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jueves, 18 de diciembre de 2014

El olor a rock por la mañana. Concierto homenaje a Elvis.

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He leído recientemente que aquí, en Valencia, se mueve algo por cualquiera de los estratos que campan por debajo de la superficie, huyendo de las normas no escritas dictadas por unos pocos y que nos han convertido en una mera caricatura de aquello que nuestros padres quisieron que llegáramos a ser. Ese movimiento, dicen, viene dado por la disconformidad, por intentar cambiar el rumbo de esta tierra, convertida en supermercado de mangantes sin normas de caballerosidad, donde el "rápido y ya" se ha convertido en un pelotazo continuo, saltándose el paso del sudor y trabajo para lograr el objetivo.

Y de eso saben mucho en el rock. Precisamente aquí, donde es difícil encontrar a primer golpe de bota buen licor y música en directo, los estratos del rock no han parado de moverse. Las sobadas palabras de los gurús de la palabra y la automotivación no están de moda en este círculo porque, simplemente, toda la vida ha sido así. Hacer música es tarea de luthiers, tanto en la forma como en el fondo, pero aquí más todavía desde que la mutación de las salas de moda de los ochenta pasaron de las guitarras a la electrónica. Está claro que hay de todo, tantos gustos como colores y el talento no es absoluto y concedido para todo aquel que tenga los huevos de subirse a un escenario. Porque, independientemente que cantes como una manada de gatos o como el eterno Freddie Mercury, subir a un escenario es cuestión de echarle cojones, tengas o no que mear de pie.
Y en esas anda la tropa, peleando, buscando y manteniéndose activa, en continuo movimiento. Tirando de colegas, amantes y conocidos para sablarles simpáticamente con micromecenazgos abonados con gusto para seguir sonando a sudor, a canciones de resaca y para soñar cualquier grandeza que no tiene mayor tamaño que la propia satisfacción de uno, que es la más difícil.

De esos tipos de la pelea es Adri. Un tío que emana rock por los cuatro costados en cada cosa que hace. Cuando ofrece sus servicios de transporte en su pequeña empresa RockRunner, huele a rock, cuando posa en pelotas para un calendario solidario, huele a rock, cuando está pendiente de todo lo que sucede en el escenario con Los Perros del Boogie, huele a rock. Incluso cuando empotra a alguna moza en alguna de esas noches cualquiera, de esas de dos calaveras, desprende un mojo de rock que más quisiera algún niñato fotocopiado proyecto de estrellita.

Pues Adri lo ha vuelto a hacer. Sí ya tocó el cielo con aquellos conciertos homenaje a The Beatles y AC/DC, este sábado le auguro variados besos con lengua y tocamientos de senos, que es como imagino yo como será tocar el cielo cuando tengo el día erótico, cuando acabe el concierto homenaje a Elvis. Estarán todos los sospechosos habituales de la escena local de guitarras y botas de 'chúpame la punta', parroquianos del Kraken y del Peter Rock, compañeros de fatigas en esto del lado salvaje de la vida. Pero esta vez, Adri viene con refuerzos. Si el leit motiv es Elvis y el 60º Aniversario de su primer sencillo 'That's all right', no podría ejercer como maestra de ceremonias nadie mejor que Marta Vázquez, voz de RockFM y experta en la vida, obra y milagros del Rey del Rock.




¿Hueles eso, Adri? ¿Lo hueles muchacho? Es Rock hijo. Nada en el mundo huele así. ¡Que delicia olor rock por la mañana!

Brindo por los tipos como Adri. Rock, señorío y cojones. Nos vemos en la Wah-Wah.
PD: Seguro que Vicente Ahumada esa noche sonríe allá donde esté, ¿verdad, Rafa Escalada?

viernes, 17 de octubre de 2014

Las golondrinas de la Kraken Roll Band.

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«Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!» 
Gustavo A. Becquer

Como aquellos famosos pájaros que citaba el poeta de perilla mosquetera, pero cambiando la edulcorada -para gustos, colores- rima por rasgeos de guitarra y voces atronadoras, y tras una espera larga, más de lo normal, es momento de disfrutar de la banda entre las bandas, la Kraken Roll Band.

Ojo, que he dicho banda, que no conjunto, ni grupo.

Banda.

