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domingo, 10 de abril de 2016

Nosotros no nos mataremos con pistolas.

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Sentía cierto cosquilleo de nerviosismo por ver la puesta en escena de Nosotros no nos mataremos con pistolas, uno de los pelotazos valencianos en lo que a obras teatrales se refiere, bien rodado y con excelente reputación. No soy muy asiduo de las butacas en general, ni de cine ni de teatro. Por estúpida pereza, he de decir. De hecho, muchas veces considero más interesante el esqueleto de la escena y deambular entre bambalinas, con sus hombros, sus nudos corredizos y su sistema de manejo de contrapesos adaptado de la navegación que la propia escena. Pero en este caso no había excusa posible. Podía ir a pie cubriendo un ligero trayecto o bailando, mientras salto de baldosa en baldosa. E iba con ganas. Con muchas. Tantas que me daba miedo. ¿Y si no cubre mis expectativas? ¿Y si estoy predispuesto a un atracón teatral y salgo como si hubiera salido de un mal restaurante minimalista? Pues esas expectativas se cubrieron. Vaya que si lo hicieron. Son cerca de dos horas de libreto, con un trabajo por parte de los actores que solo se puede catalogar como excelente. Y probablemente esta sea una de las más tardías escrituras con respecto a esta premiada obra, pero es una manera como cualquier otra de expresar agradecimiento. Como estrecharle la mano a Román, uno de los actores, al acabar y felicitarlo sinceramente. O ser el único que, en pie, aplaudió al finalizar la función. Desde detrás. Sin provocar levantamientos de culo solidarios que taparan diferentes criterios. Sinceridad. Y emoción. Nada más.

Nosotros no somos Friends. Nuestra generación está perfectamente reflejada aquí. Con sus alegrías y sus miserias. No acabadas de mostrar del todo. O sí las alegrías, magnificadas como un movimiento de parchís. Matando una y contando veinte, mientras las miserias se esconden en palabras vacías de falsa satisfacción. Y todos dibujados por estos cinco protagonistas, más el recuerdo de una sexta, ausente en escena, pero nexo de unión, o motivo de ruptura, entre ellos. Una cama redonda, más de sentimientos que de sexo. Aunque sexo hay, pero no quizá el que esperas. Y no en escena, más allá de los besos y algún magreo propio de nosotros. Aquellos que nacimos para hacer de todo y que caímos como casi todos. Solidarios con los de lejos, pero incapaces con el amigo. Y dentro de un entorno de fiesta de pueblo, la Virgen del Carmen en cualquier lugar indeterminado. Pero que podría ser cualquier otra fecha, como Santa Ana en Albal o Sant Pere en Les Barraques. Amparito Roca nunca sonó tan tétrica ni provocó tanto escalofrío.

Y drogas. Y risas. Y llantos. Y la vida que llega. Y la vida que se fue. Y volver a casa porque se acabó el amor en el extranjero. Y no saber como decirte que voy armado con palabras, pero nunca quise herirte. Que me gusta cuando llegas, aunque tenga que esperarte, que es lo que canta Tortel para ellos. Y para nosotros. Y que es un resumen maravilloso.

Y que tienen que verla. Por supuesto. Porque hay que vivir con los demonios de uno. Pero vivir. Sin suicidarse, pero vivir.

Porque nos han calado. Y ahora ya no hay vuelta atrás.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Un hombre puede llorar. La mujer de su lado, no.

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Hay mandanga. Y de la buena. Como diría el clásico, aquellos polvos trajeron estos lodos. Y echarle la culpa a ellos va a ser lo más fácil. ¡Que demonios, es la razón! Nos habéis alentado, con vuestros hechos y vuestras hirientes palabras parapetadas en poltronas de plasma, a convertirnos en mezquinos y vamos pisando cabezas creyendo salir impunes. Pero llegará el día del juicio final, o Juicio Final con mayúsculas si crees, y tocará pagar la cuenta de esta jarana. Nosotros, que venimos de aquella España de espadachines, donde uno se jugaba la vida por la soldada o por el honor, donde descubrirse a la entrada de un lugar techado era obligación, con vuestras guerras nos habéis empujado a casi olvidar de donde venimos. Y ahora podemos ir con la testa cubierta para darle al gañote y vilipendiar con la panza llena sin que nos metan un sablazo -literal- entre las costillas. Nos comportamos como animales. Malinterpretamos la pirámide de la socialización y esta miopía nos hace vivir en una caverna continua.

