fútbol las 24 horas, evolución natural de Sportmania. Con Gaby Ruiz, Giorgio Avversari, Carlos Castellanos y Duncan Shaw en «Fiebre de fútbol», que era como una charla entre colegas y donde cazabas datos para soltarte el moco sobre tal o cual fichaje sudamericano, cuando no estaba toda la información a un click de ratón. Y el cine, un estreno cada día, ahora con la opción de la versión original. Una y otra vez.

Dicen que la tele atonta. Que nos entretiene sin pensar. Que mejor los libros. Libros son los de Truman Capote y los de Belén Esteban. Mismo continente, distinto contenido. Con la tele pasa lo mismo. Y esta, aquella, tele me ha hecho ser mejor persona. O, por lo menos, más curioso. Gracias a ella descubrí que la publicidad es más que anuncios de detergente, con esos especiales de Cannes o El Sol. Escuché a Pacino, Irons y a Streep en versión original mientras mejoraba mi inglés. Aprendí a analizar de otra manera el fútbol, a amar el baloncesto y descubrí a Los Enemigos.

Después, el desastre. Cuatro "el canal en abierto con el estilo Plus", decían. Con buenas intenciones pero que, con el yugo de la audiencia, acabó siendo vendida al enemigo, Mediaset, que entiende de entretener, pero más a trazo grueso. Y el Plus, nuestro Plus, retocándose para parecer más joven, más atractivo. Hasta ayer, que se hizo un cambio total y se ha cambiado hasta el nombre. Más moderno, dicen. Pero no albergo esperanzas que pueda ocupar el espacio que ocupó en aquel entonces nuestro Plus. Supongo que es como aquello que cantaba Bob Dylan, los tiempos están cambiando.

Ayer, a las 20.30, la mosca del Plus desapareció, para dar paso a #0. Pero, en un último ejercicio de poesía televisiva, su última cortinilla de cierre fue la del "Informe Robinson" dedicado a Iniesta-de-mi-vida, donde me volví a emocionar. Quizá hubiese preferido un guiño nostálgico a todo lo que ha sido el Plus, con la careta inicial y la guitarra de Sanlúcar sonando por ¿última? vez. Suerte que Eugenio Viñas la ha rescatado en su Instagram para todos y podemos volver a escucharla. 

Hoy somos un poco más mayores. Hoy tenemos una arruga más.

martes, 27 de mayo de 2014

Carta abierta a (todas las) Robin Scherbatsky.

blogger widgets
Querida Robin:

Ya sé que ese no es tu verdadero nombre, pero me da igual. El hábito no hace al monje, ni en este caso, ni en ninguno. Sin conocerte de nada me atrevo a dirigirme a ti porque, no sé si te lo habrán dicho ya, pero ya te vale, bonita. Tanto marear la perdiz para, al final, acabar con él. Desde luego no sé que esperabas encontrar mejor que un tipo que en la primera cita comete un delito, henchido de amor, y roba una trompa azul. Si eso no es prueba suficiente, que baje Dios y que diga que he hecho mal, porque si subo yo le voy a estropear la cena.

Sí, hace dos líneas he puesto 'henchido'. No hace falta que vuelvas atrás a volver a leer.

Y claro, luego te pasa lo que te pasa. Que pierdes el norte y te lías con segundones del doctor House, con cachitas de encefalograma plano y hasta con Enrique Iglesias fumeta, que es ya casi una manera de decir basta. Hasta tuviste tu fase de «chica Woo», a base de chupitos y sombreros vaqueros. Incluso picaste con el libro de jugadas de Barney, tú, una mujer que bebe whisky y fuma puros.

Y ahora me dirás que no os gustan los chicos malos.

Claro, eso ha de ser. Os gustan tanto que os casáis con ellos y los miráis con cara de corderito degollado. Y luego pasa lo que pasa, que se acaba el sexo amor de tanto usarlo. Y volvéis a la casilla de salida. Os centráis en el trabajo, mientras practicáis esa sonrisa de 'todo me va bien' y solo tenéis apariciones estelares. Y os sale el puchero de dentro, en plan Boabdil, cuando veis que perdéis al Ted de vuestras vidas, porque está feliz con la chica que va a ser la madre de sus hijos.