Porque la Kraken Roll Band es eso mismo, una banda. Un grupo de gente armada. O una pandilla juvenil con tendencia al comportamiento agresivo. E incluso son el lado de algunas cosas. Concretamente, el lado salvaje. Y con todas estas definiciones están dentro de lo políticamente correcto marcado por la RAE porque son definiciones de la palabra en cuestión que se ajustan como un guante a lo que es esta criatura viviente y latente.
Puede sonar un poco contradictorio, pero si no has estado nunca viendo un concierto de la KRB, es difícil explicarlo, si servidor no se marca un John Fogerty y se plagia a sí mismo (gracias Monty por el dato). Aún así, lo vamos a intentar.
Se reúne el talento con más alcurnia de la escena del rock de la ciudad y villas colindantes, dirigidos por la argamasa que es ese señor llamado Pablo, alma mater del Kraken, garito de la Plaza Honduras y primera segunda casa de muchos y lugar donde se gestan amores, odios, paellas, brindis y debates tipográficos con guitarras al once, licores y algún despistado zumo natural.
Pero la subida al escenario lleva consigo detrás una organización de agendas de cincuenta músicos, con toda la dispersión que engloba la palabra 'músico', de ensayos pagados con sudor para buscar la fama y muchas algunas horas de repeticiones monótonas de escalas, voces, coros y producciones caseras. Pero también tiene, o eso supongo yo, sus momentos de diversión, de brindis rubio y de camaradería en plan campamento rock de los Rolling Stones. Es decir, nadie dijo que fuera fácil, pero cuando suene la música introductoria del Así hablo Zaratustra como si un gran Elvis se tratase, o cualquiera de las ideas que le rueden por la cabeza al gran Pol, nos dejaremos atronar por los vatios que salgan de la mesa del Wah-Wah, berrearemos como ciervos en celo y cuando todo llegue a su fin, brindaremos por las nuevas amistades y por los adioses que no son más que un hasta luego.

«Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.»

Amor al rock. Y a todo lo que significa la Kraken Roll Band.

PD: Una introducción a lo Johnny Cash no estaría nada mal, Pol.

jueves, 31 de enero de 2013

Cine a pelo. #littlesecretfilm

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La carne con un punto de sal y ligeramente sangrante. El olor a césped recién cortado. El sudor y el resuello después de un poco, o un mucho, de sexo adúltero. Las comidas poco recomendables, pero que todos hacemos. Besos, abrazos, borracheras, tonterías y resacas.

La vida está hecha de estas pequeñas cosas. Y cuando las vemos hechas por otros, en pantalla gigante y con palomitas, se llama cine.

Y el cine es una maravilla. Así, a pelo.

Cine es un acorazado ruso, Charlot, Buster Keaton y Harold Lloyd. También es Escarlata, Tara y Rhett. Ford y El Duque - John Wayne, por favor, no jodamos -. Fred y Ginger, cantar bajo la lluvia, desayunar en Tiffany's después de una noche de juerga, Billy Wilder y muchas cosas más.

Cine es, incluso, Elvis haciendo de Elvis.

Las películas de la Famiglia, De Niro, Pacino y los demás. El Rat-Pack, Jack, Newman y Redford. Sí, cine, cine, cine.

Cine es Gilda, Audrey, Liz, Marilyn, Meryl Streep, la Roberts y, que coño, Jessica Chastain.

Cine es Welles. Y Brando. BRANDO.

Cine son todos estos y estas, más los que se hayan podido quedar en el teclado. Y la inspiración provocada por todos, en cualquier parte del mundo, para que la rueda gire y nueva gente siga contando historias, también es cine.

Por eso, es motivo para celebrar una nueva iniciativa, gestada en la sombra, y que el uno de febrero verá la luz, con pinta de ser una revolución para el sector, que, entre putas y curas, póngale usted mismo las caras a los adjetivos, pretenden, sin conseguirlo, asistir a su funeral.

Porque el cine es como el rock. Nunca muere.

Un manifiesto molón. Unas normas fáciles, y difíciles a la vez, y un bofetón de aire fresco que espero, y deseo, sea el inicio de una gran amistad.

Yo, mañana, veré una primera muestra, 'Los desórdenes sentimentales' de Ramón Alfonso, con Belén Riquelme y Emilio Linder. Porque uno también tiene sus debilidades.

Descubre #littlesecretfilm. Busca su hashtag en Twitter. Indaga, investiga, siente, emociónate. 

Mis respetos a los héroes del celuloide. 

viernes, 31 de agosto de 2012

Rock metido en un maletín brillante

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Aquí se habla de rocanrol.

También de mujeres, brindis y otras gaitas que mueven el mundo.