Nos habéis creado un país en el que alguien, escondido tras una mesa y un medio cargo, ejerza de francotirador usando como arma un pinganillo sin más motivo que seguir comulgando con ruedas de molino al servicio de la propaganda y pueda acribillar a una periodista con tanto dolor e impotencia que no pueda seguir con la normalidad y rompa a llorar sin disimulo posible

Nos habéis marcado un territorio en el que sea gratuito mearse, o cagarse, elija la escatología preferida, en el trabajo duro y sufrido que es la cocina, buscando no otra cosa que notoriedad y números para mantener el chiringuito de comer y beber por la gorra, en este caso por el sombrero, sin otro pecado para el escarnio que llegar a la meta del éxito por caminos más enrevesados.

Y nos habéis dejado el solar tan lleno de mierda que cualquier jefecito (perdón Mascherano) de medio pelo, cualquier mala copia de Tony Montana con ceros de más en su cuenta corriente, solo porque firma las nóminas se cree con el poder de mal exigir, mal mandar y peor ejecutar, echando la culpa al empedrado y provocando cuadros de ansiedad y llanto silencioso porque solo le interesa que el mono baile.

Pues tened en cuenta, queridos míos, que María, Begoña o cualquier nombre que se os ocurra, cuando llegan a casa, lloran. Quizá no con lágrimas, pero sí con rabia, desesperación y con ganas de tirarlo todo por la borda, aunque sea solo por un segundo. Y en la cama, a su lado, cuando la noche es oscura y el pensamiento es de uno, hay un tío a su lado que piensa que ya está bien. Que su chica es periodista, cocinera o frutera de corazón y no merece eso. Que a él le gusta verla sonreír, porque es su motor, sus alas, su vida. Lo necesita. Y que si no lucha por eso, maldita sea, no le quedará nada por luchar.

Y hay algunas Marías por aquí. Y bastantes Begoñas. Y muchas más con cualquier nombre. Y otros a su lado. Y el día que ellos digan hasta aquí, vamos a pasarlo bien. Porque saldrá el espadachín de nuestros ancestros. O el pirata mediterráneo, que será peor. Y no os va a hacer falta sombrero, pinganillo, ni farlopa.

Y no me jodas, lector o lectora. Que esto no es cuestión de sexo, ni machismo. Es del débil contra el abuso del fuerte. No les des la razón a ellos en aquello que creen que somos tontos.

Lastima no volver a la España de los Austrias y darle a la espada. Porque Alatriste estaría de nuestro lado y os íbamos a dar matarile.

Cabrones.

lunes, 15 de julio de 2013

Solo tengo que insistir.

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No hace falta que te lo diga yo.
Quizá no sea lo mejor para un lunes, pero da lo mismo. Ya puestos a cargar con lo malo, o lo menos bueno, que sea hoy, en el día de la semana con más mala prensa, junto con los viernes de resaca.

No es cuestión de ser moralistas, ni ir de gurús o iluminados por la vida.
Es cuestión de echarle huevos. Un par.
Si. Otra vez. Las veces que hagan falta.

Búscate un buen espejo si lo crees oportuno.

Inspírate.

Muerde. Marca tu territorio. 
Como en el jardín de infancia cuando, con uñas y dientes, defendías tu juguete.

El primer himno corre de mi cuenta. Ellos lo han hecho. Hablan de la música, pero vale para todo.

Y que se jodan los de las corbatas y las siglas.
Suerte. Si necesitas ayuda, silba.

jueves, 14 de marzo de 2013

Adiós a Pepe Sancho y salud para las cigarras.

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Así, de repente. Ya ves. Vienes tú de tu farra de un domingo cualquiera, aquella en la que has entrado a la iglesia como buen Corleone, en la que ayudas a cruzar la calle a gente mayor, guiñas el ojo a la fotógrafa de pierna y tacón para sonrojarla, comes bien e intentas beber mejor, y justo mientras enchufas la televisión, al mismo tiempo que deshaces el nudo de la corbata, te llevas la hostia en forma de noticia. 

Se ha muerto Pepe Sancho.

Mecagonlaputa. Así todo junto. 

Se va uno de los buenos. El mejor.

El egoísmo te invade. Sueltas un par de malsonantes por la sorpresa y lamentas ahora, en plan Boabdil y sus lloros de reina mora, no haber aceptado aquel día las entradas para verlo en teatro.

Y mientras te pones profundo, piensas acerca de la extraña percepción de la inmortalidad de los que entran por esas ventanas llamadas televisión. Pero, como todo hijo de vecino, tienen sus cosas, sus gatillazos y sus vainas. Y, si, también se mueren.

