martes, 4 de marzo de 2014

Cosas que no hay que hacer en Fallas.


Amigos, marzo está bisoño. Y eso, en la tierra donde no tenemos tele propia, significa gifs y vídeos de Rita con nocturnidad, pólvora, música, arte en cartón piedra, falleras con escote, falleras sin escote y chascarrillos sobre el fornicio, con el gran Julio como artista invitado. Sí amigos. Mientras en otras partes, Madrid o Valladolid por ejemplo, marzo tiene pinta de cinco o seis en la escala de molómetro, aquí, en la terreta, andamos todos revolucionados. Los teléfonos de los chicos malos que venden al peso echan humo y los salones de belleza empiezan a promocionar sus depilados en partes intimas.
Vale, está claro que no a todo el mundo le gustan las fallas. Las aglomeraciones, el olor a fritanga de las paradas de buñuelos, los borrachos (los que beben y los que queman), y todas aquellas cosas que hacen que más de un vecino se vaya al pueblo de sus abuelos en la Alpujarra o por ahí, donde la palabra 'falla' tiene significado solo si la usas con 'Sergio Ramos', 'luna' y 'penalti' en una frase.
Pero vamos a intentar desde este rinconcito mantener un poco el orden y marcar unas pautas para poder disfrutar la jarana con el mayor de los estilos, o con el menor de los ridículos.

Como vestirnos.

Valencia no es Pamplona, donde no hay duda acerca de como vestirse para la fiesta. Aunque Hemingway también pasase por aquí, no tiene estatua. Aquí somos barrocos y descendientes de piratas, nos emperifollamos hasta el exceso en nuestras fiestas y no hay uniforme de fiesta como tal, pero si se dispone de accesorios que nos harán integrarnos un poco más en el bullicio en estos días de calle. A saber:

- El pañuelo fallero. Has de hacerte con un pañuelo fallero. Pero no de esos de publicidad de cerveza que te reparten las primas de aquellas de Gandia en Fitur a los pies de un trailer. Lo suyo es que te compres uno en cualquiera de las tiendas especializadas en indumentaria valenciana de la ciudad. Que sea suave al tacto de tu cuello, porque te lo has de anudar allí, como si fueras un bandolero de Sierra Morena, y una irritación en el cuello es lo último que queremos.

- El blusón. La indumentaria de trabajo del agricultor adoptada como uniforme de calle informal en Fallas es una prenda en desuso, lamentablemente, que ha pasado a un segundo plano con la irrupción de los forros polares de colores con los escudos de las comisiones. Aunque ya se veía su triste final con la aparición de los blusones multicolores, que los pioneros en adoptarlos usaban como elemento diferenciador y símbolo de rebeldía. Pero a esto le ha pasado como a las camisetas y las banderas con la foto del Che Guevara, el invento ha perdido su gracia y significado. Por lo que hay que volver al blusón negro o de un solo color.

- Los complementos. Aquí, menos es más. O sea, que mejor nada. Puede ser que veas a teenagers con petardos de fieltro, falleritas de fieltro o cualquier otra cosa de fieltro en las solapas de sus blusones o forros polares. Y puede que tengas la tentación de comprarlos porque te parecen la mar de cuquis, o sea. Hazlo, pero solo para regalar a tu sobrina, si tiene menos de ocho años, o a tu abuela. Porque a nuestras abuelas todo les queda bien, que diablos.

Como comportarse.

Dejemos clara una cosa: Valencia en Fallas no es como Las Vegas, donde (casi) todo vale. Puede ser que te confunda el olor a pólvora y los aromas a aceite refrito de los buñuelos y que incluso te declares a la luz de la luna con las Torres de Serranos de fondo bucólico fallero. Pero no. Hay cosas que no se pueden hacer. Hoja de ruta:

- El bebercio. Partamos de la base que el alcohol que te pueden servir es sospechoso hasta en los locales de Ruzafa (hola, modernos). Y no te digo nada de las verbenas en la calle y fallas de medio pelo, que son las que dan vidilla al bonito arte de callejear, no nos engañemos. Por lo que, si ya no es recomendable pasarse con las cantidades de alcohol, en estos días menos todavía, a no ser que quieras tener a todos los Mayumana entre tus orejas al día siguiente. Y claro, puede que te envalentones y le sueltes algún ripio a alguna Aldonza Lorenzo creyendo que es Dulcinea y venga su quijote y te parta la boca por hablarle así a su cari, tete.

