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martes, 10 de junio de 2014

Alicia Álvarez. El título, como siempre, al final. (VI)

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Lo cierto es que la herida era más profunda de lo que parecía a primera vista y su pierna latía al mismo ritmo de su corazón y de las vueltas que daban las ruedas de la bici, tirada en la cuneta, vuelta del revés. Inexplicablemente y casi de inmediato se quedó dormido. Le despertaron el calor y los insectos. El sol estaba en todo lo alto, y los moscardones se posaban en sus ojos, en la herida. Su cara ardía a pesar de la protección que se había aplicado por la mañana, tenía sed, se notaba abotargado y desorientado, si sus compañeros habían pasado no habían podido verle, desde luego, y ya eran las doce de la mañana, ¡maldita sea! Se acercó de nuevo al arroyo y bebió agua, se notó mareado al levantarse y decidió que necesitaba librarse del sol, ya. Algo más allá de donde se había tumbado comenzaba el bosque y entró. Dos pasos, tres, cuatro, repentinamente la temperatura descendió al menos tres grados, una sombra entreverada de rayas de luz le cubrió como una manta de camuflaje, respiró, dio unos pasos más, parecía estar en otro país. El fastidio que sentía minutos antes se había cambiado por cierta expectación, la misma que se siente justo antes de paladear tu postre favorito y...escuchó una voz que resonaba en su interior. No veía a nadie, pero la voz seguía sonando, susurrada, “Ven” le pareció que decía, “Ven”, desconocida y al tiempo tan familiar como aquellos lugares que visitas en sueños cuando, por un azar, te los encuentras en la realidad (a veces pasa). El camino desapareció, el cielo desapareció, el rumor del arroyo era sólo un fondo de agua fresca que continuaba cerca. Intentó localizar el origen de la llamada, unas ramas, unos arbustos se agitaron a su izquierda y corrió hacia allí. La voz, traviesa, se rió, “nooooo, frío-frío!” Sonrió, olvidó todo lo demás: un juego, era un juego…. Y empezó a buscar.

Por Accidente.

miércoles, 2 de abril de 2014

Alicia Álvarez. El título, como siempre, al final. (V)

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Foto: Chema Madoz

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Olvidarle no era tan difícil. Costaba más tropezarse con sus zapatos, que parecían huérfanos quietos en el suelo de la habitación. Costaba más cerrar el libro que permanecía abierto, como un futuro abrazo, sobre la mesa, costaba ver la taza con su nombre -una horterada, si- en el armario de la cocina. Costaba escuchar a los amigos hablar con él mientras la incluían en la conversación como si nada. Costaba encontrar de golpe su olor al mover la ropa en el armario. Oyó sus llaves en la puerta. No era difícil olvidarle, había empezado a hacerlo hace tiempo, sólo que él aún no lo sabía.

The Walking Dead

jueves, 13 de febrero de 2014

San Valentín y sus tres ojos.

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Hemos planteado, en una de esas reuniones que hacemos junto a los letristas invitados en las que derrochamos el Bollinger y nos untamos los dedos con caviar, el montar un duelo. En un principio pensamos en hacerlo a espada, pero Alicia partía con ventaja. Después planteamos un duelo a cerveza y jamón, pero Chemi es Maestro Ninja en ese arte. Y como se hacía de noche y nos da miedo la oscuridad, planteamos una reflexión escrita y corta acerca del 14 de febrero, donde todo el mundo se viste de rojo, hay muchos corazones y, si juegan bien sus cartas, se folla seguro. Aquí está el resultado.

Que lo disfruten.

Ah, y no escatimen en sus comentarios.

Chemi Sánchez.

Cuando ella me mira espero que vea en mis ojos la felicidad que yo veo en los suyos. Hace poco leí en algún sitio: “Si quieres a alguien por su belleza, no es amor es deseo. Si quieres a alguien por su inteligencia, no es amor es admiración. Si quieres a alguien porque es rico, no es amor es interés. Si quieres a alguien y no sabes por qué, eso es Amor”. Bien dicho. Yo no sé por qué la quiero, pero sé que la quiero cada día, cada hora, cada segundo.

Hace poco veíamos juntos esa película en la que ella tiene amnesia y él ha de enamorarla cada día. -Qué tío más guay, ¿no? Currárselo cada día…- dijo ella. -Para eso no hace falta que ella tenga amnesia- dije yo.

Lo creas o no este será mi primer 14 de febrero con pareja. -No me gusta ese día, nada de regalos ni historias- dijo ella. -Ya: luego no te compro nada y la cago con todo el equipo. Seguro.- dije yo.

