lunes, 3 de junio de 2013

El arte del afeitado a navaja.


"Por que cuando visitas a tu barbero dejas de ser un chico y empiezas a ser un hombre."  LORD JACK KNIFE

Ahora que andamos jodidos y que algunos se empeñan en fastidiarnos la denominada zona de confort en la que nos instalamos cuando tenemos aseguradas las tres o cinco comidas al día, ahora que tenemos más días grises, negros y de otros colores más tristes, ahora que comenzamos a apreciar los pequeños detalles a los que nos agarramos para cambiar la paleta de colores, es de agradecer las iniciativas que nos permiten alzar la copa y brindar por aquellas pequeñas cosas que te hacen olvidar la mediocridad de quienes aprietan nuestras tuercas.

Y la gente de The Barber Shop consiguen todo eso con un simple afeitado.

Perdón, con un afeitado a la vieja usanza.

La iniciativa de Salva, aka Lord Jack Knife, es bien sencilla: un apasionado de la cultura americana más rockera crecida a la sombra de la Ruta 66 y sus locales con barra libre de café, unos cánones de señorio y gentleman style de los que ya no quedan, o quedan pocos, un club del hedonismo y buen trato alrededor del afeitado a navaja, con preparación previa, pausada y sin prisas, como ese característico sonido que emana desde los tubos de escape de las Harley Davidson y una modernización de una profesión tan clásica como es la de barbero.

Barbero, no estilista, ni peluquero. Toallas calientes, brocha, jabón y navaja. Bien. Muy bien. Y sin mariconadas, por Dios.

Y con iniciativas molonas, de las que te hacen levantar el culo de la silla, como la ruleta de la barba con el fin de recaudar fondos por los damnificados del tornado de Oklahoma, en la que dejabas al azar el aspecto con el que salías de allí, bien con una barba a lo Moriarty o con un bigotillo digno de Muddy Waters. Y bueno, si no te gustaba, siempre podías ahogar las penas con unos chupitos de ese licor de botella verde que destila el diablo.

Merece mucho la pena ponerse en las manos de Salva y su gente y ser parte de ese club, casi clandestino, donde parece que el tiempo pasa un poco más despacio y los brindis te hacen ser uno más de la familia.

Afeitado perfecto y zapatos limpios. Creo que necesito un limpiabotas para sentirme bien.

The Barber Shop, amigos. Un pequeño secreto de nuestra ciudad para el mundo.

No todo está perdido. Be a 59er, gentleman!

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