- La manduca. Estamos en la tierra de Ricard Camarena, Quique Dacosta y toda la gente que hace del buen comer un ritual, una forma de vida. Cualquier día del año es bueno para vivir estas experiencias, pero Fallas es sinónimo de callejear, de comer por instinto, sin horas marcadas. Hay que probar los buñuelos de calabaza, mojados en chocolate caliente, pero preferiblemente que sean caseros, realizados por alguna señora con mirada maternal y que te permita ver el maravilloso ritual de hacer los agujeros en la pasta de calabaza previa a la fritura. Y entrar a las barras que te inspiren confianza y un poco alejadas del bullicio, que cada cosa tiene su tiempo y su canción.
- La orquesta. No estás en tu casa, con todos los cedés por el suelo y una copa de Teatinos en la mano, cambiando los temas a tu ebrio antojo. La gente que está arriba del escenario se merece un respeto porque se ha trabajado un repertorio y todo tiene un orden y sentido, por mucho que a ti el cuerpo te pida la última de Pablo Alborán o Extremoduro y, mientras tú pides otro tema más, después de haber hecho los bises dos veces, a esta gente aún le queda desmontar todo el tinglado y cargarlo en la furgoneta, que no tienen crew como los Rolling Stones. Y lo mismo vale para los DJ, que no dejan de ser músicos a los platos. Y no, no puedes pedir el micro para marcarte un karaoke ni aunque estés en tu casal, a no ser que pagues tú, de tu bolsillo e integramente, la jarana.

- El sexo. Cuenta la leyenda que una vez alguien tuvo sexo furtivo en los baños de un casal mientras los parroquianos del lugar aporreaban la puerta, apresurados por sus vejigas y otras premuras lisérgicas y que, una vez acabada la cópula, fueron despedidos los actuantes con una cerrada ovación. Vamos a ver, el que desprende follabilidad le da lo mismo Pascua que Ramos y las noches con los gatos pardos funcionan mejor cuando vas bien vestido que no con un forro color fluor, olor a buñuelos, cuatro cervezas y dos tapas de albóndigas de bacalao con ajoaceite. Aunque eso no te quita la emoción de poderlo intentar, usando tu poder de poseedor de barra libre para separarle las rodillas a la moza en cuestión. Pero, como en las 51 semanas restantes, habrá mandanga si ella quiere, así que, tú verás.

- La resaca. En este punto es donde se distinguen a los niños de los hombres, y no en el anterior. Puedes haber tenido una noche toledana, puedes haber sido la viva imagen de George Best, pero si adquiriste un compromiso para el día siguiente, has de mantener buena tu palabra, por mucho que la boca te sepa a cenicero y presentarte en él con la más radiante de tus sonrisas. Remedios, algunos, pero ninguno mejor que no llegar al exceso. Comer antes de acostarse suele funcionar. Y puedes probar con el Bloody Mary o con una taza de caldo de puchero, que resucita a cualquier muerto.

De todos modos, como dijo aquel, el hombre propone y Dios dispone. Y si tu Dios es Baco o Don Carnal, poca cosa vamos a poder hacer desde aquí. En todo caso, si sucumbes, nos cuentas alguna de tus batallas en estos días y en paz, ¿no?

3 comentarios:

  1. No sabes cómo envidio tu pluma. Cada día escribes mejor. Por favor, plantéate de una maldita vez escribir un libro. Quien dice por favor dice "hazlo o te mato", ya sabes...

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  2. he disfrutado leyendo tu articulo. Enorme¡¡

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  3. me encanta, simplement una reflexió enorme de la festa jeje.

    PD: gracies per enrecordarte un poc de mi i de la profesió
    un abraç amic

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