Sois un poco egoistas, ¿no?
O quizá cabronas. Bastante, además.

Aunque casi seguro es que no sepáis lo que queréis directamente. Y tenéis la coartada perfecta, con el padre que no os profesa amor de hija, con las resacas, con los días especiales del mes o con cualquier otra patraña de las que salen en SuperPop, Cosmopolitan, Telva o lo que os inviten a leer en la peluquería, para que nos hagáis a los Ted del mundo lo que os salga de la permanente.

Señoras Robin del mundo: tengan piedad de los hombres buenos. Son débiles y, aunque la paciencia es infinita, puede que un día ya no se giren al ver como el viento les levanta la pollera y abracen el orgasmo fácil proporcionado por las cabezas o los pies de algún Ramos, Iniesta, Godín o Alcácer y se les acabe el chollo.

Atentamente y sin acritud.

A sus pies.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

#RTVVNoEsTanca

blogger widgets


Es una putada. De las gordas. De esas en las que te imaginas todas las metáforas posibles para tratar de poner una imagen al sentimiento, a lo que tienes en las entrañas. Te echa humo el teléfono, mensajes, alertas, preguntas acerca de gentes que andan a otras cuitas, pero que sienten el hierro como tú.
Y quieres que no sea así. Que sea un sueño, un mal sueño, y que mañana, o la semana que viene, volverá a despertarte la repe de 'La Taula' con el último tango del Valencia o, si te has dormido, con el 'Comença Bon Matí' de Majo Castillo. Tú, que duermes toda la noche con la radio pegada a la oreja.
Pero no. Se cargan la tele y la radio de aquí. La de la lengua de tus abuelos. Así, en plan cobarde. Con nocturnidad, y sin dar la cara. Y la pólvora corre. La redacción se mueve, late y, supongo, que las decisiones se toman con mayor responsabilidad, si cabe en las mesas de la radio y la tele valencianas.
Rabia, llanto, resignación y recuerdos desagradables para los santorales de los verdugos. Sin estar, sin ser, ese habrá sido el panorama. Y huevos. Muchos huevos y coños grandes como Mestalla. Así, sin paños calientes ni retórica literaria. Un comunicado lleno de calor y de verdades del barquero. Aplausos de todos. Caras conocidas y admiradas. Germà, Susana, Josep, Àngel, por nombrar algunos metiendo a todos, los más reconocibles por el menda.

Ellos se la han cargado. Los que pusimos nosotros con nuestro ejercicio democrático. Los que nos dijeron, y nos enseñaron en el cole, que venían a servirnos y no a servirse.

Empezaron mal. Todos. Da igual el color. Antes, en las familias de la Edad Media, el primogénito se quedaba con todo, al segundo le tocaba ser militar y al tercero de los hijos, le tocaba ser clero para subsistir. Ahora, los herederos de aquellos, los señores que engendraban por cantidad, colocaban a los hijos en los chiringos públicos. Cargos de medio pelo con compromisos del sobrino, del hijo o del nieto que no sabe hacer la o con un canuto. Han hecho como Homer, en aquel capítulo donde le daban poder y un sello. Pero la realidad ha superado a la ficción, salvo por el traslado del pueblo.

Quizá pueda ser que aquello de 'ande yo caliente y ríase la gente' tenga algo de razón. Ver la fuga de agua y no achicar, sino aprender a nadar para no ahogarse. Y ser el mejor nadador, para que no te pille el tiburón, llámese ERE, llámese Director General, llámese acosador sexual o su puta madre.

En fin. Es un mal 5 de noviembre. Tiene cojones, que sea justo en este día, tan simbólico de boquilla, donde nos han callado un poco más como pueblo y nos han quitado la dignidad.

Puede que sea el momento de poner más retratos boca abajo. Y no solo en Xàtiva. Y abrir ventanas.

Ellos pierden un trabajo. Nosotros perdemos más como pueblo.

Mucho ánimo a todos los trabajadores de RTVV.