Habrá por tanto que tener algún detallito este viernes. Mi amor por ella quedará demostrado con unos pocos euros y de paso me ahorro una bronca. -¡Muchas gracias! ¡Estás tonto! ¡Te dije que no comprases nada!- dirá ella. -De nada- contestaré yo.

El día 14 de febrero demuestra tu amor: con flores, con una cena, con un regalo, con un paseo, con una palabra, con una mirada, con un baile, con un beso, con un polvo… Como más te guste, como mejor sepas. Hazlo, pero no te pases, porque el día 15 también te toca. Y el 16. Y el 17… Y en marzo también, y en abril, y en mayo… -¿Y esto por qué?- preguntará ella. -Porque sí- contestaré yo.

Alicia Álvarez.

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Sí, claro, mucho no importa, mucho es una fiesta comercial, mucho... mucho rollo. Lo pienso mientras miro su espalda, que por otra parte es todo lo que he visto desde las 12 de la noche del día de autos, una vez hubieron transcurrido 24 horas sin pronunciar la palabra "churri", que nunca jamás pronunciamos, sin bombones, que ninguno comemos, sin cena especial y sin que ninguno de los dos hiciese referencia ni de broma al día de los enamorados. Mucho rollo y ahí está, como un niño enfurruñado cuando descubre que, un año más, los reyes no le han echado la bici que quería. La batalla de a ver quién es más moderno la he ganado yo, por lo visto, contra todo pronóstico, pero mientras le veo irse al baño sin una carantoña y me extraño de que no me silbe como siempre cuando me paseo por delante en ropa interior, pienso que quizá me he pasado algo… Felicidades, Valentín, te quiero, pero es que tienes un santo muy jodido.

SAN VALENTÍN: EL DÍA DESPUES

José María Peris.

"De sobra sabes que eres la primera que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera. Y sin embargo un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera."
Joaquín Sabina. Y sin embargo.

Vivo siete vidas en una sola, igual que tengo siete nombres en un solo carnet. Y hoy me toca vivir esta contigo, en la que me porto bien, en la que no fumo, no bebo, no digo malas palabras y soy bueno. Solo por el hecho que me sonrias desde las entrañas, que te rias con todo el cuerpo con mis tonterías, que me digas 'sí' sin separar los labios y que te abraces a mi al sonar el despertador, mientras farfullas que no quieres ir a trabajar, valdrá la pena el esfuerzo.

Y que nos digan que somos adorables, una pareja de película. Y sacarte a bailar, aunque sea un patoso. Y comer de verdad que, aunque parezca lo mismo, no es igual que comer bien. Y después comerte. Y que me comas. Como si fuera el fin del mundo, para que nos pille bailando y que se jodan el escenario y las canas. 
Para que todas las noches sean de boda y las lunas de Valencia sean de miel.

Vivo siete vidas en una sola y de sobra sabes que eres la primera.
Pero las otras seis te iban a gustar igual o más que esta.

viernes, 31 de enero de 2014

Alicia Álvarez. El título, como siempre, al final (IV).

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(foto: Bus stop in the rain, por Salustiano)