La ventaja que tienen ellos es que si le das al play los tienes otra vez ahí.

Del señor Sancho me fascinaba eso mismo. Que era un señor. Aunque fuese un cabrón. Y su timbre de voz. Le daba un aura de tío respetable, de tipo capaz de cruzarte la cara con la mano abierta. Literal, con su verbo o cuando le daba a la tecla.

Está mejor que nosotros ahora mismo, sin duda alguna. Sin morir joven pero dejando un bonito cadáver, mientras nosotros morimos en vida. O alcanzamos el coma etílico en fiestas de petardos y ninots, (ríete tú de los guiris), copiando a los muñecos pamplonicas, pero sin cordero lechal, sin Hemingway y sin siete de julio.

Que, a fin de cuentas, es casi lo mismo. Beber (mal) y morir, todo es empezar.

Y tenemos motivos para beber.

Bebamos, otra vez, como si no existiese el mañana y nos acostáramos todas las noches con Gilda.
Dejaremos las vergüenzas colgadas en el perchero de la abuela y haremos la cigarra hasta que el cuerpo, o el Sol, nos diga basta.

Y robaremos besos, pellizcos y chupitos. Tendremos nuestras subidas y bajadas. Anotaremos en pedazos de papel frases ingeniosas a las 5 de la mañana pensando que somos el nuevo Pérez-Reverte, cuando no son más que rimas malas de Camela y maldeciremos el no saber decir que no a aquel último trago.

Por Sancho, el Estudiante, Bertomeu, por todos esos y por muchos más.
Porque vale, era un hijoputa, pero era NUESTRO hijoputa.

Y los otros, los de la Carrera de San Jerónimo, multinacionales y demás panda de golfos apandadores son hijoputas impuestos.

Barra libre de guillotina, champagne, salud y Alka-Seltzer para cruzar el paraíso.

Mis más sinceros respetos.

viernes, 8 de febrero de 2013

RTVV se desangra.

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Hoy he asistido a un funeral. Físicamente, digo. Ya sabéis, acompañar en el dolor a un amigo. Mostrarle el respeto por la reciente falta. Forma parte de la vida. Naces, creces, follas si puedes, te reproduces, si puedes también, alguien de fuera de tu familia te limpia el culo cuando estás gagá y mueres. Está escrito, como diría aquel poeta hasta las trancas de absenta.

Es natural. Lo que va contra natura es que te maten, suavemente, como si de una víctima de Dexter se tratase. Y que tuvieses que aguantar el cinismo, la hipocresía y el hijoputismo del tipo, o tipa, del cuchillo.

Amigos, os estoy hablando del asesinato programado de RTVV, la tele y la radio de la Comunidad Valenciana.

Me vienen a la mente muchas frases. 'Entre todos la mataron y ella sola se murió' es una de mis favoritas. 'Querer es poder' es otra. Pero no han querido y la han matado. Así, sin pestañear, y tirando de farlopa para celebrarlo.

Tengo la suerte inmensa de tener contacto personal y en redes, benditas redes, con muchos profesionales que lo están pasando mal en estos momentos y que son la cara de otros tantos que no conozco, pero con los que empatizo. Mucho, además.
Ellos me han contado que las ideas, la ilusión y las ganas iniciales poco a poco se las fueron cortando los tipos con chaqueta. Esos ejecutivos, convertidos en marionetas de otros, inspirados en la más fascista de las propagandas, han hecho que lo que era una bonita idea se haya ido consumiendo hasta el estado de inanición, siendo una sombra, una caricatura, un chiste.

Cacicadas, como las de editar un informativo una consellera, personal que se ha quedado quieto parado a la sopa boba, aprovechándose del sistema y ahora son voz e imagen de la 'resistencia', hijos, sobrinos, amantes y 'desertores del arao' que lo único que hacían era cobrar la nómina y tomar carajillos.

Había dinero. Vacas gordas. La vida era un cabaret. 

Y seguro que hay más cosas. Porque uno no pinta de rojo el agua porque sí.

Ya se que no han de ser noticia, recuerdo aquello de Márquez a Reverte de 'hazte enfermera, cabrón', pero no dejan de serlo. El juego del metro, ese de imaginar la vida de los pasajeros, mirando la pantalla del 9. Leyendo a través de sus ojos aquello de 'no quiero estar aquí, Quiero estar con mis colegas ahogando las penas en el bar de Paco'. Despedidas de viernes, porque no saben si habrá lunes. Hijas que rompen el corazón a sus madres.
Se mueren los hijos de Kane. Sí, ya se, no es quizá un buen ejemplo, pero es Welles, maldita sea. Primera plana de Lemmon y Matthau. Todos los hombres del presidente.
The Newsroom.