#RTVVNoEsTanca

viernes, 8 de febrero de 2013

RTVV se desangra.

blogger widgets



Hoy he asistido a un funeral. Físicamente, digo. Ya sabéis, acompañar en el dolor a un amigo. Mostrarle el respeto por la reciente falta. Forma parte de la vida. Naces, creces, follas si puedes, te reproduces, si puedes también, alguien de fuera de tu familia te limpia el culo cuando estás gagá y mueres. Está escrito, como diría aquel poeta hasta las trancas de absenta.

Es natural. Lo que va contra natura es que te maten, suavemente, como si de una víctima de Dexter se tratase. Y que tuvieses que aguantar el cinismo, la hipocresía y el hijoputismo del tipo, o tipa, del cuchillo.

Amigos, os estoy hablando del asesinato programado de RTVV, la tele y la radio de la Comunidad Valenciana.

Me vienen a la mente muchas frases. 'Entre todos la mataron y ella sola se murió' es una de mis favoritas. 'Querer es poder' es otra. Pero no han querido y la han matado. Así, sin pestañear, y tirando de farlopa para celebrarlo.

Tengo la suerte inmensa de tener contacto personal y en redes, benditas redes, con muchos profesionales que lo están pasando mal en estos momentos y que son la cara de otros tantos que no conozco, pero con los que empatizo. Mucho, además.
Ellos me han contado que las ideas, la ilusión y las ganas iniciales poco a poco se las fueron cortando los tipos con chaqueta. Esos ejecutivos, convertidos en marionetas de otros, inspirados en la más fascista de las propagandas, han hecho que lo que era una bonita idea se haya ido consumiendo hasta el estado de inanición, siendo una sombra, una caricatura, un chiste.

Cacicadas, como las de editar un informativo una consellera, personal que se ha quedado quieto parado a la sopa boba, aprovechándose del sistema y ahora son voz e imagen de la 'resistencia', hijos, sobrinos, amantes y 'desertores del arao' que lo único que hacían era cobrar la nómina y tomar carajillos.

Había dinero. Vacas gordas. La vida era un cabaret. 

Y seguro que hay más cosas. Porque uno no pinta de rojo el agua porque sí.

Ya se que no han de ser noticia, recuerdo aquello de Márquez a Reverte de 'hazte enfermera, cabrón', pero no dejan de serlo. El juego del metro, ese de imaginar la vida de los pasajeros, mirando la pantalla del 9. Leyendo a través de sus ojos aquello de 'no quiero estar aquí, Quiero estar con mis colegas ahogando las penas en el bar de Paco'. Despedidas de viernes, porque no saben si habrá lunes. Hijas que rompen el corazón a sus madres.
Se mueren los hijos de Kane. Sí, ya se, no es quizá un buen ejemplo, pero es Welles, maldita sea. Primera plana de Lemmon y Matthau. Todos los hombres del presidente.
The Newsroom.

Han hecho de nuestra tele, y radio, la suya. La proximidad, la cercanía, la tele como servicio es necesaria, pero no como la quieren ellos. Sesgada, cortada, manipulada. Ha perdido músculo al primer tacto del bisturí. Y va a tocar llevar bastón. Siempre.

Sí hay trajes, se sacan trajes, sí hay polvos, se sacan polvos. Hay que vestirse por los pies, mirarse al espejo y pasear por la Gran Vía con la cabeza alta.

Luego están las comparaciones. Que la tele vecina de arriba es mejor, más buena y es más guay. Política de mierda y postureo, como decir que ves los documentales de La 2. Esta gente, nuestra gente, hace programas de calidad y cojonudos. Ocupa't, Societat Anònima, Gormandía y muchos más son claro ejemplo.
No puedo evitar poner caras. Así, a bote pronto, Amalia, Sònia, Fermí, Vicent, Eva, Mireia, Fani, Núria, Majo, Rovi, Montalt, Susana, Champi, Santama, son unos ejemplos, pero nunca serán todos.

Son un verdadero Dream Team. Te lo puedo asegurar.

Quiero pensar que la raza que tienen les va a permitir salir por la puerta y entrar por cualquier otra ventana. Aunque la cosa esté mal, aunque la prensa en general esté herida, con las constantes vitales bajas. Es aún reciente la cornada de Las Provincias, otra injusticia a la que Arturo Checa puso altavoz de manera magistral y tuve el gusto de aportar mi pequeña visión. Igual que en esta que le doy a la tecla. No servirá de nada, porque la suerte está echada y solo queda la rabia y la barra de un bar, con las canciones de siempre y mañana una resaca de campeonato.

