lunes, 23 de septiembre de 2013

Alicia Álvarez. El título, como siempre, al final.


Se levantó de la cama con cuidado, acarició la espalda del hombre.
Dejó el agua correr sobre su piel clara, se recogió el pelo en un moño oscuro, se puso el vestido blanco, salió a la calle, puso el coche en marcha, encendió un cigarrillo canturreó por lo bajo, llegó hasta la playa.
Lentamente anduvo hasta la orilla mirando alrededor.
Una niña jugaba sola. Se miraron y la niña, con la cabeza, señaló en una dirección.
Sonrió cuando vio caminar hacia ella a una mujer con un vestido también blanco, con el pelo oscuro, con la piel clara. Se miraron reconociéndose, y la segunda mujer echó a andar.
La siguió mientras se soltaba el pelo, convertidas ahora la una en una copia de la otra, saliendo de la playa la una en pos de la otra, subiendo la una en el coche de la otra, llegando cada una a la casa de la otra, acostándose cada una en la cama de la otra y acariciando cada una la espalda de otro. Intercambiando sus vidas, como habían acordado.
SUPERVIVIENTES

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