Decía que aquí se habla de rocanrol. De ese que huele mal, según ciertos anuncios que andan por ahí. Y que es mentira, el olor, por supuesto. A decir verdad, olerá igual de mal que cualquier aglomeración de gente adulta en constante movimiento.

Rocanrol, decía.

Bares, locales, bajos o antiguas fruterías han sido los reductos de la gente que ha sabido, querido o le han inculcado el vicio de esta música, que nació al mundo con Elvis, y que sigue vivita y coleando, por mucho que al cabrón de Lenny le dé por decir lo contrario.
La mala prensa, las radiofórmulas comerciales, o vete tú a saber qué, lo han reducido a locales, llamémosle selectos, con sibaritas del ritmo, humo y mujeres de tacón y raya en el ojo.
No es fácil maridar esto si no sabes lo que llevas entre manos. Y sí no lo sientes como tuyo, peligro.
Has de saber que manejas un producto clave en la humanidad, que ha movido conciencias, reventado muros de guerra fría y que ha traído miles de niños al mundo.

Y todo eso se merece un respeto.

Por lo que todo el respeto del mundo se merece el nuevo proyecto de rocanrol en Madrid, The Music Box Concerts & Club.
Abrirán el telón un martes de septiembre, ya saben, aquello de la contracorriente, con una superbanda, Hot Legs, es decir, el talento de M-Clan, Pereza, Rubia y Josu García.
Buen principio para un proyecto ambicioso que contará con la experiencia de un gran equipo capitaneado por Pepe Cortés y que seguro que va a zarandear el mapa de la escena rockera en la capital.
O sea, que existe un motivo más para brindar, charlar y esperar al Sol en las noches de Madrid.
Seguro que Pepe Risi vuelve, otra vez, a sonreir.

domingo, 22 de julio de 2012

Malos tiempos, buenos tiempos.

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Malos tiempos para la lírica, cantaban aquellos. La gente sale a la calle a pedir un poquito de por favor, que el refrán de Dios apretando pero no ahogando va a ser solo una licencia poética, porque los cabrones siguen apretando, estrangulándote (nos) de manera que nuestro color pasa de ser azul pitufo a morado vino crudo. Malditos. Por vuestra culpa, cabrones, igual tenemos parte nosotros también, no podemos estar pendientes con nuestros cinco sentidos del próximo chiringuito dominguero de martes en el que cocernos al vino blanco, balbucearle a la guiri de turno y pensar en que nombre bautizarnos cuando estemos cerca de la Riquelme.
Gracias a vosotros, nuestras maletas, quien pueda hacerlas, estarán un poco más vacías de alegría y despreocupación. No sabemos si volveremos a ver a nuestros amigos en nuestra tele, porque la habéis secuestrado y mutado de vaca suiza a vaca africana como un cirujano plástico chapucero y ahora que no la queréis, le metéis hachazo y santas pascuas. Vais a darnos más cera para hacernos más complicado el escuchar jazz, rock y todo aquello que nos pone, con el drama que supondrá esto para alimentar las páginas de este rincón. Vais a conseguir que Batman tenga que esperar a tiempos mejores, perdiendo la mano esta vez y no poder ver a la Hathaway hacer miau si no me la ofrecen mal grabada entre refrescos de terraza.
Pero tengo malas noticias, caballeretes. Esto sigue rodando y cerrando alguna puerta se abren muchas ventanas. Viene un hijo de Alex y Natalia, que no escuchará nunca a Justin, la gente se sigue declarando a la luz de la Luna, descubrimos sitios fantásticos como Pandora donde nos dan de comer bien y nos tratan mejor, aún con nuestras borracheras de disfrutones, que es como decir foodies pero en castizo, princesas irán a Graceland a soñar con los movimientos de cadera más famosos de la historia, el humo volverá a las barras de bar cuando estemos solos y nuestras yemas de los dedos seguirán rozando cuerpos de mujer, mientras el Animal Social seguirá rugiendo como nunca, a pesar de las tumbonas de verano. Alena nos enseñará a base de vodka, cambiaremos a Aladdin De Colo por el Pitbull Rafa, a Alba por El Pintita y a ti por cualquiera que me caliente esta noche, aunque me arrepienta cinco minutos después de la petite mort. Y nos espera London, que nos llama a ritmo de The Clash, y Sa Roqueta, y Denia y algún lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Y está El Lobo, el Italiano y la rubia Montiel, que tiene nombre de amontillado, y sus guitarras al once. Y que cojones, estás tú y estoy yo, y seguro que como esta lista de cosas que me pasan a mi, tendrás las tuyas propias, robadas y prestadas. Y no nos quitaran las ganas de vivir como si no hubiera un mañana y tratar de no morirnos nunca. Y si así fuera, un placer habernos conocido.