Periodismo de trinchera, de sangre, teléfonos y callejones.

Mucha suerte a todos, héroes. Y abrazos sinceros.

domingo, 21 de octubre de 2012

Leer es sexy

blogger widgets


“Cuando hace años te dije que iríamos a un planeta imaginario, te juro que no sabía que fuera esto” Mara Torres

Reading is sexy, dicen los colegas de Jot Down Magazine.

Y tienen razón.

Ya lo decía, aunque de otra manera, Lolo Rico en La Bola de Cristal, en aquellos sábados de un canal y medio y la vida maravillosa del colegial. Pero ella mezclaba monos y cómicos del blanco y negro para montar un bonito video que te hacía lanzarte a la estantería a leer a Jack London o a Los Cinco, porque tu padre te pegaba un cachete cariñoso cuando pillabas "La Araña Negra" de don Vicente, pensándote que era algo de Spiderman.

Pues bueno, que esta semana se libró el Planeta, gran pastizal y movida literaria que marca estilo, aunque algunas vayan de Zara. Y aquí nos alegramos en un alto porcentaje por la finalista, Mara Torres y por los cubatitas que se tomarían, o no, Wert y Mas en son de paz por aquello de la españolización. Y que lo suyo hubiera sido un seguimiento tipo los Oscar, o los Globos de Oro, pero yo, que nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer, como diría el maestro musical de Úbeda, andaba a otras gaitas.

Además, en esas cuitas, Curro Cañete lo borda.

Pues eso, que leer es sexy. Y luego está Gandia Shore.

miércoles, 18 de abril de 2012

Maxitweets. El agua moja, el cielo es azul y las mujeres mienten

blogger widgets




Mujeres. Nunca una palabra pudo abarcar tanto. O quizá sí, pero no tengo el google para algoritmos. Y además, en una semana de patadas al balón, vamos a darle un poco de cancha al segundo, primer, único tema que nos interesa de verdad a los hombres. Y es que, la verdad, son de lo que no hay. Hielo, licor y al lío.

El agua moja, el cielo es azul y las mujeres mienten. Eso es así. Y mienten tan bien que incluso ellas se pueden llegar a creer sus propias mentiras, convirtiéndolas en una verdad. Verdad en su mundo, claro. Hay que joderse. Y su maestría es tal, que si te has calzado alguna copa de más, picas el anzuelo y todo. Que se lo digan al rey Robert lo de calzarse copas, mujeres y sus mentiras.

Y no es una cosa de las chonis, de las pijas, de las bibliotecarias, de las galeristas o de la fauna de hembras que pululen por los lugares que uno frecuente. Mienten todas. Hasta las tuyas. Lo hizo tu abuela cuando preguntaste acerca de los Reyes Magos, lo hizo tu madre al decirte lo de ‘papa volverá, ha ido por tabaco’ y lo hizo la última a la que separaste las rodillas con sus veintitrés jadeos. En conclusión, estamos rodeados y solo nos quedan dos opciones, Butch.

Si no puedes con el enemigo, únete a él. Asiente, apostilla, repite sus últimas palabras y hazlas tuyas, mientras sorbes algo líquido, a ser posible de calidad. O espera pacientemente a ver el maquillaje corrido por su cara al dejar de creer en su mentira, como el que espera pasar el cadáver de su enemigo por la puerta de su casa. Es un poco tétrica la imagen, pero no deja de molar, si la imaginas bien, rodada por tu neurona Coppola.

