He leído en algún sitio, creo que fue en el baño, que ya llevamos diez años sin Frank Sinatra. La verdad es que el tipo supo fraguarse una imagen genial. No discuto que su voz era superlativa, el apodo la hace obvio. Lo que yo creo que fomentaba la envidia de sus semejantes, y el deseo de sus semejantas, era ese aire canalla, esa pinta que todo hombre vividor quisiera tener de beberse medio Kentucky, era un verdadero devoto del Jack Daniel’s, y con una duchita reparadora cantar dos horitas en el Madison Square Garden y después juntarse con sus colegas del Rat Pack, Sammy Davis jr o Dean Martin para beberse el otro medio estado de Kentucky, mientras le susurra proposiciones indecentes a alguna joven partenaire. Pero lo más bonito de su biografía, es que se encontró con la horma de su zapato aquí en España. Sinatra estaba casado con Ava Gardner "el animal más bello del mundo", la Jolie de antes, para quien esté desubicado. Y cuando la actriz vino a España a rodar una película, tras una noche en un tablao flamenco, se calzó a Luis Miguel Dominguín, el torero, nuestro Sinatra patrio del estoque y la muleta. Con dos cuernos, maestro.
Moraleja uno: lo de fuera no tiene porqué ser siempre lo mejor y lo más bueno. O si lo es, busca tus fortalezas y aprovecha tus oportunidades.
Moraleja dos: seguro que Sinatra no cogió a Ava y le pego catorce o quince puñaladas, ni la roció con ácido, ni la tiró por el balcón al grito de "¡Para mí o para nadie!". Os digo yo que lo que hizo fue coger un avión y pedir explicaciones. Otra cosa no hubiera sido propia de Frank.
Moraleja tres: seamos Frank y Luis Miguel en algunas ocasiones. Seguro que nos irá un poco mejor.
lunes, 12 de mayo de 2008
martes, 1 de abril de 2008
Los móviles, la vida y la vida sin los móviles
Mi primer recuerdo... coño, esto parece David Copperfield, el libro, no el mago hortera. Bueno, al turrón, como dice mi compadre. Mi primer recuerdo de los móviles con la vida de uno lo tengo en la final de Copa del Rey del año 1999 que ganó el Valencia al At. de Madrid. Esas dos jornadas las recordaré por la juerga que nos metimos al ir, y sobre todo al volver. Pero el rollo del asunto, de ahí el post, es que ese día los móviles comenzaron a ser importantes, ya sabéis, oye, estamos en La Giralda en el bar Pepeillo, camarero otra de pescaito, y cosas así. Esa final fue la del móvil y las pamelas de color naranja. También fue la final de Mendieta, vaya golazo, pero eso es harina de otro costal. Enresumiendo, el móvil y la vida personal, social y laboral del individuo eran todo uno, se pueden tirar los tejos sin riesgo de bofetada, puedes decir palabras como "te quiero" o "perdóname" o "veteatomarporculohijadelagranputa" sin rubor alguno. Y dicen que nos hace más eficaces en nuestros cubiles de trabajo. Ok, todo eso es bueno, pero lo malo del invento es que tu vida social se reduce a cuantos teléfonos caben en tu agenda, y después de purgar los nombres ininteligibles en una noche de excesos, después de mirar en la soledad del wc los contactos que ya no usas y los borras al unísono que tiras de la cadena, después de todo eso, parece que si no tienes a la gente en tu móvil es como si no estuvieran en tu vida, como si las hubieras desterrado, me encanta esa palabra, cuando quizá lo único es que necesitas espacio en tu tarjeta SIM, barrer las huellas que provocó en la arena de tu vida los zapateados de esas personas, o tan solo evitas la tentación que en una noche de excesos puede salirte que, entre nombre y nombre de una cualquiera, digas sin rubor alguno "veteatomarporculohijadelagranputa". Entonces si corres el riesgo de la bofetada en la cara o el reproche en los cojones en forma de patada con botas de "chupamelapunta". Pero mira, así también duermo, y a pierna suelta, además.
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