miércoles, 16 de marzo de 2011

Cincomarzada. Frutas y Verduras + Los Perros del Boogie

Dice el refranero popular, o los dichos castizos, que los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios. Y si pones los pies en tierra maña, donde se venera a la cerveza Ámbar para disfrutar del buen rock, y en el primer lugar que entras para brindar, lo haces con San Miguel y a ritmo de salsa, irremediablemente te salta la frase entre las orejas. Vale, tocamos fondo. Suerte que nuestra camaleónica posición, a veces por encima del bien y del mal, nos da para bailar hasta la sintonía del telediario con más o menos gracejo rítmico, excusa insalvable para estirar las piernas y oír reír a un ángel a ritmo de calentito. Ya era la segunda vez que mis botas pisaban la tierra donde se venera a Nayim y a la Pilarica, ambas con el denominador común del rock. Pero si en la primera el motivo era tomar posiciones y ser un fan más a base de codazos y berridos, en esta, la amistad, el compadreo y las ganas de pasarlo bien eran más que suficientes para respirar en el ambiente que era menester que fuera rock. Y con esa mentira tan vieja como lanzar piedras que siempre se hace en las previas a los grandes días de concierto, que es aquella de ‘unas cervezas y nos retiramos pronto’, comenzamos a catar la noche zaragozana con El Dos y La Cofia, la voz y el virtuoso guitarrista de Frutas y Verduras y nombres en la trinchera rockera de Jose Manuel y Raúl, perfectos anfitriones para palpar las pulsaciones de una ciudad metida en fiesta, con música por la calle y bellas chicas tocando tambores, grandes zonas de tapeo, guiris con ganas de marcha gata y, sí, al final sí, mucho, mucho rocanrol y futbolín. Y chicas de rojo. Y una paliza de muñeca. Y un fundido en negro.

Abriendo el angular, los restos de la batalla y la vida propia de una amarga y mañanera quinina hacen maldecir la obediencia del camarero a ciertas horas y estados. Bombo. Necesidad de anestesia. Cruz verde luminosa, por favor. No. Cincomarzada. Domingo en sábado. Todo cerrado, hasta algunas piernas. Tocaban duras pues. Llegaban los refuerzos, desde Madrid, Málaga y Valencia para aquello del rock y la Ámbar. Besos, abrazos, ruta turística por la ciudad y vuelta al inicio. Comer y beber. Probad el sonido, yo probaré vuestro sofá. Siesta. El guaje Igor me despierta desde Granada. Soy el elegido. Lo comparto contigo, que siempre me dices que lo hago bien. Salimos a rockear con la groupie en exclusiva de El Dos, la bella Marta. Jamón local para hacer poso. Perfecto argumento, uno más, para volver. Sala Ultimatum, abriendo, Frutas y Verduras, curtidos en los escenarios maños y en sus barras. Gran banda. Torpe y libre enhebrando agujas con el codo y sentimiento malaguita. Barra. Ahí va el Ebro. Canciones de cine, con Seguid sin mí y Xilalba Be. Santi, bajo, y Christian ‘el gato’, teclados, asumen su rol a la perfección. Esta banda no sería nada sin ellos. Param All Star. Vendetta para una fémina, que igual está entre el público. Me descentra una rubia que zarandea su melena al viento y tiene más curvas que la Gibson Custom blanca de La Cofía. No estaría mal sacarle el sonido a esa silueta en cualquier rincón, como le hace Raúl a la albina de seis cuerdas. Brutal. Sabe usar los dedos, por los suspiros que provoca el hacha en las primeras filas. Y llega. El Tema. Con dedicatoria para el que suscribe. Nuestro momento. Climax. Hemos venido a gritar que no nos olvidamos de salir para entrar otra vez. Erik y El Dos a capella. Esto se acaba. Zanahorias para todos. Mia vita por questa zanahoria. Surrealista linchamiento con los puros de Bugs Bunny. Aplausos, ovación, besos, abrazos. Llegan los Perros del Boggie para cerrar. O volver a abrir, según se mire. Es menester que sea rock. Ya sabemos lo que nos espera, pero es una gozada verlos tocar. Variaciones mínimas. Solo Burning entra en lista, preparándose para robar el mes de abril. Marisa. Y Sonia, con su camiseta egipcia, a juego con su belleza y simpatía y sus cervezas en la mano. Y Malaguita dándolo todo. Que gran tío, joder. Nosotros, barra fija. La Leyenda manteniendo y exigiendo el nivel a los demás. Incluso con una resaca inhumana. Los demás, a golpe de rocanrol. Cada concierto que dan, están un paso más cerca de llegar. Temas lentos que al manager no le gustan. Pero a ellas sí, así que silencio y barra otra vez. La maquina del tiempo. Me encanta cada vez más este tema. Y viendo las caras de la gente, parece que a mucha gente le pasa lo que a mí. Momento fan, en primera fila con El Dos. Final del segundo tiempo con Las chicas del Roxy. Igor, Loco y Carmen en mis pensamientos. Brindo mentalmente con y por ellos. Comienza el tercer tiempo, pero eso no se puede y no se debe contar, si no nadie comprará mis memorias. Zaragoza de madrugada es como todas las ciudades de España, negra por el techo y con risas y canciones por el suelo. Y hasta aquí, salvo por un detalle. Lo mejor, infinitamente, las princesas de Jordania que conducen alfombras mágicas de mil y una noches, que saltan de tus sueños para convertirse en real ébano celestial, mientras mal comes y bien ríes, y a las que necesitas abrazar para poder tocar sus alas. Aunque esto ultimo, creo que fue un sueño. Definitivamente, me gusta soñar…

3 comentarios:

  1. Anónimo13:00

    como se quita uno el sombrero? como se aplaude con símbolos? no lo sé, por eso me quito el sombrero y plas, plas, plas.....

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  2. Anónimo12:24

    fino,finísimo

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