viernes, 25 de noviembre de 2016

Verlanga deja Balencia.



Puedes volver a leer el titular de esta entrada. Dos, tres o las veces que quieras. Efectivamente, puede que haya alguna de las tres palabras que esté mal escrita. Si has encontrado dos, puede que seas un aficionado del cine del gran Luis García. Y si solo encuentras una, es que eres lector, y fan, de Verlanga, la revista cultural que, a final de mes, baja la persiana.

Ya ves, a pesar de molar hasta la saciedad. A pesar de convertir la falta ortográfica en marca y conseguir agitar a través de sus artículos esta Valencia cultural adormecida. Verlanga ha sido, es, uno de los agentes culturales que ha sacsat esta ciudad dormida. Como un niño cuando mueve con vehemencia una de esas bolas que simulan que dentro está nevando. La nieve estaba ahí, pero hacía falta la ilusión infante para (volver a) ver la nieve. Y lo hacen con gracia. Me niego a hablar en pasado. Siguen hasta el martes, según cuentan. Y, tras la noticia, colas virtuales en este libro de condolencias que son las redes para mostrar la pena, el quejío y el lamento. Ya no habrán más Pistas, tendremos que conformarnos con releer los Vis a Vis, o contar, otra vez, los pasos de esa fantástica sección denominada Un turista en su ciudad. Se acabaron los vermuts, oscuro objeto de deseo de servidor y auténtico medidor del molómetro de esta ciudad, tan puta, que ha dejado que esto acabará aquí.

Gracias a ellos, salivé con Paladar, su newsletter gastro, moví el culo para ir a alguno de sus Aperitiver, buceé tardíamente en la historia de Julio Bustamante (perdón) y abordé a Jabois en el baño en aquella maravilla llamada InCulturaFest. Y seguro que queda más poso asimilado sin saberlo. Y seguro que ahora la cuidad está un poco menos viva. Y que igual debemos mirar porque estas cosas son efímeras. Igual no somos tan tan como creemos que somos. Servidor primero, el burro delante para que no se espante. Quizá seamos más de postureo que de acción. Porque otra razón no veo.

Supongo, intuyo, que a Rafa, Eva, Diego y Miguel Ángel les dará rabia que esto acabe. Y puede que hayan soltado en la intimidad alguna malsonante por el fin precipitado de la V.

Pero quizá, como dice Felip Bens, no nos merecíamos una iniciativa cultural como Verlanga.

Viva Verlanga.

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