Pero en realidad no haces nada. En el fondo, nos encanta que nos mientan. O eso les hacemos creer a ellas. Qué más da. Sin ellas, la vida sería aburrida y, por ejemplo, esta entrada nunca hubiese visto la luz. 

pd: Por cierto, la moza de la foto se la he tomado prestada a mi amiga del Formspring, LadyGuisante

miércoles, 4 de abril de 2012

Semana Santa de Tronos

blogger widgets

La gente llora en la Semana de Pasión. La sequía llama a su puerta, como las vendedoras de Avon, pero ahora no quieren lluvia. Lógico, normal y comprensible. A nadie le gustan las fiestas pasadas por agua, a no ser que sean en esos mastodónticos parques temáticos acuáticos horteras a los que uno ha de ir únicamente una vez en la vida, o no, por aquello de tener información de primera mano. Pero joder, ¿qué queremos sí la mentamos a todas horas en nuestro sabio refranero? Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva. Nunca llueve a gusto de todos. Ha llovido mucho desde entonces. Siempre llueve cuando no hay escuela. Cuando llueve y hace viento, cierra la puerta y estate dentro. Llueve sobre mojado. A mala lluvia, buen paraguas. Llover y cantar, todo es empezar (vale, este es inventado).
Conclusión: estos días toca calarse o estacionar, y visto que se acerca el invierno en su segunda temporada, y siguiendo consejos, a punta de pistola algunos, de asesinos en serie, Don Drapers del terreno y reyes godos varios, salvo invitación irrechazable por parte de alguna gata, a las que tengo menos miedo gracias al Woman Translator, bien mundial donde los haya, ustedes me podrán encontrar en las tierras del Norte, Invernalia concretamente, maldiciendo por no poder ponerle los cuernos al gordo del Rey, colega de Ned Stark, y rindiendo homenaje por supuesta proximidad geográfica a la isla de Jura y sus líquidos elementos. Lo que no quita que todos ustedes y ustedas hagan de sus días de asueto aquello que les plazca, ponerse morados a huesos de santo, torrijas, mistela, panquemados, monas de pascua, tofu o lo que les salga de las amígdalas, mientras los costaleros purgan los pecados del resto, en plan justos por pecadores.
Aunque ya saben, me encanta hablarles de usted, contable audiencia, puede que tenga algún tipo de revelación y se me cruce alguna María Magdalena y la liemos parda con brindis al sol de cócteles de fan de Sony Crocket y resacas con ibuprofeno y alimentos, que no comida.

PD: Por cierto, una cosita. Justo aquí debajo, hay un par de casillas para medir las reacciones. Sí lee esto, pero le da pereza comentar, o simplemente se la suda hacerlo, dele al sí o al no. Así, hace feliz al becario y las novedades que introduce, que se lo curra mucho. A sus pies.

miércoles, 1 de junio de 2011

Maxitweets. Leonard Cohen y Pretty Woman

blogger widgets
Leonard Cohen, Príncipe de Asturias de las Letras. Así, en crudo. Como una hostia de esas que pegaba el secundario de lujo de ‘Resacón en Las Vegas’ cuando era deportista antes de comer orejas. Entre eso, y el éxito televisivo por decimoquinta vez de la historia de la Cenicienta moderna, da para garabatear nuevamente en la libreta. Esto tendrá dos consecuencias en esta España, y en la de al lado. Primera, llenamos telediarios, hojas de periódicos, blogs, aquí un ejemplo, y no sé si tertulias de radio, con la historia romántica de la Roberts y el budista canoso, debatimos sobre la mejor frase de la peli y supongo que alguno tratará de recordar cuando, donde y con quien la vio en el cine. Porque yo lo he hecho. Eramos jóvenes, más que ahora, y sobornados por el novio de su hermana, un amigo y yo tuvimos sesión de cine, pollo frito y concierto al aire libre. Disfrutamos más con las dos ultimas cosas que con la primera, supongo que al revés que el novio de la hermana de mi amigo. Y este país descubrió musicalmente para las grandes masas a Roy Orbison, muerto dos años antes y dando un poco de lustre, gafas negras y rocanrol a la década de los noventa.
Y segunda, el bohemio canadiense elevado a príncipe. Bueno, más bien a premio de príncipe. El tipo raro, flacucho, fumador, fotogénico hasta decir basta y con voz ronca macerada por buenos licores de malta, o lo que cojones beba que no será agua con gas, poeta antes que músico, seguro, y que, inspirado en lo corriente que era, y es, Dylan, se tiró al ruedo de cantar. Y cantó. Como nadie. Aunque se mire al ombligo mientras lo haga (¿o ese fue Dylan?). Y sin verlo ni leerlo, viene el pelotazo del tío Leonard en España. Los guays se llenaran la boca y presumirán de sus vinilos y de las veces que lo han visto en lugares exóticos como París, Luxemburgo o la Extremadura profunda, al mismo tiempo que agradecerán con la boca pequeña el reconocimiento, y será trending topic de los molones y tema de tertulia en las acampadas de las plazas de nuestras ciudades. Y pasaremos una semana más en este país, reconociendo a poetas, millonarios sin escrúpulos, pero con corazoncito, y putas. Real como la vida misma.