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Sus pasos resonaban en el pasillo que llevaba a la sala de audiciones del Conservatorio. Caminaba con desgana, era jurado -otra vez- de un concurso de pianistas noveles, no había podido negarse, su representante había insistido tanto… La verdad es que le producía una sensación incómoda volver a aquel lugar, a pesar de que allí había comenzado su personaje a forjarse, a pesar de que allí estaban los viejos profesores que le habían dado alas. Era como si quisiese borrar todo lo que le recordase que su éxito no era solo suyo, suyo, de su genio, de su constancia, de su ambición. No solía confesar que había vivido allí -dicen que el chico tiene talento- hasta que empezó a obtener becas, en la casa de la que recordaba las paredes llenas de desconchones, el olor a guiso barato, la lucha con las teclas del primer piano que le pudieron conseguir... Era un modelo anticuado con el que peleó hasta que él aprendió a tocar y el piano a sonar, uno junto a otro, haciendo música. Música que hacía parar a la gente que pasaba hacia el trabajo, que hacía que los niños dejasen de jugar, que las vecinas olvidasen apagar el fuego de sus cocinas. El viejo piano le acompañó a los exámenes y audiciones, no se arriesgaba a tocar con otro salvo aquel al que conocía y que le reconocía. Entre sus padres y hermanos cargaban con él con sumo cuidado para que no se desmontase… Se había avergonzaba de ello, de todo ello, ¡tantas veces!… De la mediocridad… Un día, aquello se había terminado. Como siempre habían sabido en su interior sus profesores y compañeros, él era un genio, uno de entre un millón. Dejó la ciudad. Dejó su familia. Dejó el conservatorio. Dejó su viejo piano. Dejó la miseria. Nunca volvió la cabeza para mirar atrás. Suspiró y entró a la sala. Se hacía viejo... Sus compañeros de jurado se pusieron de pie respetuosamente, casi servilmente. Los aspirantes fueron desfilando por el escenario, nerviosos, atrevidos, bloqueados, interpretando su mejor repertorio, a pesar de ello, no podía evitarlo. Se aburría. Entonces salió, como una libélula que llenase con su menudez el escenario, un ridículo vestidito negro, tan seria, tan concentrada. Tras ella, tres hombres cargaban con un piano que depositaron con todo el cuidado del mundo sobre el escenario. Se le erizó la piel. La muchacha se sentó ante el teclado, miró con amor infinito las teclas amarillentas, los pedales ya sin dorado... Le miró a él, directamente, a los ojos, desafiante… Y comenzó a tocar. Una marea de calor pareció emanar del piano y la chica en oleadas hacia el auditorio, nadie respiraba, nadie pensaba, muchos cerraban los ojos, las más ocultas fantasías de cada uno afloraban a los corazones a las mentes. La música podía verse flotar lo llenaba todo, lo anestesiaba todo. Cuando terminó y quedó inmóvil, como vacía, ante el piano, el silencio podía escucharse. Unos segundos mágicos hasta que un rugido de admiración y agradecimento surgió del auditorio. No hacía falta esperar al veredicto. Las fotos, la atención, las preguntas, todo era para ella. Temblando y con la desconocida sensación de haber sido olvidado por su séquito, él se levantó, subió al escenario, se arrodilló bajo el piano. Allí, tallado rudamente con una navaja, estaba su nombre.

Dulce Vanganza.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Alicia Álvarez. El título, como siempre, al final (III).

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Tengo una maleta extraña que no recuerdo cómo encontré. A veces llega antes que yo a los sitios y me espera abierta de cualquier manera ofreciéndome un remolino de telas de colores con las que pretende que me vista... o se queda seria y formal aguardando que yo escoja cuidadosamente aquello que necesito... o asoma misteriosa y medio escondida en un rincón y no sé lo que puede salir de su interior porque tambien, a veces, mi maleta me asusta. 

Nunca me permite que la vacíe, jamás. 

Cuando aún no lo sabía, intenté sacar de su interior el calzado, la ropa, los libros para colocarlos y entonces ella se cerró tan violentamente ofendida, mordiendo mis dedos, que debí llevarlos vendados una temporada. Despues tampoco permitía que yo la preparase. Permanecía cerrada, obstinada, nada podía incluir en su interior, del que salía un ronroneo como de artefacto en construcción. Es ese misterio el que me hace llevarla conmigo cada vez más y no sólo para los viajes. Parece tener sus propias ideas acerca de lo que necesito en cada momento y sus propuestas sobre lo que debo hacer, como aquella noche en la que me ofrecía, terca, una linterna cuando yo pretendía sacar mi bolsa de aseo, una y otra vez... hasta que se fué la luz. 
Poco a poco ha ido volviéndose más atrevida, me ofrece libros raros sobre paises remotos a los que termino viajando por invitación suya, perfumes que, una vez puestos, provocan en la gente que se cruza conmigo risas descontroladas, bailes descompasados, miradas ardientes. Y, así, mi maleta es mi mayor fuente de emociones en este momento, esta maleta tan corriente que pasa desapercibida. Hoy, pensativa, cargando con ella, sentí el impulso de entrar en este parque, de sentarme bajo este árbol inmenso. La he mirado llena de ansiedad, ya siempre esperando su inspiración, una señal, la sorpresa. Esta vez se ha abierto sola muy poco a poco... En su interior, solitaria, ha aparecido una cuerda, una larga soga. La miré durante un rato en el que vi pasar toda mi vida y, enseguida, supe qué debía hacer. Una hora más tarde, me balanceo, arriba y abajo, en este columpio improvisado en el árbol, cada vez más y más alto, feliz como una niña...

Mi maleta jamás me defrauda.