Han hecho de nuestra tele, y radio, la suya. La proximidad, la cercanía, la tele como servicio es necesaria, pero no como la quieren ellos. Sesgada, cortada, manipulada. Ha perdido músculo al primer tacto del bisturí. Y va a tocar llevar bastón. Siempre.

Sí hay trajes, se sacan trajes, sí hay polvos, se sacan polvos. Hay que vestirse por los pies, mirarse al espejo y pasear por la Gran Vía con la cabeza alta.

Luego están las comparaciones. Que la tele vecina de arriba es mejor, más buena y es más guay. Política de mierda y postureo, como decir que ves los documentales de La 2. Esta gente, nuestra gente, hace programas de calidad y cojonudos. Ocupa't, Societat Anònima, Gormandía y muchos más son claro ejemplo.
No puedo evitar poner caras. Así, a bote pronto, Amalia, Sònia, Fermí, Vicent, Eva, Mireia, Fani, Núria, Majo, Rovi, Montalt, Susana, Champi, Santama, son unos ejemplos, pero nunca serán todos.

Son un verdadero Dream Team. Te lo puedo asegurar.

Quiero pensar que la raza que tienen les va a permitir salir por la puerta y entrar por cualquier otra ventana. Aunque la cosa esté mal, aunque la prensa en general esté herida, con las constantes vitales bajas. Es aún reciente la cornada de Las Provincias, otra injusticia a la que Arturo Checa puso altavoz de manera magistral y tuve el gusto de aportar mi pequeña visión. Igual que en esta que le doy a la tecla. No servirá de nada, porque la suerte está echada y solo queda la rabia y la barra de un bar, con las canciones de siempre y mañana una resaca de campeonato.

Periodismo de trinchera, de sangre, teléfonos y callejones.

Mucha suerte a todos, héroes. Y abrazos sinceros.

martes, 13 de noviembre de 2012

The Newsroom está aquí

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Las cosas claras y el chocolate espeso. Podría poner eso mismo, pero hablando del whisky con agua, pero a la hora que escribo esto no son las cinco, y ya saben eso de la hora para empezar la jarana.
No se si saben, sabéis, que la cuidad del silencio después del fuego final está que lo peta con infinidad de movidas. Puedes ser cualquier tipo y con cualquier inquietud que tienes tu hueco en Valencia. Todas las aficiones tienen cabida en la terreta: teatro, vino, música, arte, cine, comer, mujeres.  Sí, mujeres. No se me pongan mojigatos, que hubo, hay y habrá gente que para ellos es una afición. Pregunten por George Best o Porfirio Rubirosa al señor Google, para botón de muestra.

Es una cuestión de supervivencia, de reciclaje o de vete tú a saber que, pero me da la sensación que la peña se está moviendo como no hacen otros. Del tema de la cocina y su petite révolution ya habla, y muy bien, demonios, el señor Nada Importa en Traveler, aunque lo tachen de provinciano en aquellos lejanos, y a la vez cercanos, 341 kilometros del presunto ombligo de este país.
Pero es que te vas por la rama de la actuación, que parece que está mal desde los tiempos que a Concha Velasco la llamaban Conchita y calentaba a los señores con flores, y ves proyectos frescos e interesantes como el genero de las paradas del Mercado Central. Miniteatro, que revienta la pana, programaciones de teatro en bares de copas, webseries que revientan el molometro, productoras pequeñas pero grandes en ilusión e ideas, performances en la calle y exportaciones del trabajo que van más para arriba, sin necesidad de corredor mediterráneo ni gaitas.

Del vino paso de hablar hasta que no me den Mala Vida y me hagan sentir un personaje del cuadro de Goya.

Pero es que, y aquí es donde quiero llegar después de todo, uno de los sectores donde está todo más jodido que es en el de los periodistas, aquí y en Roma, me desprende una frescura, un 'saca el capote, Manué que vamos a torear' y un 'no pasarán' que me eriza más la piel más que si me cantarán a la oreja cualquier balada alguna de las rockeras sexys de la ciudad. Y no digo nombres para no meterme en jardines.
Los periodistas, decía. Esa pasta especial que tienen, con sus guerras, corresponsalías y noches en vela en redacciones por uno u otro motivo. Uno siempre ha tenido a "Territorio comanche" como una magnifica obra. El libro, claro. De la peli, la argentina que salía y poco más. Y siempre los he idealizado en ese sentido. De mayor quería ser eso. Ahora, que sin ser mayor me acerco bastante, con estar a buenas con el banco y conocer a gente interesante, me conformo. Pero sigo admirando a esos tipos y tipas, que diría aquella ministra.

