miércoles, 24 de febrero de 2016

Marc y todos los niños del mundo.

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Esto va a ser para ti. Pero podría ser para otros muchos. Aquellos que vinieron un poquito torcidos. Con complicaciones, que dicen los expertos. Probablemente ahora estés pensando que narices es todo esto y que fresquito hace. Justo hace un rato andabas bien calentito, con la luz adecuada para escuchar a Chet Baker y ahora te tocan manos frías y vas de acá para allá como un balón del Seis Naciones.
Tranquilo, es cuestión de tiempo. Todo volverá a la normalidad en breve. No a aquella penumbra calentita, porque ahora estás en un sitio donde el pasado nunca vuelve. Es más, ese pasado se convierte a veces, cuando lo recuerdas, en doloroso y cabrón. Pero de eso ya te indicarán tus padres, que van a ser los mejores del mundo. Por dos motivos: han entrenado con tu hermana y porque son de puta madre. Son de los que se comen la vida a bocados sin perder la sonrisa. Luchadores, fajadores y de los que se levantan con más fuerza cada vez que se caen. Tu madre no ha estado comiendo pastas y bebiendo té en estos meses, precisamente. Y tu padre lleva jugando su propia final de Champions contra la vida, convirtiéndose en un virtuoso del regate. Ya ves, él que, cuando jugaba, daba más patadas a las espinillas que a la pelota. Y estoy seguro que va a levantar la orejona. Que será de todos. Un poco. Hasta para los que nos mareamos cuando vemos heridas.

Has tenido suerte, quería decirte. Porque este principio te va a forjar el carácter. Te lo digo ya. Las cosas fáciles no molan, que no te engañen. El dinero, las mujeres y los amigos serán los que tengan que ser y si vienen fáciles, es que algo no estarás haciendo bien. Pero no te preocupes. Estaremos sin que nos veas cerca de ti para explicarte todas estas cosas. Dice un proverbio africano que para educar a un niño hace falta la tribu entera. Seremos tu tribu. Y si las cosas vienen mal dadas, aquí estaremos.

Y desde ya veremos las cosas del mundo con otros ojos, porque conforme lo hagamos será tu herencia. Nos caerá la lagrima -por dentro o por fuera-, cuando veamos en las noticias a los niños refugiados. Sucios de barro, pero no de jugar. Y daremos las gracias a Dios, a Buda o a las Siete Bolas del Dragón por no ser tú el de la pantalla. Y te diremos que a las niñas hay que besarlas si ellas quieren, que al Valencia se le siente y se le sufre y que pegar a otro por ser diferente es de ser mala persona, por no decir cosas más fuertes. Y te enseñaremos que el reggaeton es basura, que la música de verdad es otra cosa. Y a comer verduras y fruta. Y a decirte frases que nos decían a nosotros nuestros padres que, cuando las digamos, nos convertirán automáticamente en señores mayores.
Pero todo eso ya llegará. Ahora duerme, llora y mama. Ya te darás cuenta porqué.

Bienvenido, luchador.

4 comentarios:

  1. Precioso!!! La verdad hecha bonita que no irreal, bravo!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Muy emotivo, espero que todo vaya genial, a veces es en estas cosas donde se encuentra la felicidad al final! Un saludo!

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