viernes, 23 de septiembre de 2011

Thursday night fever with Madame Blues.

O fiebre del jueves noche, en román paladino. Esta claro que la vida empieza a ser más agradable cuando el jueves asoma por nuestro calendario. Ya bulle la mensajería o llamadas telefónicas entre los sospechosos habituales, los locales se aprovisionan de víveres sólidos y/o líquidos, según especialidad de la casa y al día siguiente es mejor la cara cuanto menos malo y noctámbulo has sido. Está claro que en otros lares toman como bueno aquello que ‘el miércoles es el nuevo jueves’, pero bueno, eso es para cuatro privilegiados vividores de la capital del Reino. En fin, las cosas aquí van suaves y con la agenda preparada y milimetrada, el jueves noche me ofrecía cultura y rock. Pinta tostada por la garganta y al lío.
Con unas vistas de la ciudad, que prometo enseñar a quien venga a degustar un buen arroz en Duna o Marrasquino, presentaba Paco Roca, vestido con un recién estrenado traje de noche, en la terraza del Hotel Astoria, “Memorias de un hombre en pijama”, el recopilatorio de sus viñetas que, semanalmente, durante un año y medio, ha aparecido en Las Provincias todos los domingos. La mesa prometía, con la tropa que los viernes desparrama en “Abierto a Mediodía” el magacine dirigido por Ramón Palomar en LP Punto Radio (92.0 Valencia), a saber, el homenajeado Roca, Modesto Granados, Mac Diego, el propio Ramón y el toque de Ismael Quintanilla, introducidos por Pablo Salazar. Y bueno, esperaba una cosa, y la encontré. Una píldora de chascarrillos, chistes explícitos y demostraciones circenses aderezaron el acto público, apoyando al amigo que presentaba. Y estos cuatro son el Rat Pack valenciano, quizá sin el bello glamour de aquellos, pero con más mérito por haber llegado a altas cotas en sus respectivos trabajos. Mucho más admirable. Feos, fuertes y formales, como canta Loquillo. Estos chicos transmiten buen rollo y son capaces de convocar en el mismo acto trajes con corbata, camisetas de Nick Curran y leyendas del rock valenciano. Y sí, mujeres. Bastantes, he de añadir. Confieso que los pañuelos fucsia de las azafatas y sus simétricas e interminables piernas me despistaron más de una vez, pero alguna mirada furtiva vi desde la mesa, así que el pecado, al ser compartido, es menor. Y también entre el público, ninguna sola para mi pesar, cosa que llena de valor aquello del mérito. En esta sociedad, notas que has triunfado si tienes palmeros alrededor y mujeres dispuestas. Y el Russafa Rat Pack va por buen camino. Glosas al trabajo, tebeos, tebeos, historias increíbles a pesar de ser reales, atención a los medios y firma de ejemplares por parte del autor, completaron una perfecta tarde noche con la que prepararse para el colofón rockero en uno de los locales míticos de la ciudad. Aprovisionamiento ligero y mis botas me llevan al Black Note para el último vals de ella. O mejor dicho, el último rock de Madame Blues con la banda residente del local. Primero se fue Mata, y ahora ella. La City será su destino, para buscarse la vida y volver en fechas señaladas, que prometerán gloria y derrame de licores, provocadores de la consiguiente resaca. Lo dejó todo en la escena. Por su garganta pasaron Janis, siempre Janis, Aretha, Tina, The Black Crowes y Robert Plant, con mejor aspecto y más sexy cuando el ‘Whole lotta love’ sale de sus ovarios. Y seguro que algunos más, pero la atención se me desvió a una pin-up con un precioso vestido azul y sus contoneos al ritmo de la música. Con las emociones a flor de piel, que no se mitigaron con nada, nos presentó a quien ocupará su lugar, que con una voz rota a lo Joe Cocker, también me dejó buenas sensaciones. Pero yo soy de Janis, de Madame Blues, de la rockera, la artista, la colega, la prima. De esa que, en un futuro no muy lejano, cuando esté en el lugar que le toque por justicia, que será arriba del todo, podré decir ‘yo la recuerdo cuando cantaba como un jodido coro de ángeles las versiones de la Joplin, que lamentaba, desde donde estuviese, no poder hacer un dueto con ella’. Good luck, baby, la ciudad será un poco más triste, digna de un blues, Madame!

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