Y en la tele del ERE, donde lo están pasando mal algunos colegas y amigos, salen programas que nos dan aire, que nos sirven esa última copa con la que nos vamos más felices a casa, aún a sabiendas de lo perra que es la vida. La búsqueda de empleo, paradoja al canto o, aquel en que, con cámara en mano y una temática concreta, comer, la vida en los polígonos o los curanderos, nos acercan a lo que puede pasar en la esquina de al lado. Sí les hubieran dejado hacer más cosas de estas, otro gallo televisivo nos cantaría y el Nou sería una de nuestras primeras opciones.

Pero es que aún hay más. Es que gracias a este invento del demonio llamado Twitter, uno descubre una redacción de información general y económica con ganas, una Plaza que siente, que late y que ruge cada letra y cada tirada de manta. Y que no es más que el reflejo de un director de raza, Sierra, don Cruz. Siempre he pensado que una redacción es como un equipo deportivo, la personalidad del director/entrenador se traslada a la redacción/equipo. Y Sierra me desprende mucho de Aragonés. Y no por la edad, ojo.
Y Cruz Sierra se ha ajustado la taleguilla, se ha santiguado y ha empezado el paseillo con un nuevo proyecto de información deportiva que, a poco que lo haga bien, va a sacar los colores a más de uno que se piensa que el corral es suyo. Dos orejas y rabo desde ya.

Pues eso mismo. Que The Newsroom y los hijos de Ciudadano Kane están en Valencia. Y que gracias, joder.

PD: Con todo el cariño y admiración para todos los periodistas a los que puedan llegar estas líneas y, en especial a los que conozco face to face.

domingo, 22 de julio de 2012

Malos tiempos, buenos tiempos.

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Malos tiempos para la lírica, cantaban aquellos. La gente sale a la calle a pedir un poquito de por favor, que el refrán de Dios apretando pero no ahogando va a ser solo una licencia poética, porque los cabrones siguen apretando, estrangulándote (nos) de manera que nuestro color pasa de ser azul pitufo a morado vino crudo. Malditos. Por vuestra culpa, cabrones, igual tenemos parte nosotros también, no podemos estar pendientes con nuestros cinco sentidos del próximo chiringuito dominguero de martes en el que cocernos al vino blanco, balbucearle a la guiri de turno y pensar en que nombre bautizarnos cuando estemos cerca de la Riquelme.
Gracias a vosotros, nuestras maletas, quien pueda hacerlas, estarán un poco más vacías de alegría y despreocupación. No sabemos si volveremos a ver a nuestros amigos en nuestra tele, porque la habéis secuestrado y mutado de vaca suiza a vaca africana como un cirujano plástico chapucero y ahora que no la queréis, le metéis hachazo y santas pascuas. Vais a darnos más cera para hacernos más complicado el escuchar jazz, rock y todo aquello que nos pone, con el drama que supondrá esto para alimentar las páginas de este rincón. Vais a conseguir que Batman tenga que esperar a tiempos mejores, perdiendo la mano esta vez y no poder ver a la Hathaway hacer miau si no me la ofrecen mal grabada entre refrescos de terraza.
Pero tengo malas noticias, caballeretes. Esto sigue rodando y cerrando alguna puerta se abren muchas ventanas. Viene un hijo de Alex y Natalia, que no escuchará nunca a Justin, la gente se sigue declarando a la luz de la Luna, descubrimos sitios fantásticos como Pandora donde nos dan de comer bien y nos tratan mejor, aún con nuestras borracheras de disfrutones, que es como decir foodies pero en castizo, princesas irán a Graceland a soñar con los movimientos de cadera más famosos de la historia, el humo volverá a las barras de bar cuando estemos solos y nuestras yemas de los dedos seguirán rozando cuerpos de mujer, mientras el Animal Social seguirá rugiendo como nunca, a pesar de las tumbonas de verano. Alena nos enseñará a base de vodka, cambiaremos a Aladdin De Colo por el Pitbull Rafa, a Alba por El Pintita y a ti por cualquiera que me caliente esta noche, aunque me arrepienta cinco minutos después de la petite mort. Y nos espera London, que nos llama a ritmo de The Clash, y Sa Roqueta, y Denia y algún lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Y está El Lobo, el Italiano y la rubia Montiel, que tiene nombre de amontillado, y sus guitarras al once. Y que cojones, estás tú y estoy yo, y seguro que como esta lista de cosas que me pasan a mi, tendrás las tuyas propias, robadas y prestadas. Y no nos quitaran las ganas de vivir como si no hubiera un mañana y tratar de no morirnos nunca. Y si así fuera, un placer habernos conocido.