martes, 29 de noviembre de 2011

Nueve Tragos con Ariel

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En esta vida es cuestión de elegir. Puedes decidir cenar comida rápida de franquicia o disfrutar de una buena mesa y mejor mantel en Vuelve Carolina, por ejemplo. Puedes celebrar las victorias propias, o derrotas de tu enemigo, con alguna absurda combinación de especias y colores con alcohol, o dar buena cuenta y deleitar a tus papilas gustativas con un Isla de Jura, sin hielo, por supuesto. Y puedes salir de noche a cualquiera de los locales abiertos en la ciudad del Turia de sonido repetitivo y ritmo gaga, o puedes dejarte caer por un lugar lleno de historia, con rincones a la gran música que estuvo allí un día y no se marchará jamás, donde el saber hacer y profesionalidad de sus gentes te hacen sentir como en casa. Es decir, puedes salir, beber, el rollo de siempre o puedes ir al Nueve Tragos.
El Nueve tiene un encanto especial. Te reciben sus luces de neón y un coche de choque, de esos de la feria, del que luego averiguas su historia y te deja con la boca abierta. Perdón. Antes de las luces y el coche, primero te recibe el boss, el barman, el alma mater del local, Andrés Albert, don Andrés, un tipo con una bendita locura por la música de verdad, con gusto por el cine de antes, el buen vino, amigo de sus amigos y que destila rocanrol por todos los poros de su piel, al que un buen día se le ocurrió hacer de todo aquello, que bien podría ser su habitación adolescente, un local. Puedes darte una vuelta por sus paredes y ver fotos, algunas tatuadas con rubrica, de gentes como Carlos Segarra, Jaime Stinus, Burning, Jaime Urrutia o Carlos Tarque. Puedes ver el particular y personalísimo muro de la fama y reconocer a Leiva, Bunbury, o Igor Paskual, entre muchos más. Puedes pasar, de camino al fondo a la derecha, por la Plaza Elvis, con discos de oro de El Rey y un busto de la bella Marilyn, mientras Humphrey Bogart te vigila de cerca, flanqueado por dos hombres y un destino. Puedes imaginar que al espíritu de Dino alguien le ha chivado que hay un local con encanto en la tierra de las flores, de la luz y del amor y está comiéndole la oreja a una bella corista en este mismo momento. Y sigues paseando por sus paredes y ves chaquetas enmarcadas, un par, recuerdo. Una de ellas de Loquillo, que por algo es su sede oficial y está omnipresente en muros, imágenes y sonidos, aunque igual eso ya lo habías deducido por el nombre del local. Y si no era así, te lo digo. Nueve Tragos es la sede oficial en Valencia de Loquillo, lugar de reunión y encuentro de todos aquellos que alguna vez hemos vibrado o creado un pedacito de nuestra historia vital a ritmo de sus canciones.
Y como punto de ensamblaje entre el rock español y sus consumidores, esos que están fuera de las modas y que saben beber de las fuentes, algunas de ellas colgadas de la pared del local que te hablo, al bueno de Andrés no se le ocurre otra cosa que provocar a nuestros culos a salir y pasar noches o tardes en el Nueve. Bien con las meriendas y fiestas para pequeños rockeros, con la magia, con la emoción del balón valencianista o con conciertos íntimos llenos de delicatessen, savoir faire y soberbio catering. Y dentro de estos, ayer fue Igor Paskual y hoy es Ariel Rot.
No voy a definir a estas alturas quién es el señor Rot, creo que ser parte de dos de las mejores bandas de rock español que han viajado por el tiempo, como Tequila y Los Rodríguez, es más que suficiente, así que la ocasión merecía la pena. Amigos que te reciben con un abrazo y un gracias sincero, son más que suficientes. Una visita rápida para ver el montaje, sin las habituales mesas donde hemos pasado horas hablando con la Dama de Elda y Madame Blues acerca de historias del rock, y una cena rápida en el Yesterday, con buen vino y mejor atención por parte de sus dueños, son el prólogo perfecto para disfrutar de una leyenda viva y activa por mucho tiempo. Vemos la vida color de rosa echando 20 centavos en la ranura y empezamos a disfrutar.