lunes, 3 de enero de 2011

VEINTEONCE

blogger widgets

Nuevas cifras. Buenos propósitos, mejores deseos y una aureola de falsa alegría y paz para el mundo. No es algo placentero para aquel que prefiere el gospel, igual que los grandes, a los peces en el río, y más si atronan antes de celebrar el cumpleaños de la Constitución y no se pulsa el off, hasta pasados los caballeros del GPS brillante del oro, incienso y mirra. La adopción de nuevas, y buenas, costumbres me libró de dar besos y abrazos faltos de virtud, por aquello de lo usados que lo están, junto con la palabra edulcorada las noches del 24 y del 31. La primera noche fue por puro placer y la segunda por griposa necesidad, pero me ofertaron un plan alternativo, catódico y casero muy agradable. Sobre todo el 31. Donde antes había traje de gala, carmín en la camisa y una resaca de campeonato ahora había manta, cena ligera, ibuprofeno, una buena copa de brandy y películas clásicas. Bueno, no se si los bailes de pandillero de un joven Travolta con tupé llega a la categoría de clásico para los puristas. Y tampoco tengo claro que compartir birras y bolos con El Nota, con Dylan marcando sus pasos en bata lo sea, pero si lo son las andanzas de Cary Grant, James Manson y Eva Marie Saint por el monte Rushmore en ‘Con la muerte en los talones’ y los zapeados con cantantes de ritmo chicle en las teles generalistas. Y con la mezcla de la droga regulada y la destilación en sangre del brandy, la gran pregunta. ¿Y ahora qué? ¿Seguimos igual o intentamos mejorar? La verdad es que no me ha ido mal este Veintediez. Música en directo, de la buena, viajes, nuevos lazos, paraísos, ensaimadas, muchos brindis, camaradería, sigo con nómina, nueva y mejorada emisora radio de cabecera, tic-tac en mi cabeza… Si, no ha estado mal, y no ha habido bajas en el once inicial ni en el resto de la plantilla, así que podemos darnos por satisfechos. Y encima el uno de enero, con ausencia de efectos secundarios alcohólicos, bastante tenía ya con los gripales, la lectura, la siesta con inverosímiles torsiones de cuello y, de nuevo, la tele de pago con sus programas. Pelos como escarpias, otra vez, con el gol de Iniesta y todo lo que significa, antes, durante y después de la volea, atracos perfectos a casinos, John Belushi haciendo reír a toda América en cada página mientras se muere por dentro entonando la verdadera balada triste de trompeta, dos o tres sms típicos y un par de llamadas repletas de cariño. Vale que quedan cosas pendientes. Torradas, Drach, noches mezcladas con mañanas de marzo, conciertos con el Gran Chemi y el Maestro Cortés, robarle besos a alguna Géminis, pedirle perdón por hacerlo, suplicar que me lo vuelva a dejar hacer y despertar del sueño, las cenizas del padre de Keith en negro sobre blanco, el perfeccionamiento del Bloody Mary, lo nuevo de Igor Paskual, el próximo e inminente pelotazo nacional de Uzzhuaïa, saltar desde donde las casas parecen fichas del Monopoly, perderme con buena compañía en alguna parte de cualquier sitio. No ando falto de tachones en mi lista. La seguiré ampliando, seguro, mientras en mi ipod, lo que algunos llaman cerebro, suena Robe y la filosofía de vida que entona con ‘Salir’. Echamos el cierre a estas primeras cuarenta y ocho horas ganando en el ultimo minuto con un gol en fuera de juego, y solo me viene a la mente aquello de ‘…yo, más humilde soy, y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente…’. ¡Feliz Veinteonce!