sábado, 26 de mayo de 2012

Crisis, oportunidad y botellas de cerveza

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“Hijo mio, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…” Groucho Marx

Leer esta frase ahora suena frívolo y la sonrisa se puede transformar en congelada mueca, pero es que solo nos puede quedar el humor. Nos estamos bajando los pantalones y apretando el cinturón, cosa que es imposible hacer a la vez, pero aún así no está de más el acordarte que tenemos una canción,abuelos y cervecitas de los sábados.
Vamos, no me jodas.
Vente a mi barrio que te lo explico.
Los mercados ambulantes de pueblo tienen cierto encanto. Los alimenticios y los de moda y complementos. Sí son de urbe, las paradas tienen un palo definido, con profesionales de la venta ambulante de etnia gitana, herederos de aquellos mercaderes venecianos o de los que okuparon, sí con k, el templo de Dios, según aquel best seller. Un zoco, con menos encanto, pero con encanto, al fin y al cabo. Los cercanos a la playa son más molones y te permiten pasear con la mano de tu chica agarrada a la tuya, vestiditos de blanco ibicenco, con perroflautas y sus manualidades para buscarse la vida y aparente apertura de fronteras en cuanto a pulgas y liendres se refiere. Pero bueno, como diría aquel, más triste es robar.
Les decía que los mercados ambulantes de urbe tiene encanto. Ahora está la cosa tan apretada, que las que eran habituales clientas de La Catedral se parapetan en su gafas de sol XL para la búsqueda de la ganga en Delmer y soltarse el moco, mintiendo acerca del pedigrí del trapito, en las cenas en Masias, picaderos y similares tabernas.
Pero lo mejor no son los corners de ropa interior, colgada como si fueran jamones o terrazas del sur de Italia, que también. Lo mejor son las conversaciones cazadas al vuelo en las calles cercanas, comentarios de barrio, sinceros y sin milongas, que nos hacen ver y oír, otra vez, que la cosa está azuloscurocasinegro.
Dos señoras interrumpen casi al unísono su ruta para preguntarse mutuamente por la salud y todo eso. Una vez roto el hielo, pregunta clave, de 50x15, “¿Cómo está el tuyo?” Esta pregunta, hace poco tiempo se podía responder con un “Anda un poco resfriado” o “Le han caído tres al muy cabrón. Desde que va con la hija de la Antonia, no da un palo al agua” u otras frases por el estilo respondiendo de la vida, obra y milagros del futuro cani de turno, pokero en potencia y audiencia potencial de Telecinco o MTV Tuning.
Pero no.
En esta mierda de noria que es la vida, nos toca estar ahora abajo y estas abnegadas amas de casa hablaban y se preguntaban por sus respectivos maridos y el marrón que significa no poder trabajar de lo suyo, o de lo que sea, para una generación que solo ha sabido hacer eso, trabajar, con callos en las manos y vacaciones de fiambrera, lata de cerveza y playa dominguera. Y bien felices eran con ello, que cojones. Eso y celebrar los goles de Santillana, Hugo Sánchez o el macarra del momento, casquete a la parienta, si ella quiere, y la cuadratura del círculo. La vida es bella.
Ahora toca mucho sofá, horas en el SERVEF, SOIB o sitio de moda para parir, algún tercio a palo seco con sabor amargo en el bar de la esquina para comentar lo mal que está la cosa, los rescates a la peña de las corbatas y soltar algún que otro que perra es la vida que siempre jode a los mismos.
Pues no queda otra que remangarse y tirar para adelante. Nadie garantiza catorce pagas hoy en día con diplomas y orlas colgando de las paredes, pero estaréis conmigo que algo ayuda. Es como un deportivo y un buen nardo, uno ayuda a trabajar al otro.
Y las titis y el trabajo no van a llamar a la puerta de tu casa como un testigo de Jehova o la pizpireta comercial del Circulo de Lectores.
Los chinos, siempre los chinos, dicen que en cada momento de crisis se esconde una oportunidad. Nos tocará bajar al bar de la esquina a preguntar al dueño.
Ánimo.

