miércoles, 30 de agosto de 2017

La pelota del armario. Fecha 2.



Los nervios del hombre tranquilo.

Dicen que Zidane es tranquilo y pausado cuando habla con los medios. Con una sonrisa en la boca responde con aplomo a las preguntas envenenadas de la jauría de periodistas ávidos de carroña para las tertulias televisivas de vergüenza ajena. Pues el domingo, en la banda, tras el enésimo fallo de Benzema -gran jugador a pesar de todo-, le dio una palmada al césped, mandando la tranquilidad a otra parte. Y eso es lo que parece que va a conseguir el Valencia este año. Poner nerviosos a los rivales. No todos los días se va a tener el santo de cara y un delantero de talla mundial delante tan fallón, pero esas dosis de acierto propio y desacierto rival también suman en la calculadora de la liga, que tras dos jornadas está en unos esperanzadores cuatro puntos contra aquellos cero que se llevaban hace justo un año.
Y si el profesional del banquillo pierde los nervios, imaginen la plebe tuitera. Tras el partido, o quizá durante, los adjetivos que acompañaban al equipo de Marcelino eran todos despectivos. Desconozco si 'Puto Valencia' ha llegado a ser tendencia en la red del pajarito azul, pero no deja de ser sintomático que la latente antipatía despierte después del enfrentamiento con final inesperado para esa España madridista tan cañí, tan, a veces, hortera y analfabeta.

El halago que debilita.

Se queja Marcelo que su compatriota Neto, que usaba el tiempo del partido para beneficio colectivo, actuaba como un portero de equipo pequeño, cosa que el Valencia no es. Es el claro ejemplo del halago que debilita, de ser zalamero interesado. Obviamente, Neto hacía su trabajo y el lateral brasileño, tras no poder ganar en el césped, buscó la queja al abrigo de la zona mixta, soñando con un poso de largo recorrido para futuras confrontaciones. Y precisamente Marcelo tiene unas cuantas piscinas en área rival y algún fingimiento de agresión que, siguiendo su rasero verbal, convierten a su equipo en un Catarroja o Sueca United por aquello de actuar como un equipo modesto, que no pequeño. Que estos dos son grandes modestos. O quizá es que le viene grande hablar después de jugar donde juega.

Caminantes blancos regenerados.

Sin hacer ningún tipo de spolier, Marcelino García, de la casa Toralian, ha conseguido mutar a los jugadores. Caminaban más allá del muro de Mestalla con pesadez, pausados y sin criterio ni sentido. Y ha conseguido, a través de un hechizo tan simple como la disciplina y el trabajo constante, que parezcan inmaculados sin miedo a las grandes casas poderosas como la de Florentinnester. Habrá que ver tras el parón como funciona el equipo ante otra casa fuerte, la Simheon y su ejercito. Porque no es la primera vez que once tíos con el escudo del Valencia en el pecho dan el do de ídem en el Bernabéu como escaparate y flor de un día. Recuerden el estreno de Enzo, en Mestalla pero contra los mismos. Puede que, finalmente, con la casa Toralian y el señor Uriah a su lado se acabe este Winter Is Coming que tanto dura.

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