miércoles, 27 de julio de 2011

The King Story. Elvis y nosotros.

Valencia es una ciudad que vive irremediablemente en la calle, como cualquiera que esté bañada por el Mediterráneo y con algo de historia que ver, que son todas. Está llena de noches con brisa agradable, de esas en las que los ángeles han de echarse un pañuelo por encima de los hombros para que no se les enfríen sus alas, con paseos entre torres milenarias, carcajadas sinceras y taxistas salidos de un remake de Almodóvar con banda sonora de música house. Otras ciudades presumen de no dormir, pero aquí se duerme y se vive a base de bien. Y cuando los astros se juntan y la luna se nos presenta como una sabrosa rodaja de sandía albina, puede suceder que en escasos kilómetros a la redonda se geste el arte de Barrera en el albero, Calamaro en los jardines y Elvis en el escenario. Demasiado talento en un solo día. Elegimos el viaje en el tiempo y, con nuestro Delorean, nos citamos con El Rey.
Se estrenaba en Valencia la obra El Rey del Rock (The King Story), un recorrido a través de la vida de Elvis Presley con sus canciones como nexo de unión y con el complemento de audiovisuales con imágenes y archivos de sonido inéditos de la vida de El Rey. Y los estrenos tienen eso, nervios, ilusión y ganas de hacerlo bien por parte de todos, hasta del público. Cuando en el coso de la calle Játiva estaban a punto realizar el paseillo de las siete, con don Juan El Creador entre el público, aplacamos nuestras ganas de merienda con gastronomía del norte y palillo, intentando escapar a las ventas gitanas de romero. Arte con arcilla, broches con cariño y hoyuelos en las mejillas, complementos perfectos al txacolí con un maridaje de historias increíbles, un bolso en el que cabe de todo y un estúpido apellido con forma de nobleza, pero que no llegará ni a reina de su escalera.

El Teatro Olympia desprende magia. No así la franquicia de las cafeterías que está cercana a su entrada, donde a través de sus cristales había, como no, una persona conectada con su portátil. Un lugar con casi cien años, los cumplirá, según las hemerotecas, en 2015, que con el solo hecho de ponerse debajo de su marquesina de hierro te hace sentir bien. Su arquitectura interior, sus vidrieras y su calidad de programación lo convierten en lugar marcado en los smartphones de ahora, antiguas agendas y notas de antes para una visita. No se me ocurre mejor sitio para ver a Greg Miller recuperar la esencia de Elvis, Las Vegas está fuera de concurso, y, tras inmortalizar los momentos, cruzamos las cortinas que nos llevan a nuestras butacas del pasado. Y vaya que viaje, con las primeras notas de Also sprach Zarazhustra y See see rider las emociones estaban a flor de piel. Dejemos a un lado los pequeños inconvenientes técnicos o, mejor, alabémoslos, ya que nos permitió comprobar, estabamos en la fila nueve, el timbre natural de voz del señor Miller, cantando casi a capella Shake rattle roll. Cayeron todos los temas imprescindibles y conocidos, más abajo tienes todo el listado por orden, mientras asistíamos a la historia de aquel chico de Tupelo que iba para gemelo y que se convirtió en la leyenda más grande que ha dado la música en el mundo y que nunca dará. Y nos permitió conocer a la persona a través de los ojos de Greg, que son de los pocos fiables que nos quedan, y descubrir la humildad de un hombre con un fuerte vínculo con su madre, tímido, solidario, comprometido con su trabajo anteponiéndolo a su propia salud y capaz de resurgir de sus cenizas para vivir, cantar y ser Las Vegas, enfundado en su traje de lentejuelas con cortes de karate. Seguir el viaje con la emotiva voz de Greg, narrando en primera persona su descubrimiento de la figura de Elvis, mientras las casualidades le hacen vivir una vida prácticamente paralela a la de El Rey y sentir como poco a poco se va acercando sin remedio. Su primer contacto con el mito, su absoluto respeto hacía el artista y cariño a la persona y, sobre todo, el pálpito días antes de su muerte crean el climax de la obra, con un especial número de danza aérea con lonas blancas en el que oigo como respiras, siento como sufres y noto como saltas, por la plasticidad y preciosidad del número de Orietta de la Peña, la primera bailarina, con la metáfora de las alas del ángel del artista que se va a las estrellas, a los acordes de My way, y el emotivo número de gospel de después.

Todos los adjetivos son pocos. Emocionante, ilusionante, intenso, divertido, triste. Todos nos caben, todos nos sirven para definir este montaje. Imprescindible vivir la historia de los 42 años de Elvis, condensados en poco más de lo que duró la final del Mundial. Ponerte los zapatos de gamuza azul, alojarse en el hotel de los corazones rotos, bailar el rock de la cárcel, viajar a Hawai, ahora o nunca, gritar viva Las Vegas, cantarle a un perro, amores ardientes, Suspicious minds. Escuchar a Greg Miller decir que solo intenta ser un transmisor de lo que hizo Elvis, y emocionarse al oírlo, porque sus cuerdas vocales están repletas de exhausta sinceridad y respeto. Y escuchar la voz original de Elvis Presley. Y seguir en el pasado tomando hamburguesas en los años cincuenta, hacer sonar la rueda del teléfono analógico, deseando que los minutos fuesen horas y el mañana fuese un día rojo, de aperitivo a las doce. Y escuchar a Janis vestida de Merche que, aunque sea otra historia, es una historia muy grande. Acordarme de Vicente. Que pasen dos horas de las doce y Cenicienta siga siendo princesa de cuento. Y darle la razón al genio de Calamaro en aquello de que Elvis está vivo.

THE KING STORY. Elvis… y yo.

1ª Parte
ALSO SPRACH ZARAZHUSTRA / SEE SEE RIDER
SHAKE RATTLE ROLL
BLUE MOON
HEARTBREAK HOTEL
BLUE SUEDE SHOES
DON’T BE CRUEL
HOUND DOG
JAILHOUSE ROCK
NÚMERO DE CLAQUÉ
G.I. BLUES
IT’S NOW OR NEVER
RETURN TO SENDER
VOLERE
LOVE ME TENDER / WITCHCRAFT
FEVER
BLUE HAWAII
CAN’T HELP FALLING IN LOVE
TROUBLE / MEDLEY 66

2ª Parte
VIVA LAS VEGAS
SUSPICIOUS MINDS
IN THE GUETTO
BURNING LOVE
A BIG HUNK O’ LOVE
MY WAY
AMAZING GRACE / AMERICAN TRILOGY
ARE YOU LONESOME TONIGHT / IF I CAN DREAM
MEDLEY SALUDOS

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