martes, 28 de enero de 2014

Chemi Sánchez. Cuestión de prioridades.



Me temo que de nuevo se me ha ido el Santo al Cielo; aunque confieso que esta vez ha sido adrede. Premeditación, alevosía y sobre todo nocturnidad. El último barco hacia el foro partió hace tiempo y poco le queda a la noche cuando me encuentro a mí mismo en una habitación de hotel de Dios sabe dónde pidiendo posición horizontal a gritos, pero en cuestiones de sueño siempre tendré una máxima que no dudo en cumplir llegados a este punto: como la cama propia no existe ninguna, por mucho que caliente la ajena. Con este prometedor punto de partida y, a pesar de la buena compañía, abandono la habitación 37 sin pensar demasiado cómo me puedo volver a Madrid.

Ya clarea y hace un frío do carallo a pesar de ser Primavera, y esto está en medio de la nada y no ubico la casilla de salida. Atrás quedan horas de juerga regadas siempre de Rock & Roll. La pregunta es cómo después de un concierto pudimos acabar en plena celebración de la Feria de Abril, pero como otras tantas veces que nos juntamos la gente de la misma calaña, nos la sopla el entorno cuando estamos juntos. Sevillanas, sardanas, jotas o muñeiras. Lo que haga falta mientras no se acabe la cerveza, oiga. Y hablando de cerveza…

Salgo del ascensor y me dirijo a recepción para que me indiquen cómo coño salir de aquí, pero según me acerco percibo señales de conversación en el hall. "-Perdona, guapa: te iba a preguntar algo, pero puede que siguiendo el rastro de las voces me encuentre algún amigo descarriado-". Error. Pero son los del grupo. He estado hablando con ellos antes, así que lo mismo se acuerdan de mí… Además está la chica del culo perfecto (guardada en disco duro a la mayor resolución posible -ella y su tirachinas- horas antes) y su amiga. Procedo. Los roqueros me preguntan de dónde salgo y rápido me siento integrado: -¿Quieres cristal?- A lo que contesto -Lo siento, colega… El único cristal que me interesa es el de esa litrona y su contenido. Gracias.- Me pasan la botella. Incluso se vale fumar, así que es ahora cuando me destapo como el cretino miserable que soy: "-Estos me acercan a la estación por mis santos-".

Una hora más tarde la cerveza se acaba y las chicas están también cansadas así que, viendo el panorama, es hora de pegarse como una lapa olvidándose de cualquier tipo de vergüenza (el alcohol ayuda) y conseguir una plaza en la furgo. Acierto absoluto, porque efectivamente la parada estaba donde Cristo perdió el mechero; pero permítaseme aquí la primera sonrisa de esta entrada viendo a los músicos volverse al hotel cabizbajos tras dejar sus proyectos de escalera de color de toda una noche en manos de un piltrafilla como yo. WIN. Resulta extraño ser las tres únicas personas en la parada, por lo que toca entablar diálogo mientras llega el transporte: he aquí cuando la previsión de salir de casa con un par de paquetes de tabaco juega un papel importante, porque te miran con mayor simpatía si eres el único al que le queda tabaco.
La amiga cayó hace un rato, y nosotros estamos tan cansados que ni nos acordamos de estarlo. El vagón se llena de padres e hijos vestidos con dorsales para una carrera popular en el Centro a beneficio de una causa justa, pero nosotros seguimos hablando de la vida y otras cuestiones sin importancia. Le gustan mis botas porque es fetichista, y acepto que con agrado que las haga una foto. Mi parada se acerca y me lo pienso dos veces. ¿Desayuno y lo que surja? ¿Vermú y lo que surja? ¿Paseo mañanero y lo que surja? A la segunda vez es cuando pienso ‘Quimera’. Es esa segunda vez la que ha gobernado mi vida: la que echa el freno cuando hay que echarlo, la que detiene mi locura, la que enfría mi sangre, la que me recuerda juntar mis talones tres veces y recordar eso de la cama caliente o no sé qué narices de antes.

Sainz de Baranda fue el primer alcalde de Madrid, y su segundo nombre era Casto. Resulta irónico que en su parada de Metro se separen nuestros caminos. Aún me queda espacio en disco para su dirección de correo electrónico. Su nombre es María, sus ojos preciosos, su simpatía sincera, su acento atractivo, su cuerpo perfecto, su foto muy chula… Pero no es para mí. Vuelvo a sonreír mientras me despido.
 
Media hora después llegué a mi casa. A mi cama. Ni por un segundo me arrepentí de largarme. Cuestión de prioridades, supongo

No hay comentarios:

Publicar un comentario