EXTRAÑAS COMPAÑÍAS

lunes, 11 de noviembre de 2013

Alicia Álvarez. El título, como siempre, al final. (II)

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Toda la tarde estuvo preparando una tarta y la cocina rebosaba de aromas y cacharros. Un bizcocho crecía en el horno, esponjoso. Lo sacó con cuidado, dejó que se enfriase, untó el mascarpone, muy batido, en su interior. Probó una de las láminas de chocolate que, al fin, había conseguido hacer y cerró los ojos…. Entre dulce y amargo, el sabor se extendió hasta sus fosas nasales y le hizo salivar de inmediato. Recordaba el chocolate hecho en la cocina de carbón de su abuela, ella intentando meter la cuchara de madera para probar, la yaya haciendo como que no miraba…. Sonrió mientras vestía por fuera el bizcocho con la crema de vainilla de color tenue y lo forraba después con las láminas. Se volvió cuando terminó el disco y decidió volver a ponerlo, la voz de Malia, pastosa y cálida sobrevoló de nuevo su cabeza, algo manchada de azúcar. Se mordió el labio… salió a la terraza, había anochecido, debía darse prisa, se guió casi por el olor y cogió unas hojas de hierbabuena…. Buena mezcla. Rió en alto al recapacitar en lo extraño de la situación, pero le divertía y, en realidad, no era tan raro…. no para ella. Tachó alegremente la fecha en el calendario de la pared, 9 de noviembre, puso un pequeño mantel, la tarta, la bebida casi traslúcida y encendió el ordenador.
CUMPLEAÑOS AQUÍ Y ALLÍ.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Alicia Álvarez. El título, como siempre, al final.

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Se levantó de la cama con cuidado, acarició la espalda del hombre.
Dejó el agua correr sobre su piel clara, se recogió el pelo en un moño oscuro, se puso el vestido blanco, salió a la calle, puso el coche en marcha, encendió un cigarrillo canturreó por lo bajo, llegó hasta la playa.
Lentamente anduvo hasta la orilla mirando alrededor.
Una niña jugaba sola. Se miraron y la niña, con la cabeza, señaló en una dirección.
Sonrió cuando vio caminar hacia ella a una mujer con un vestido también blanco, con el pelo oscuro, con la piel clara. Se miraron reconociéndose, y la segunda mujer echó a andar.
La siguió mientras se soltaba el pelo, convertidas ahora la una en una copia de la otra, saliendo de la playa la una en pos de la otra, subiendo la una en el coche de la otra, llegando cada una a la casa de la otra, acostándose cada una en la cama de la otra y acariciando cada una la espalda de otro. Intercambiando sus vidas, como habían acordado.
SUPERVIVIENTES

jueves, 19 de septiembre de 2013

Letristas invitados. Alicia Álvarez.

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Si son parroquianos de este rincón, saben que aquí el año nuevo es en este mes. El otro también nos mola, pero solo por la costumbre establecida de la lencería roja y comer tetas bañadas en champagne al son de las campanadas, para que no nos digan que somos unos viejos cascarrabias. En este maravilloso Septiembre empezamos cosas, libros, botellas o dietas. Buscamos nuevos secretos mientras callejeamos y le robamos nuevos besos a las camareras decentes, yo las vi primero, de nuestra ciudad.
Y dentro de aquello de empezar cosas, hemos hecho un hueco y vaciado un cajón, para que deje sus cosas hasta que ella quiera, a esta maravilla de dama, que lo borda con sus escritos, que deben ser conocidos por el mundo. Alicia, salida de un cuento de Carroll, aparecerá por aquí cuando a ella le venga en gana, que para eso tiene copia de la llave, y nos dejará trocitos de su talento.
Así que, damas -no sientan celos- y caballeros -no sean babosos-, les presento a Alicia Álvarez, a través de sus propias palabras, y una bella foto:

Escribo al igual que estornudo en primavera, a brotes, por una especie de reacción química o algo así, como nos pasa a muchos y, aunque admiro la capacidad que algunos tienen de glosar la realidad, lo que me nace es mirar por debajo, a través, del revés... Supongo que es reflejo del bosque que tengo en la cabeza y que me lleva a cocinar "platos raros" con los ingredientes de todos los días.
Poco más.
Montañesa y, por éso mismo, algo montaraz y ñoña a la vez. Canto cosas, me río mucho, tengo muchas aficiones y muy pocas manías, nunca digo nunca jamás, es raro verme peinada como Dios manda, me gusta ir descalza, odio que me controlen y adoro aprender.
Un día este Armario, como el de Narnia, se abrió y me reservó una percha. Me gusta tanto como escribes, Peris...
Gracias de esta leonesa en Valladolid, que trabaja para personas con discapacidad, (aunque no es importante, así remato la ficha) que canta por ahí y que ahora también escribe por aquí mientras sea capaz de llevaros de viaje al menos cinco minutos.