Ariel viene a pelo, es decir, sin acompañamiento musical ni vocal. Lo flanquean dos guitarras, más la que tiene en la mano, y un teclado que seguro que a lo largo de la noche irán adquiriendo su debido protagonismo. Me sitúo en un lateral del escenario y asisto a una imagen que haría la delicia de una photo rock shooter como mi amiga María Bittersweet: Ariel Rot cobra vida desde el primer acorde, mientras impertérrito e inexpresivo, un Calamaro congelado en una foto asiste sin reacción alguna.
Van cayendo los temas, tienes el inexacto listado más abajo, cazado al vuelo como las primeras ediciones de la lista de premios del Sorteo de Navidad, mientras sonrío al pensar la suerte que tengo. El tipo que me ha acompañado por la carretera en mis viajes con destino a lugares mejores con su En directo mucho mejor está a escasos cinco metros, para mí y un centenar de personas, sin ningún atisbo ni mueca de estrella. El señor que sienta cátedra musical, con otro grande como Jaime Urrutia, una tarde a la semana por la radio, está haciendo un repaso a su reciente carrera en solitario. Y yo, en ese momento justo cuando cambia de guitarra y le canta a Felicidad, me acerco a la barra para que Sheila, que no acusa el cansancio y la rapidez con la que dejó esta misma tarde, y en tiempo record, de ser una peluquera para convertirse en una pin-up con los labios rojos como el fuego y sonrisa preciosa, me sirva una cerveza que me refresque al tomar mis primeras notas jeroglíficas apoyado junto al tirador.
Veo algunos flashes y me evado ligeramente de la música para ver las caras de la gente. Denotan satisfacción, nadie sale a fumar, buena señal para el artista. Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal que no la ame, cita Ariel citando a Wilde. Buena introducción para que Te busqué y Sin saber que decir nos den paso a una bella canción, inédita pero cantada varias veces, La huesuda, a mil años luz de aquella flaca de jarabe.
Los seis grados de separación aparecen a la segunda cerveza, con Juani de Jérica, amiga común de familia mientras en la mesa desfilaban los millones del As de corazones, eso que nadie, incluido el propio Ariel, quiere que le pase a Andrés con su casa. El piano entra en escena, calentando los dedos con I will survive, pocas notas, no creas que nos va a dar esa rareza, para darle a los dedos con Una casa con tres balcones y Pólvora mojada. Nos estrena con la acústica un foxtrot, del que no pillo el nombre porque la diversión en la charla con Juani me distrae divinamente. Manos expertas y la versión tango de Hace calor dan paso a la presencia entre las manos de la última guitarra que falta por entrar en escena, heredera de las que tocó Chuck Berry, para afinarla con Una canción para La Magdalena de Sabina y lucirse con la divertida e italianesca Confesiones de un comedor de pizza, para después rendir homenaje a la Castellana y su bruma. El maestro nos despide con su Milonga a la que cerramos con una gran ovación y las ganas de más, quizá un baile de ilusiones que se quedará en eso, en un deseo pero con la satisfacción de haber vivido una bonita noche y poder compartir unos minutos con una parte importante del rock en español. Gracias Charly Garcia, gracias Rolling Stones, gracias Sergio Makaroff, gracias a todos aquellos que hacen de Ariel Rot un gran artista. Y gracias a todos los Andrés de este país, que luchan por el rock desde su trinchera y por sus clientes, que son más que amigos para ellos.