Epílogo: Mientras esto sube y se reproduce en la red, se prepara la ultima función de la Sala Durango, que echa la persiana. Brindo por que el futuro le depare alegrías a su staff y al boss Javi Ramone, mientras suena en Grooveshark a todo trapo, en su honor, la versión de Danny Boy, cantada por el Hombre de Negro.

lunes, 31 de octubre de 2011

Larga vida a los muertos del grunge

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El pulso que se le toma a la ciudad, su viveza, su actividad cultural, y entiéndase la palabra en toda su extensión, viene por la oferta que ofrece a sus habitantes, visitantes y turistas ocasionales. Exposiciones, performances con saltos al vacío, solo por el mero hecho de crear, y cualquier tipo de expresión artística, desde el body painting hasta la música, pasando por los comics, tiene su particular fiebre del oro a la ribera del parcialmente seco y domesticado rio Turia. Es un principio para estar al nivel de grandes urbes, no diremos nombres para evitar las odiosas comparaciones, pero principio gustoso al fin y al cabo, por la gran cantidad de camino que se hace al andar por donde la escena sabe a trabajo, a pasión, a cerveza o vino y, sobre todo, a música en directo, a rocanrol. Ayer la esencia estaba en el Carmen, hoy en Ruzafa y quizá mañana esté debajo de tu casa, pero lo importante es que no decaiga, que lata, que respire. Y lo que hoy es Valencia, puede ser, por momentos Seattle, y volver a los noventa y alcanzar el Nirvana con Pennyroyal Tea.

Sala Wah-Wah, donde siempre se vuelve. Camisas de leñador en las camareras, que siguen siendo bellas. Han vuelto las barbas, las rebecas de lana talla XL, los pantalones rotos, la estética grunge. Sí, también chicas, las hippies de sentimiento, las nostálgicas y las niñas bien de las que quieres que te digan que las cuides sin saber que ya te lo han dicho y has picado. Un coctel musical con 2/3 de Uzzhuaïa, más 1/3 de The Stone Circus Band, o lo que es lo mismo, Pablo y Álvaro Monteagudo, y Rafa Fernández, para quitarnos años, hacernos ingenuos, no tener resaca, follar furtivamente en el baño y filtrear con la química que crece en las esquinas. Hemos vuelto a los noventa, que seguro que tuvieron cosas malas, pero ya no nos acordamos de ellas. Ven cómo eres, come as you are.

Para empezar, la imagen. Están en el papel, Pablo tiene semblazas físicas y vocales a Kurt, y Rafa al primer rompeparches que era Grohl, antes de ser el líder de The Foo Fighters. Entiendo que sea difícil buscar a un tipo de casi dos metros para que se ponga en la piel de Novoselic, pero no hace falta teniendo a Álvaro, del que siempre he dicho que es la viva imagen de Nikki Sixx, porque le da una cera a las cuatro cuerdas que da gusto. El concierto fue un show sobrio, sin estridencias, sin concesiones ni charlas, como eran los de aquellos que pegaron la patada a la industria de la música con su rock alternativo y se colaron en la fiesta superventas de Michael Jackson sin pedir permiso. Poco se puede decir más que, si no fuera por las BB echando humo y los iPhones grabando audio y video para inmortalizar el momento, nos trasladaron de manera viva y con nostalgia al rock contestatario, a ese soplo de aire fresco, a ese mundo dominado por los tipos feos y desaliñados que rescataban su vestuario de casa de la abuela, a los poemas con rabia y sus demonios, a maldecir aquella escopeta de caza…

Sonaron todos los temas esperados, tienes la lista más abajo. Y, sí, saltamos, nos empujamos y movimos nuestros pelos al ritmo del bajo de Álvaro ‘Novoselic’. Estos tipos incendiaron la sala, literalmente, lo que se solucionó con un poco de capella en About a girl. Pero no importaba, estábamos en el máximo estado, encantados, recordando nuestra vida a través de la banda sonora que nos pusieron estos tipos, algunos con los ojos rojos por el humo del local, o tal vez no. Pero gracias a estos tres tipos, me retiro cantando contento, porque hoy he encontrado a mis amigos, que están en mi cabeza, Pablo, Álvaro y Rafa, Pennyroyal Tea.

