viernes, 11 de octubre de 2019

La salvamización del Valencia CF.

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Visto desde fuera, es bastante triste. Nadie se salva en esta alineación de equipo directivo, aficionados y medios de comunicación. Se han pasado muchas barreras. De ser el puto Valencia campeón a muñeco de trapo. Tampoco es que sea el Valencia CF un equipo al que la prensa en general le trate con cariño. Supongo que el cariño va para los dos de siempre. Los que venden por ir bien. Los que venden por ir mal. Hay excepciones, según la sardina y el ascua. Y, sobre todo, por el rival que tengan delante. Recuerden a De La Morena dando calorcito rararadiofónico al presidente del Getafe por aquello de los amaños, pidiendo arcoiris navegables con unicornios. O el trato que tienen equipos españoles cuando juegan contra el Floperteam, pareciendo alemanes o uzbekos sin rubor alguno.

Estos días, semanas ya, el valencianismo parece un cuadro de Goya. A garrotazo limpio. Fotos, memes, amenazas, bandos postulados y todo aquel enfrentamiento dialéctico que provoca un cisma. Que lejos queda la marcha cívica de aquel 18 de marzo de 2019. Kempes, Cañizares y todos los demás pisando Mestalla. Recibiendo cariño por lo que fueron con la casaca. Conviene recalcar este matiz para no caer en el error autocomplaciente. Si a Mestalla van cuarenta mil, seguro que hay cuarenta mil formas de defender al Valencia de buena fe. Por eso tan difícil todo. A Cañizares le puede parecer bien que se pinten las paredes de blanco. Y a Kempes de negro. Incluso a Sol le puede parecer bien que se queden como están. Pero no dejan de ser opiniones, desde prismas particulares buscando la respuesta ante la pregunta en cuestión. El haber lucido la casaca no otorga verdades absolutas. Maradona no manchó la pelota nunca de jugador y ahora lo hace todos los días, mal que me pese.

Y, ¿qué se puede hacer? Mostrar descontento por la gestión del club ya se hace. Como se hizo con años anteriores, con Roig, Soler, Tuzón y muchos otros. Pero tampoco recuerdo que ninguno de ellos contara con la afición para la hoja de navegación deportiva o económica, salvo para comprar acciones. ¿Poner a empresarios o gente afín al valencianismo en el Consejo de Administración para que sean una especie de voz local? En contraria sintonía con el consejo de aquel entonces, Paco Roig metió a Safont. Y todos sabemos la vergüenza ajena que daba cada vez que hablaba. Su función era la de informar y pocas luces más tenía, sabiéndolo los redactores y buscando con sus canutazos el titular.

Y luego tenemos cuestiones inexplicables, como las de un jefe de prensa no dejando hablar a un consejero. Los pájaros disparando a las escopetas. Flaco favor al club y quienes lo gestionan ese tipo de escenas. Bien, hace su trabajo, el que le indican. Nada de declaraciones de los miembros del Consejo. Y solo habla Sol. Por tanto, no dejar hablar a Sol es la táctica. Mateu Alemany, como Director General de nada, por lo que parece, remite al Departamento de Prensa. ¿Es Juan Cruz Sol una amenaza para la estabilidad del consejo? Es un rodillo, poco creo que pueda hacer, aparte de mostrar un poco de sentido común ante el desaguisado de una gestión a todas luces incomprensible.

Al final, parece que todo se resume en torpeza por no saber, o no querer, sentir más el valencianismo. Layhoon Chan, con todas sus carencias deportivas, parecía que si veía importante ese nexo. Lastima no haberse aliado con un Mateu Alemany. Puede que ahora no estuviésemos salvamizados a más no poder. 

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