Ariel Rot. Nueve Tragos, Valencia, 24 de noviembre de 2011

ECHE 20 CENTAVOS EN LA RANURA
HISTORIA INCOMPLETA
ESPÍRITU DE VERTIGO
ADIÓS MUNDO CRUEL
FELICIDAD
TE BUSQUÉ
SIN SABER QUE DECIR
LA HUESUDA
LOS TIPOS DUROS NO BAILAN
LO SIENTO FRANK
…
AS DE CORAZONES
I WILL SURVIVE (intro) UNA CASA CON TRES BALCONES
POLVORA MOJADA
FOX-TROT (ESTRENO)
MANOS EXPERTAS
HACE CALOR (versión tango)
UNA CANCION PARA LA MAGDALENA (intro)
CONFESIONES DE UN COMEDOR DE PIZZA
BRUMA EN LA CASTELLANA
MILONGA DEL MARINERO Y EL CAPITÁN

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Esto SÍ es la crónica de Garaje Jack

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GPS. Seguro que te suenan estas siglas. Sistema de Posicionamiento Global (Global Positioning System), el cacharrito que te conduce a todas las Romas sin saber ninguno de los caminos. Pues precisamente en la búsqueda de ese posicionamiento global, pero en el mundo de la música, el Ministerio de Cultura, ha gestado el proyecto GPS, que en este caso es Girando Por Salas, un circuito para facilitar a los artistas emergentes conciertos y salas más allá de su propia comunidad autónoma y potenciar la música en directo. La idea me parece de lo más acertada, todo lo que sea que la gente pueda tocar en directo y darse a conocer, me parece de cine. Ahora, señores responsables, señor o señora futuro o futura ministro o ministra, un poco de promoción en los lugares donde van a llevar a las bandas no vendría nada mal. Pues eso, que gracias a GPS, a los dos, pude por fin ver, escuchar y sentir a Laura, Jorge, Óscar y Trujo, es decir, Garaje Jack.
No es excusa, pero llego tarde, según la hora del cartel, por eso me dirijo directo a la puerta. Hola, ¿es aquí para entrar al concierto? Sí, pero la taquilla está allá a la derecha. Gracias. Voy a la taquilla. Hola, quería entrar al concierto, estoy en lista, cortesía de Pepe Cortés Montero, por supuesto. No, pero la lista está en puerta, aquí solo entradas. Disculpe, gracias. Hola, aquí estoy otra vez, es que estoy en lista. Sí, aquí es. Pase, buenas noches. Pero una vez dentro parece que llegué más pronto que la mayoría, por lo que me pongo a curiosear la sala, muy bonita por cierto, con enormes carteles colgados de leyendas del rock que van de Elvis a Slash, de Angus a Dio. Incluso hay una cartelaco de una rubia que me recuerda a Monty, (Sheenas, ¡fuera de mi cabeza!). No, de momento la estrella del Camden no está, pero tiempo al tiempo.
Salen los cuatro garajes. Espera. Se han sacado de la manga un quinto jack, Dani, de Soho, que arropa con su hacer con las seis cuerdas a don Óscar, un monstruo con su Telecaster y que sabe mucho de eso de rocanrol actitud. Sorprendidos inicialmente por la afluencia, sueltan varias coñas acerca de ello, pero les resbala tocar para ocho que para ochocientos. Me da en la espina que va a ser un buen espectáculo, quizá lejos del calor que pudieron brindar las gentes de Madrid al grupo en la Joy hace poco menos de un mes, pero una banda que lleva diez años en el escenario y que ha salido airosa de tocar en cárceles, como hizo en sus tiempos Johnny Cash, ante un público no demasiado fácil y que, por su ascendencia, prefiere cualquier ritmo reggaeton a un riff de rock setentero, seguro que no va a defraudar. Así que le pido a la amable camarera su teléfono y una cerveza y, dándome solo lo segundo, excusándose de lo primero con un no-se-que de su novio que está en la puerta, con un ‘buenas noches Valencia’, la banda le da leña al mono con Lo que quieras.
Algo tiene que tener el agua cuando la bendicen, y no puede ser casualidad que el último disco de estos chicos llegue al nº 1 en ventas de iTunes el día de su lanzamiento, hace ahora exactamente un año, por encima del lanzamiento en esa misma plataforma de la discografía completa de esos chavales poco conocidos de Liverpool, The Beatles. Y está clara la bendición del agua por donde va. No hay más que ver la energía que trasmite Laura Rubio, la manera en que se castiga las caderas a cada golpe de pandereta, la suficiencia con la que maneja todos los registros vocales que salen cuando hace mover sus labios, su encanto, su charme. Pon en una coctelera musical a Luz, Aurora Beltrán y el duende de Lola Flores y Morente y tendrás lo que es Laura. Vas a parecer tonto sí no cierras la boca. Y los pedazos de músicos que la rodean, o más bien, la complementan, no se quedan atrás. De Óscar, que toca sin aparente esfuerzo, de Jorge, con solvencia y perfecta sincronización rítmica con Trujo, que aporrea con maestría y con el tempo preciso, no puedes añadir más que quitarte el sombrero. Sí, son una banda de rocanrol, le comento a Isma, alma mater de Piso16, ¡ojo con este grupo! Mientras empezamos a mover el pie al ritmo de Valiente, Heroes, No te veo y la bonita Domador.
El show sigue y Laura nos confiesa que ha pasado un mal día por culpa de los bichitos de la gripe, que la han atacado con fiebre y dolor de garganta. Pues no se le nota nada. Óscar sigue haciendo coñas acerca de donde vamos a ir luego todos juntos a celebrar este concierto, Jorge también se une a la distensión de la noche que queda muy de reunión de colegas, de concierto privado, que en definitiva, es lo que parece ser, para placer nuestro. Tras asistir a una nueva exhibición vocal de Laura en Di que sí, debe ser un placer oír a esta chica en la ducha, viene su pelotazo, Sin red, con su estribillo pegadizo que suelta a la peña asistente y provoca el canto a coro de los ¡eo, eo!, haciéndome recordar lo fresco y divertido que es el video de este tema. Ahora ya vamos a favor de corriente. Los músicos están a gusto en el escenario, nosotros también, y para celebrar este arcoíris musical, me pido otra cerveza. Óscar dedica uno de sus temas a una ex, con el dedo corazón en alto. Laura se viste de Chris Robinson en una versión de Only a fool. Los bises, pedidnos los bises, cabrones o nos vamos, nos dice con socarronería Telecaster boy. De eso nada, aún queda traca. ¡Y que traca! Si antes Laura se vistió de Chris Robinson, ahora lo hace de Robert Plant y nos deja con una sonrisa en los labios con la versionaza de Whole Lotta Love, con conversación con la guitarra de Dani, incluida, que acaba con grandes carcajadas. Se despiden con una ovación merecida. Mi espina tenía razón, ha sido una gran noche de rocanrol, con tintineo del hielo de las copas incluido. Pero eso, como siempre, es otra historia.