Pennyroyal Tea, Wah-Wah, Valencia, 29 de octubre 2011

BREED
ANEURYSM
DRAIN YOU
BEEN A SON
LOUNGE ACT
COME AS YOU ARE
RAPE ME
IN BLOOM
DUMB
SERVE THE SERVANTS
TERRITORIAL PISSINGS
SLIVER
FRANCES FARMER WILL HAVE HER REVENGE ON SEATTLE
SMELLS LIKE TEEN SPIRIT
PENNYROYAL TEA
SCHOOL
POLLY
NEGATIVE CREEP
ON A PLAIN
ALL APOLOGIES
ABOUT A GIRL
HEART SHAPED BOX
LITHIUM

viernes, 5 de noviembre de 2010

UN DÍA DE FURIA

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Esto se va al garete. Ya sé que no es de hoy, ni de la semana pasada, pero la vida te da pequeñas descargas que te hacen reaccionar ante lo que pasa delante de tu ventana. No es de recibo que la frase ‘no hay mejor lotería que el trabajo de cada día’ sea una verdad tan directa como un gancho de Alí en el tercer asalto. Tampoco es cuestión de buscar culpables, porque nos vamos a quedar igual, con el derecho al pataleo y a la indignación, como si fuéramos aficionados de un equipo modesto tras pitarle un penalti injusto a favor de uno de los ricos de la liga. Nada iba a cambiar. O nos lo montamos en plan revolución, utilizando las palestinas, no como complemento de moda, sino como enmascarada coartada para nuestro anonimato, y las piedras, o nos van a seguir dando cera hasta que se acabe la producción de todas las abejas del mundo. El burro solo entiende de palos. Y luego de zanahorias. Porque con los cuadrúpedos defensores del trabajador se ha visto que no se puede contar. Y mucho menos con los del otro lado, aquellos cuatropatas que gobiernan gracias a la democracia. Ellos andan a otra cosa. Con sus corruptelas de nombres alemanes y de ron dominicano para salvar sus culos. Y poder seguir jugando al golf con sus colegas del ladrillo y del crédito.

Con razón todos los jóvenes se quieren meter en casas televisadas, institutos del siglo pasado e incluso urnas de cristal. Si luego las encuestas dicen que siendo princesa del pueblo puede que hasta que te voten para gobernar, para que esforzarse en estudiar. Total, vas a ir al Inem, Servef, Soib o como coño se llame en tu pueblo la oficina del paro, y la tipa, o el tipo, que te atiende te perdonará la vida con su mirada porque le has interrumpido la charla superimportante acerca de la fiesta de cumpleaños de Piluca o el debate de cual es la mejor hora para la partida de pádel. Después de eso, no te solucionará nada y te irás a casa con un cabreo de cojones, deseando ser Michael Douglas en ‘Un día de furia’. Y mientras recobras la sensatez racional, piensas en las razones. Si has ido al extranjero, a hacer de Alfredo Landa para buscarte las habichuelas, si has estudiado cinco años porque quieres contar a medio mundo las cosas que pasan en el otro medio, si has sacrificado tus mejores años en criar a tus hijos o los hijos de los demás, esos deberían ser méritos para poder, al menos, tener la opción que te digan ‘no vales’. Te pateas zonas industriales, zonas comerciales, te ofreces a trabajar sin cobrar, apuestas doble contra sencillo. Pero ni por esas.

Pero bueno, es de esperar. Paletas que se hacían cantantes, o que viven de la farándula, a ritmo de pucheros, peones que cobraban más que cirujanos y, encima, con vicios blancos y coches de deportista de élite, niños de papá más tontos que un negocio de venta de hielo en el Polo Sur que se creían los nuevos dioses de la compraventa de inmuebles, estos son los triunfadores patrios. Y al final, la cosa reventó. El Mediterráneo dolce vita, triángulo de la vida bohemia y soñadora, está marcado con la letra escarlata del fracaso de sus dirigentes y la pereza de la mayoría de sus habitantes, acostumbrados muchos a chupar de la teta hasta dejar las ubres secas como si de una vaca africana se tratara. La picaresca del lazarillo de Tormes en plan cadena de montaje. Y los Ikea y los de la Pérfida Albión, llamándonos cerdos y gitanos. Con razón. Y solo en contexto económico, pero con humor BBC. Si nos miramos el ombligo, esto nos pasa por acomodarnos. En general. Por ser una generación con la papilla hecha. Para nuestros padres, en la novedad de las prestaciones del paro, era una vergüenza el cobrar sin trabajar. Ellos, que se habían trabajado el callo desde pequeños, pasando, algunos, hambre y pena por no poder estudiar, si que hubieran sacado el garrote para dar al señorito mangante y putero lo suyo y el postre. Espero que sea cierto aquello que ‘Dios aprieta, pero no ahoga, nos pone suave el nudo en la soga, nos dejan abierta la puerta de atrás’, porque me gusta compartir besos y abrazos bañados en rock con los hijos de vuestros padres. Y los hijos de puta se los dejo a Michael Douglas.