Epílogo: Escucha esta joya, extraída del DVD, y entenderás porque les juro amor eterno.


Garaje Jack. Gira GPS (Girando Por Salas) Rock City, Almassera, Valencia. 17 de noviembre de 2011

LO QUE QUIERAS
VALIENTE
HEROES
NO TE VEO
DOMADOR
DI QUE SÍ
SIN RED
SABOR A SAL
BULEVAR
VOY A DISPARAR
ONLY A FOOL (igual fue antes, o después)
TU DIRÁS
DAME MÁS
TÚ Y YO
A FLOR DE PIEL
WHOLE LOTTA ROSIE

miércoles, 27 de julio de 2011

The King Story. Elvis y nosotros.

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Valencia es una ciudad que vive irremediablemente en la calle, como cualquiera que esté bañada por el Mediterráneo y con algo de historia que ver, que son todas. Está llena de noches con brisa agradable, de esas en las que los ángeles han de echarse un pañuelo por encima de los hombros para que no se les enfríen sus alas, con paseos entre torres milenarias, carcajadas sinceras y taxistas salidos de un remake de Almodóvar con banda sonora de música house. Otras ciudades presumen de no dormir, pero aquí se duerme y se vive a base de bien. Y cuando los astros se juntan y la luna se nos presenta como una sabrosa rodaja de sandía albina, puede suceder que en escasos kilómetros a la redonda se geste el arte de Barrera en el albero, Calamaro en los jardines y Elvis en el escenario. Demasiado talento en un solo día. Elegimos el viaje en el tiempo y, con nuestro Delorean, nos citamos con El Rey.
Se estrenaba en Valencia la obra El Rey del Rock (The King Story), un recorrido a través de la vida de Elvis Presley con sus canciones como nexo de unión y con el complemento de audiovisuales con imágenes y archivos de sonido inéditos de la vida de El Rey. Y los estrenos tienen eso, nervios, ilusión y ganas de hacerlo bien por parte de todos, hasta del público. Cuando en el coso de la calle Játiva estaban a punto realizar el paseillo de las siete, con don Juan El Creador entre el público, aplacamos nuestras ganas de merienda con gastronomía del norte y palillo, intentando escapar a las ventas gitanas de romero. Arte con arcilla, broches con cariño y hoyuelos en las mejillas, complementos perfectos al txacolí con un maridaje de historias increíbles, un bolso en el que cabe de todo y un estúpido apellido con forma de nobleza, pero que no llegará ni a reina de su escalera.

El Teatro Olympia desprende magia. No así la franquicia de las cafeterías que está cercana a su entrada, donde a través de sus cristales había, como no, una persona conectada con su portátil. Un lugar con casi cien años, los cumplirá, según las hemerotecas, en 2015, que con el solo hecho de ponerse debajo de su marquesina de hierro te hace sentir bien. Su arquitectura interior, sus vidrieras y su calidad de programación lo convierten en lugar marcado en los smartphones de ahora, antiguas agendas y notas de antes para una visita. No se me ocurre mejor sitio para ver a Greg Miller recuperar la esencia de Elvis, Las Vegas está fuera de concurso, y, tras inmortalizar los momentos, cruzamos las cortinas que nos llevan a nuestras butacas del pasado. Y vaya que viaje, con las primeras notas de Also sprach Zarazhustra y See see rider las emociones estaban a flor de piel. Dejemos a un lado los pequeños inconvenientes técnicos o, mejor, alabémoslos, ya que nos permitió comprobar, estabamos en la fila nueve, el timbre natural de voz del señor Miller, cantando casi a capella Shake rattle roll. Cayeron todos los temas imprescindibles y conocidos, más abajo tienes todo el listado por orden, mientras asistíamos a la historia de aquel chico de Tupelo que iba para gemelo y que se convirtió en la leyenda más grande que ha dado la música en el mundo y que nunca dará. Y nos permitió conocer a la persona a través de los ojos de Greg, que son de los pocos fiables que nos quedan, y descubrir la humildad de un hombre con un fuerte vínculo con su madre, tímido, solidario, comprometido con su trabajo anteponiéndolo a su propia salud y capaz de resurgir de sus cenizas para vivir, cantar y ser Las Vegas, enfundado en su traje de lentejuelas con cortes de karate. Seguir el viaje con la emotiva voz de Greg, narrando en primera persona su descubrimiento de la figura de Elvis, mientras las casualidades le hacen vivir una vida prácticamente paralela a la de El Rey y sentir como poco a poco se va acercando sin remedio. Su primer contacto con el mito, su absoluto respeto hacía el artista y cariño a la persona y, sobre todo, el pálpito días antes de su muerte crean el climax de la obra, con un especial número de danza aérea con lonas blancas en el que oigo como respiras, siento como sufres y noto como saltas, por la plasticidad y preciosidad del número de Orietta de la Peña, la primera bailarina, con la metáfora de las alas del ángel del artista que se va a las estrellas, a los acordes de My way, y el emotivo número de gospel de después.

Todos los adjetivos son pocos. Emocionante, ilusionante, intenso, divertido, triste. Todos nos caben, todos nos sirven para definir este montaje. Imprescindible vivir la historia de los 42 años de Elvis, condensados en poco más de lo que duró la final del Mundial. Ponerte los zapatos de gamuza azul, alojarse en el hotel de los corazones rotos, bailar el rock de la cárcel, viajar a Hawai, ahora o nunca, gritar viva Las Vegas, cantarle a un perro, amores ardientes, Suspicious minds. Escuchar a Greg Miller decir que solo intenta ser un transmisor de lo que hizo Elvis, y emocionarse al oírlo, porque sus cuerdas vocales están repletas de exhausta sinceridad y respeto. Y escuchar la voz original de Elvis Presley. Y seguir en el pasado tomando hamburguesas en los años cincuenta, hacer sonar la rueda del teléfono analógico, deseando que los minutos fuesen horas y el mañana fuese un día rojo, de aperitivo a las doce. Y escuchar a Janis vestida de Merche que, aunque sea otra historia, es una historia muy grande. Acordarme de Vicente. Que pasen dos horas de las doce y Cenicienta siga siendo princesa de cuento. Y darle la razón al genio de Calamaro en aquello de que Elvis está vivo.

THE KING STORY. Elvis… y yo.

1ª Parte
ALSO SPRACH ZARAZHUSTRA / SEE SEE RIDER
SHAKE RATTLE ROLL
BLUE MOON
HEARTBREAK HOTEL
BLUE SUEDE SHOES
DON’T BE CRUEL
HOUND DOG
JAILHOUSE ROCK
NÚMERO DE CLAQUÉ
G.I. BLUES
IT’S NOW OR NEVER
RETURN TO SENDER
VOLERE
LOVE ME TENDER / WITCHCRAFT
FEVER
BLUE HAWAII
CAN’T HELP FALLING IN LOVE
TROUBLE / MEDLEY 66

2ª Parte
VIVA LAS VEGAS
SUSPICIOUS MINDS
IN THE GUETTO
BURNING LOVE
A BIG HUNK O’ LOVE
MY WAY
AMAZING GRACE / AMERICAN TRILOGY
ARE YOU LONESOME TONIGHT / IF I CAN DREAM
MEDLEY SALUDOS